REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

RAQUEL RAMÍREZ DE ARELLANO La reina de la luz sin armas en la mano

Edición: 
Maite Martí Vallejo
maite.mart.vall@gmail.com
Barcelona/Madrid. 02/08/2018


Raquel Ramírez de Arellano

 

Raquel Ramírez de Arellano nace en Madrid, el 6 de septiembre de 1975. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, ejerce desde el año 2000 como Profesora de Lengua castellana y Literatura en Educación Secundaria en centros de la Comunidad de Madrid, últimamente en el IES La Fortuna, de Leganés.

Además ha impartidos talleres poéticos en Centros Culturales y Asociaciones vecinales del Municipio de Leganés. Ha coordinado el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil Ana Pelegrín de Acción Educativa, Movimiento de Renovación Pedagógica en el que participa activamente.

Ha publicado artículos sobre promoción de la lectura infantil y juvenil y la escritura creativa en la Revista Lazarillo, así como textos poéticos en múltiples revistas literarias: Bostezo, Kokoro, Caligrama…

Ha Participado en encuentros literarios entre los que destacan el Festival Voces del Extremo en Madrid, 2014 o el X Encuentro de poesía “A orillas del Órbigo” que organiza la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Villarejo de Órbigo (León) en 2017.

En 2014 participó en la  Antología poética Voces del Extremo Madrid 2014 (Poesía y desobediencia) editada por Amargord ediciones, en 2017 ha colaborado en el fanzine Cruz editado por Libre Configuración y Genoma Poético y en 2018 aparecen sus textos en la antología Instantáneas junto al agua editada por Eolas.

En 2017 obtuvo el Premio de Poesía Blas de Otero Villa de Bilbao por el libro La arquitectura de las colmenas. En julio de 2014 publicó Riego automático en la editorial Ártese quien pueda. En mayo de 2018 ha publicado La arquitectura de las colmenas en la editorial Devenir.

 

VENENO PARA PÁJAROS

Y finalmente ¿por dónde la ceniza articuló los caminos que transitamos
fuera de los mapas?

Latidos cardíacos rápidos. Irregulares. Pérdida de conocimiento.

Disminución del estado de conciencia. Silvia Plath. Gas. Compañera de Ted
Hughes.

Envoltorio de plástico en los párpados.
Es extraño cómo abrimos grietas en
el interior metafórico

de un papel de cuadrícula
por terminar soñando de alquiler en la misma
cama

donde durmió William Butler Yeats.
Curiosamente, nuestros hijos son
también bipolares aunque

todo dependa de la primavera.
El edredón de plumas no es más que un gato
incómodo

dentro de una apacible infelicidad.
Su cuerpo sustenta la sed de los árboles,
con los bolsillos

llenos de piedras: Virginia Woolf.
Lágrimas que destilaron desde el Ouse
por las venas

abiertas del Canal de la Mancha:
soliloquio a dos voces de las olas hacia
las siete neuronas

de una estilográfica.
Pupilas dilatadas. Ausencia de pulso, casi nulo.
Apnea. Beatrice Hastings. Once retratos y un amor sin escrúpulos

en Montparnasse.

Terminar muriendo con la cabeza dentro del horno como un pastel que
exhala navidades.

A Beatrice no la inventó Modigliani. A Dora Maar no la inventó Picasso.

Todos los hombres que saben pintar caballos son una estafa en las apuestas
de carreras.

Todos los hombres que saben pintar caballos no saben acostarse sin la
corona de espinas.

Alejandra Pizarnik. Dificultad para pensar. Somnolencia. Lentitud en el
discurso oral.

Flora. Judía. Barrio de Avellaneda. Tartamuda. Anfetaminas. Insomnio.

La risa nos devuelve un puñado de clavos en la frente: el almidón que
adorna los espejos,

las cárceles que habitan en la concha blanquecina donde nacen sin permiso
los espejos.

Hay princesas que salen a la calle colgadas de los cordones de los zapatos.

Con veintiocho años colgada de una viga. A las 4.48 siempre es la hora de
la muerte.

Temblores matutinos, mareo, confusión. Sarah Kane. Prozac 20 mg.

Mundo de locos con aroma a lavanda en la escuadra incolora del tránsito
por las ciudades.

Veneno para pájaros y roedores. Insecticida. Asfixia. Semilla de las nueces.

Contracciones musculares. Convulsiones. Río de la Plata. Estricnina. Sin
antídoto.

Ir del brazo de Jorge Luis Borges a comprar palomitas en el quiosco de los
condenados

no le costó la vida a M.a Luisa Pavlovsky.

