REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

Centro de serenidad Entrevista a MARÍA ALCANTARILLA

Con María Alcantarilla nos ha sucedido la agitación. Una suerte de persistente agitación de respuestas que nada tienen que ver con la falsa certeza de los arrogantes. Lo que ella escribe, lo que muestra, lo que expresa y lo que dice tiene mucho más que ver con la autenticidad de quien emerge humilde y libre, a pesar de cierta cotidianidad de inercias que ya nos es demasiado familiar. Y qué bien sienta el hallazgo. Y cómo nos invita a sacudirnos la caspa y la purpurina y la lozana farfolla (que también la hay, y bastante chunga, por cierto). Porque, a veces, cierta ‘familiaridad’ mata, pero no por cercana, sino por repetitiva, laxa, hueca, artificiosa. El arte de María nos devuelve siempre el cambio, es honesto, ‘stendhaliano’ (porque provoca vértigo, sudoración y lágrimas); el tiempo invertido leyéndola, mirando a través de sus fotos, sus imaginadas fobias y estancias, nos compensa como solo lo ha hecho la belleza concreta de las más grandes. Me atrevo a desmentir a su editor, Chus Visor. Me atrevo a contradecirle, sabiendo que me faltan tablas y sabiduría, pero me sobran antenas: María es ya una de las poetas más grandes en lengua española y además supera, con diferencia, a muchos de los hombres poetas de su generación y anteriores.  Y sabemos que no está sola: Elena Medel, Miriam Reyes, Chantal Maillard, Rosalía, Gloria, pero también Ángela Figuera Aymerich, Alfonsa de la Torre, María Teresa Cervantes, Trina Mercader, Margarita Ferreras y tantas otras que escribieron y lograron publicar o no, pero que jamás encontramos en las páginas de nuestros libros de texto. María nos reconcilia con la voz silenciada de aquellas heroínas y, en su particular ámbito de maestría, sabe lo que dice y lo que se hace. Con cada poema, su huella resiste al tiempo que es y que vendrá; con cada fotografía, la retina se guarda un as para cuando vuelva la tormenta. Su inocencia respira a prueba de provocación y de cortes, su edad es lo de menos, la niña que fue supura más allá de pertinentes comas, puntos finales y títulos. Y eso es precisamente lo que la diferencia del resto: María no pretende, pero María nos hace encontrar y cuestionar hasta la suela del piso que nos gobierna por debajo, sin apenas notarlo. En su voz existe profundidad y eco. ¿Quién sabe de dónde le nace? Tal vez de la oscuridad y de la pérdida, tal vez de la nicotina o del desafío de la neurastenia, del exceso de análisis, de la grieta del tiempo. No importa demasiado, pero una cosa es segura: leer a María equivale a entender un poco mejor las claves de la vida. Prueben.

MARÍA ALCANTARILLA.

Como mujer, como poeta, como artista ya consagrada ¿te sientes más cerca de la mirada que observa, del paisaje que se deja observar o del don o látigo que se le presupone a toda persona creativa?

Me siento más cerca de los sentidos que reciben y, sin embargo, me gustaría ir caminando hacia el paisaje que se deja observar. No por el hecho de ser foco de atención sino, más bien, por la tranquilidad subsiguiente que otorga el estar o el existir sin mayores pretensiones.

Un árbol, una roca, el mar. Inmóviles, en parte, pero centros de serenidad, muy lejos de intenciones añadidas, a diferencia de todo lo que nos es propio como humanos.  

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

Desde ese ‘estar o existir sin mayores pretensiones’, arraigado en la matriz de la naturaleza, parecen nacer muchos de tus poemas. También se percibe una especie de íntimo ‘deambular cotidiano’ en tus fotografías: existir, estar y al mismo tiempo deambular, como si tu proceso vital y creativo radicase en una búsqueda sin descanso o en un encuentro parcial contigo misma. 

Es muy cierto eso que dices y es curioso cómo, normalmente, somos capaces de vernos con mayor claridad a través de los demás. Como si ellos, los de afuera, te devolvieran ciertas realidades sanas y salvas, aquellas que uno mismo no es capaz de entender o de verbalizar. Incluso, el propio concepto de yo.

Mi proceso vital y, por tanto, también el creativo, radica en una búsqueda constante, en una pregunta diariamente abierta que, me temo, no tiene respuesta alguna más allá del mero proceso de indagación.

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

A veces, parece como si nos fuese toda la vida en ese proceso de indagación del que hablas. Cuando escribimos, cuando pintamos, fotografiamos o damos de comer al perro o al gato intervienen remanentes de lo cotidiano que son muy controvertidos o que sencillamente nos es imposible abarcar. ¿Tú cómo te llevas con esa parte de ti o del lenguaje que aún no has podido desvelar o comprender por completo? ¿Tienes algún antídoto contra la frustración de lo no escrito/expresado/sobrevivido?

