REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

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MÚSICA

NUESTRA PLAYLIST (SEPTIEMBRE, 2018) Un universo lleno de colores y auras

Por Eva Rodríguez
eva.rodriguez.adn@gmail.com
Madrid. 02/08/2018.


Los hay primarios, secundarios, complementarios, opuestos, aditivos y sustractivos, para impresión y para pantalla. Hay escalas, incluso sistemas de identificación o patrones. A veces se descomponen y, otras, se suman. Sí, efectivamente, hablo de los colores, los que no podríamos apreciar sin la existencia de la luz. La longitud de sus ondas hertzianas determina qué color percibirá nuestro cerebro, incluso puede ir más allá de nuestros límites de percepción, por encima y por debajo del espectro que somos capaces de reconocer (infrarrojos y ultravioletas).

En el universo artístico podemos movernos por colores. También en cuestión de sentimientos, ya que cada color puede provocar una sensación y no siempre la misma en cada uno de nosotros. La entrada del verano, de la época estival, está llena de colores. Comenzando por el orgullo gay, abanderado con el arco iris, aparecen los colores anunciando la llegada de las sensaciones,  del calor, el sol y, al mismo tiempo, el frescor de los chapuzones y los pelos de punta al son de la fresca brisa marina o los amaneceres en la playa. Por eso la playlist de hoy, la traduzco en colores.

  1. Summertime de Janis Joplin por Raquel Ramírez

Para mí es un violeta oscuro, casi negro, una nana desgarradora versionando la original de George Gershwin, que ha sido interpretada por voces tan grandes como la de Ella Fitzgerald, a la que intuyo como un elegante granate de terciopelo, por su dulce aunque fuerte timbre en versión jazz. Pero la voz de Janis roza el ultravioleta, ya que se queda en el umbral del sonido, como los silbatos que solo escuchan los perros. Porque no habría mejor color para definir a esta mujer, empoderada, como deberíamos estar todas. Raquel Ramírez de Arellano nos recomienda el tema identificada con ese purple power.

  1. A dins de Ferran Palau recomendada por Txetxu González.

Es un amanecer, pero el sol todavía no ha roto la aurora, por eso el color es un azul oscuro, ese añil del que se habla mucho pero que no es tan fácil de identificar, que viene a ser perturbado por un naranja que despierta el resto del espectro, como quien enciende la luz al entrar en una habitación. Todo en tonos pastel. Eso es lo que nos trasmite Palau en su electrónica chill, donde los tonos y los tiempos no son fuertes y contrastados sino todo lo contrario, una pequeña dispersión que permite la fusión de los mismos.

  1. Nobody Walkin Tim Buckley de Leticia Delgado.

Podría ser un azul cian o un celeste, ya que nos lleva a volar entre las nubes. El color del cielo es producto de la dispersión Rayleigh. Cuando los rayos de sol atraviesan la atmósfera la mayor parte de la luz roja, anaranjada y amarilla (ondas de longitud larga) pasa sin ser casi afectada, mientras que las azules (de longitud corta) chocan con las moléculas y se dispersan con más amplitud y frecuencia por el aire, coloreando al resto y el cielo se ve tan azul como la canción que elige Leticia.

  1. The pirate´s gospel de Alela Diane una propuesta de Déborah Guerrero.

Folk desde las montañas de Nevada que me dan un sentimiento de paz y recogimiento entre el azul profundo y oscuro de los cielos de invierno. Tiznados con alguna bruma y niebla gris, pero con ese verde botella, verde oscuro, de las acículas de los pinos. Este clima del Pacífico, llegando por el norte de California hasta el mar nos entrega al espíritu del pirata al que Alela Diane ofrece esta plegaria.

  1. Self Help Tape Moses Sumney por la ilustradora Milou Trowborst.

Es un verde, es la estancia en un bosque con su ecosistema, mucha vida desarrollándose a una velocidad acelerada. Veo cómo crecen las hierbas, las plantas, cómo se abren las flores cuando aparecen los rayos del sol. Observo desde mi quietud cómo se gira un girasol cabizbajo, levanta la mirada hacia el cielo en busca de la luminosidad y el alimento.

  1. Far too Good John Smith por Sara B. del Rey.

Es un country tranquilo, es un amarillo mostaza, un campo de cereales secos, en el que se sienta un vaquero sobre una alpaca de paja con una espiga de trigo entre sus labios, pensando, mirando al infinito de esos campos dorados que no tienen fin.

