DÉBORAH GUERRERO Magulladura

Nació en el 83 con el frío de Noviembre, según su madre, ‘disparada como la bala de un cañón’. Sus orígenes son confusos, fue probando involuntariamente ciudades del mediterráneo, aunque hace más de una década que Madrid le ha vuelto a parir. Actriz desde que descubrió que la gente aplaude en los espectáculos, se dedica a escribir cuando nadie la observa. Amante de la comida con mucho aceite de oliva, dialoga con los insectos que habitan entre las plantas. Se considera un alma perdida pero con el carácter suficiente como para apartar a patadas cualquier obstáculo que le impida llegar al punto blanco del final del túnel.

 

Déborah Guerrero según ©David Sagasta

 

Magulladura

 

Un sofá magullado, mis pies envueltos en calcetines gruesos sobre el reposabrazos. Suena Wolf Larsen. Mi lengua quiere café. Él hace sonar sus pasos desde su refugio de acrílicos hasta la cocina, con el peso de las zapatillas de leopardo. Y mientras Larsen pronuncia ‘quiet at the kitchen door’, se enciende la lumbre con el chasquido de un mechero.

 

A veces

hay un hilo muy agudo

en mis oídos

que se queja

como el poso 

que deja el ruido

de un concierto.

Aparece

cuando no ocurre

nada más

que la calma

para recordarme

que ésta

no es para mí

es para los que les gustan

las películas

fáciles de entender.

 

Estamos los dos sentados en el sofá rozándonos con alguna parte del cuerpo. Nos miramos fijamente sin decir ‘te quiero’, porque eso vendrá después de una palabra molesta y de un tono de voz que recuerda a épocas de asfixia. Vendrá un ‘TE AMO’ mucho más grande que la última vez. Lloraré al mirarle a los ojos porque la soledad que nunca tuve ni tengo, la temo ahora cuando por error me imagino que se ha marchado. Esta noche cenaremos las sobras de ayer o un vaso de leche con cacao.

 

No sé qué pasará 

cuando me despierte

y sienta que no he descansado bien.

No sé qué pasará 

cuando me levante

y vea que no hay nada hecho.

Hoy estás inquieto

y debemos cuidarnos

y acariciarnos el pelo

he debido decir algo

que has olvidado

y has debido decir algo

que no he sabido interpretar.

Casi sale la voz

que dispara

guerra

junto al apellido de mi padre.

Casi sale la aguja

que pincha

heridas

junto al apellido del tuyo.

 

Es un alivio tener la certeza de que es nuestra obra, que no está en venta porque nunca estará terminada; se irá expandiendo en secreto mientras él me pinta la piel de colores y yo le doy vida a su personaje.

Escucha y goza aquí ‘MAGULLADURAS’ recitado por la propia DÉBORAH GUERRERO para Thalamus Magazine:

 

©Maite Martí Vallejo para THALAMUS MAGAZINE.

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