REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

La poesía cósmica de David Eloy Rodríguez "Crónicas de la galaxia": un libro de poesía de ciencia ficción.

Por Sara Barragán del Rey
sarabarragan@gmail.com
Madrid 1/08/2018


¿Un libro de poesía que engancha? ¿Un libro de poesía pero de ciencia ficción? ¿Un libro de poesía pero de filosofía e historia de la ciencia? Pues sí, todo eso es Crónicas de la galaxia, de David Eloy Rodríguez, publicado por Ediciones El Transbordador dentro de la colección Pequeño Laboratorio Alternativo.

 

Entre la ficción documental, la fantasía poética y la “poesía cósmica”, Crónicas de la galaxia, de David Eloy Rodríguez, es un libro que levanta sonrisas por el sentido del humor que desprende en el juego formal que plantea el autor y, al mismo tiempo, despierta preguntas universales sobre el sentido de la vida, el miedo a la muerte, el deseo y la búsqueda de la verdad. En síntesis, podría definirse como una ventana al universo y una propuesta de viaje épico. La inspiración y las fuentes de las que bebe el autor, son cercanas y forman parte de nuestro inconsciente colectivo: 2001 Odisea en el espacio, de Stanley Kubrik y las grandes novelas de autores como Olaf Stapledon o Philip K. Dick, son solo algunas de ellas. La diferencia, en este caso, es que David Eloy Rodríguez se arriesga a explorar el universo desde la poesía.

Claro que poesía y ciencia ficción suelen ir de la mano. Aunque, efectivamente, la ciencia ficción se ha desarrollado en el terreno literario sobre todo en novelas, no deja de ser un género que no está exento de carga poética. Ya nos hablen de naves espaciales, viajes interestelares, civilizaciones perdidas o futuros posibles, las imágenes suelen ser tan poderosas y, a veces, tan abstractas, que rezuman poesía en muchas de sus páginas. Por otro lado, más allá de las batallas interestelares o los “efectos especiales”, la profundidad filosófica a la hora de plantear futuros para repensar nuestro momento actual es algo que ubica a Crónicas de galaxia, directamente en este género “cósmico-científico”.

En el caso del libro del que hoy hablamos, hermosamente editado, por cierto, poesía y narrativa comparten espacio en partes diferenciadas y complementarias. El recurso literario utilizado en la estructura, eso sí, no es nada nuevo. De hecho, uno de los mayores ejemplos conocido por todos es nuestro Famoso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Se trata del recurso del manuscrito encontrado, una técnica en la que se plantea un narrador que cuenta el hallazgo de un manuscrito en circunstancias excepcionales. El narrador da a conocer dicho manuscrito y, entonces, es cuando “comienza” la historia. Eso es exactamente lo que ocurre en el libro de este poeta extremeño, que ya ha publicado numerosas obras poéticas y algunos libros ilustrados.

Todo empieza en un prólogo, que no es prólogo, sino parte de la propia ficción. En él, en forma de crónica, el autor cuenta en primera persona las circunstancias que lo llevaron a encontrar el manuscrito. Se trata de un texto con toques incluso periodísticos, pues está cargado de referencias a documentos y eventos reales. De forma sintética, asistimos a un pequeño repaso de historia de la ciencia y la astronomía, con datos sobre las investigaciones en torno a la recepción de señales del espacio, teorías astronómicas y referencias a científicos que realizaron aportaciones a la historia, como el famoso astrónomo Percival Lowell, quien elaboró teorías sobre los canales de Marte, después descubiertos, y la existencia de un Planeta X más allá de Neptuno. “El ‘loco’ una vez más, tenía razón. La fuerza clarividente de la fantasía”, escribe David Eloy Rodríguez en el prólogo.

Pero la crónica, aparentemente en el plano de la realidad, se convierte en ficción cuando el narrador explica su descubrimiento de una sociedad secreta, llamada La Cooperativa, en la que han creado una máquina para recibir comunicaciones procedentes del espacio. Es en la sede de esta sociedad secreta donde el narrador se encuentra con el manuscrito: un texto escrito en Esperanto que es una traducción de unas comunicaciones recibidas desde el exterior. La labor del narrador protagonista de este prólogo será, entonces, traducir del esperanto al castellano esas comunicaciones anónimas. Ese es el libro que nos presenta, el libro de poesía. Y como todo buen traductor nos explica los procesos, las dificultades y las libertades que se ha tomado a la hora de darle forma. Así, siguiendo la técnica del manuscrito encontrado, el narrador aparece como simple traductor de la obra ajena. Él mismo se denomina a sí mismo “médium”, simple intermediario, sin conocimiento del contexto, de la voz autoral, de los objetivos. Su labor se reduce a dar a conocer al resto de la humanidad el hallazgo, como él mismo manifiesta.

