REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

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ENTREVISTAS

AINA DE COS Ser dramaturga en el siglo XXI

Edición y entrevista:
Txetxu González
txevinuesa@gmail.com
Madrid/Mallorca. 13/11/2018.


Aina de Cos.

Hace un tiempo indeterminado de aquel encuentro. Ella a lo mejor ni se acuerda. Salí quince minutos a la puerta del mismo edificio que frecuento cada día —oda a cierto anacronismo cotidiano—. Era el típico descanso para fumar. Aina estaba allí con un amigo común, el Diego. Yo ya no fumaba o lo estaba dejando. En realidad, solo hago esos descansos, a veces, para ver a la gente que me mola y desconectar de otras voces. No nos dijimos nada pero supe, por algún motivo, que acabaríamos haciéndonos colegas. Hubo unas cuantas pausas casi cómodas durante aquella primera conversación. Recuerdo que se mentaron algunas palabras: cansancio, coño, Chulilla, hasta, serio, micro, mierda, sales, cerves, force, Grecia. Empezaba a llover y había que volver a subirse al ascensor. La tercera planta es más oscura que el resto: la abstracción paseando del brazo de la urgencia, un dominó humano de aspas, descartes o signos de interrogación. ‘En países como este la vida no vale nada’ (escucho al entrar por la puerta). Se puede hablar de Siria, se puede hablar de Sudán, de Myanmar o de España en el año 2018.

En términos musicales, la PAUSA es un breve intervalo en que se deja de tocar o cantar. Necesitar la PAUSA es necesitar el silencio. No obstante —se me ocurre— a la hora de componer una pieza o de recomponer un pedazo de vida, evocar el respeto a la PAUSA, también implica desencadenar la inevitabilidad de su ‘contrario’: el grito. Tal vez, la construcción y edición de esta entrevista, responden a esa exigencia. La luz de la antesala, la utilidad, el fin y el volumen corren a cargo de quien quiera leer o escuchar lo que a continuación se ofrece: hay testimonio, liberación, valor, reflexión, premio, gasolina y salida. Solo me queda una pregunta, no para la entrevistada, si no para el resto: después de leer esto, ¿qué parte de tu propia historia, de tu dolor o tu vergüenza, vas a seguir omitiendo?

‘La chica de la gasolinera’ es el título de tu obra, ganadora del último certamen ‘Teatre de Butxaca’ de Ciutadella. Pero, ‘la chica de la gasolinera’ es también el nombre de una joven de apenas veinte años que fue secuestrada, asesinada por su expareja al estrellar este el turismo que conducía contra una gasolinera de la N-340, en sentido Barcelona, en el término municipal de Benicàssim. Aina, tu obra está llena de matices e influencias diversas, pero ¿qué te lleva, en un primer momento, a utilizar como premisa o punto de partida, el caso tan terrible y trágico de esta chica?

A principios de este año participé en el torneo de dramaturgia de las Islas Baleares. Para entonces, pensando en qué quería escribir, creo que el tema directamente me eligió porque presenté una obra sobre violencia de género basada en una experiencia propia. Esto, por otra parte, es algo que siempre intento: partir de lugares que conozco o que he rozado, adentrarme después en esos lugares a través de un proceso profundo de documentación.

(PAUSA).

Me ocurrió una cosa con un compañero de piso y me di cuenta de que ese acontecimiento podría haber sido el inicio, si hubiéramos sido pareja, de una relación de abuso. A partir de ahí escribí un primer texto. Me pasé todo el año pasado escribiéndolo, investigando, leyendo, escuchando conferencias sobre violencia de género, sobre su origen. Estuve muy metida en ese proceso de investigación y sobre todo de lectura. Había momentos en lo que incluso tenía que parar porque era demasiado. Seguí el caso de Juana Rivas y todos los casos similares o relacionados que iban apareciendo en prensa. Por supuesto, seguí el juicio de la manada y, cuando me encontré con la noticia de la chica de la gasolinera, me partió en dos, me pareció terrible. Todos estos acontecimientos se empezaron a unir a la rabia, a la indignación, a un montón de sentimientos que me revolvían sin descanso y el texto salió así.

El texto ha querido ser un homenaje. Bueno, a lo mejor ‘homenaje’ suena demasiado pedante. Ha querido ser un grito. Un grito contra el patriarcado, contra la justicia patriarcal, por la desprotección que sufrimos las mujeres, por esa normalidad con la que se asumen ciertos comportamientos machistas y violentos.

La base del texto anterior es el ‘síndrome de la rana hervida’. No sé si lo conoces. Viene a decir que si pones a una rana en un cazo con agua tibia y vas calentando ese agua lentamente, como la rana regula su propia temperatura, no es capaz de percibir el peligro durante gran parte de ese proceso. Para cuando el agua está a punto de hervir y el peligro es ya inminente, a la rana ya le es imposible saltar o escapar porque ha invertido tanta energía en regular su temperatura y adaptarse al agua, que ya no le quedan fuerzas. En ocasiones, se utiliza este símil de la rana hervida para explicar este tipo de violencia.

(PAUSA).

El caso de la chica de la gasolinera me acabó de destapar, de romper. De romper desde un lugar de impotencia total. En ese momento pensé: ‘¿Qué coño hago? ¿Qué puedo hacer? ¿Qué tengo? Tengo las palabras. Tengo mi trabajo, que es contar historias, que se basa en sentir’. Entonces llegué a la conclusión de que tenía que tirar por ahí con las herramientas a mi disposición. Supe que tenía que lanzar ese grito.

Cartel de ‘La chica de la gasolinera’, de Aina de Cos.

Estamos viviendo momentos difíciles, muy complejos, pero al mismo tiempo de una extraordinaria importancia en relación a un asunto vital, en el que nos va la vida. Este asunto, que creemos ha de ser siempre una prioridad entre el resto de prioridades, tiene que ver con una herencia cultural-patriarcal que hemos absorbido todos y todas como un veneno solapado. Se nos ha inoculado ese veneno durante décadas y décadas pero ahora, gracias al activismo, la lucha y la movilización sin descanso de tantas mujeres y colectivos, parece que al menos se han abierto puertas y ventanas, que se respira con cierta esperanza. ¿Qué nos falta aún para llegar a ese terreno tan deseable e inaplazable de la igualdad real?

Realmente, sí que siento que estamos en un momento muy muy especial desde hace un par de años. Yo lo siento como una revolución, como una revolución feminista. Me preguntas sobre lo que creo que nos falta para alcanzar una igualdad real, pero yo creo que no buscamos una igualdad real porque evidentemente no somos iguales. Yo creo que la palabra es equidad. Hablas del patriarcado que ha estado arraigado. Está arraigado. Y no hablamos de años, hablamos de siglos, hablamos de la historia de la humanidad. Hablamos de una cultura en la que todos hemos nacido, que todos hemos mamado. Yo fui consciente por marzo de 2016, cuando me pidieron hacer una pieza sobre el tema de la mujer. Y ahí, claro, revisé todo lo que quería decir y me di cuenta de que la primera machista era yo. Desde entonces, intento trabajarlo, pero sí: la primera que tenía actitudes machistas, vocabulario machista, era yo misma. Empecé esa revisión y además salió un texto que cuestionaba, precisamente, el vocabulario, temas relacionados con lo que se le exige a la mujer a nivel estético, esa esclavitud de estar siempre perfecta. En ese momento, coincidía además que yo trabajaba para una firma de perfumes. Me fijaba en todos esos anuncios de mujeres ‘perfectas’, en los que, casi siempre, su rol tiene que ver con una invitación sexual. Por ahí empecé yo a hacerme esa especie de examen, me dije: ‘Aina, revisa tus creencias, revisa todo porque formas parte de esta cultura’.

(PAUSA).

Han surgido un montón de movimientos que nos han ayudado a todas: el #metoo, el ‘Time’s up’, ahora también el movimiento de las actrices catalanas. En fin, todas las denuncias de abusos en el ámbito profesional, no solo en el doméstico, han ayudado mucho.

Lees estadísticas. Se denuncian siete violaciones al día. Imagina las que realmente son si pudiéramos contabilizar las que no se denuncian. Se sabe que las mujeres que sufren abusos denuncian en un porcentaje muy bajo. La chica de la gasolinera había denunciado. Su agresor, su asesino, tenía una orden de alejamiento. Mira de qué sirvió. Mira cuán protectora fue nuestra justicia, nuestras leyes, nuestro patriarcado. La protegió un carajo.

¿Qué nos falta para llegar? Nos queda mucho camino, pero se está haciendo. Una de las diferencias que encuentro de este momento que vivimos con respecto a otros es que hemos empezado a hablar entre nosotras. Hemos empezado a compartir los abusos que hemos sufrido, a nivel profesional, a nivel físico, todas esas agresiones. Para mí, esa es ya una semilla importante. El hecho de hablar de ello hace que ese mensaje trascienda nuestro día a día y nos alcance la piel.

(PAUSA).

Hace falta mucha educación. Educar a los niños y las niñas en el feminismo. Tienen que cambiar muchas cosas todavía, tenemos que apoyarnos mucho más. Hace falta más sororidad, más comunicación. 

(PAUSA).

Respondiendo una vez más a tu pregunta: yo no creo que se busque igualdad. Yo creo que se busca equidad, ser considerados, no por una cuestión de género, sino por una cuestión humana, cada uno con sus capacidades, con sus limitaciones y con todo lo que uno trae como individuo.

Antes hablaba de las diversas influencias que hemos encontrado al leer y asistir a la puesta en escena de ‘La chica de la gasolinera’. La premisa es clara pero, las referencias a ciertos juicios  vergonzantes que han acontecido en los últimos tiempos en este país, también son igualmente evidentes. En este sentido y, desde luego asumiendo que la justicia no es igual para todas y todos, ¿qué papel crees que juego o ha de jugar el arte y más concretamente el teatro a la hora de compensar los agravios, la falta de sensibilidad de las leyes y de algunos jueces?

Evidentemente, hay una referencia muy clara e intencionada al juicio de la manada. Se dijo que como la víctima no se había resistido existía consentimiento. Y entonces piensas en aquella otra chica de Galicia que sí se resistió y acabó muerta.

(PAUSA).

Esa sensación de quedarte congelada delante del terror absoluto es algo que yo he experimentado como mujer.

(PAUSA).

Sufrí la agresión de un hombre, con arma blanca. A esta agresión yo la llamaba ‘el accidente’. Tampoco hablaba mucho de ello, pensaba: ‘bueno, he hecho mi terapia, he hecho mis cosas, lo tengo superado’. Pero el juicio de la manada despertó algo en mí, provocó que viera lo que yo misma había sufrido y vivido desde otro lugar. Te pasaré dos escritos que tengo que van precisamente sobre esto. Los escribí en Facebook, me atreví a compartirlo por ahí.

(PAUSA).

En noviembre del año pasado estaba haciendo una obra que se llamaba ‘Sodavil’ en la que, entre otras cosas, sufría un secuestro y me apuntaban con una pistola. Un día, mi compañero, que también era director me dijo: ‘Aina, es que tienes que morcillear un poco más’. Yo me daba cuenta de que en esa obra no estaba ‘morcilleando’ porque me ponía en una situación que me llevaba a ese lugar, al lugar y momento en que sufrí aquella agresión. Con todo y con eso, hice caso a mi compañero y comencé efectivamente a ‘morcillear’. Entonces, hubo un momento en que me salió aquella frase, exactamente la misma frase, las mismas palabras que le dije a aquel hombre, a mi agresor, cuando lo tuve delante: ‘no me hagas daño’.

(PAUSA).

Me quedé totalmente congelada, petrificada. No salí corriendo, no grité. Me apuñaló y, cuando lo hizo, yo no me di cuenta, solo noté un golpe en el estómago. Y me sentí muy culpable porque aquello sucedió una noche en la que yo volvía sola a casa, hacia las tres de la madruga, muy brava. Después de todo aquello, me sentí muy cuestionada cuando empecé a escuchar a otra gente decir cosas como ‘yo habría hecho esto, yo habría hecho lo otro, yo habría gritado, yo habría salido corriendo, yo le habría pegado un puñetazo, yo no habría vuelto sola a casa a las tres de la mañana’. En fin, todas esas frases de alguna manera te señalan, te culpabilizan de lo ocurrido.