  1. La cura de Franco Battiato por Ángelo Nestore.

Esta canción tiene unos tonos musicales que invitan a la esperanza y la superación, con un mensaje de promesa, te curaré de todos tus males dice Battiato, impregnando de claridad y energía la estancia. Por fin, salió el sol que anunciaba Palau, que llegaría en la mañana rompiendo la aurora. Aquí está para cargarnos las pilas, con su aura en los cromas entre amarillos y naranjas revitalizantes.

  1. Insane Johnny B. Zero citada por Berta García Faet.

Venimos con energía y lo vamos a dar todo con este tema tan cañero, un rock muy a lo Nirvana o Artic Monkeys de Valencia. Un rock electrónico futurista que con esa entonación casi de cyborg transmite un rollo muy industrial y le otorga unas ondas para pasar del naranja al rojo, el color del óxido. Un color de atardecer contaminado, del smog de la boina de Madrid.   

  1. Is this what you wanted de The last shadow puppets por Maite Martí Vallejo.

Esta versión del genuino Leonard Cohen se tiñe de escarlata, es un country con mucha clase y elegancia, pero la letra me da un aire de contrastes, llena de dicotomías, lo que soy y lo que eres, y lo marcaría con unos opuestos como el rojo y el verde o, tal vez, con un par más elegante: blanco y negro, todos los colores o la ausencia de color.

  1. Robar Violeta Castillo por la ilustradora María Luque.

Este tema sería otro par de colores, esta vez, un fucsia, rosa intenso y chillón, con un azul eléctrico de los ochenta, muy apropiado para esta cantautora argentina que juega con baladas poperas y la electrónica. Combina irreverencia e inocencia, también en sus letras, sin seguir estructuras fijas como estrofas y estribillos. Su compatriota María Luque la propone y no es de extrañar, por su originalidad al romper las leyes físicas y porque no puede copiar algo de mala calidad.

  1. El palmar de Caloncho por Lorena Blanco.

Es la canción más veraniega y tropical de la playlist. Por lo que tendría varios colores: verde, coral o rosa salmón. Pero todos en tonos pastel, pues tiene un flow muy especial y caribeño, con la relatividad de la velocidad del tiempo, con esa medición que se hace en las zonas del Trópico, no sé si por su situación al nivel del mar y su influencia o por la humedad, pero las prisas desaparecen. Caloncho las elimina desde sus primeros acordes, con esa suavidad de los pasteles.

  1. I walk in this garden Derek Jarman por Sara Torres.

Derek Jarman es un creador nato, cineasta, escenógrafo, escritor, artista plástico. En este caso Sara Torres nos lo recomienda interpretado por la inspiradora voz de Donna McKevitt y un fondo de cuerda muy ligero, aunque intenso, que concede el don de la translucidez al tema, como si atravesásemos el bosque muy despacio, con los ojos cerrados, vislumbrando solamente la luz que traspasa los párpados.

  1. La noche inventada Family por Federico Granell.

Family se inventa una noche de colores y, finalmente, nos pide que lo pintemos todo de plata, un color muy astral, marciano, de naves y viajes al espacio, en esta velada que se inventa Federico Granell para todos nosotros.

  1. Nocturne Chopin por Emily Gernild y Koko Che Jota.

Los nocturnos de Chopin son una opción inspiradora elegida por dos de nuestras artistas. Es cierto que tienen un aura muy poderosa. Para mí el poder se representa con el negro, pero un negro brillante. Puede ser el negro de un piano de cola o de las teclas de los bemoles, o puede ser el brillo de unos zapatos o de unas botas militares. Este tema aparece en la banda sonora de El Pianista de Roman Polanski, donde el poder va calzado con betunes muy resplandecientes.

15. Arc en ciel Polo & Pan por Eva Rodríguez.

El arco iris es el corte de los franceses Polo y Pan que se me ha antojado ideal para representar todos los colores y todas las auras en menos de 4 minutos. Como ya dice el título y como se puede ir escuchando, se suman instrumentos y melodías pasando de un tranquilo movimiento a una alegre energía y sintonía que nos sube el ánimo. Incluso esa suma y resta, esa variación, lleva a un equilibrio que armoniza para prepararnos para el final de la temporada estival. Después de esperarlo todo el año, el verano pasa tan rápido como la playlist que hemos presentado entre todos los artistas que colaboramos en este número de Thalamus.

