SILVIA GRAV Un hombre atrapado en el espacio

Edición:
Déborah Guerrero
deborah.g.ca@gmail.com
Madrid/Los Ángeles. 12/04/2019.


Silvia nace veintidós años atrás en el País Vasco. Hace fotos, dirige videoclips, diseña títulos de crédito. Empieza Bellas Artes en Madrid, pero aprende más como autodidacta y abandona al segundo año. Con dieciocho años se viraliza su trabajo por una publicación en un blog estadounidense. Desde entonces, trabaja profesionalmente como artista. Unos meses más tarde, Flickr la selecciona como una de las veinte mejores fotógrafas menores de veinte años del mundo y la lleva a Nueva York. Estando allí, consigue un proyecto en Los Ángeles. Se enamora, se queda a vivir. Una agencia la contrata y su primer proyecto allí es para Lexus, dirigido por Jonas Akerlund. Desde entonces ha trabajado para series como ‘American Horror Story’ o ‘True Detective’.
El hecho de que me dedicara a la fotografía fue surgiendo. La crisis en España no nos permitió soñar en ese aspecto y el arte era un suicidio económico. Yo soy una de esas pocas niñas con suerte que nunca dejó de dibujar/crear al hacerse mayor. La fotografía simplemente significó el siguiente paso y se produjo de una forma muy natural. Que se convirtiera en mi trabajo fue una sorpresa absoluta.
Trabajo de manera emocionalmente inconsciente y, cuando miro o pienso en mi obra, veo que proyecto cosas distintas cada vez, como cualquier otro espectador ajeno a lo que ve, pero que está sintiendo cosas. Quiero pensar que es una mezcla muy turbia de todo lo que ocurre fuera y dentro de mí. Se percibe siempre con más intensidad la mierda, aunque también haya muchas cosas bonitas.
Trabajar impulsivamente me lleva una y otra vez a una estética que refleja lo antiguo. Creo hacerlo porque supongo que mi generación se crió entendiendo el pasado de esa manera, a través de fotos rasgadas. Yo hablo del presente en mi trabajo, pero no puedo obviar el peso de la memoria, de todo lo que llevo detrás. Creo que la mezcla de una estética vieja y una forma de editar tan contemporánea, provocaron el clic. Tiene sentido.
Si lo intentas puedes reflejarte en cualquiera, porque al final todos estamos hechos de carne y de miedo a la soledad y a la muerte. La manera de afrontar una inseguridad con honestidad es un puente directo hacia el interior de alguien y, la confianza ciega que requiere hacerlo, es un acto de rebelión contra el miedo. Yo aún tengo mucho que aprender sobre eso.
Fue mi padre el que me enseñó a entender el espacio. Su manera de protegerse es brutalmente intelectual y racional, como la de tantos hombres que aprendieron de la dureza de otros padres que tampoco conocieron otra cosa. A mí me ayudó mirar el mundo desde muy lejos durante ciertas épocas, pero creo que de alguna manera él se quedó atrapado allí arriba.
De niña, pensar en el espacio significó pensar en la vida desde una perspectiva en la que yo y
mis problemas no tenían tanta importancia. La relatividad era un lugar más agradable desde el
que mirar las cosas cuando no tenía el poder de cambiarlas. Ahora me fascina el espacio, pero
ya no me escondo en él.
Vivo en Los Ángeles, sigo estando tan dispersa como siempre y diciendo que sí a proyectos extraños que me generan curiosidad. En el último año he decidido aparcar un poco las fotos y centrarme en trabajar en títulos de crédito o videoclips, pero también en escribir y dirigir una historia a la que llevo mucho tiempo dándole vueltas. Y por placer, también cerca de Los Ángeles, estoy trabajando con una organización sin ánimo de lucro para introducir, en el mundo del arte, a personas que han sufrido la cárcel.

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