(PAUSA).

El juicio de la manada despertó todo eso y, el día que me salió aquella frase: ‘no me hagas daño’, ahí cayó la ficha. Llegué a casa después del bolo y entonces, por primera vez, me puse a escribir y lo hice público en redes sociales que, como dice una compañera dramaturga de Barcelona que se llama Cris Clemente, son como la plaza del pueblo. Y recibí mucho apoyo. Tal vez lo recibí, también, por el momento en el que estamos. Una se siente más acompañada a la hora de hablar y, sobre todo, encuentra también la fuerza para ponerse a escribir.

(PAUSA).

El texto emanó, salió así. No fue algo excesivamente meditado. Por supuesto, estaban las notas, la investigación de los meses anteriores, pero la noche que por fin me puse a escribir salió todo hacia fuera casi como un vómito. De todos los textos que he escrito hasta ahora, este ha sido el que menos he tenido que retocar.

(PAUSA).

El teatro, dice mi maestro Javier Galitó-Cava, da la oportunidad de vivir tu propia vida, les da la oportunidad de vivir sus propias vidas. El teatro es un espejo. Si alguien que ha venido a ver la obra sale un poquito tocado o se hace alguna pregunta ya está, esa es la función del teatro para mí: lanzar preguntas. Y no cuidar tanto al público.

Otro profesor, José Sanchís Sinisterra, me dijo que el texto era una filigrana, que lo había escrito conociendo todo lo que había detrás, la trascendencia mediática, el juicio mediático. Y tiene razón, claro. Me cuidé mucho de no ser amarillista, de hacerlo con sutileza pero con una referencia obvia porque esos tipos estaban, por supuesto, en mi cabeza.

(PAUSA).

El juicio de la manada y, sobre todo la sentencia, nos deja a las mujeres en una situación de indefensión atroz. Y el teatro, en este caso y en muchos otros, nos ayuda a ver y entender dónde estamos realmente, a saber lo que está pasando.

En nuestro caso, el proceso de ensayos de ‘La chica de la gasolinera’ ha sido duro, nada fácil, claro. Pero después, cuando ves la respuesta de la gente, cuando amigas y mujeres te abrazan al terminar la función, te das cuenta de que era un grito que tenía que salir y ser compartido. Además, durante los ensayos, vi el monólogo de Hanna Gadsby ‘Nanette’, que desde aquí recomiendo a todo el mundo. Ella decía una cosa en ese monólogo: ‘mi historia es tu historia’. Esa es, para mí, la esencia del teatro.

Desde un punto de vista social y, por lo tanto político, cada vez se debate más en torno a la necesidad de que los hombres hagamos un ejercicio crítico profundo sobre el significado y reflejos cotidianos de nuestra propia masculinidad. Creemos que este es un debate fundamental, entre otras cosas por el fracaso evidente que, en términos de igualdad o equidad, de dignidad humana y defensa de la vida, han supuesto siglos de patriarcado. ¿Qué dirías a esos militantes conscientes o inconscientes del machismo que, incluso hoy, insisten en dibujar al hombre como víctima de este nuevo y celebrado movimiento feminista?

Nos falta educar a los hombres en el feminismo, nos falta más conciencia, nos falta mucha más escucha. No creo que nadie sea machista conscientemente, o a lo mejor sí. Yo creo que esta es una situación nueva que está destapando muchos actos normalizados. Hay cosas aparentemente pequeñas como aquello que leí en un artículo sobre el miedo que tienen algunas mujeres a ir solas por la calle. Eso es algo que hemos asumido. Yo, por ejemplo, lo de llevar las llaves en la mano y dejarme una entre los dedos en forma de puncha lo he hecho, y lo he asumido como algo normal. Cambiar de acera. Lo hago, cambio de acera. Mirar atrás antes de entrar en casa. Lo hago. Yo creo que estos son miedos que un hombre no ha vivido pero que necesita escuchar y comprender.

Más que víctimas, yo creo que algunos hombres se sienten, a día de hoy, un poco descolocados. No es malo que sea así porque lo que nos descoloca suele también, de alguna manera, obligarnos a revisar nuestras creencias y, con el tiempo, reubicarnos en un lugar nuevo, un lugar que implica más escucha y más conciencia. Tengo amigos que me lo dicen, que me dicen: ‘¿ya no se puede decir ‘tía buena’ por la calle o qué?’. Pues mira chico, no. A lo mejor no deberías decir ese tipo de cosas por la calle. Yo creo que a lo mejor ha llegado el momento de ponernos ‘duras’ en ese sentido y decir a los hombres que estas cosas importan, suceden y se sienten. Los hombres no conocéis ese miedo.

Volviendo un poco al teatro y a su rol dentro del panorama cultural presente, ¿crees que goza de buena salud? ¿Cuáles son tus propuestas o ideas para incrementar la inclusión de nuevas voces y dramaturgias, lejos de las viejas redes corporativistas, en las salas?

El que planteas es un asunto complicado, amplio, que debe tratarse en profundidad y que podríamos debatir durante horas. En cualquier caso, creo que lo primero que se debería hacer es apoyar de verdad a las creadoras, a los creadores. Porque, en general, se sigue pensando que la cultura no es un trabajo, que no cuesta dinero. En Madrid, por ejemplo, los grandes teatros, las grandes empresas buscan cabezas de cartel, determinada gente que atraiga mucho público. Por supuesto, un productor quiere obtener el máximo beneficio, pero un actor o creador tampoco quiere estar poniendo dinero de su bolsillo. Es verdad que hay varios niveles y yo, personalmente, en el nivel en el que estoy, puedo decir que estoy hasta el coño de poner dinero. Te doy un ejemplo: el año pasado me preseleccionaron para ir a Chile, a un encuentro internacional de dramaturgas. Este verano me confirman que estoy definitivamente seleccionada para asistir, pero no me pagan el viaje ni nada. Me pasé el verano buscando ayudas, pero no subvenciones que te pagan a posteriori, que además te pagan sin IVA. El caso es que al final decidí que, si no encontraba la ayuda suficiente que me permitiera asistir al encuentro sin poner un duro de mi propio bolsillo, no iría. Y, con todo el dolor del mundo, al final ha sido así: me quedé fuera de la programación oficial por la imposibilidad de encontrar una ayuda adecuada a tiempo. Esto sucede mucho. Los que nos dedicamos a esto lo sabemos.

Cuando me concedieron el premio ‘Teatre de Butxaca’ recibí cartas oficiales de felicitación de todos los organismos, del regidor de cultura, del presidente del gobierno balear, etcétera. Y es maravillosa tanta felicitación, se agradece, pero cuando una creadora necesita, en un momento dado, ayuda práctica o económica para poder ir a un encuentro internacional de dramaturgia y ve que no recibe ni una sola respuesta, es algo desalentador. Y estas son las cosas que hay que cuidar, porque una se forma y sigue trabajando, dejándose la piel precisamente para ofrecer y devolver ese trabajo a la sociedad. Así que, por supuesto, hay que invertir en las creadoras. No es de recibo que tengamos que estar pidiendo dinero para hacer nuestro trabajo. ¿Cómo puede hacerse? Pues en Mallorca, por ejemplo, a partir del año que viene, las subvenciones, por lo visto, van a arreglarlas un poquito. Se habla de que nos darán un cincuenta por ciento antes y otro cincuenta por ciento después. Y bueno, eso ya es algo.

La reflexión que quiero compartir es que si nosotros, como creadores, no valoramos nuestro trabajo, las condiciones en las que trabajamos, ¿quién lo hará? Yo estoy empezando a ponerme mucho más seria en este aspecto.

Eres actriz, directora, escritora, así que nos interesa mucho cómo enfrentas el proceso creativo que atañe a cada una de estas disciplinas. ¿Escribes pensando en dirigir y actuar? ¿A la hora de interpretar disfrutas más o menos trabajando tus propios textos o los de otras u otros? ¿Qué puedes contarnos sobre proyectos futuros? ¿Qué podemos esperar de la Aina directora, dramaturga, actriz en el futuro inmediato o a medio plazo?

En el caso de ‘La chica de la gasolinera’, como tenía claro que iba a dirigir yo y además sabía también el tipo de espacio donde quería presentarla, al escribir tuve en cuenta todos estos aspectos. Lo relativo al proceso de dirección también lo tuve claro desde el principio porque pasé mucho tiempo dándole vueltas. La estructura está inspirada en la obra de una autora mallorquina que se llama Marta Barceló. La obra se llama ‘Abans que arribi l’alemany/ Antes de que llegue el alemán’. Este texto está basado en una serie de escenas cortas y la dirección de Joan Fullana es brillante. Ellos necesitaban muy poco, simplemente cambios de personaje, movimiento y luz, nada más, cero alardeos innecesarios. Y bueno, en cuanto a estructura esa fue mi inspiración. El lema que me impuse fue ‘menos es más’, que en teatro creo que es algo que funciona siempre. Con esta máxima muy presente, el proceso de dirección no fue demasiado complicado y el proceso de escritura fue un poco a la par.

Cartel del III Festival de Teatro Español en Atenas (Grecia).

En otros casos de textos míos, como yo suelo haberlos dirigido antes, después puedo hacer la sustitución tranquilamente, no me supone un gran esfuerzo. En el caso de ‘La chica de la gasolinera’ he tenido que ejercer ambos roles y el cambio, por lo mismo que te decía antes, no supone un problema. Creo que, en general, a lo largo de mi carrera, he podido separar los diferentes roles o facetas bastante bien.

En cuanto a proyectos de futuro ‘La chica de la gasolinera’ se va a traducir al griego y además ha sido seleccionada para participar en el III Festival de Teatro Español en Atenas, cosa que me hace especial ilusión, como imaginaréis. En el largo plazo, me gustaría que la obra girará lo máximo posible. Estoy buscando festivales, convocatorias, pero centrándome en aquellos en los que las condiciones son más dignas porque no quiero poner dinero. Hasta ahora, para ‘La chica de la gasolinera’, las condiciones han sido óptimas porque yo me he preocupado de que así sea, me he preocupado de que el equipo, las actrices y yo misma, cotizáramos a la seguridad social y hayamos estado dadas de alta. Son cosas que son básicas, que deberían darse siempre. Hemos hablado de ello antes. Ahora, en este momento, estoy aprendiendo a valorar y sobre todo a exigir unas condiciones que considero justas para mí y para la gente que trabaja conmigo.

(PAUSA).

Como creadoras, como creadores, necesitamos tiempo para pensar, para tramar, incluso para aburrirnos, para ver, leer, investigar y, hoy en día, ese tiempo tan necesario para construir algo, de alguna manera, también lo tenemos que comprar

(PAUSA). 

Ser dramaturga, en el siglo XXI, significa sentarse en un bar con una libreta y un boli cuando a tu alrededor todo son pantallas. Viajar en un carril aparte, o en un tren más lento. Significa observar mapas de comportamiento suspendida en el tiempo; escuchar cómo y dónde te golpea el eco de la realidad y mirarla a los ojos desde las realidades que llevo puestas. Significa, además, participar de una revolución donde la voz de la mujer se está haciendo cada vez más fuerte. Significa un honor, y una deuda, y un compromiso. 

DÉBORAH GUERRERO La vida que tenemos no es el tiempo que nos falta

Por Txetxu González
txevinuesa@gmail.com
Madrid/Mallorca/Cuzco. 01/08/2018.


DÉBORAH GUERRERO por Roberto Pérez Toledo.

Déborah Guerrero practica el escapismo y la investigación profunda desde tiempo inmemorial. Hay adjetivos que abonan la huella de la genialidad, pero nosotras no vamos a pretender abonar nada con esta entrevista, si acaso intentaremos acercaros la figura y la personalidad de alguien a quien admiramos profundamente. Adjetivos faltarían siempre y, a pesar de que confiamos a la audacia del lenguaje un valor casi implacable a la hora de transmitir hitos, arrebatos, sentimientos elevados o carencias … a veces, como el amor, el lenguaje tampoco es suficiente.

