REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

ASIER PÉREZ Entornos volátiles

Edición y entrevista:
Lorena Blanco
Corrección:
Mariela Mugnani
thalamusxmagazine@gmail.com
Las Palmas de Gran Canaria
05/03/2019


ASIER PÉREZ en acción.

Casualidades del destino o la invitación de un Simposium en la Universidad de Bilbao bajo el título “Fill the Gap, Nuevos Usos del Espacio Público” obraron el milagro de conocer a Asier. Es una persona con un coco futurista, que te suelta ideas brillantes como quien te pide que le pases la sal en una comida. Cuando habla, Blade Runner no queda tan lejano. Este hombre orquesta del diseño que promueve el intercambio de ideas creativas buscando mejorar la sociedad, trabaja en la innovación centrada en las personas. Su fórmula secreta -shhhh- es construir experiencias memorables para ser compartidas entre la gente. Ha desarrollado proyectos para grandes empresas como Telefónica, Fundación La Caixa o Museo Guggenheim. Es profesor de máster, conferenciante, autor del libro “Volatile Environment” y co-autor de “This is Service Design Thinking”, fundador de Funky Projects y actual responsable de Investigación y Creatividad en Dowayo Foresight. Un tálamo muy productivo que merece la pena ser compartido con nuestros lectores.

¿Cómo es tu relación con el arte siendo artista, empresario, diseñador, antropólogo y suministrador de ideas en los hábitos de consumo?

Estudié Bellas Artes y trabajé como artista hasta el 2004 aproximadamente. En ese recorrido buscando impacto social a través del arte reflexioné también sobre la contemporaneidad del arte en relación a su economía. Creo que no puede haber contemporaneidad si el modelo de negocio no es contemporáneo o busca innovación. Cuando trabajaba en arte raramente consumía arte, a no ser que fuera por trabajo, por reflexionar, investigar, entender. A día de hoy sigo sin ir a ver exposiciones de arte.

Los proyectos que hacía en arte desarrollaban economías propias al proyecto, por lo que entonces constituí una empresa (Asier Pérez González y Consonni SL). La ejecución de algunos de los proyectos implicaba que tuviera un rol más de “mini-empresario”. Creo que la parte de diseño viene desde la concepción de estrategias de implicación social de personas en los proyectos, para ello los proyectos tenían que ser apetecibles, atractivos, para que la gente participara.

El papel de investigador y antropólogo  consisitía en identificar las motivaciones y frustraciones de las personas para la generación de ideas innovadoras con los proyectos. Lo de “suministrador de ideas” suena raro aunque divertido. La investigación ayuda a generar ideas enfocadas aunque a veces puede hacer que no sean ideas radicales.

En el prólogo de “Fragmentos de antropología anarquista” de David Graeber leí sobre por qué no hay anarquistas en la universidad y por qué hay tantos socialistas. No sé si seré anarquista pero suena genial. Lo que sí es cierto es que siempre busco hacer, reflexionar haciendo.

¿Crees que como ciudadanos nos debemos a un activismo participativo?

Sistemas de participación más sofisticados pueden ser muy interesantes, pero entendiendo que cuando compro un libro en Amazon en vez de en una librería o pago con tarjeta de crédito en un bar estoy también eligiendo mi participación en cómo nos relacionamos los unos con los otros.

Creo que por mucha tecnología que se desarrolle, existen siempre dificultades de comprensión entre las personas. Desde la participación se pueden experimentar modelos de acercamiento a esa comprensión.

Háblanos más de esa necesidad de inventar nuevos lenguajes para potenciar esas acciones interactivas en el ámbito socio-cultural.

Los lenguajes se hacen y transforman con el uso. La participación existe desde siempre, pero tenemos que sofisticarla y disfrutarla. Votar para elegir a nuestros representantes políticos es ya algo primitivo sustentado en viejas estrategias publicitarias. Con Funky Projects diseñamos un sistema que espero reactivar pronto y que se llama Gala Política. Se trata de un proyecto que busca descomponer la ingeniería social del marketing político en tiempo de elecciones.