 

NUESTRA PLAYLIST (JUNIO, 2018) Viajando a través de agujeros de gusano

Hoy me desperté pensando en colores. Aunque cambió la estación en los calendarios, la primavera real tarda en llegar. La deseamos, tenemos necesidad. Anhelamos los rayos de sol atravesando nuestras ventanas y calentando nuestros cuerpos. Tal vez, por eso, soñé con colores fluorescentes, con fucsias y aguamarinas, con neones y sonidos metálicos. Y con los 80’s a flor piel salí del letargo, escuché Mum de Belako, una apología de Regreso al futuro, y entré en un agujero de gusano. La vida es cíclica, todo tiene su retorno, más o menos parecido, como los 80’s, eso es innegable. Así que me pongo el tema de estos jóvenes vascos y pienso en todo lo rescatado de ese poso: la moda con los vaqueros boyfriend y las camisetas ‘ombligueras’, los chándales de táctel fosforito y los bodies… En series, tenemos Stranger Things y otras que, como mínimo, rescatan la estética. Y en cine, remakes como el de Blade Runner, el nuevo film de Spielberg, Ready Player One, y otras tantas pelis con looks del rollo.

Con estos visionarios de los sonidos sintéticos, la percusión con gated-rev (reverberación del dispositivo llamado noise gate creado por Hugh Padgham en una grabación con Phil Collins) y unos cambios de ritmo con cortes en seco, me introduzco en el viaje a través del tiempo en busca del sol. Suena a un clásico lunes azul de New Order, a un indie noventero nacional en Cualquier otra parte de Dorian o a un nuevo Loving you de Jonathan Wilson. Incluso, se vaticina el próximo álbum de los Arctic MonkeysTranquility Base Hotel & Casino.

Ya con luz a final del túnel, llegan a mis oídos las notas de uno de los últimos aciertos de Calexico (recomendado por la ilustradora Helena Pérez). Estos tipos del desierto hacen bailar hasta a los cactus con su estilo tan propio y en constante evolución. Comenzaron allá por el 98, con un sonido de western a lo Tarantino, y han tocado muchos palos fusionando a la perfección música americana con folk y tex-mex. Y no se han cortado a la hora de introducir matices del rock indie, latino e, incluso, post-rock. En este último álbum, de hecho, dan un giro hacia la electrónica ochentera. Estas aguas están anegando todos los campos, aún en el desierto.

Recordé aquellos años felices enamorada de la vida, del mundo, de Los Planetas. Y, a pesar de que Los Planetas son de Granada, cuando si estaban locos por mí, cantaron verdiales malagueños en mi honor. Pero como dice el título, estaban, en pasado. De hecho, aunque es precioso y lo disfruto en cualquier momento, como Rosetta Kedzierski, ya es un tema que ha quedado atrás, pues tienen una nueva entrega después de un silencio de siete años: Zona temporalmente autónoma.

Esos días lluviosos que precedieron a la salida del sol, esos días grises que nos encerraban en casa, estuve viajando a 1944 y llenándolos con Stravinsky. Él era el que mejor comprendía mi corazón roto y también todas esas palabras queriendo brotar de mis dedos como retoños. Desde su imperio ruso me llegaba la voz agridulce de la viola lamentándose. Las elegías son quejas y no tienen métrica. Será porque esa desesperación no tiene medida.

Otros días eran frustrantes, porque las musas me habían abandonado y estaba tan deprimida y desganada que no quería ni viajar. Me quedaba en el presente y apretaba el botón de mi reproductor para que Coldplay me dijera que quería curarme, como lo hacía con Angela Dalinger.

Los días en que el tiempo se tornaba tormentoso, escuchaba Estudio en do menor Op 10 Nº12 de Chopin, el llamado Revolucionario. Así, viajaba a 1831 para salir de la desidia con la rabia del artista, aunque me inquietaban los truenos y relámpagos como a Coco Serrano.

La máquina del tiempo se volvió loca por un momento y, de la mano de The Pogues y Txetxu González, me trasladé a un verano en Siam. No hacía un tiempo muy caluroso, más bien había un cielo de calima y un ambiente algo húmedo. Sería por el incienso de los templos, las sishas, el tabaco de banana y el sonido del sitar en las costas paradisíacas de la nueva Tailandia. Eso sí, antes de que se prohibiera fumar en, al menos, una veintena de sus playas.