Sabemos, más o menos admitimos en público y en silencio que, en demasiadas ocasiones, no se pone en valor la capacidad de trabajo, la clarividencia y las creaciones de quienes suelen sacarnos expresiones tipo: ‘joder, qué crudo’ / ‘me encanta su trabajo’ / ‘se nota que lo ha dirigido y escrito ella’. Con Déborah nos sucede exactamente eso: es ya casi un hábito que con cada nuevo cortometraje, monólogo, relato, interpretación o poema, consiga llevarnos a esos lugares oscuros, también comunes (pero nunca viciados o estereotipados), de la psique humana, el deseo, la dolencia y la rabia más oculta o solapada.

Es un atardecer de agosto en la sierra de la Tramuntana. Se escuchan las pisadas de un animal que avanza enérgico entre las jaras, brezos y campos de genista lucida. Todo lo demás es brisa, contención en la mirada, risas, sudor, alguna lágrima, algún buen propósito, cerveza, escamas de sal marina y sobrasada al llegar a casa. No es una escena de una peli Rohmer, no. Es una historia viva en la que Déborah expande sus roles, arrebatando a la realidad una posibilidad de ficción. De pronto, una oliva se cuela en su boca y el hilo invisible que existe entre entrevistador y entrevistada se convierte ya en secuencia, en microrrelato, en videoarte o en poema. Queda dicho. Todo lo demás son preguntas y respuestas.

Acabamos de ver tu último cortometraje, ‘La Bibliotecaria’, y la verdad es que aún no nos ha llegado el aliento de vuelta. ¿De dónde parte la idea y cómo surge el proyecto?

La idea nace en Perú, en un viaje con unas amigas. Una de ellas es actriz (Noelia Iglesias) y, tanto las facciones de su rostro como su forma de estar, me resultan muy inspiradoras desde siempre. En una de las habitaciones que alquilamos en la ciudad de Cuzco, había un armario viejo y oscuro. Empezamos a sacarnos fotos y, una de las que le saqué a Noe, me pareció un posible cartel de película. Allí, tras un largo recorrido en bus, es cuando empezaron a surgir ideas para escribir ‘La bibliotecaria’.

Cartel de ‘La Bibliotecaria’. Diseño: Abraham Blázquez.

La actriz protagonista de ‘La Bibliotecaria’ es Noelia Iglesias.

Si hay una palabra que caracterice tu trayectoria como directora, actriz y guionista es ‘versatilidad’. Como realizadora y escritora, tus cortos no se parecen mucho entre sí. ¿Es esta una circunstancia deliberada? En este momento de tu carrera, ¿hacia dónde te gustaría que se encaminara tu trabajo? ¿Qué te apetece hacer?

Como realizadora y escritora, me suelen surgir ideas un tanto oscuras. Mi primer corto, ‘Simbiosis’, tiene ese fondo de lo oculto y otras similitudes con ‘La bibliotecaria’ que, hasta después de rodarlo, no había relacionado. Por otro lado, a veces necesito salir de la intensidad que le pongo a las historias y me da por escribir cosas más sencillas, con un toque cómico. Si no me doy esos ‘respiros’, podría meterme demasiado en lugares de los que me costaría salir. Hoy por hoy, me apetece seguir haciendo ‘thriller’ y me tira más la parte psicológica y retorcida del ser humano. Estudio sobre ello a menudo. Antes de reescribir lo que será mi próximo guión, voy a filmar un corto sencillo, de pocos minutos y agradable, supongo. Es un modo de prepararme para la intensidad que vendrá después.

Noelia Iglesias, saliendo del armario de Cuzco. Trabajo previo al cartel definitivo de ‘La Blibliotecaria’.

¿Qué elementos alimentan tu faceta creativa? ¿En qué te apoyas para comenzar a desarrollar una idea o proyecto?

Las personas son mi principal ‘fuente de alimentación’. Soy muy observadora y hasta el gesto más sencillo me puede inspirar. El silencio también me ayuda. Creo que la vida y lo que me rodea actúan como detonantes para liberar la creatividad.

DÉBORAH GUERRERO durante el rodaje de ‘La Bibliotecaria’.

¿Cómo describirías tu último trabajo? ¿Ha sido ‘La Bibliotecaria’ una oportunidad para expiar ciertos fantasmas que deambulan por tu subconsciente?

No sé muy bien si ‘La Bibliotecaria’ forma parte de mis fantasmas. Quiero pensar que no, porque mi historia no se basa en nada parecido, aunque la gente que me conoce entiende por qué he escrito algunas de las cosas que aparecen en el corto. Lo que sí es cierto es que llevo a mi terreno muchas de las emociones que percibo en la gente y tengo cierta predilección por dar voz al universo que hay dentro de una mujer. Es una de las razones por las que ser actriz me hace sentir más viva, se colocan muchas cosas dentro. En mi imaginación suelen ser personajes femeninos los que recrean escenas, aunque también trabajo con actores, claro. Siento que es más fácil que una mujer me dé su lado macabro e inocente a la vez, mientras que en un hombre cuesta más. Supongo que de ahí nacen mis sombras a la hora de escribir. ‘La bibliotecaria’ ha sido un vómito en toda regla.

¿Cuáles fueron los principales problemas con los que te encontraste a la hora de levantar el proyecto?

El dinero fue el gran problema. Hice una campaña de crowdfunding y además me prestaron algo. El rodaje iba rápido. Era mucho lo que quería contar en muy poco tiempo y nos faltaron días. Por el espacio pagué una suma importante, pero no podía ser en otra biblioteca. Tenía lo justo para dar el alta al equipo, que éramos unos veinte, alquiler de material, localización, catering e imprevistos. La postproducción también tuvo lo suyo, especialmente la edición de color. Al no tener dinero, sabes que la gente, obviamente, tiene otros trabajos y prioridades. Hemos empleado todo un año para poder acariciar el resultado final. En cualquier caso, he de decir que, por suerte, solo ha habido dificultades económicas, ya que tanto el equipo entero como los responsables de la localización principal, que fue en la biblioteca del Instituto Geominero, no han podido ser más generosos, trabajadores y buena gente. Llevar un proyecto a cabo contando con esta clase de personas es muy emocionante.

Momento del rodaje de ‘La Bibliotecaria’.

Como mujer directora y creadora que no dispone de ‘madrinas’ ni ‘padrinos, que decide embarcarse en proyectos tan complejos y que no recibe apoyo institucional de ningún tipo … ¿crees que existe lugar para la esperanza para aquellas que, como tú, intentan abrirse camino en la industria del cine en este país?

Es evidente que hay un problema con el apoyo institucional a la industria del cine y a las artes en general. Como mujer, soy de las personas que no ve barreras ni impedimentos, me siento con las mismas capacidades, pero no con las mismas oportunidades que un hombre. Hacen falta más mujeres que cuenten historias. Tampoco me siento con las mismas facilidades al no tener un nombre conocido. Veo esperanza, aunque aún estemos muy verdes, porque cada vez hay más festivales o redes de apoyo que, de alguna manera, están orientadas a la creación de obras realizadas por mujeres. Ojalá no tuvieran que existir, porque que siento que nos ponen en un lugar distinto al del resto de creadores. Espero que haya muchos más avances para así sentirnos más valoradas e integradas.

¿Cuál es el hilo conductor que une, en mayor medida, los matices y anclajes de tu trabajo? ¿De dónde nace la necesidad que te invita a ir de la interpretación a la escritura, de la poesía a la dirección? ¿El orden de las manifestaciones altera el producto?

La verdad es que no tiene por qué alterarlo, no. (Risas). Quizás sea un círculo en constante movimiento. La necesidad que tengo de escribir, es casi la misma que tengo de actuar. También va por épocas, pero digamos que puedo ser una actriz que escribe. Escribo y hago teatro (y teatrillos) desde que era pequeña. La dirección es otra cosa. Yo lo veo más como una creación en conjunto. Me cuesta la vida escribir algo para que otra persona lo dirija. Porque escribo ya creando un ambiente, visualizando el tono y, a veces, incluso, hasta a los propios actores. Suelo hacerme dueña de todo y eso a veces me deja KO. Nunca pensé en dirigir hasta que lo hice. Después de la primera vez, dije que nunca más. Y ahora no paro de pensar en volver a hacerlo. No tenía ni idea de nada, en los rodajes me limitaba a actuar y a observar a los técnicos, pero no sabía qué hacía un director aparte de dirigir actores. Por suerte, soy muy preguntona y siempre pido opiniones y consejos. Cuando escribo, no suelo imaginarme haciendo un papel, imagino otros perfiles, pero acabo otorgándome un personaje porque no olvido mi verdadera vocación y, ya que no abundan las oportunidades, no me voy a quedar sentada esperando.

Fotograma de ‘La Bibliotecaria’ en el que aparece DÉBORAH GUERRERO.

¿Qué puedes contarnos con respecto al futuro? ¿Tienes ya nuevos proyectos en el horno?

No tengo nada definido ni sólido. Sé lo que quiero hacer ahora y en el futuro, pero no le pongo una forma exacta. Ideas, muchas. Ganas, todas. He conocido recientemente a dos mujeres con mucho talento y hemos hablado de hacer algo entre las tres. Es algo aún que está muy verde y que no se ha hablado con claridad pero, cuando deseo e intuyo algo, suele llevarme a algo importante. Así que estoy como inquieta, en el buen sentido. También pienso retomar las clases de entrenamiento actoral este año. Lo más sólido que tengo entre manos es un corto que me gustaría grabar el año que viene en mi tierra, Mallorca. Algo sencillo y de pocos minutos.

¿Qué obra de arte, artista, pieza, película, director sigue conmoviéndote a día de hoy, a pesar del paso de los años y las tendencias de cada momento?

Soy muy mala para decir un nombre entre tantos. Me pasa como con los bares. Diría casi todas las películas del gran Haneke, pero la que vería en bucle es ‘Funny Games’. ‘El Exorcista’ siempre estoy dispuesta a verla y siempre me da miedo. Como obra, me gustan muchísimas de todas las épocas, pero me quedo con las pinturas del romanticismo, especialmente ‘Lady Macbeth con los puñales’, de Henry Fuseli. La catedral de Palma tampoco me canso de mirarla.

Momento del rodaje de ‘La Bibliotecaria’.

Según tenemos entendido, vives en el campo, trabajas ocho horas al día, coeditas una revista digital sobre arte y cultura, escribes poemas aún más crudos que cualquier coágulo, escribes cuentos, relatos, preparas un monólogo (aunque lo lleves medio en secreto), promocionas tu corto y estás pensando en embarcarte en otro proyecto. ¿Es el tiempo un aliado o una condena? ¿De dónde sacas la energía para tanto revuelo?

La energía no sé de dónde la saco. Será algo innato. También acabo muy cansada. Cuando me paro a pensarlo, no sé cómo he hecho tantas cosas. El tiempo para mí es siempre escaso, porque si quiero hacer muchas cosas, me falta y, si estoy de vacaciones, cosa que he conocido pocas veces, también me falta. Necesitaría muchas vidas para hacer todo lo que quiero y otras tantas para descansar. De pequeña, despertaba a mi madre por las mañanas −diría que hasta con ansiedad− porque me daba miedo que se hiciese de noche rápido y no haber aprovechado el día.

¿Nos dejas una sugerencia, idea, consejo práctico para que THALAMUS crezca?

¿Es en serio? Publicidad. ¿Habéis pensado en hacer totes de tela y camisetas para empezar?


                

La ‘Cara B’ de Paul Zinnard Mucho más que una entrevista en diez cortes

Desde 2010 Paul Zinnard es ya un clásico imperdible en los principales festivales musicales de nuestro país, ese rock americano del bueno, que no deja indiferente en un vaso de cristal mediano y con una piedra de hielo. Alter ego o no, para mí Paul Zinnard es un habitante pasado de las muchas vidas de Carlos Oliver. Mallorquín de grandes ojos y voz rasgada (al cantar). Como la inspiración que llega cuando quiere y se va de la manera que lo hace, le he pedido a Carlos que nos haga una selección de SUS diez canciones favoritas. De alguna manera, espero que esta entrevista rara se vuelva unplugged, que disfruten escuchando la música de Paul Zinnard y leyendo los comentarios del señor Oliver.

