REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

IRENE CUEVAS Basura

Irene Cuevas nace en Madrid en 1991. Es profesora de Escritura Creativa en la Escuela de
Escritores.

Ella dice, como Silvina Ocampo, que “quisiera escribir un libro sobre nada”. Separadas por casi
un siglo de revoluciones, la búsqueda de la identidad las une en esa “Autobiografía de Irene”
que la autora argentina publicó en 1948.

Acerca de lo que ocurrió o no ocurrió, acerca de las armas propias y ajenas; Irene usa la
escritura para sofocar el olor de la carne quemada.

 

Irene Cuevas por Irene Cuevas.

BASURA

La basura nos rodeaba por todas partes. Creaba siluetas.
Cuerpos extraños. La basura respiraba dentro de las
bolsas y, al hacerlo, el plástico se abría y caían fuera los
restos de otras vidas. Fue cuando le dije que nos
restregáramos, que follásemos en ese lugar.

Estás enferma.

Dijo ella. Su cara era lo más parecido al vidrio que había
visto nunca. Su piel tenía el color de la fruta de verano,
cuando se pudre y se derrama por las avenidas y nadie
llega a consumirla nunca. Pero era tan hermoso. Brillaba.
Todo a nuestro alrededor se podía acariciar.

Mira lo que tenemos.

Le dije y cogí de algún rincón una tierna muñeca de
plástico. Antes había tenido brazos, pero ahora tenía la
posibilidad de que pudiera crecerle algo de dentro. De
que pudiera existir vida en su interior. Frente a un vacío
siempre cabe la posibilidad. Y ahí había un vacío
enorme. No sé muy bien situarlo. En su rostro. En su
pecho. En aquellos brazos que ya no estaban.

Estás completamente enferma.

Dijo y de sus ojos derramó algo similar a la basura que
tenía en mis manos. Por eso digo que era tan hermoso.
Todo se compensaba. Sus ojos estaban sumergidos en
basura. Caía la basura por sus mejillas. Por el contorno
de su cuello. Lágrimas. Líquidos de colores oscuros. Y
yo sostenía la basura que ella iba derramando encima de
mí.

Imaginaos pilas enormes de cáscaras y de polvo, de
restos irreconciliables. Y luego pensad en la belleza. No
lo entendéis. Éramos un tándem. No necesitábamos
nada. Éramos basura y de esa fuente nos
alimentábamos.

 

©Maite Martí Vallejo para THALAMUS MAGAZINE.

 

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