Detrás de cada hijo fallecido hay una madre muerta. Desde 1947 no quedan
ratas en los desvanes de la ciudad

de Mendoza ni vino caliente en las panaderías.
En la invención del siglo xxi
la causa principal de muerte
por intoxicación en Estados Unidos es la inhalación

de monóxido de carbono y mariposas.
Sólo encender la estufa y helarse en
las hogueras. Coma.

Desmayo. Shock. Dolor de cabeza. Deterioro

del juicio. Presión arterial baja.
Anne Sexton era hermosa y escribía largos
poemas sobre

la sangre que tejen las arañas.
Reside muerta en Boston y con un atril de
pulseras

y tacones recibe a los vencejos en verano.
Hablando de todo un poco, las
sílfides de los trampolines

no juegan a desangrarse.
La locura es la única tara que, obrera de la utopía,
aterra

a sus ínclitos herederos.
Charlotte Mew. Cáusticos con PH corrosivo

como el abandono.
Signos de perforación. Acidosis metabólica. Lesiones

en el esófago.
El cementerio de Hampstead está lleno de lápidas

de mujeres suicidas en Londres
pero sólo La mujer del granjero bebió
desinfectante

para arrancar la culpa de las locas
o de las cuerdas a miles de kilómetros de
la Isla de Lesbos. Ciento cincuenta años antes, Nietzsche levitaba

sobre la luz purpúrea de las farolas
y Sara Kofman lo celebraba huyendo
de las redadas

de atroces águilas e implorando a su padre asesinado en Auschwitz que la
encerrara en la alacena de las flores.

Quiso ser huérfana para tener dos madres en el consistorio donde aparcan
los trenes.

Eso significa matarse a fuerza de decir, por no decir, pequeña niña judía,
¿de qué color eran las noches en las que la estrechez del zulo archivaba sus
horas?

 

*

 

MARINA TSVIETÁIEVA, MADRE MÚSICA

Ninguna mentira es una exageración si circula despacio por el carril
derecho.

Allí la botánica guarda las esencias líquidas frente al cubículo de cristal de
los presentes.

En fila india decidieron lanzar su dardo las hormigas sobre el pentagrama
negro de los aerosoles.

Para la taquicardia del acento que pasea su tos bajo la falda de los compases
lo incomprensible esconde la llave de todos los enigmas.

La mano flexible para las teclas, la imaginería recóndita que acarrea el
timón semántico de las trescientas veinticinco mil palabras,

el color de la tachadura de todos los errores multiplicados por el ego de un
ovillo en cada aldea.

Los lechos son fragmentos para esquivar el rencor de la larga espera del
otoño

y nadie tiene licencia para purgar el fuelle de los acordeones por aplacar la
histeria del norte.

De hecho, todos somos extranjeros en el canal donde se inaugura la
infancia.

Pregunten a Sigmund Freud por qué escondió las lentes de Boris Pasternak
en mitad de un pensamiento del 15 de septiembre.

En esa fecha nacen todos los adeptos y el golpe de voz de la palabra
esdrújula se duerme en la memoria de un metrónomo a las puertas de los
mercados.

 

*

 

TAXI DISLÉXICO

Por favor, pida un taxi y llame a Vigotsky.

Ínstele a que apague el fulgor de los atardeceres.

Abra el libro por cualquiera de sus partes.

Espere a ser asaltado por la creación de los escolares.

Rememore tres veces al día el deseo de conversar con el basurero disléxico
de la caligrafía.

Tire líneas por el papel de estraza que esconde la encendida vanidad y la
sorpresa.

Tome infusiones de frambuesa y rooibos.

Las fuerzas creadoras filtrarán en su epidermis el catalejo de la melancolía:
fábrica de poemas, muecas para el trapecio de las ideas.

Que no le dure ni medio asalto el yugo del pronombre relativo entre las
sábanas de la sintaxis.

Brinde con champú y sople pompas fúnebres desde el balcón de la calle
más ancha.

Alicate tréboles.

Haga el amor en sabbat y encienda velas en los paseos marítimos.

Me he dado cuenta de que la divulgación de los nombres científicos de las
flores es un soberbio empeño
de los ángeles.

Ninguno de los primates encarcelados en las aulas de la nostalgia tiene
memoria para esos salmos.

Sea educado.

Desorganice el caos del infierno y aproveche la preinstalación del aire
acondicionado.

Y si acaso la nevera es un mal sitio para dormir la siesta, duerma la nieve
de todos los veranos.

 

 

De “La Arquitectura de las colmenas” (X Premio Blas de Otero Villa de Bilbao 2017) Devenir, 2018.

 

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