PAUL ZINNARD.

1. You never get what you want. El título dice mucho. A pesar de eso, esta canción sí que te ha dado lo que buscabas. Háblanos sobre ella.

Cuando preparas un disco, suele haber una canción que te indica que ya tienes el repertorio. No porque esa canción haga la número 10 ó 14 o nada parecido, sino porque notas que has llegado a expresar todo lo que querías y que ha llegado el momento de pasar a la siguiente fase. Esta es la canción que significó el cierre del repertorio de mi primer disco en solitario, ‘Songs of Hatred and Remorse’.

2. Man for you. ¿Quién fue tu ‘man’ en esta canción?

Después de ver el documental sobre Lucio Urtubia ‘Anarquista y Albañil’, pude conocerlo en un viaje a París. Su conversación y su curiosidad me impresionó más de lo que hizo el documental. ‘Man for you’ es la canción que surgió del encuentro.

PAUL ZINNARD + ANSALAWI.

3. Listen Everybody. ¿Has tenido una relación de amor-odio o viceversa con alguna de tus canciones?

Antes de escribir esta canción no me sentía capaz de escribir sobre historias demasiado ajenas a mí. Me llevó mucho tiempo escribirla y llegó a resultarme odiosa. Después de algunos parones conseguí terminarla y hoy es una de mis canciones preferidas. La historia surgió de un recorte de prensa que todavía conservo, sobre un atraco a un autobús en Río de Janeiro.

4. Away from home. Comparto esa sensación, ¿qué historia hay detrás?

Esta es la historia de mi abuela, contada con admiración y seguramente coincidente con muchas otras historias del siglo xx, no supe gran cosa de mi abuela hasta que ya era muy mayor, pero esto está desde luego escrito desde la fascinación.

5. Beaches in the North. Siendo mallorquín el mar tiene que salir por algún lado, y más con un título tan evocador.

Esto es un día en la playa. Para mí, que me he criado delante del mar, las playas no se me habían presentado como tema hasta que fui al Pacífico, en concreto a Nicaragua. La canción la consideré un mero divertimento cuando la escribí, pero la verdad es que con el tiempo me ha resultado muy especial. Creo que es porque nunca pensé en grabarla hasta que la ensayé con la banda.

6. Rain or No Rain. ¿Uno puede decidir si llueve o no o como quiere enfrentarse a la vida? ¿Suena a punto de inflexión?

Sufrí un bloqueo muy severo después de Orbit One, dedicaba mucho tiempo a escribir y poco a vivir. Trabajaba un día entero y el resultado lo destruía al día siguiente porque era nefasto. Esta canción me ayudó a volver a empezar, volviendo a los planteamientos más simples y hablando de lo que tenía delante de mí. Creo que a partir de ahí no he vuelto a usar la imaginación.

PAUL ZINNARD.

7. What it takes. ¿Algún tema que se salga de lo habitual?

Esta es una de mis favoritas y no sé explicar el porqué. Creo que cuando uno escribe con continuidad llega a sitios que no creía posibles. Este es el caso. Si lo pienso fríamente, no soy capaz de escribir una canción como esta. Por eso me gusta.

8. Let me in. Creo recordar que hay una película que se llama así también, ¿con esta canción hacia dónde quieres adentrarnos?

En plena crisis de los refugiados de Siria, yo acababa de leer varias historias de la guerra civil española, sin darme cuenta establecí paralelismos con el tratamiento que recibieron los republicanos españoles que consiguieron escapar de la muerte a territorio francés. Sin plantearme escribir una canción, me salió ‘Let me in’.

PAUL ZINNARD.

9. Over again. ¿Repites una y otra vez tus temas al grabar o eres rápido de instintos cuando hay que tirar para adelante?

Esta es una canción que se quedó fuera cuando grabé ‘Clean-cut and Rude’ y que recuperé gracias a Cristian Chilo que hizo las veces de batería y productor, la grabamos en un día y el resultado nos sorprendió a los dos. Me gusta mucho trabajar rápido porque no me da tiempo a pensar, esto es verdaderamente lo que se llama una primera toma.

Songs Of Hatred And Remorse / PAUL ZINNARD.

10. Seven O´clock News. No son las siete en punto pero, ¿qué nos puedes decir de tu último trabajo?

Ésta es del último disco y está demasiado reciente para juzgarla, a veces he odiado algunas canciones que luego he pasado a adorar, en cualquier caso esta es mi actual preferida y representa bien mi momento actual.

PORTADA DEL ÚLTIMO DISCO DE PAUL ZINNARD / SONGS FOR A BETTER PAST.

MARTA F. SOLDADO Es bueno que se renueven los nombres y los títulos

Marta F. Soldado (Terrassa, 1989) es Magíster en Literatura Comparada por la Universitat de Barcelona y autora de La felicitat d’un pollastre a l’ast (L’Altra Editorial, 2018). Actualmente reside en Vietnam.

MARTA F. SOLDADO.

Hace dos años estabas cursando el máster en Literatura Comparada en la Universitat de Barcelona y ahora has puesto rumbo a Vietnam para emprender una etapa muy diferente de tu vida. ¿A qué responde este cambio? ¿Cómo surgió este proyecto tan extraordinario?

La respuesta quizás es demasiado sencilla: ambas cosas (estudiar literatura y mudarme a Vietnam) responden a la curiosidad y a decantarme por lo que me más me ha apetecido en cada momento. Los constantes cambios que me gusta darle a mi profesión, el lugar donde vivo o las lecturas y las aulas donde me siento me son necesarios para renovar fuerzas y no acostumbrar demasiado la mirada a las cosas, o no viciarla a mirar siempre desde la misma posición. Además, está el hecho de que yo ahora mismo sentía que aquí la vida se me presentaba algo cerrada, desprovista de oportunidades y como agotada, poco estimulante.

Antes de marcharte publicabas en L’Altra Editorial tu primera novela, La felicitat d’un pollastre a l’ast. ¿Qué supuso para ti la elección de tu manuscrito? ¿Cómo transcurrió el diálogo con Eugènia Broggi durante todo el proceso?

Comentaba el otro día con una colega que quizás llega un momento en que, de todo lo que escribes, surge un texto del que piensas ‘no está mal’. Cierta coherencia, cierta realización de algunas cosas que querías decir o sugerir y, por encima de todo, cierto logro con la forma.

Uno nunca es un buen juez para sí mismo y, por eso, que tu manuscrito pueda interesar hasta el punto de proponer su publicación a una editorial que valoras y estimas por su catálogo es un paso adelante enorme.

Hay un momento de vértigo: ¿de verdad? Pero o te tomas un poquito en serio y dejas que lo hagan los demás o no hay nada que hacer, y con Eugènia Broggi puedes hacerlo siendo tú misma y aportando una voz propia. Su mezcla de inteligencia, sencillez elocuente, pasión por su trabajo y respeto absoluto por un texto, por las decisiones literarias del autor y, por encima de todo, su persona, hacen que sea fácil, agradable y muy humano el diálogo con ella. Hay que mencionar también su confianza en alguien que no era nadie en un mundillo en que, a priori, todos parecen tener algún tipo de aval. Con ella he podido mejorar el texto con alguna sugerencia leve que parecía salir más de mí que de la editora, esa es su magia.

‘La felicitat d’un pollastre a l’ast’ de MARTA F. SOLDADO.

¿Qué te llevó a elegir el catalán para tu primera novela y a apostar por una editorial específicamente catalana? ¿Cuáles son las consideraciones que pueden rodear la elección de una lengua literaria en la Catalunya contemporánea?

La lengua en que se escribe no tiene que ser fruto de una elección meditada, sino que a menudo viene dada como fatalidad, necesidad o reacción fisiológica. No hay opción política, hay una adhesión primeriza a los placeres del ritmo y la sonoridad de una lengua concreta, sea esta tu primera o tu octava lengua (aunque casi siempre ese lazo tan estrecho se dé con la primera lengua, la materna).

Aun así, no hay que olvidar que todas las circunstancias significan: ser mujer, catalana, de clase baja … como señalaba una gran poeta. Podría argumentar que utilicé, por vez primera y preferentemente, “formatge” o “t’estimo” (dos imprescindibles) pero la verdad es que sobre todo encontré en el fluir literario del catalán mi camino expresivo. A un escritor en lengua mayoritaria, por cierto, jamás se le pregunta por la elección de la lengua con la que crea, puesto que se presupone que no hay dilema, pese a que quién sabe si ese escritor es bilingüe o trilingüe y tiene en el seno de la elección de una lengua cierto conflicto. Dicho esto, en ningún momento me planteo escoger lengua para mi primera novela, sino que la novela surge en una lengua concreta y en una realidad también concreta, que es la catalana y la de los muchos editores que editan con total normalidad en catalán.

¿Qué buscabas reflejar con el aparente conformismo de un personaje como Fina? ¿Fue arriesgado construir una novela en torno a una figura de corte naîve —al menos a priori—, capaz sin embargo de expresar un mensaje, por lo demás, tan contundente?

Buscaba que su aparente conformismo fuera el de todos. Es decir, (con)formarse es algo que hacemos a diario, a la vez que prejuzgamos el conformismo de los demás como si el nuestro fuera mejor o tan distinto. Es desde ahí que partimos y es tomando conciencia de lo que implica que podemos agrietar o echar por los suelos una realidad determinada que a menudo nos ahoga, porque en ese conformarse no nos hemos escuchado, solo hemos atendido a lo que venía de fuera como dado y a ello nos hemos adherido por inercia.

Fina es esa mujer, que en un principio podría parecer un personaje inapropiado para pensar y ponerle nombre a esa rutina, a ese conformismo, pero que es tan capaz como cualquier otro para expresar el anhelo por romper con las normas del juego y cambiar la mirada y la actitud frente a lo que le rodea, aunque en apariencia nada vaya particularmente mal. No sé si es arriesgado o no construir la novela en torno a Fina, pero sí que busca provocar, y en todo caso la prefiero a una heroína que pudiera parecer más rompedora, arriesgada, más un modelo a seguir y admirar que una peluquera de barrio, que nos puede incomodar con sus renuncias y sus ingenuidades que queremos ajenas por reconocerlas como las nuestras. Precisamente porque la empatía es algo más complicada, o arriesgada, se me presentaba como más rica e interesante. Y, sin embargo, era esa ingenuidad que ella conserva la que me iba a permitir una mirada entre infantil por soñadora y, por qué no, subversiva en la medida en que inventa y transforma todo a su alrededor, a su antojo y sin complejos.

MARTA F. SOLDADO.

¿Cuáles son las herramientas de las que pueden disponer personas como Fina para detectar las ‘jaulas sociales’ que las encierran y limitan?

Creo que todos disponemos de herramientas para detectar las jaulas sociales diarias, aunque siempre ayude haber leído tal cosa, tener tal referente, haber visto tal película, haber conocido cierta persona o haber salido del lugar en el que uno vive.

Pero esos mecanismos de la inercia están ahí y entran en conflicto con muchos deseos y anhelos, la discrepancia entre lo que nos han dicho que debería ser y lo que es, o lo que tengo y lo que querría tener… no hace falta disponer de herramientas muy precisas para detectarlo. Uno puede no ponerle palabras a ese malestar, a esas limitaciones, quizás solo las sienta y las exprese de otros modos, quizás las aparte de sí mismo o decida vivir felizmente en ellas, pero detectarlas las detecta. Aunque sea con el cuerpo o a través de los poros, como le pasa a Fina al principio. A veces son solo pequeños ‘tics’, como un fruncir el ceño con asiduidad, curvar los labios en señal de desaprobación, insultar constantemente a quien tenemos al lado porque sí, el aburrimiento mortífero que asumimos sin querer. Qué se yo, el ansiolítico o el Prozac, como para anular el efecto de la sospecha. Cuanto más descarada se vuelve la fantasía capitalista peor o mejor acompañada de la fábula familiar y más se aleja de la vida, más Finas pueden detectar de manera muy temprana que algo no acaba de encajar del todo.