Si mis amigos en su delirante laboratorio (¿pero no delira, de algún modo, la ciencia?) tienen razón estos textos nos permiten saber mucho sobre nosotros mismos. Uno qué sabe… Vayan aquí estas palabras desmandadas, diría el gran Agustín García Calvo, “valga para lo que valga”.

La segunda parte del libro comienza así, con esta propuesta de encontrarnos a nosotros mismos en la poesía. A partir de ahí, se hace presente otra voz, ajena, desconocida, de la que poco a poco vamos descubriendo sus miedos y pasiones. Es un viajero espacial, perdido, encontrándose, que, a modo de bitácora nos habla de sus viajes, su soledad y su miedo a la muerte. Y, a medida que se avanza en la lectura, la historia del viaje interespacial y la intriga de su resolución dejan de importar. Lo interesante es, precisamente, lo personal, lo existencial, el sentido de la vida. Conocernos a nosotros mismos a través de un relato en el que el autor (el real, el escritor), saca de las entrañas emociones personales que atraviesan todo el entramado de la estructura, la forma y los recursos literarios.

Aquí estamos,

siendo
parte
del
tesoro,

extraviados,

en el camino.

El rumor de lo real se confunde con la ficción y cada poema se convierte en una unidad autosuficiente en el que dejarse llevar por las imágenes personales y los temas universales con los que es imposible no sentir identificación y empatía. Con un estilo sencillo, de lenguaje claro y directo, la sucesión de imágenes dejan también espacio para un sentido del humor que tiene que ver con lo absurdo de la existencia.

Los sintetizadores saben sintetizar,
pero nosotros no sabemos vivir.

Saber buscar refugio salva vidas.

Mientras quede una canción, queda algo.

Las operaciones de mantenimiento

son fundamentales

Estar vivo no es poco.

La destrucción y la reconstrucción, el paso del tiempo, los duelos y los golpes del camino, enfrentarse a la verdad y buscarla sabiendo que no existe como un absoluto, convierten a este personaje en un Quijote, un Odiseo, un filósofo en busca de la verdad y de la libertad que no encuentra, pues está atrapado en una nave y, a la vez, en un recuerdo que no consigue olvidar. Incluso, está atrapado en el propio lenguaje. Al mismo tiempo, la caída de la mente hacia la nada, entendida como muerte y deseo, va haciendo que la poesía vaya ganando en profundidad según se avanza, hasta llegar a reflexiones mucho más filosóficas y abstractas, incluso, post-humanas, escritas desde una voz del futuro en el que el ser humano ya está extinto, pero en el que aún, parece sobrevivir el amor.

Usted es datos.

Usted cree que es otra cosa,

pero usted es el dato que resulta
de la estructura, gestión y análisis de datos.

Observe bien.

Es ineludible. Es inolvidable.

Son los datos.

Y después del libro de poesía, aún hay una divertida sorpresa final (que no quiero desvelar). Solo diré que el postfacio, a modo de ensayo, eleva la obra con ironía, proyectando el artificio narrativo hasta el infinito. Todo queda ficcionalizado dentro del libro: el autor, el narrador, los lectores presentes y futuros e, incluso, la propia editorial.

Desde estas líneas, entrando en esa ficción, escribo desde el año 2096: “Querido David Eloy del pasado-presente: Gracias por el viaje”.

 

Perdido el control de.

Aprender a perder. Destino Cero.

Nos lleva la nada / somos llevados / nada nos lleva.

Aprender a traspasar
y a ser traspasados.

La totalidad no es más que una partícula.
En cada partícula, la totalidad.

La sustancia está compuesta de indeterminación y mezcla.

Hay tantas dimensiones
que el propio concepto de dimensión
es inútil.

Cada tripulante lo sabe: todo es precipicio
y caemos
y eso es
ser.

 

FOTO: Angelina Delgado Librero
David Eloy Rodríguez – FOTO: Angelina Delgado Librero

 

 

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