Ya me gustaría conocer ese antídoto que, por otro lado, me parece el gran Talón de Aquiles con el que la mayoría bregamos. Aunque, por otro lado, a veces me pregunto qué sería de mí sin esa inquietud perpetua. Todo lo que no he vivido, todo lo que no he amado, todo lo que abandoné o todo aquello en lo que me equivoqué de pleno; aquello que echo de menos aunque no lo conozca —y aun conociéndolo—, todo el deseo frustrado o todas esas ganas de ser algo o alguien diferente. Me pregunto si habría podido llegar al punto en que me encuentro sin todo esto. Me temo que no.

La necesidad es tramposa y nos engaña. La frustración nace de ella o de cierta insatisfacción aprendida, familiar o socialmente, cuando lo cierto es que, sin dar demasiadas vueltas, podemos reparar en lo tremendamente afortunados que la mayoría somos. Es curioso, cuando le doy de comer a mis animales —o cuando cuido de mis plantas—, la vida es más sencilla. Como si, de verdad, todo fuese más fácil que este empeño, en la mayoría de casos un tanto inútil, de seguir buscando.

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

En la búsqueda, en la pérdida, en la imagen que resta y se instala, en el aprendizaje y sus contrarios, en la belleza que nos transforma desde las entrañas … en todos esos elementos (entre tantos otros), podemos dar con los ingredientes para la construcción de un libro o una obra-símbolo. ¿Cómo te enfrentas tú a ese primer instante en el que se cree intuir la posibilidad de un comienzo? ¿Escribes primero las coordenadas o los fogonazos? ¿Es la disciplina un animal al que también hay que alimentar y dedicar ‘cuidados especiales’? 

En general soy bastante caótica y suelo moverme por intuiciones. Prefiero abocetarlo todo y, una vez que la forma se hace relativamente visible, comenzar a perfilarla. Tanto en la fotografía como en las letras. Lo de ser disciplinada en una asignatura pendiente. Aunque, en realidad, tampoco sé si la disciplina es necesaria. Creo, en todo caso, que cada cual debe buscar su manera de estar en el mundo y de enriquecerlo. Sea día a día o a través de movimientos alternos.

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

Hablando de ‘maneras de estar en el mundo’… ¿cómo te llevas con el actual? La ansiedad, la abulia, la incertidumbre, la competitividad o el hartazgo parecen tomar el control sobre muchos de nuestros conocidos. Por otra parte, la rebeldía -dicen- se desvirtúa interesadamente cada día. ¿Percibes la presencia de esas ‘corrientes epidémicas’ a tu alrededor? ¿Crees que la poesía, la fotografía, el arte en general deben ejercer un rol determinante a la hora de desperezar y proponer alternativas al desorden establecido?

Sinceramente, estoy en un intento continuo de reconciliación con el mundo —al menos con el que me rodea—. Más que la ansiedad, la competitividad o la incertidumbre a la que has hecho referencia, lo que me parece más gravoso es la abulia y el desinterés general por todo —aunque, paradójicamente, muchos y muchas vendan su compromiso como una suerte de estar salvífico, sin precedentes—. No creo en el compromiso con la humanidad cuando ni siquiera existe el compromiso con uno mismo, con las personas con las que convivimos a diario. Somos especialistas en mentirnos, en seguir buscando afuera lo que nos negamos a ver dentro. Es decir, ¿a qué ese empeño en la defensa de “grandes causas” cuando ni siquiera somos capaces de ponerle nombre a un sentimiento propio, cuando ni siquiera somos capaces de decir lo que realmente pensamos? Es como querer construir una casa desde el tejado.

La función social (en sentido puramente teatral) me parece la misma desde hace siglos: una fiesta de máscaras en la que todo el mundo parece sentirse cómodo, interaccionar, bailar muy juntos pero la realidad es que nadie se conoce y, lo que es peor, muy pocos abandonan el salón y dicen: ¡basta!

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

Entonces, en esta fiesta de presentables máscaras, donde nadie en realidad conoce a nadie … ¿’abandonamos el salón’ para escribir, para vivir el espejismo de la lucidez, para dar de comer a los animales y condimentar el guiso, para des(a)nudarnos o … escribimos porque es nuestra manera de decir ‘basta’?

Creo que la escritura —y cualquier manifestación artística— tiene dos objetivos que pueden parecer muy difusos: dejar constancia de una época y rebelarse contra la mascarada, sí. El silencio que requiere el acto creativo cada día me parece más subversivo. Estar a solas con uno mismo y escucharse —no oírse, escucharse— debería ser el principio y terminamos por colocarlo a la cola de todo. Es necesario ese “¡basta!” en soledad para poder formularlo con coherencia en sociedad, donde todo suele volverse más difuso.