¿Por qué decidiste rendir homenaje a la figura de Montserrat Roig en La felicitat d’un pollastre a l’ast? ¿Por dónde pasa el diálogo entre ambas literaturas, la suya y la tuya?

Montserrat Roig es una autora importante para mí. Su literatura me parece muy humana, muy cercana a la vida, laten las vidas de sus mujeres en ‘Ramona, adéu’. La mirada de la voz narradora en su literatura es crítica y socarrona a la vez que cariñosa y dulce. Reconcilia ese equilibrio a lo ‘Chéjov, el médico’, que cuida pero que también se ríe e ironiza, manteniendo la distancia necesaria para el ejercicio de la profesión.

En algunos de esos puntos intermedios, estalla cierta humanidad, que es lo que me interesa. De ahí la Roig y también una novela clásica, con historias de tres generaciones, con una ciudad, con una serie de voces y un hilo de voz que las une. Era ese tipo de novela la que podía entablar diálogo, no ya conmigo, sino con el personaje y su contacto digamos más físico y emotivo que reflexivo con un texto. Me parecía, por cómo he recomendado esa novela a diversas personas y sus reacciones, o cómo la he compartido, que era un lugar de encuentro que propiciaba el estado de ánimo en el lector que a mí me interesaba, que conectaba a muchos lectores entre sí (ni a unos pocos exigentes, ni a unos muchos supuestos devoradores de ficciones comerciales), y ese es el lugar donde alguna vez me gustaría estar.

MARTA F. SOLDADO

¿De qué manera percibes el momento de la literatura catalana contemporánea y al auge de nuevas voces como Alicia Kopf, María Cabrera o tú misma?

Es un buen momento, en el sentido que hay muchas voces como tú dices nuevas, frescas, distintas. Es bueno que se renueven los nombres y los títulos, o que se añadan a los que ya existían. Eso no quiere decir que todo deba ser de la más alta calidad o al gusto de ‘nuestros buenos críticos’, al contrario, la literatura catalana debe empezar a ‘desacomplejarse’. Dejar de ser una literatura pequeña que se quiere de la más alta calidad para ser una literatura que dé cabida a muchas expresiones. A menudo tengo la sensación que están los que solo querrían Verdaguers y Rodoredas, e incluso invocan a nuevos autores en términos similares a los que usan para definir los grandes referentes, pero eso no ocurre cada día, no se multiplican las Rodoredas una tras otra, hay que asumirlo.

Esa manía por la excelencia en cada texto, para mí, tiene que compensarse no con ‘un todo vale’, en ningún caso, sino en un ‘vamos a buscar buenos textos y el tiempo, el reposo ya dirán sobre su valía, sobre cómo perduran o imprimen en muchos lectores momentos memorables’.

Afortunadamente, con la existencia de varias editoriales independientes y con el ritmo de publicaciones, creo que se da cabida a una mayor multiplicidad de voces. Las autoras que citas, por ejemplo, las siento muy distintas a mi modo de escribir, lo cual es genial. Del mismo modo, podría citarte muchas autoras contemporáneas más cercanas o afines, pero no solo en la literatura catalana, y eso es un buen síntoma. Saber dónde una se sitúa pero abrirse más allá de esas fronteras, que también pueden convertirse en ‘jaulas’, por cierto.

¿Cambiará tu vínculo con la literatura a partir de tu traslado a Vietnam? ¿Cómo puede afectar una experiencia de este tipo en la elección de los temas o la forma de expresión? ¿Podemos contar con que continúes escribiendo y publicando desde allí?

Continuaré escribiendo, sin duda. Y más, y espero que mejor, claro. La experiencia afectará en gran medida la forma y los temas, supongo, puesto que aquí soy una extranjera donde el choque cultural y el hecho de que la realidad de golpe suponga un reto en todos sus aspectos (desde bajar a la calle, a desplazarte, a pedir algo a un vendedor ambulante, a acostumbrarte al clima y los códigos), te convierte en un Gurb, en aquel que frente a lo que para unos es más común no puede evitar un extrañamiento y un cuestionamiento constante frente a lo que le rodea. A priori, eso me parece bueno para la literatura. De hecho, desde mi llegada siento como una necesidad de ponerme a escribir cada granito de arroz, cada olor, cada exclamación tonal que escucho y no comprendo. De ponerle palabras con urgencia a lo que son sensaciones para el cuerpo demasiado fuertes y muy concentradas en un mismo momento y lugar.

 

Entrevista realizada por ©DARÍO ZALGADE para THALAMUS MAGAZINE.

La ‘Cara B’ de Paul Zinnard Mucho más que una entrevista en diez cortes

Desde 2010 Paul Zinnard es ya un clásico imperdible en los principales festivales musicales de nuestro país, ese rock americano del bueno, que no deja indiferente en un vaso de cristal mediano y con una piedra de hielo. Alter ego o no, para mí Paul Zinnard es un habitante pasado de las muchas vidas de Carlos Oliver. Mallorquín de grandes ojos y voz rasgada (al cantar). Como la inspiración que llega cuando quiere y se va de la manera que lo hace, le he pedido a Carlos que nos haga una selección de SUS diez canciones favoritas. De alguna manera, espero que esta entrevista rara se vuelva unplugged, que disfruten escuchando la música de Paul Zinnard y leyendo los comentarios del señor Oliver.

PAUL ZINNARD.

1. You never get what you want. El título dice mucho. A pesar de eso, esta canción sí que te ha dado lo que buscabas. Háblanos sobre ella.

Cuando preparas un disco, suele haber una canción que te indica que ya tienes el repertorio. No porque esa canción haga la número 10 ó 14 o nada parecido, sino porque notas que has llegado a expresar todo lo que querías y que ha llegado el momento de pasar a la siguiente fase. Esta es la canción que significó el cierre del repertorio de mi primer disco en solitario, ‘Songs of Hatred and Remorse’.

2. Man for you. ¿Quién fue tu ‘man’ en esta canción?

Después de ver el documental sobre Lucio Urtubia ‘Anarquista y Albañil’, pude conocerlo en un viaje a París. Su conversación y su curiosidad me impresionó más de lo que hizo el documental. ‘Man for you’ es la canción que surgió del encuentro.

PAUL ZINNARD + ANSALAWI.

3. Listen Everybody. ¿Has tenido una relación de amor-odio o viceversa con alguna de tus canciones?

Antes de escribir esta canción no me sentía capaz de escribir sobre historias demasiado ajenas a mí. Me llevó mucho tiempo escribirla y llegó a resultarme odiosa. Después de algunos parones conseguí terminarla y hoy es una de mis canciones preferidas. La historia surgió de un recorte de prensa que todavía conservo, sobre un atraco a un autobús en Río de Janeiro.

4. Away from home. Comparto esa sensación, ¿qué historia hay detrás?

Esta es la historia de mi abuela, contada con admiración y seguramente coincidente con muchas otras historias del siglo xx, no supe gran cosa de mi abuela hasta que ya era muy mayor, pero esto está desde luego escrito desde la fascinación.

5. Beaches in the North. Siendo mallorquín el mar tiene que salir por algún lado, y más con un título tan evocador.

Esto es un día en la playa. Para mí, que me he criado delante del mar, las playas no se me habían presentado como tema hasta que fui al Pacífico, en concreto a Nicaragua. La canción la consideré un mero divertimento cuando la escribí, pero la verdad es que con el tiempo me ha resultado muy especial. Creo que es porque nunca pensé en grabarla hasta que la ensayé con la banda.

6. Rain or No Rain. ¿Uno puede decidir si llueve o no o como quiere enfrentarse a la vida? ¿Suena a punto de inflexión?

Sufrí un bloqueo muy severo después de Orbit One, dedicaba mucho tiempo a escribir y poco a vivir. Trabajaba un día entero y el resultado lo destruía al día siguiente porque era nefasto. Esta canción me ayudó a volver a empezar, volviendo a los planteamientos más simples y hablando de lo que tenía delante de mí. Creo que a partir de ahí no he vuelto a usar la imaginación.

PAUL ZINNARD.

7. What it takes. ¿Algún tema que se salga de lo habitual?

Esta es una de mis favoritas y no sé explicar el porqué. Creo que cuando uno escribe con continuidad llega a sitios que no creía posibles. Este es el caso. Si lo pienso fríamente, no soy capaz de escribir una canción como esta. Por eso me gusta.

8. Let me in. Creo recordar que hay una película que se llama así también, ¿con esta canción hacia dónde quieres adentrarnos?

En plena crisis de los refugiados de Siria, yo acababa de leer varias historias de la guerra civil española, sin darme cuenta establecí paralelismos con el tratamiento que recibieron los republicanos españoles que consiguieron escapar de la muerte a territorio francés. Sin plantearme escribir una canción, me salió ‘Let me in’.

PAUL ZINNARD.

9. Over again. ¿Repites una y otra vez tus temas al grabar o eres rápido de instintos cuando hay que tirar para adelante?

Esta es una canción que se quedó fuera cuando grabé ‘Clean-cut and Rude’ y que recuperé gracias a Cristian Chilo que hizo las veces de batería y productor, la grabamos en un día y el resultado nos sorprendió a los dos. Me gusta mucho trabajar rápido porque no me da tiempo a pensar, esto es verdaderamente lo que se llama una primera toma.

Songs Of Hatred And Remorse / PAUL ZINNARD.

10. Seven O´clock News. No son las siete en punto pero, ¿qué nos puedes decir de tu último trabajo?

Ésta es del último disco y está demasiado reciente para juzgarla, a veces he odiado algunas canciones que luego he pasado a adorar, en cualquier caso esta es mi actual preferida y representa bien mi momento actual.

PORTADA DEL ÚLTIMO DISCO DE PAUL ZINNARD / SONGS FOR A BETTER PAST.

Centro de serenidad Entrevista a MARÍA ALCANTARILLA

Con María Alcantarilla nos ha sucedido la agitación. Una suerte de persistente agitación de respuestas que nada tienen que ver con la falsa certeza de los arrogantes. Lo que ella escribe, lo que muestra, lo que expresa y lo que dice tiene mucho más que ver con la autenticidad de quien emerge humilde y libre, a pesar de cierta cotidianidad de inercias que ya nos es demasiado familiar. Y qué bien sienta el hallazgo. Y cómo nos invita a sacudirnos la caspa y la purpurina y la lozana farfolla (que también la hay, y bastante chunga, por cierto). Porque, a veces, cierta ‘familiaridad’ mata, pero no por cercana, sino por repetitiva, laxa, hueca, artificiosa. El arte de María nos devuelve siempre el cambio, es honesto, ‘stendhaliano’ (porque provoca vértigo, sudoración y lágrimas); el tiempo invertido leyéndola, mirando a través de sus fotos, sus imaginadas fobias y estancias, nos compensa como solo lo ha hecho la belleza concreta de las más grandes. Me atrevo a desmentir a su editor, Chus Visor. Me atrevo a contradecirle, sabiendo que me faltan tablas y sabiduría, pero me sobran antenas: María es ya una de las poetas más grandes en lengua española y además supera, con diferencia, a muchos de los hombres poetas de su generación y anteriores.  Y sabemos que no está sola: Elena Medel, Miriam Reyes, Chantal Maillard, Rosalía, Gloria, pero también Ángela Figuera Aymerich, Alfonsa de la Torre, María Teresa Cervantes, Trina Mercader, Margarita Ferreras y tantas otras que escribieron y lograron publicar o no, pero que jamás encontramos en las páginas de nuestros libros de texto. María nos reconcilia con la voz silenciada de aquellas heroínas y, en su particular ámbito de maestría, sabe lo que dice y lo que se hace. Con cada poema, su huella resiste al tiempo que es y que vendrá; con cada fotografía, la retina se guarda un as para cuando vuelva la tormenta. Su inocencia respira a prueba de provocación y de cortes, su edad es lo de menos, la niña que fue supura más allá de pertinentes comas, puntos finales y títulos. Y eso es precisamente lo que la diferencia del resto: María no pretende, pero María nos hace encontrar y cuestionar hasta la suela del piso que nos gobierna por debajo, sin apenas notarlo. En su voz existe profundidad y eco. ¿Quién sabe de dónde le nace? Tal vez de la oscuridad y de la pérdida, tal vez de la nicotina o del desafío de la neurastenia, del exceso de análisis, de la grieta del tiempo. No importa demasiado, pero una cosa es segura: leer a María equivale a entender un poco mejor las claves de la vida. Prueben.

