REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

JÈSSICA PUJOL La palabra dulce y descompuesta

Edición:
Txetxu González
txevinuesa@gmail.com
Madrid/Santiago de Chile. 07/12/2018.


JÈSSICA PUJOL.

Jèssica Pujol Duran (Barcelona, 1982). Escribe y traduce poesía en catalán, inglés y español y ha publicado varias colecciones: Now Worry (2012); Every Bit of Light (2012); El país pintat (2015); Entrar es tan difícil salir (2016), Mare (2018) y, próximamente, ninó, (2019). Su obra, como ella, existe en la intersección de varios idiomas y lenguajes. Actualmente vive en Santiago de Chile. En Inglaterra dirige la revista de poesía latinoamericana Alba Londres (www.albalondres.com). 

 

El campo envolvente

 

 

The poem is a hormone.

Lisa Robertson, “The Seam”

 

 

 

I

 

no fue la primera escena

con árboles ladrillos avenidas

sino la trama que acontecía

lo que propició

la falta del símbolo

para nombrar objetos

asimilar acciones

el continuo

 

estar en desacuerdo

con el presente era una parte

silenciada de otro personaje

en calles parques cines

cafeterías fiestas

¿y qué hacer con la impresión

de lo no nombrado?

–preguntaba Lucía

 

¡no hay problema!

¡el cuerpo se encarga!

normalmente de noche

cuando el almacén de ángulos muertos

te deja la ropa empapada

en un estado de hipnagogia

paralizante las hormonas

han elaborado una vez más

la Ficción

 

sin detectar los easter eggs

del inconsciente la escritura

una traducción cuasi honesta

caía en absorbentes pañuelos de cocina

que nada que ver

(mejor envolver galletas de chocolate

chip que un solo rayo derretía

hasta la palabra dulce y descompuesta)

 

¿y quién se traga eso?

 

de hecho, prohibieron

llevarse comida del local

fuera del local

aunque por dentro

las lenguas tensas

en el paladar

buscaran morderlo todo

 

no era seguir órdenes

ni mejorar el sistema

ni ser la primera

ni clic en todos los enlaces

era toda la energía

de un cuerpo

dirigida a encontrar

un rincón donde respirar

 

desde un peluche unicornio blanco

hasta una bufanda

del mismo color que la tuya

desde un cementerio encerrados

hasta un autobús de dos plantas

vacío que te llevaba a casa

las correspondencias

recuerdos de una antigua

–quizás inexistente–

conexión entre cuerpos

salvavidas reafirmantes

de la futilidad de un presente

sádico y nada saludable

para las venas de las piernas

y la mente y los sentidos

 

que intercambiaban

sensaciones nuevas por sellos

en cartas

que todavía llegaban

a los buzones

una pequeña señal

como hilos anudados

como cuerda imaginaria

 

que atraviesa la textura

del campo envolvente

y cómo la tensaban mis manos

desde la primera escena

por árboles ladrillos avenidas

y calles parques cines

cafeterías fiestas

 

 

 

 

II.

 

 

qué palabra había hecho mía

y dañaba y había que cambiar

y cuál no todavía, pero debía

y cuál había que decir

o ya había dicho sin saber

qué consecuencias tendría

y si eran malas cómo

temblaba imaginándome

 

la experiencia de cambiar

de idioma

la experiencia de excavar

en el lenguaje

la experiencia de reconocer

lo impostado

 

que aquello que había hecho

mío –como mi sueño,

porque salía del interior–

quizás era de otro u otra u otros u otras

 

y así todo:

qué plástico

de mis labios

viajaba por canales

invisibles hasta el mar

para amontonarse con otros

en el gran océano plástico

de mis labios

micropartículas de colores

fluían con la corriente

creando remolinos

donde se posan las gaviotas

 

reconocer

que me bañaba en el contraste

de deshechos

por la noche

en la playa de Mataró

¿y qué plástico volvía para acariciarme la pierna?

¿acaso podía ser el mismo que había besado?

 

la cuerda que tensaba

me lo traía de nuevo

las correspondencias mágicas

también operaban allí

descompuestas

residuales

ese campo negro aumentaba

envolvente como la impresión

que almacenaba en los ángulos muertos

y juega a otro tiempo del verbo

con los recuerdos

que reviven para no verlo

 

como el pasto verde de Caldes

el agua de sus fuentes

cuando andaba más cerca

de los insectos

el diminutivo del cariño

estaba muy aquí

en este abrazo

 

rompimos algunas cadenas químicas

las hormonas se alzaron

contra el orden de producción

el amor la libertad

agarradas de la mano en la plaza

las sardanas

y desde ese otro lado

latíamos

frente a lo inesperado

Y ¡gracias a la vida!

 

cómo trotábamos

por el campo montados

en el caballo del óleo del comedor

que me ha dado tanto

la orquídea salvaje

los caracoles hirviendo

los zapateros y las ranas en el estanque

patinando por la belleza

en que confiábamos

demasiado

poco tiempo

 

porque caímos en la maleza

que señalaba la broma

más bien pesada

aunque más bien liviana

la carcajada

de que yo ya no estaba

en mi sujeto

ni en ningún idioma

temblaba imaginándome

cerca de los insectos

y ¿quién eras tú?

 

 

 

 

III.

 

 

cuando llamaste

estaba en blanco en el banco

calculando las fechas para viajar

otra vez, sí

con todas las criaturas del Hades

a otro país, sí

en otra lengua

y así acelerar, sí

la rotación de la tierra

la emisión de gases

y el tánatos

 

sin desesperación

la indignación diaria

propiciada por el diario

la renovación

de la suscripción

al pasado

 

vamos camaradas

a pintar de negro

las lágrimas de los ángeles

de la Inmaculada Concepción

lloro de solo imaginarlo

 

vamos a intoxicarnos

con el alquitrán como las aves marinas

en las playas de Galicia

y luego nos pegamos plumas rojas

para luchar contra el gallo negro traicionero

 

entre el cacareo del congreso

las personas tratan de resolver sus papeles

 

cuando llamaste

no distinguí tu voz

ni en qué idioma

debía responder

no nos conocemos

­–pensé–

los límites

aunque tanto

los hayamos cruzado

 

en el ring sagrado

esperé mi turno en fila

mientras el precio del oro subía

subían las participaciones

y las apuestas

y las opiniones en Twitter

el importe de mi visado

 

y tu voz

reinventada

no la entiende nadie

en el campo envolvente

las pantallas solo negocian

cómo expandir sus hipervínculos

unificando los idiomas

de la torre babélica

 

justo cuando reconocías

esa riqueza

de lenguas tensas

e ibas a morderlo todo

te sugieren no llevarte

fuera del local

envueltos en pañuelos de cocina

los caramelos del banco

 

justo cuando ibas a repetir

tu ritual dulce y descompuesto

las correspondencias

sus caminos enrevesados

su existencia paranoide

la mínima conexión

con los de casa

mi afecto en un pozo

 

o en alguna serie de policías

Collateral, Marcella, The Fall

You name it!

Allí, sí

o en cortos de gatos y perros

lamiéndose los hocicos, los bigotes

las patas entornadas soñando

sin parálisis corriendo

por el cielo, sí

 

o en otras gracias del presente

secuenciadas

para recuperarte

de la tragedia en gran formato

gigantografías del interior

que empapan

y así todo. ¡El cuerpo se encarga!

 

 

 

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