EVA GALLUD El nido en el saliente del edificio

Eva Gallud (Madrid, 1973). Licenciada en Filología inglesa se dedica profesionalmente a la traducción. Entre sus traducciones literarias se encuentran autores como Edith Wharton, Rupert Brooke, Siegfried Sassoon, Amy Lowell, Guy de Maupassant, Henri Barbusse o D.H. Lawrence. Además, es coeditora de la revista literaria multilingüe Triadæ Magazine, donde realiza labores de selección, traducción, maquetación y difusión.

Ha publicado los poemarios Raíz de ave (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2018), El taxidermista (Bancarrota, 2016),  la plaquette Ave (edición personal, 2015),  Ningún mapa es seguro (Palimpsesto, 2014), Moléstenme solo para darme de comer (LVR [ediciones, 2011). Ha aparecido en las antologías Poetrastos (LVR [ediciones, 2011) y 20 con 20 – Diálogos con poetas españolas actuales (Huerga & Fierro, 2016).

Sus poemas también han sido publicados en diversas revistas, tanto electrónicas como en papel, como la revista Nayagua del Centro de Poesía José Hierro, Oculta Lit, Revista Kokoro, Digo.palabra.txt, Fanzine SinNombre, Transtierros, Feliz el cerdo, Probeta, Animalario, Erosionados, Pro-Vocación o Cuadernos de creación.

 

Eva Gallud por Eva Gallud

                                                                                                           

Eva o ave, pero está claro que vuela y canta y cómo canta. Tiene su voz el arrullo de la paloma bravía: un druuuuuuuuu prolongado, agudo y triste. La distinguiréis del resto de palomas porque sus alas son blancas y su vuelo, rápido y potente.

 

DESCIENDO AL BLANCO desde un lugar más blanco aún
más intenso en su capacidad de desviarse
como luz que equivoca al ojo en su camino
hay otro destello en la arboladura de este cuerpo
decreciente y consumible
que estira las puntas de los dedos hacia el calor
dulce de los brotes del manzano

desciendo al blanco desde un lugar preciso y ajeno
lo moldeo a golpe de pan semilla madera
envuelvo la cintura con ese lugar desorbitado
de inmensa palidez y terror ambarino
vaciado de sangre y pulso
que deja caer sobre el pecho todo el peso
extraño de los agujeros negros

desciendo al blanco
para esparcir sobre él
las manos bordadas de alambre
la piel cansada sobre el pómulo
la bestia que cabalga en el pulmón
la luz del vertical despeñadero
el insólito fulgor del polvo ardiendo
desciendo al blanco y no asciende ya
más que el humo
de la entraña derramada

 

 

POR LA SUTURA se filtra lo feroz
afila el salto desde lo más oscuro
me susurra dolores ajenos con los dientes
noto cómo hurga en mi espalda el olor
de la vértebra torcida de sus uñas
Hay un nudo subiendo hasta la náusea
donde se detiene la espiral de aliento
y en lo hondo se escorza el grito detenido
que debe liberar las grietas de los ojos
Si al fin se rasga el letargo como sábana podrida
emerjo descosida en los costados
arrastro mis trasquilados restos
hasta el borde de la madrugada
y allí entierro mi última zozobra.

 

 

CABALLO Y YO salimos de noche
bebemos en acequias negras
Caballo y yo estamos vivos
no hay más muerto que Ledo
Ivo sobre el hielo blanco
Caballo frota su espalda contra mi pecho
mientras Johnny reza y yo
pregunto por los alfileres
Caballo dice: «¡Calla,
que tus ojos!»
Caballo y yo salimos de noche
escupimos en la acera hierba amarga
que recalienta nuestros oídos
No sé quién es tu caballo
pero el mío me sonríe casi nunca
solo antes de morderme la mano
No sé quién soy ni si mi caballo sabe
que es mío porque come en otro establo
pero duerme con su cabeza
reposando sobre el heno de mis muslos
hasta cuando no duerme

 

 

 

 

 

 

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