MARÍA ALCANTARILLA.

Como mujer, como poeta, como artista ya consagrada ¿te sientes más cerca de la mirada que observa, del paisaje que se deja observar o del don o látigo que se le presupone a toda persona creativa?

Me siento más cerca de los sentidos que reciben y, sin embargo, me gustaría ir caminando hacia el paisaje que se deja observar. No por el hecho de ser foco de atención sino, más bien, por la tranquilidad subsiguiente que otorga el estar o el existir sin mayores pretensiones.

Un árbol, una roca, el mar. Inmóviles, en parte, pero centros de serenidad, muy lejos de intenciones añadidas, a diferencia de todo lo que nos es propio como humanos.  

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

Desde ese ‘estar o existir sin mayores pretensiones’, arraigado en la matriz de la naturaleza, parecen nacer muchos de tus poemas. También se percibe una especie de íntimo ‘deambular cotidiano’ en tus fotografías: existir, estar y al mismo tiempo deambular, como si tu proceso vital y creativo radicase en una búsqueda sin descanso o en un encuentro parcial contigo misma. 

Es muy cierto eso que dices y es curioso cómo, normalmente, somos capaces de vernos con mayor claridad a través de los demás. Como si ellos, los de afuera, te devolvieran ciertas realidades sanas y salvas, aquellas que uno mismo no es capaz de entender o de verbalizar. Incluso, el propio concepto de yo.

Mi proceso vital y, por tanto, también el creativo, radica en una búsqueda constante, en una pregunta diariamente abierta que, me temo, no tiene respuesta alguna más allá del mero proceso de indagación.

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

A veces, parece como si nos fuese toda la vida en ese proceso de indagación del que hablas. Cuando escribimos, cuando pintamos, fotografiamos o damos de comer al perro o al gato intervienen remanentes de lo cotidiano que son muy controvertidos o que sencillamente nos es imposible abarcar. ¿Tú cómo te llevas con esa parte de ti o del lenguaje que aún no has podido desvelar o comprender por completo? ¿Tienes algún antídoto contra la frustración de lo no escrito/expresado/sobrevivido?

Ya me gustaría conocer ese antídoto que, por otro lado, me parece el gran Talón de Aquiles con el que la mayoría bregamos. Aunque, por otro lado, a veces me pregunto qué sería de mí sin esa inquietud perpetua. Todo lo que no he vivido, todo lo que no he amado, todo lo que abandoné o todo aquello en lo que me equivoqué de pleno; aquello que echo de menos aunque no lo conozca —y aun conociéndolo—, todo el deseo frustrado o todas esas ganas de ser algo o alguien diferente. Me pregunto si habría podido llegar al punto en que me encuentro sin todo esto. Me temo que no.

La necesidad es tramposa y nos engaña. La frustración nace de ella o de cierta insatisfacción aprendida, familiar o socialmente, cuando lo cierto es que, sin dar demasiadas vueltas, podemos reparar en lo tremendamente afortunados que la mayoría somos. Es curioso, cuando le doy de comer a mis animales —o cuando cuido de mis plantas—, la vida es más sencilla. Como si, de verdad, todo fuese más fácil que este empeño, en la mayoría de casos un tanto inútil, de seguir buscando.

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

En la búsqueda, en la pérdida, en la imagen que resta y se instala, en el aprendizaje y sus contrarios, en la belleza que nos transforma desde las entrañas … en todos esos elementos (entre tantos otros), podemos dar con los ingredientes para la construcción de un libro o una obra-símbolo. ¿Cómo te enfrentas tú a ese primer instante en el que se cree intuir la posibilidad de un comienzo? ¿Escribes primero las coordenadas o los fogonazos? ¿Es la disciplina un animal al que también hay que alimentar y dedicar ‘cuidados especiales’? 

En general soy bastante caótica y suelo moverme por intuiciones. Prefiero abocetarlo todo y, una vez que la forma se hace relativamente visible, comenzar a perfilarla. Tanto en la fotografía como en las letras. Lo de ser disciplinada en una asignatura pendiente. Aunque, en realidad, tampoco sé si la disciplina es necesaria. Creo, en todo caso, que cada cual debe buscar su manera de estar en el mundo y de enriquecerlo. Sea día a día o a través de movimientos alternos.

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

Hablando de ‘maneras de estar en el mundo’… ¿cómo te llevas con el actual? La ansiedad, la abulia, la incertidumbre, la competitividad o el hartazgo parecen tomar el control sobre muchos de nuestros conocidos. Por otra parte, la rebeldía -dicen- se desvirtúa interesadamente cada día. ¿Percibes la presencia de esas ‘corrientes epidémicas’ a tu alrededor? ¿Crees que la poesía, la fotografía, el arte en general deben ejercer un rol determinante a la hora de desperezar y proponer alternativas al desorden establecido?

Sinceramente, estoy en un intento continuo de reconciliación con el mundo —al menos con el que me rodea—. Más que la ansiedad, la competitividad o la incertidumbre a la que has hecho referencia, lo que me parece más gravoso es la abulia y el desinterés general por todo —aunque, paradójicamente, muchos y muchas vendan su compromiso como una suerte de estar salvífico, sin precedentes—. No creo en el compromiso con la humanidad cuando ni siquiera existe el compromiso con uno mismo, con las personas con las que convivimos a diario. Somos especialistas en mentirnos, en seguir buscando afuera lo que nos negamos a ver dentro. Es decir, ¿a qué ese empeño en la defensa de “grandes causas” cuando ni siquiera somos capaces de ponerle nombre a un sentimiento propio, cuando ni siquiera somos capaces de decir lo que realmente pensamos? Es como querer construir una casa desde el tejado.

La función social (en sentido puramente teatral) me parece la misma desde hace siglos: una fiesta de máscaras en la que todo el mundo parece sentirse cómodo, interaccionar, bailar muy juntos pero la realidad es que nadie se conoce y, lo que es peor, muy pocos abandonan el salón y dicen: ¡basta!

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

Entonces, en esta fiesta de presentables máscaras, donde nadie en realidad conoce a nadie … ¿’abandonamos el salón’ para escribir, para vivir el espejismo de la lucidez, para dar de comer a los animales y condimentar el guiso, para des(a)nudarnos o … escribimos porque es nuestra manera de decir ‘basta’?

Creo que la escritura —y cualquier manifestación artística— tiene dos objetivos que pueden parecer muy difusos: dejar constancia de una época y rebelarse contra la mascarada, sí. El silencio que requiere el acto creativo cada día me parece más subversivo. Estar a solas con uno mismo y escucharse —no oírse, escucharse— debería ser el principio y terminamos por colocarlo a la cola de todo. Es necesario ese “¡basta!” en soledad para poder formularlo con coherencia en sociedad, donde todo suele volverse más difuso.

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

‘La edad de la ignorancia’ es el título de tu libro, galardonado en 2017 con uno de los premios de poesía más prestigiosos de este país, el ‘Hermanos Argensola’. ¿Es la infancia ese ‘nudo gordiano’ que a la sobrevalorada ‘madurez’ le cuesta toda una vida desenredar? ¿Cómo hacer para salir indemnes de nuestra propia insignificancia, de nuestra limitada capacidad para comprender y abarcar las claves que se nos presentan a lo largo del camino? 

Creo que la infancia está en todo lo que somos como adultos y que, por tanto, a la infancia hay que volver o, en la medida de lo posible, no relegarla a ese segundo puesto donde la solemos ubicar.

En realidad, lo adulto no existe. Es otra de esas ficciones mediante la cual se nos reconduce desde niños: en un primer momento, observada con admiración y, más tarde, con cierto tedio. No creo que el niño se haga adulto, creo que el niño crece y, si está sano, aprende que hay muchas maneras de estar en el mundo, no necesariamente más serias, no necesariamente más calladas y no necesariamente más aburridas. El niño que ha crecido y está sano es sólo un hombre más alto que mira hacia el cielo con la misma lejanía con la que lo observa el niño más bajo. Y también, con la misma admiración.

En cuanto a las claves para salir indemnes de esa insignificancia a la que te refieres, creo que la risa es importante. No la que se queda en el gesto, sino la que viene de la barriga y nos arruga los ojos y las camisas tan bien planchadas.

Todos conocemos a algún amigo o amiga poeta, actriz, directora de cine o de teatro, pintora, artista visual que en estos últimos años ha estado sobreviviendo ‘gracias’ a un trabajo paralelo precario o subsidio de apenas cuatrocientos euros al mes. Los hay que ni eso, pero incluso en esas circunstancias adversas han seguido creando y de alguna forma generando reflejos de la realidad que les ha tocado vivir. Esos reflejos no suelen ser complacientes. ¿Es la complacencia el enemigo principal de cualquier artista, María? 

Es curioso cómo la falta de recursos agudiza el ingenio. Cuando todo se vuelve relativamente cómodo, las ideas, las buenas ideas, también se acomodan, se vuelven laxas y lo que antes era una búsqueda constante o un hallazgo, ahora ya no tiene el mismo sentido o la misma hondura. La tensión es necesaria, mantiene nuestro esqueleto mental en forma.

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

Cuando hablábamos de ‘crisis’, yo también pensaba en las crisis personales, en las más íntimas, las que atañen a uno mismo y a su rol dentro del mundo que hemos creado o destruido. Tal vez me equivoco, pero encuentro que los ‘mejores’ libros de poesía, las mejores películas, interpretaciones o fotografías casi siempre surgen de un proceso doloroso o al menos difícil de desentrañar. ¿Estás de acuerdo?

Este tema lo he tratado mucho con mis alumnos, por ejemplo. ¿Se crea más y mejor desde el dolor o desde la alegría? En mi caso particular, la alegría me llama a vivir. Sin más. El proceso sucede de fuera hacia dentro, sin grandes digestiones. Por eso los momentos en los que surgen ciertas ideas dignas no suelen ser fáciles, a nivel vital. Es un asunto muy personal, creo. ¿Eros o Tánatos?

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

Más allá del contexto geográfico, España nunca ha brillado por haber sido país que cuide a sus creadores. ¿No crees que los ciclos económicos, sociales, políticos más controvertidos son también ‘generadores colaterales’ de cultura?

Claro que sí.

Íntimamente creo que actuamos, crecemos, tomamos decisiones o creamos mediante dos mecanismos: por afirmación o por negación. Si atendemos a las dinámicas sociales, suelen llevarnos, más bien, a la segunda opción: planteamos maneras distintas de ver el mundo, de concebirlo y, por esta lógica, de interpretarlo negando sus mecanismos o sus engranajes. El arte como propuesta que mira hacia el futuro desde el interior de cada individuo. El arte como motor para crecer y para cambiar ciertas sinergias. Empezando por cada uno de nosotros. Por el individuo que está de lleno en la obra.

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

María, para terminar, ¿puedes contarnos un poco en qué andas ahora? ¿Tienes algún proyecto, libro, aventura ya en el fuego o de cara al futuro, sobre el que te gustaría darnos alguna pista? 

Pues acabo de terminar nuevo poemario y nueva novela y me gustaría encontrar un poco de tiempo para perfilar un proyecto fotográfico que me hace especial ilusión. Todo llegará, no me cabe duda. Lo que sí es importante, creo, es mantenerme alerta. Como observadora y como ser humano que aporta, no solo contenido, sino emocionalidad.

©Txetxu González para THALAMUS MAGAZINE.

