REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

TXETXU GONZÁLEZ Orígenes de la hiperestesia

Edición: 
Maite Martí Vallejo
maite.mart.vall@gmail.com
Barcelona/Madrid. 20/02/2017.


Txetxu González nace en 1980. En Vallecas aprendió a encajar y a resistir mientras admiraba las dotes de sus progenitores para el afecto, el cuento, la cocina, la hipocondría, el dibujo y el ajedrez. Hoy es maestrillo en cremas y legumbres. Aprendiz de cactus. Adicto a los ansiolíticos del campo y la sombra desde la innombrable edad del caos. Ha cargado con la misma mochila y se ha colgado del cuello de sus lienzos en insuficientes geografías deformes. Tiene un hermano presente y otro que ha fundido sus sarcasmos a negro. Hace no demasiado tiempo, la familia Windsor le regateó cincuenta euros por uno de sus cuadros.

 

Txetxu González por Txetxu González.

 

ORÍGENES DE LA HIPERESTESIA

 

Me detengo frente a un cuadro.

El cuadro es una navaja entreabierta.

Si la pintora hubiera decidido abrir más la navaja

ese cuadro también seguiría siendo mi vida.

Antes, no existían servicios especializados de limpieza.

La peor manera de suicidarse

es tirarse al vacío desde, digamos, un séptimo piso.

Las madres limpiaban los restos de sangre

cuando sus hijos o sus yernos decidían volarse la cabeza

en la casa de campo familiar.

Estamos en 1909

en el caserío de algún lugar del País Vasco.

Es verano.

Las moscas están de celebración.

INTERIOR/DIA.

Las madres se dejaban las uñas

para que de aquellos muros

salieran los restos de plasma y de cochambre.

Lo hacían mientras el gramófono

emitía melodías antiguas e ininteligibles.

Su madre tuvo que aprender

sobre la marcha

a hacerse cargo de la sombra.

Y cuando la aguja de diamante se partió por la mitad

construyó una de cristal

con la que, sin querer,

se acabó cortando.

Escucha y goza aquí ‘Orígenes de la hiperestesia’ recitado por el propio Txetxu González para THALAMUS MAGAZINE:

 

CACOFONÍAS

Mayo.

1968.

París.

Una pareja joven.

Ejemplo de la enajenación social de un limbo a la deriva.

Efecto de la botánica demudada.

Cacofonía rohingya

cacofonía siria

sudanesa

marfileña.

Anticipo cinematográfico de la inconsciencia.

Como la pesca de arrastre.

Entes que ni siquiera mandan sobre su propio hambre.

Les persigue un coche con las lunas tintadas.

Clinique du Château de Garches.

Conviven con la locura de la gente rica.

Asisten al advenimiento del monstruo

que engulle adoquines huecos.

El anís del mono es el ansiolítico de las novicias

y la adicción confesable de las madres superioras.

Les persigue una lancha con la luna teñida.

Se salvan de ser torturados como Junko Furuta.

No saben que el futuro es una trampa.

Ignoran que la familia es el primer escalafón de la explotación.

Ella tiene un aborto años después.

Él desarrolla un trastorno obsesivo

silenciado por el éxito de ventas

de la multinacional finlandesa

para la que se luce y trabaja.

Por entonces, nadie se atreve a ponerle nombre a las curas de reposo

a los corderos degollados

o a sus víctimas.

Dan a luz cuatro veces más.

La luz a veces también se amorata.

Atardeceres de tonos violeta

que nada tienen que ver con la belleza oculta de los hipódromos

o las habitaciones del personal de servicio.

Así llegué yo:

siempre supe que en las estrías del muro

entre los restos de estropajo

tras el armario que arrastró la crin de la bestia

se escondía la estela que muda con la muerte.

Escucha aquí ‘Cacofonías’ recitado por el propio Txetxu González para THALAMUS MAGAZINE:

 

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