REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

MARTA F. SOLDADO Es bueno que se renueven los nombres y los títulos

Marta F. Soldado (Terrassa, 1989) es Magíster en Literatura Comparada por la Universitat de Barcelona y autora de La felicitat d’un pollastre a l’ast (L’Altra Editorial, 2018). Actualmente reside en Vietnam.

MARTA F. SOLDADO.

Hace dos años estabas cursando el máster en Literatura Comparada en la Universitat de Barcelona y ahora has puesto rumbo a Vietnam para emprender una etapa muy diferente de tu vida. ¿A qué responde este cambio? ¿Cómo surgió este proyecto tan extraordinario?

La respuesta quizás es demasiado sencilla: ambas cosas (estudiar literatura y mudarme a Vietnam) responden a la curiosidad y a decantarme por lo que me más me ha apetecido en cada momento. Los constantes cambios que me gusta darle a mi profesión, el lugar donde vivo o las lecturas y las aulas donde me siento me son necesarios para renovar fuerzas y no acostumbrar demasiado la mirada a las cosas, o no viciarla a mirar siempre desde la misma posición. Además, está el hecho de que yo ahora mismo sentía que aquí la vida se me presentaba algo cerrada, desprovista de oportunidades y como agotada, poco estimulante.

Antes de marcharte publicabas en L’Altra Editorial tu primera novela, La felicitat d’un pollastre a l’ast. ¿Qué supuso para ti la elección de tu manuscrito? ¿Cómo transcurrió el diálogo con Eugènia Broggi durante todo el proceso?

Comentaba el otro día con una colega que quizás llega un momento en que, de todo lo que escribes, surge un texto del que piensas ‘no está mal’. Cierta coherencia, cierta realización de algunas cosas que querías decir o sugerir y, por encima de todo, cierto logro con la forma.

Uno nunca es un buen juez para sí mismo y, por eso, que tu manuscrito pueda interesar hasta el punto de proponer su publicación a una editorial que valoras y estimas por su catálogo es un paso adelante enorme.

Hay un momento de vértigo: ¿de verdad? Pero o te tomas un poquito en serio y dejas que lo hagan los demás o no hay nada que hacer, y con Eugènia Broggi puedes hacerlo siendo tú misma y aportando una voz propia. Su mezcla de inteligencia, sencillez elocuente, pasión por su trabajo y respeto absoluto por un texto, por las decisiones literarias del autor y, por encima de todo, su persona, hacen que sea fácil, agradable y muy humano el diálogo con ella. Hay que mencionar también su confianza en alguien que no era nadie en un mundillo en que, a priori, todos parecen tener algún tipo de aval. Con ella he podido mejorar el texto con alguna sugerencia leve que parecía salir más de mí que de la editora, esa es su magia.

‘La felicitat d’un pollastre a l’ast’ de MARTA F. SOLDADO.

¿Qué te llevó a elegir el catalán para tu primera novela y a apostar por una editorial específicamente catalana? ¿Cuáles son las consideraciones que pueden rodear la elección de una lengua literaria en la Catalunya contemporánea?

La lengua en que se escribe no tiene que ser fruto de una elección meditada, sino que a menudo viene dada como fatalidad, necesidad o reacción fisiológica. No hay opción política, hay una adhesión primeriza a los placeres del ritmo y la sonoridad de una lengua concreta, sea esta tu primera o tu octava lengua (aunque casi siempre ese lazo tan estrecho se dé con la primera lengua, la materna).

Aun así, no hay que olvidar que todas las circunstancias significan: ser mujer, catalana, de clase baja … como señalaba una gran poeta. Podría argumentar que utilicé, por vez primera y preferentemente, “formatge” o “t’estimo” (dos imprescindibles) pero la verdad es que sobre todo encontré en el fluir literario del catalán mi camino expresivo. A un escritor en lengua mayoritaria, por cierto, jamás se le pregunta por la elección de la lengua con la que crea, puesto que se presupone que no hay dilema, pese a que quién sabe si ese escritor es bilingüe o trilingüe y tiene en el seno de la elección de una lengua cierto conflicto. Dicho esto, en ningún momento me planteo escoger lengua para mi primera novela, sino que la novela surge en una lengua concreta y en una realidad también concreta, que es la catalana y la de los muchos editores que editan con total normalidad en catalán.