SOCATOBA La explosión de la libertad plena

Sonia Carballo (Socatoba). Nace en Badajoz, en 1979. Es licenciada en Bellas Artes por la Facultad de Sevilla. Ha expuesto en diferentes países, entre los cuales destacan Japón, México, China y Alemania. Recientemente fue galardonada con el accésit ‘Algemesí Valencia’ y reconocida por ‘ARTEINFORMADO’ (Espacio iberoamericano del arte) por ser una de las quince artistas a seguir en el 2018. Vive y trabaja en Barcelona. Pero todos estos datos son —me atrevo a afirmar— irrelevantes, porque lo importante es que ella ha revuelto y continuará revolviendo las entrañas de medio mundo. Irradia. Arrebata. Doblega. Regala. Sobrepasa. Es una artista total. Más adjetivos para describir su obra y su personalidad resultan inútiles. ¿Para qué escribir sobre la belleza que trasciende incluso a los ojos que la observan?

Me encuentro frente a la sección de ‘Arte’ de una conocida librería madrileña. Me es imposible dar con el libro que no busco. Ni siquiera sé si quiero encontrar algo. Tengo hambre y he prometido a mi sobrino de siete años —que no para de trastear en la sección de ciencia ficción— que en cuanto terminemos allí, la próxima parada será en cierto café al que solemos ser fieles los domingos. Todo sea por la tarta de chocolate que dispensan. No paro de quitarle ojo a Adriano mientras miro libros que no me dicen nada. Se mea. Le pregunto si se mea y me dice que no, pero yo sé que se mea. El hecho de que esté de rodillas en el suelo con esa sonrisa de ‘me gustaría liarla y todavía no sé cómo’ ya es un síntoma. Conozco esas poses. A mí también me pasa: cuando la ansiedad empieza a flirtear de la manera más chunga con mi respiración, con mi cuerpo, la gusa que me entra suele ser fina. Las ganas de mear también. Estoy escribiendo esto y tengo ganas de mear. Deben saberlo. No es información baladí. Y no voy a mear porque no quiero levantarme de la silla, aunque me explote la puta vejiga. Solamente quiero seguir escribiendo. Estoy ansioso. Quiero dar con lo que no busco y además, en este caso, sé que quiero encontrar algo. Tal vez, al menos, las palabras justas, las palabras adecuadas, el hilo robado que evite la posibilidad de cagarla. De pronto, cuando todo parece perdido, Déborah me pone en las manos un libro tamaño XXL sobre la obra de Francisco de Goya. Salta el chispazo. Cuando veáis algunas de las obras de Sonia, lo entenderéis, aunque ella misma se encargue, siempre que tiene oportunidad, de cortar de raíz cualquier atisbo de comparación con otros artistas: ‘Nunca he seguido la estela de nadie a la hora de desarrollar mi trabajo. Todos tenemos influencias, claro. Es inevitable. Pero ponerse un espejo delante es algo que cuesta mucho hacer. El ser interno que va más allá de la conciencia … cuando trabajas de esa manera no hay límites’. ¿Hija putativa del modernismo español? Mucho, muchísimo más que eso, créanme. Socatoba es un animal creativo cuya capacidad nos sacude los sentidos para purificarlos a través de los límites que, como humanos, somos incapaces de percibir o dar nombre. Pintura, dibujo, fotografía … cualquier ‘indisciplina’ es para ella una herramienta válida a la hora de dar fondo y forma a su obra. En sus cuadros, los contrarios se buscan y entrelazan, los enemigos no existen. Al mismo tiempo, sus mil y una formas de denunciar lo abyecto de la condición humana nos invitan a una reflexión necesaria sobre cómo nos sentimos, sobre qué rol jugamos en la partida (de antemano perdida) de las inercias cotidianas. La belleza y sus detractores se funden en figuras que el ‘envoltorio’ supura, todo para dejar emerger, en cada una de sus piezas, la posibilidad de una nueva trascendencia.

Después de varias semanas mareando la perdiz, intercambiando mensajes, conversaciones de chat, mails, fotografías, discusiones apasionantes entre horas … este es el pequeño homenaje que, desde Thalamus, queremos hacerle a Sonia Carballo ‘Socatoba’, mujer, fantasma, artista humilde, total e indócil que vuela sin marcas de motor, contracorriente y sin casarse con nadie. Es un auténtico placer tenerla cerca.

¿Recuerdas tu primera experiencia ‘desesperada’ con la pintura? ¿Cómo sucedió? ¿Qué supuso para ti?

No la llamaría desesperada, pero sí bastante incómoda. Me sucedió en un concurso de pintura rápida de mi ciudad, cuando todavía era jovencilla. Nos presentamos varias amigas. Consistía en pintar un cuadro durante un día en un lugar indicado. Al acabar el día, el jurado decidía los premiados. Antes, los miembros se iban paseando, observando a los concursantes. En un momento dado, se pararon donde nos encontrábamos nosotras pintando. La situación se produjo cuando el crítico de arte (parte del jurado y único crítico conocido de la ciudad) se puso a hablar sobre las obras de mis compañeras con el resto de representantes del jurado, dando literalmente la espalda no solo a mi trabajo sino también a mi persona. Sentí una sensación bastante fea, la verdad. En aquel momento era joven y tenía muchas inseguridades con respecto a mi obra. Si ahora me ocurriera lo mismo me daría bastante igual. El tema es que, ese mismo crítico, al que me encontré varios años después en otros eventos culturales, aún me llamaba con otro nombre. Me pareció increíble, pero al menos lo que me produjo esa situación, después de tanto tiempo, fue una gran carcajada. Anécdotas de estas tengo bastantes, como ya os podréis imaginar, pero insisto: para llamarlas ‘desesperadas’ tampoco.

Hablas de las inseguridades que sentías con respecto a tu obra cuando eras más joven. ¿Cuál es tu relación con la inseguridad a día de hoy?

A día de hoy, casi desapareció. Cuando eres consciente de que la inseguridad es una ‘autodevaluación’ subjetiva y arbitraria de tu propia capacidad, normalmente de tendencia negativa y que no sirve para nada, solo para inmovilizarte … la vas dejando atrás. Darte cuenta de que tienes que cambiar la inseguridad por seguridad, seguridad porque eres fiel a lo que sientes, a lo que haces, a ti misma. Si tú estas segura de ti misma lo que proyectarás justamente será seguridad.

©SOCATOBA.

Tu obra está repleta de evocaciones diversas, complementarias y al mismo tiempo enfrentadas: la ascensión y el derrumbamiento, la destrucción, la figura de la madre, la búsqueda o la ausencia de identidad, los polos opuestos, la denuncia. ¿Existe contradicción o pura necesidad en la materialización de todas estas evocaciones?

Partiendo de que la base de mi trabajo se fundamenta en la necesidad de expresión de hechos y situaciones que ocurren a mi alrededor, en el mundo o en mi propia vida, es normal que todas estas evocaciones aparezcan en ella, por pura contradicción, necesidad de materialización o simplemente porque tengo plena libertad de hacer lo que me venga en gana.

¿Crees que esa libertad es real? A veces, nos da la sensación de que lo que ‘elegimos’ hacer o decir con lo que pintamos, escribimos, representamos o esculpimos está DEMASIADO condicionado por lo que tenemos alrededor, que el concepto de libertad se ha violentado tanto que al final hemos perdido control sobre nuestras necesidades reales,  cediendo espacio y tiempo a los intereses o exigencias de la sociedad de consumo.

Sí, creo que esa libertad es real. Estar condicionados como personas que vivimos dentro de una sociedad sea de consumo o no es estar en parte condicionada por ella, en algún que otro aspecto. Lo necesario es darnos cuenta de ello y tener claro si queremos o no estar en ese estado.

©SOCATOBA.

¿Qué marco le pondrías a un espejo resquebrajado y antiguo? ¿Qué barniz utilizarías para ‘proteger’ tu propio autorretrato? ¿Brillante, satinado o mate?

Depende de lo que me transmita el espejo, si tiene necesidad de ser enmarcado lo enmarcaría con un marco antiguo y con historia como él, y si me transmite que no tiene la necesidad de ser enmarcado, no lo enmarcaría. Mate, para que no se refleje nada en él.

©SOCATOBA.

Define a aquellos que se empeñan en definir tus obras.

Pues en este mundo es normal que todos intentemos definir las cosas, las situaciones o las personas. La verdad es que me siento incapaz de definir a las personas que se empeñan en definir mis obras. Creo que simplemente el empeño de querer definir tiene que ser libre, pero si lo haces desde el conocimiento, la definición sería mucho más acertada.

Goya, Dalí, Susan Sontag, Alejandra Pizarnik, Francis Bacon … ¿con quién te irías a tomar un vermut o cuatro? ¿Cón quién a pasar todos los puentes de todos los santos a orillas del lago Walden?

Me iría con todos para poder conocerlos en persona. Una vez con ellos, vería si tomarme uno (por educación) y … me tomaría cuatro con los que me hicieran sentir más a gusto. Hasta conocerlos, imposible decidir con quién pasaría todos los puentes de todos los santos. Pero bueno, si invitan ellos ¿por qué no? ¡Está muy bien vivir experiencias nuevas con gente que no conoces!

©SOCATOBA..

Dentro de diez o quince años una galería de arte será un lugar …

Difícil predecir el futuro. Por ahora no tengo esa capacidad.

Sí me gustaría que siguieran existiendo las galerías que trabajan con artistas que necesitan empuje y apoyo, ayudando a darles voz y mostrando su obra en otros países, en ferias … y que tengan coleccionistas que no solo compren trabajo de gente ya consolidada.

España es ese lugar del mundo en el que la gente, por lo general, todavía pide permiso para entrar a una galería de arte. Es una realidad que no se da en la mayoría de países de nuestro entorno. ¿A qué crees que se debe? Y ya que mencionas la figura del coleccionista de arte, ¿qué crees que haría falta para que se comenzara a implantar una cultura de adquisición de obras sostenible y al alcance de todos?

La verdad es que no creo que solo ocurra en España. Que aquí todavía siga existiendo ese pensamiento del arte como algo elitista, puede ser, pero creo que ya está más que superado. Igual pienso que, en parte, muchas de las galerías crean justamente ese ‘halo’ porque solo les interesa el público que directamente sea un posible comprador, coleccionista …  A veces ni a mí me dan ganas de entrar. Por otra parte, no creo que se tenga que implantar una cultura de adquisición de obras sostenible y al alcance de todos porque ya existe.
 No todos los artistas movemos precios desorbitados, dentro de mundo del arte hay muchos artistas y muchos precios, de los cuales todos nos podemos permitir comprar. El tema es que la gente no está acostumbrada, al menos en este país, a comprar arte.

En cualquier caso, esta pregunta da mucho juego, porque de paso podríamos hablar otra vez de la precariedad laboral de los creadores, del poco apoyo por parte del gobierno, del porcentaje que se llevan las galerías (que ya casi todas, por no decir todas, se llevan un 50% de la venta), el IVA al 21 %, que incluso trabajando con galerías (si es que tienes la suerte de que te lleve alguna) no te aseguran ventas … ¿creéis que la gente esta informada sobre todo esto?

¿A quién dedicarías el último cuadro, la última performance, la última fotografía de tu vida?

A mí misma.

Algunas artistas eluden responder preguntas relacionadas con la política. ¿Eres tú una de esas artistas?

NO, aunque sinceramente hablar de política me pone bastante nerviosa. Hay personas que se vuelven muy radicales cuando hablan de este tema. Creo que sería más sano e inteligente si tuviéramos la capacidad de poder hablar de política de una manera más tranquila, escuchando opiniones diferentes sin llegar al nivel del odio y la confrontación exagerada.

¿Qué opinas sobre la posibilidad de implantar una renta básica para artistas y creadores? ¿Estarías a favor o en contra?

A favor de la renta básica, evidentemente. Leí hace poco en un texto sobre renta básica para creadores lo siguiente: “Lo importante no es, como dijo Joseph Beuys, eso de que ‘todo ser humano es un artista’ sino garantizar que cualquier persona que decida ser artista pueda efectivamente serlo”. Una gran verdad. No vivir bajo la precariedad laboral, ya que la mayoría de las profesionales de estos sectores vivimos de otros trabajos para poder compensar los que no recibimos como creadores. Y si ya entráramos en el tema del género …

¿No crees que posicionarse a favor de la renta básica para artistas y creadores es también una manera de posicionarse políticamente?

