REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

GSÚS BONILLA Destruid el termostato de los microondas

Gsús Bonilla tiene tardes de agua estancada, y sólo ojos para la serenidad de los peces. Le hace bien, mientras los patos reinen en el aire. No sería justo con él mismo, si se calla,  que los nenúfares son como coños que nos parieron desnudos seres humanos. En esas tardes de silencio las libélulas, en su baile tartamudo, asienten. Hay indicios de que, en breve, aplaudirán. 

Gsús Bonilla en Bukowski Club según ©Federico Romero.

 

Ι

Mientras los oficios de ayer los trabajos memorables se acomodan, el sol sale para
buenos y malos. Que nada difumine tu mirada. Debe ser terrible experimentar que la
respiración se interrumpe. Imaginar cómo los ojos se agrandan y extienden hacia el
cielo en busca de unas pocas moléculas más de oxígeno, como si su azul fuese el centro
de la muerte
Tendrán que trabajar muy duro esas señoras que se dedican a llorar en los entierros, ese
aire tan necesario, que nos insufla, que nos llena por dentro y nos expande y ensancha,
ese anciano que hila cuerda de pita, de donde pende anudado el globo hinchado que
sostiene la endeble muñeca del niño, o aquel otro, que cincela el latón con un escoplo de
plata y bebe agua de nieve
Recordad lo que habéis aprendido, las cosas inútiles. Si la ley fuera también justicia las
manos serían aves y nubes… aviones, o qué sé yo, helicópteros extraños que vuelan por
encima de nuestras cabezas, tratando de capturar un poco más de tiempo, el minuto de
antes, el delicioso viento que surge de una flauta de caña, ese sonido al fin, cuando ya
no hay nada
Y con suerte, las escuelas despedazadas por la diplomacia y los servicios secretos, los
retorcidos colmillos del miedo, volverían de nuevo a lo que habían dejado de ser. Me
gustaría, que compartieseis esa felicidad, un hueso de azúcar, la voz de las personas que
amas, el sonido de la lluvia lenta que tropieza en esta ventana y el canto de los pájaros,
cliché de los amaneceres
Ya lo veréis. Al llegar la hora acordada destruid los relojes de arena, el termostato de los
microondas, la prisa que nos acelera y todo aquello que te marque un mínimo plazo de
vida. Romped la primera orden de quienes se alimentan de carne humana, de los
maestros de la sabiduría en el arte de hacer daño, de quienes administren el pan.

 

ΙΙ

Seguramente no hemos nacido para esta época, pero siempre hay, y encuentras, un
poema que vive dentro de ti, como una salvajada a la que volver de vez en cuando. Si
acaso, mirad esta hermosura
es como una estampa de otro siglo, representa a una leona de cuatro cabezas y cuatro
nombres posibles. Hay luz, pero no es de día nunca, mientras se siga empadronado en la
enfermedad de cada verso
en las baladas y romances, y en todo aquello, adonde la mirada se vuelve como agua y
se diluye, como acontece en los vientres de las multinacionales de la palabra y en todo
conjunto de normas que determinen el uso correcto del silencio y la literatura
más allá de los índices exactos de los calcetines de lana desparejados, los adoquines se
llenan de esputos como resultado de la purificación del aire y del Ser, y de todo aquello
que le oprime. Y, sin embargo, Louise Michel
enarbola una falda negra anudada a un palo de escoba, símbolo de clase, bandera negra,
que se opone a todas las demás banderas y disipa los límites de género, como una
hermana que busca a su hermana, como la perturbación emocional de la poesía
anticiparse, de esta suerte, a las coronas de inocencia para nuestros retornos de siempre,
a las pequeñas porciones de ternura que coger entre los dedos, al extremo agudo de la
pupila puñal, a las acículas
que recorren los surcos de la base de un tronco y reproducen el sonido inscrito en sus
anillos de madera vieja, exacta a una música repleta de canciones inolvidables. Dichosa
Louise Michel. El nosotros se mueve demasiado para ser un cadáver.

 

NATIONAL GEOGRAPHIC

El Estado me gratifica con 426 euros al mes
por ser parado de larga duración, por haber
consumido todos los recursos previos, por
tener una hija a cargo, porque el computo
de la unidad familiar no supera el 75%
del Salario Mínimo Interprofesional
por cabeza. De manera que, hemos de ser consecuentes
con el Estado y comer barato, beber agua
no fumar, nada de drogas, olvidar la Play Station
y conducir, como mucho, un utilitario de baja gama
y segunda mano. A veces, en la casa
de nuestra entidad financiera danzamos
y bailamos bajo la lluvia y le dedicamos
oraciones y cánticos en las noches de luna,
porque queremos un Estado feliz y le agradecemos
tanta generosidad, tanto desprendimiento,
mostramos así nuestro agradecimiento
por lo que recibimos. Aunque el Estado no sepa
que llevo una calabaza en el pene a modo de funda
y mi compañera se decore los pechos desnudos
con ceniza y resina de árboles. El Estado no entiende
por qué la pequeña sonríe a la cámara
y hurga en el bolsillo de los contribuyentes

como buscando su premio de azúcar.

 

©Maite Martí Vallejo para THALAMUS MAGAZINE.

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