¿Qué buscabas reflejar con el aparente conformismo de un personaje como Fina? ¿Fue arriesgado construir una novela en torno a una figura de corte naîve —al menos a priori—, capaz sin embargo de expresar un mensaje, por lo demás, tan contundente?

Buscaba que su aparente conformismo fuera el de todos. Es decir, (con)formarse es algo que hacemos a diario, a la vez que prejuzgamos el conformismo de los demás como si el nuestro fuera mejor o tan distinto. Es desde ahí que partimos y es tomando conciencia de lo que implica que podemos agrietar o echar por los suelos una realidad determinada que a menudo nos ahoga, porque en ese conformarse no nos hemos escuchado, solo hemos atendido a lo que venía de fuera como dado y a ello nos hemos adherido por inercia.

Fina es esa mujer, que en un principio podría parecer un personaje inapropiado para pensar y ponerle nombre a esa rutina, a ese conformismo, pero que es tan capaz como cualquier otro para expresar el anhelo por romper con las normas del juego y cambiar la mirada y la actitud frente a lo que le rodea, aunque en apariencia nada vaya particularmente mal. No sé si es arriesgado o no construir la novela en torno a Fina, pero sí que busca provocar, y en todo caso la prefiero a una heroína que pudiera parecer más rompedora, arriesgada, más un modelo a seguir y admirar que una peluquera de barrio, que nos puede incomodar con sus renuncias y sus ingenuidades que queremos ajenas por reconocerlas como las nuestras. Precisamente porque la empatía es algo más complicada, o arriesgada, se me presentaba como más rica e interesante. Y, sin embargo, era esa ingenuidad que ella conserva la que me iba a permitir una mirada entre infantil por soñadora y, por qué no, subversiva en la medida en que inventa y transforma todo a su alrededor, a su antojo y sin complejos.

MARTA F. SOLDADO.

¿Cuáles son las herramientas de las que pueden disponer personas como Fina para detectar las ‘jaulas sociales’ que las encierran y limitan?

Creo que todos disponemos de herramientas para detectar las jaulas sociales diarias, aunque siempre ayude haber leído tal cosa, tener tal referente, haber visto tal película, haber conocido cierta persona o haber salido del lugar en el que uno vive.

Pero esos mecanismos de la inercia están ahí y entran en conflicto con muchos deseos y anhelos, la discrepancia entre lo que nos han dicho que debería ser y lo que es, o lo que tengo y lo que querría tener… no hace falta disponer de herramientas muy precisas para detectarlo. Uno puede no ponerle palabras a ese malestar, a esas limitaciones, quizás solo las sienta y las exprese de otros modos, quizás las aparte de sí mismo o decida vivir felizmente en ellas, pero detectarlas las detecta. Aunque sea con el cuerpo o a través de los poros, como le pasa a Fina al principio. A veces son solo pequeños ‘tics’, como un fruncir el ceño con asiduidad, curvar los labios en señal de desaprobación, insultar constantemente a quien tenemos al lado porque sí, el aburrimiento mortífero que asumimos sin querer. Qué se yo, el ansiolítico o el Prozac, como para anular el efecto de la sospecha. Cuanto más descarada se vuelve la fantasía capitalista peor o mejor acompañada de la fábula familiar y más se aleja de la vida, más Finas pueden detectar de manera muy temprana que algo no acaba de encajar del todo.

¿Por qué decidiste rendir homenaje a la figura de Montserrat Roig en La felicitat d’un pollastre a l’ast? ¿Por dónde pasa el diálogo entre ambas literaturas, la suya y la tuya?

Montserrat Roig es una autora importante para mí. Su literatura me parece muy humana, muy cercana a la vida, laten las vidas de sus mujeres en ‘Ramona, adéu’. La mirada de la voz narradora en su literatura es crítica y socarrona a la vez que cariñosa y dulce. Reconcilia ese equilibrio a lo ‘Chéjov, el médico’, que cuida pero que también se ríe e ironiza, manteniendo la distancia necesaria para el ejercicio de la profesión.