Pues sí. El gobierno no está haciendo nada por la cultura … a parte de recortar. Lo que me pregunto es cuál de los partidos políticos sería el indicado para que la renta básica para creadores fuera una realidad y no un discurso para ganar los votos de los que nos dedicamos a esto. Evidentemente quieren borregos. Son más fáciles de manejar. Rollo rebaño. Somos así de tontos.

©SOCATOBA.

En una hipotética carrera de fondo en la que te ves obligada a participar … Rajoy te adelanta por la derecha con ese peculiarísimo estilo al andar que le caracteriza. Justo en ese instante, caes en la cuenta de que se le van cayendo sendos hilillos de plastilina negra (o chapapote) por la nariz y la boca. Tu reacción ante semejante cuadro es: a) parar de correr y empezar a descojonarte en su cara; b) hacerle la zancadilla; c) sacarle una foto con el móvil para, en un momento futuro, poder pintar la escena; d) pasar de su coño corrupto.

Me tendría que ver en la situación y la verdad es que no me veo para nada, aunque creo que por mi manera de ser y siendo artista … pintaría la escena y creo que podríais imaginar cómo sería … BOOM! Hace unos años dibujé al rey Juan Carlos para la revista Vice. Nos pidieron a varios artistas una interpretación sobre su persona. La verdad es que me quedé bastante ancha …

‘NUESTRO REY’ de ©SOCATOBA para la revista VICE.

 ¿Qué criaturas deambulan por tus Inner Landscapes?

Criaturas zoomorfas que actúan con plena libertad dentro de paisajes oníricos … otra manera de trabajar sobre la creación de nuevos paraísos. 

©SOCATOBA.

La canción de tu vida o de tu principio del nuevo año es …

‘I won’t complain’ de Benjamin Clementine.

©SOCATOBA.

¿En qué andas enfangada ahora mismo? ¿Algún proyecto, exposición, ensoñación o ida de pinza que desees compartir con nosotros?

Sigo trabajando en la serie ‘The End of Nature’ (entre otras que sigo ampliando y creando), cerrando varias exposiciones en Barcelona, una colectiva para el 15 de Febrero y otra individual para el 22 de marzo, donde expondré por primera vez la serie completa ’49 Maneras de Dibujar a una madre’, a punto de comenzar un proyecto mural privado. ¡Os iré informando!

Ensoñaciones tengo muchísimas e idas de pinza también, pero creo que no las voy a compartir. Bueno, solo una ensoñación que sé que se convertirá en realidad: poder vivir plenamente de mi trabajo artístico y tener un taller enorme (fábrica antigua, a poder ser) y volverme loca trabajando dentro de ella.

SOCATOBA estará expuesta en CAGE (Cortines 23, Born, Barcelona, 08003) del 22 de Marzo al 11 de Mayo de 2018. Vernissage: 22 de Marzo a las 19.30. 

©Txetxu González para THALAMUS MAGAZINE.

Entrando en LA ZONA Entrevista a ALBERTO SÁNCHEZ-CABEZUDO

Tras ‘Crematorio’, la nueva serie de los hermanos Sánchez-Cabezudo vuelve a descolocarnos con sus piruetas narrativas, múltiples tramas, personajes sólidos y una calidad final al nivel de HBO o los Cohen. No es de extrañar que ya se refieran a ella como serie de culto. Sin que sirva de precedente y dejando a un lado nuestra estupidez natural, nos ponemos muy serios en la entrevista que le hacemos a Alberto, uno de los creadores de la criatura, para que nos cuente un poco más sobre el proyecto del que todo dios habla.

¿Por qué volver tres años después a la zona donde se ha producido un accidente en un reactor nuclear?

Quizá fue porque retomamos el proyecto tres años después del accidente de Fukushima y lo que nos impactó fue el estado de las cosas después de un accidente de este tipo,  cómo se manejan los dramas personales y cómo se establecen mecanismos estructurales para depurar responsabilidades, quién se aprovecha y enriquece y quién paga las facturas que deja una herida que no se puede cerrar. 

Nos parecía  que la situación generada se asimilaba de forma muy realista a muchas de las consecuencias que ha dejado la crisis en nuestro país.

Los hermanos Sánchez-Cabezudo durante el rodaje de ‘La Zona’. Fotografía cortesía de Alberto Sánchez-Cabezudo.

La palabra ‘zona’ transmite represión, misterio y tal vez algo poético. En la serie, ¿qué connotaciones primarían?

Creo que esas palabras definen bastante bien lo que queríamos transmitir. Hay algo de recinto prohibido y por lo tanto misterioso en la zona de exclusión pero también de encierro y prisión. Personajes atrapados por sus dramas en un lugar cotidiano que ahora es intangible, casi fantasmagórico. Ese aspecto, muy en sincronía con el paisaje y la naturaleza abandonada o, mejor dicho, la naturaleza contaminada pero liberada del hombre, también le dan un carácter poético a la serie.

Las referencias de ‘Stalker’ de Tarkovski o ‘Voces de Chernóbil’ de Svetlana Alexiévich marcaban una pauta que nos interesaba mantener como atmósfera.

Desde el principio nuestra preocupación era hacer mantener el pulso del thriller sin perder este componente atmosférico y la sensación de desasosiego que genera la zona, como una especie de enemigo invisible.

¿Habéis salido de vuestra ‘zona de confort’ para crearla?

Creo que la serie está fuera de nuestra zona de confort desde su génesis. Por el tema que plantea y por la propia estructura donde cocinamos a fuego lento muchas tramas que necesitan la implicación del espectador.  La idea era servirnos del thriller y de la investigación de nuestro protagonista para ir descubriendo el universo que deja un accidente nuclear, un universo que remueve nuestras conciencias más allá del entretenimiento y, en ese aspecto, la serie hace pocas concesiones. También hemos tenido la suerte de poder producir nosotros la serie. Eso definitivamente te saca de tu zona de confort, te permite implementar esfuerzos a nivel narrativo donde intuyes que los necesitas. Nos encanta el hiperrealismo, y convertir Asturias en un lugar parecido a Chernóbil o Fukushima era todo un reto para nosotros.

Fotografía tomada durante el rodaje de ‘La Zona’. Cortesía de Alberto Sánchez-Cabezudo.

Al desarrollar los personajes, ¿teníais ya en mente qué actores y actrices iban a encarnarlos?

La verdad es que sí. La mayoría de los actores que han acabado en ‘La Zona’ estaban en nuestra carta de los reyes magos.

Escribimos muchos capítulos con el sí de Eduard Fernández y eso nos ayudó mucho a visualizar la serie. 

En el proceso creativo y de escritura con Jorge, ¿cómo os repartís el trabajo?

Trabajamos muy en tándem. La serie la diseñamos y la escribimos juntos al 50 % codo con codo. Hablamos mucho y escribimos poco. Cuando lo hacemos, una vez que todas las piezas encajan, solemos dividir los capítulos por mitades y luego nos reescribimos sin mucho miramiento. Al final, suele quedar lo mejor y siempre hacemos una ultima pasada a cuatro manos. En la preparación diseñamos la producción juntos, así como el casting, luego en rodaje nos desdoblamos. Esto es vital porque Jorge se queda en la trinchera como director y yo me mantengo fuera como productor ejecutivo, más pendiente de la segunda unidad para mantener la uniformidad de la serie e ir atendiendo a distintos fuegos normales de una producción: localizaciones, vestuario, cambios de plan de rodaje, etc. Esto nos permite llegar a muchas más cosas a nivel creativo y no perder la visión como director de Jorge. Es una delicia verle trabajar con la cámara y los actores. Tiene una capacidad increíble para mantener la tensión narrativa, y no lo digo porque sea mi hermano. 

Eduard Fernández es, sin duda, uno de los grandes atractivos de la nueva serie de los hermanos Sánchez-Cabezudo. Fotografía cortesía de Alberto Sánchez-Cabezudo.

¿Cómo surgió la idea? ¿Cuántas zonas habéis tenido que atravesar para que el proyecto viera la luz?

Nuestra primera imagen surge de la película de ‘Stalker ‘de Tarkovski. Ese guía rapado, vestido de negro, cruzando un paisaje abandonado, prohibido. El simple cambio del marco de referencia otorga a la película una atmósfera y tensión muy especiales. Era más la imagen, (tampoco vemos las películas de Tarkovski cada viernes) pero al pensar en Chernóbil funcionaba muy bien como premisa. Cuando empezamos a desarrollar el proyecto ocurrió el accidente de Fukushima. ‘La Zona’ quedaba en el cajón por razones obvias. Pero varios años después de Fukushima me dio por buscar noticias al respecto y lo que encontramos nos pareció muy potente como ficción. Nos permitía contar situaciones muy realistas y cotidianas donde el drama y el thriller podían conjugarse muy bien sin perder un componente moral de fondo que nos parecía muy oportuno después de haber hecho ‘Crematorio’. Así que arrancamos ‘La Zona fase 2’ con más vistas a producirla en Francia que en España. De hecho, estuvimos un tiempo en negociaciones con Canal Plus Francia hasta que apareció Movistar con una propuesta increíble. Nos reunimos y les encantó la idea. A partir de ahí, el trabajo con ellos ha sido una gozada. Nos han dado libertad pero al mismo tiempo no han dejado de aportar al proyecto. Estamos muy agradecidos y deseando ver el desembarco del resto de series que vienen de su mano.

Los hermanos en pleno rodaje de ‘La Zona’. Fotografía cortesía de Alberto Sánchez-Cabezudo.

¿Qué piensas de la industria de la televisión? ¿Qué influencia creéis que ha tenido vuestro trabajo en el marco de las series de ficción españolas?

En cuanto a producción de series, estamos en un momento tremendamente excitante y maravilloso, tanto a nivel global como en nuestro país. Y al mismo tiempo todo cambia a mucha velocidad.

La incorporación de Netflix, HBO y la propia Movistar ha sido muy reciente y el modelo muta a gran velocidad. El tipo de espectador también. Ahora consumimos series como antes leíamos novelas.

De hecho, su estructura creo que es muy parecida. Ahora podemos ver una serie en la cama en una tablet viendo capítulos en lugar de leerlos. Eso hace que la demanda sea muy alta y al mismo tiempo más especifica, más individualizada. Ya no hace falta (por lo menos en las plataformas) una serie que atraiga a todo el publico, si no muchas series muy especificas, lo que llaman ‘series nicho’. Y el conjunto de ellas genera un publico diferente, más exigente. De todas maneras, todos aprendemos sobre la marcha.

En cuanto a nuestro trabajo, no sé qué influencia hemos podido tener. Creo que además las influencias se manejan ahora en un contexto más globalizado. Sí que es verdad que ‘Crematorio’ y ahora la apuesta en ficción de Movistar se decantan claramente por historias muy locales.

El auge de la ficción europea es una muestra de que puede ser un buen camino frente al mercado americano.

¿Qué vendrá después de ‘La Zona’? ¿Estáis transitando ya nuevas ideas de cara al futuro?

Esperamos que venga la segunda temporada de ‘La Zona’. Aún tenemos que sentarnos a hablar con la cadena, pero espero que así sea. Tenemos más proyectos en la cartera, incluido un largo. El objetivo es también asentar nuestra propia productora. La idea es formar un pequeño equipo para poder dar salida a nuestros proyectos sin tener que ‘resetear’ todo el proceso al final de cada uno de ellos. Veremos, en ello estamos.

Fotografía tomada durante el rodaje de ‘LA ZONA’. Cortesía de Alberto Sánchez-Cabezudo.

¿Qué pregunta nunca te han hecho y te gustaría responder?

¿Cual va a ser vuestra próxima comedia? A veces somos muy densos …

¿Qué película o libro consideras tu biblia?

Seguramente ‘El Padrino’ sea la historia que más veces vuelve a colarse en mi almohada. 

 

©LORENA BLANCO para THALAMUS MAGAZINE.

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