¿Cuándo hace su aparición Funky Projects en todo este proceso? ¿Se podría decir que fuiste pionero en introducir el diseño de servicios en España?

Funky Projects al principio fue una estructura que necesité para producir mis proyectos de artista y que finalmente se establece como una empresa de diseño de servicios y experiencias. Fundé Funky Projects en 2001 y hacíamos experience design. En 2003 fuimos invitados a presentar un proyecto que habíamos desarrollado en Ciudad de México a la conferencia Leaders Roundtable organizada por John Thackara en Ámsterdam. Allí coincidimos con los fundadores de Livework, que es la primera agencia íntegramente dedicada al service design e inmediatamente decidimos comenzar a ofrecerlo. Me imagino que fuimos pioneros de muchas cosas en ese sentido, también en innovación social, me volvía loco para intentar venderlo. Es muy difícil comercializar algo que no está aún identificado o establecido.

¿Los avances tecnológicos, Internet, están tejiendo nuestras relaciones sociales, laborales?

Pues sí, pero no quiere decir que el papel o las interacciones cara a cara desaparezcan sino que adquieren más valor. La economía se ha desplazado a los servicios y estos hay que diseñarlos, al igual que se diseña mobiliario, coches o espacios.

Tenemos un proyecto de conferencia global que se llama Peoplex, human meets technology. Será un encuentro internacional para reflexionar en acción sobre cómo diseñar interacciones humano-máquina. Todo esto va a coger mucha velocidad con la inteligencia artificial. Considero que todo ello tiene que ofrecer la posibilidad de ahondar en la idea de lo que significa ser humano, trabajar mucho más nuestras capacidades creativas, de comprensión, de escucha, etc.

Ha pasado tiempo desde que escribiste tu libro, ¿ha cambiado en algo tu visión de la ciudad y sus entornos?

En España hay cosas que no han cambiado y son gravísimas. Como dijo Jon Lee Anderson a eldiario.es: «El pacto del olvido es el gran problema de España: ¿Si no es capaz de juzgar crímenes de lesa humanidad, cómo juzgar los de corrupción?». 

Esto hace que las relaciones estén enquistadas y no se pueda avanzar. Asocio muchas cosas al pacto del olvido, como el paro estructural, una crisis mucho más prolongada que en otros países occidentales o la concepción que tenemos en materia de vivienda. Por otro lado, ahora el impacto de Internet y del smartphone han alterado los modelos de negocio, nuestra manera de afrontar el amor, el sexo, el retail o la banca.

En 1999, creaste una sociedad (Asier Perez Gonzalez & Consonni S.L) que apostaba por autofinanciar actividades culturales que se salían de lo convencional. Según tu experiencia, ¿estos proyectos pueden ser rentables y generar un atractivo económico a empresas del sector privado? ¿Por qué no seguimos los ejemplos de países como Canadá y Reino Unido creando una economía cultural próspera?

A mí me salieron fatal económicamente. Es posible que haya sido mi ingenuidad y mis ganas nulas de gestionar un negocio de una manera convencional. Creo que aspectos culturales de los que hablábamos antes hacen difícil ir hacia esos modelos. El consumo en España es bastante convencional, conservador; esto hace que casi todo lo que nos rodea sea realmente aburrido y plano.

Has dado numerosas charlas sobre cómo generar audiencias y conseguir respaldo económico en proyectos de todo tipo, siempre desde la  innovación y la creatividad, produciendo experiencias reales y memorables con resultados positivos. ¿La audiencia o público de consumo cultural nace o se hace?

Tenemos que sofisticar tanto la demanda como la oferta. En relación a las charlas me imagino que hablo de hacer que la experiencia sea apetecible para que la gente venga. Creo que ahí hay un recorrido de la cultura popular que debe ser explorado. 

 

 

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