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

‘La edad de la ignorancia’ es el título de tu libro, galardonado en 2017 con uno de los premios de poesía más prestigiosos de este país, el ‘Hermanos Argensola’. ¿Es la infancia ese ‘nudo gordiano’ que a la sobrevalorada ‘madurez’ le cuesta toda una vida desenredar? ¿Cómo hacer para salir indemnes de nuestra propia insignificancia, de nuestra limitada capacidad para comprender y abarcar las claves que se nos presentan a lo largo del camino? 

Creo que la infancia está en todo lo que somos como adultos y que, por tanto, a la infancia hay que volver o, en la medida de lo posible, no relegarla a ese segundo puesto donde la solemos ubicar.

En realidad, lo adulto no existe. Es otra de esas ficciones mediante la cual se nos reconduce desde niños: en un primer momento, observada con admiración y, más tarde, con cierto tedio. No creo que el niño se haga adulto, creo que el niño crece y, si está sano, aprende que hay muchas maneras de estar en el mundo, no necesariamente más serias, no necesariamente más calladas y no necesariamente más aburridas. El niño que ha crecido y está sano es sólo un hombre más alto que mira hacia el cielo con la misma lejanía con la que lo observa el niño más bajo. Y también, con la misma admiración.

En cuanto a las claves para salir indemnes de esa insignificancia a la que te refieres, creo que la risa es importante. No la que se queda en el gesto, sino la que viene de la barriga y nos arruga los ojos y las camisas tan bien planchadas.

Todos conocemos a algún amigo o amiga poeta, actriz, directora de cine o de teatro, pintora, artista visual que en estos últimos años ha estado sobreviviendo ‘gracias’ a un trabajo paralelo precario o subsidio de apenas cuatrocientos euros al mes. Los hay que ni eso, pero incluso en esas circunstancias adversas han seguido creando y de alguna forma generando reflejos de la realidad que les ha tocado vivir. Esos reflejos no suelen ser complacientes. ¿Es la complacencia el enemigo principal de cualquier artista, María? 

Es curioso cómo la falta de recursos agudiza el ingenio. Cuando todo se vuelve relativamente cómodo, las ideas, las buenas ideas, también se acomodan, se vuelven laxas y lo que antes era una búsqueda constante o un hallazgo, ahora ya no tiene el mismo sentido o la misma hondura. La tensión es necesaria, mantiene nuestro esqueleto mental en forma.

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

Cuando hablábamos de ‘crisis’, yo también pensaba en las crisis personales, en las más íntimas, las que atañen a uno mismo y a su rol dentro del mundo que hemos creado o destruido. Tal vez me equivoco, pero encuentro que los ‘mejores’ libros de poesía, las mejores películas, interpretaciones o fotografías casi siempre surgen de un proceso doloroso o al menos difícil de desentrañar. ¿Estás de acuerdo?

Este tema lo he tratado mucho con mis alumnos, por ejemplo. ¿Se crea más y mejor desde el dolor o desde la alegría? En mi caso particular, la alegría me llama a vivir. Sin más. El proceso sucede de fuera hacia dentro, sin grandes digestiones. Por eso los momentos en los que surgen ciertas ideas dignas no suelen ser fáciles, a nivel vital. Es un asunto muy personal, creo. ¿Eros o Tánatos?

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

Más allá del contexto geográfico, España nunca ha brillado por haber sido país que cuide a sus creadores. ¿No crees que los ciclos económicos, sociales, políticos más controvertidos son también ‘generadores colaterales’ de cultura?

Claro que sí.

Íntimamente creo que actuamos, crecemos, tomamos decisiones o creamos mediante dos mecanismos: por afirmación o por negación. Si atendemos a las dinámicas sociales, suelen llevarnos, más bien, a la segunda opción: planteamos maneras distintas de ver el mundo, de concebirlo y, por esta lógica, de interpretarlo negando sus mecanismos o sus engranajes. El arte como propuesta que mira hacia el futuro desde el interior de cada individuo. El arte como motor para crecer y para cambiar ciertas sinergias. Empezando por cada uno de nosotros. Por el individuo que está de lleno en la obra.

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

María, para terminar, ¿puedes contarnos un poco en qué andas ahora? ¿Tienes algún proyecto, libro, aventura ya en el fuego o de cara al futuro, sobre el que te gustaría darnos alguna pista? 

Pues acabo de terminar nuevo poemario y nueva novela y me gustaría encontrar un poco de tiempo para perfilar un proyecto fotográfico que me hace especial ilusión. Todo llegará, no me cabe duda. Lo que sí es importante, creo, es mantenerme alerta. Como observadora y como ser humano que aporta, no solo contenido, sino emocionalidad.

©Txetxu González para THALAMUS MAGAZINE.

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