En algunos de esos puntos intermedios, estalla cierta humanidad, que es lo que me interesa. De ahí la Roig y también una novela clásica, con historias de tres generaciones, con una ciudad, con una serie de voces y un hilo de voz que las une. Era ese tipo de novela la que podía entablar diálogo, no ya conmigo, sino con el personaje y su contacto digamos más físico y emotivo que reflexivo con un texto. Me parecía, por cómo he recomendado esa novela a diversas personas y sus reacciones, o cómo la he compartido, que era un lugar de encuentro que propiciaba el estado de ánimo en el lector que a mí me interesaba, que conectaba a muchos lectores entre sí (ni a unos pocos exigentes, ni a unos muchos supuestos devoradores de ficciones comerciales), y ese es el lugar donde alguna vez me gustaría estar.

MARTA F. SOLDADO

¿De qué manera percibes el momento de la literatura catalana contemporánea y al auge de nuevas voces como Alicia Kopf, María Cabrera o tú misma?

Es un buen momento, en el sentido que hay muchas voces como tú dices nuevas, frescas, distintas. Es bueno que se renueven los nombres y los títulos, o que se añadan a los que ya existían. Eso no quiere decir que todo deba ser de la más alta calidad o al gusto de ‘nuestros buenos críticos’, al contrario, la literatura catalana debe empezar a ‘desacomplejarse’. Dejar de ser una literatura pequeña que se quiere de la más alta calidad para ser una literatura que dé cabida a muchas expresiones. A menudo tengo la sensación que están los que solo querrían Verdaguers y Rodoredas, e incluso invocan a nuevos autores en términos similares a los que usan para definir los grandes referentes, pero eso no ocurre cada día, no se multiplican las Rodoredas una tras otra, hay que asumirlo.

Esa manía por la excelencia en cada texto, para mí, tiene que compensarse no con ‘un todo vale’, en ningún caso, sino en un ‘vamos a buscar buenos textos y el tiempo, el reposo ya dirán sobre su valía, sobre cómo perduran o imprimen en muchos lectores momentos memorables’.

Afortunadamente, con la existencia de varias editoriales independientes y con el ritmo de publicaciones, creo que se da cabida a una mayor multiplicidad de voces. Las autoras que citas, por ejemplo, las siento muy distintas a mi modo de escribir, lo cual es genial. Del mismo modo, podría citarte muchas autoras contemporáneas más cercanas o afines, pero no solo en la literatura catalana, y eso es un buen síntoma. Saber dónde una se sitúa pero abrirse más allá de esas fronteras, que también pueden convertirse en ‘jaulas’, por cierto.

¿Cambiará tu vínculo con la literatura a partir de tu traslado a Vietnam? ¿Cómo puede afectar una experiencia de este tipo en la elección de los temas o la forma de expresión? ¿Podemos contar con que continúes escribiendo y publicando desde allí?

Continuaré escribiendo, sin duda. Y más, y espero que mejor, claro. La experiencia afectará en gran medida la forma y los temas, supongo, puesto que aquí soy una extranjera donde el choque cultural y el hecho de que la realidad de golpe suponga un reto en todos sus aspectos (desde bajar a la calle, a desplazarte, a pedir algo a un vendedor ambulante, a acostumbrarte al clima y los códigos), te convierte en un Gurb, en aquel que frente a lo que para unos es más común no puede evitar un extrañamiento y un cuestionamiento constante frente a lo que le rodea. A priori, eso me parece bueno para la literatura. De hecho, desde mi llegada siento como una necesidad de ponerme a escribir cada granito de arroz, cada olor, cada exclamación tonal que escucho y no comprendo. De ponerle palabras con urgencia a lo que son sensaciones para el cuerpo demasiado fuertes y muy concentradas en un mismo momento y lugar.

 

Entrevista realizada por ©DARÍO ZALGADE para THALAMUS MAGAZINE.

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