En una fiesta con el ilustrador Nader Sharaf, frente a las olas cristalinas, llegó a mí una melodía de bossa nova. Una guitarra pellizcada y un piano loco daban paso a una voz que cantaba en brasileiro a una garota, al parecer de Río, del barrio de Ipanema. Una chica pasa camino del mar. Joao Gilberto era el que se sentía solo y quedaba deslumbrado al ver esa muchacha tan linda y llena de gracia. Otros muchos se fijaron en ella: Antonio Carlos Jobim, Frank Sinatra, Ella Fitzgerald, Nat King Cole … Incluso, nacieron versiones revisadas como las de las Supremes, Amy Winehouse o Pau Donés en su Jarabe de Palo.

Me metí en el mar buscando ese golpe de vida que da el agua fría y la relajación que produce dejarse llevar por el vaivén de las corrientes. A mis oídos, sumergidos bajo la superficie acuosa, llegaban esos cantos de ballena de los que me había hablado Lola Nieto, en concreto los que armonizaba en su música Fátima Miranda.

Nadé con la libertad que siente el cuerpo cuando se conecta con la madre naturaleza. Y todos mis sentidos podían percibir millones de estímulos de este mar que se me hacía Océano mientras escuchaba a Anna Van Hausswolff, la sugerencia de Michaela Knizova.

Con un ex Smith Westerns y un ex Unknow Mortal, se formó Whitney, un grupo de indie que me hizo volar con el corte 9 de su único, pero muy estudiado, álbum de estudio: Light Upon the Lake (2016). Sus dulces voces y melodías, que recuerdan en ocasiones al indie pop británico o a algo cercano a los Beatles, me transportaron en globo aerostático, sobrevolando ciudades, tierras y mares, con Jaume Mora como piloto.

Sin un por qué, viajé a Italia con el billete que me compró Déborah Guerrero. Aunque es de hace unos 14 años, suena a los cantautores de los 70 y 80’s, con un toque electrónico. Nada Malanima, con música y retoques de Massimo Zamboni, ofrece un giro de 180 grados de lo que parece un clásico del spaguetti romántico. ‘Nada’ es una constante evolución, una maga del tiempo que se ha ido reinventando durante toda su prolífica carrera, sin descanso desde su debut en el festival de San Remo del 69, que posteriormente ganaría varias veces.

En ese lugar, una noche, me encontré con Sanel Kurbegovic que estaba acompañado de Paolo Conte, quien me cantó donde se escondía un Diavolo Rosso. Tras una carrera frenética con su batería de puro jazz, conseguí dar con él y nos perdimos juntos por bares y vasos de sangría.

Yosigo puso música al momento de despedida. Me alejaba de Paolo y su diavolo con Magnesia, una canción de la primera etapa de La buena vida. Los de San Sebastián describían perfectamente ese desenlace al que no se quiere llegar, pero irremediablemente acontece, y regalaban unas palabras en su lengua materna.

Leticia Delgado me presentó a Bon Iver y me dio el pasaporte para Canadá. El reloj, ya en nuestra década. Calgary es una de las canciones de estos estadounidenses que pinta algo de esperanza, comparado con el resto de repertorio, bastante más oscuro. Con ellos podemos experimentar como el folk se funde con otros estilos hasta que se pierden los límites.

Reprogramé mi máquina del tiempo y eso sonó algo turbio. No sabía si iba a estar de vuelta en mi habitación o me quedaría vagando entre tiempos y lugares toda la vida. Se empezó a repetir un mensaje. Parecía que se había quedado bloqueada y sonaba en bucle Yo mama. Se escucharon unos sonidos extraños: notas, aparentemente sin sentido, que se convirtieron en uno de los mejores solos de guitarra de la historia de Frank Zappa, según me contó Santiago Torres.

Cuando me invadía la violencia del mar rojo de Earthless, ya solo deseaba volver, aunque el viaje había sido espectacular y lleno de experiencias enriquecedoras. El último susto, al pensar que la máquina estaba bloqueada y que la travesía parecía irreversible, me había agobiado. Mi cabeza solo podía dar vueltas al ritmo de la intensa percusión y de la distorsión oscura y psicodélica de las guitarras de estos californianos desterrados que me recomendó Mercedes Bellido.

Por fin, me desperté con las noticias de las siete de la mañana. En lugar del presentador de los desayunos, era el cantautor mallorquín Paul Zinnard quien, a ritmo de su folk indie, me ponía al día y me devolvía a la dura realidad con un irónico positivismo. Esa esperanza que, a Lorena Blanco, a mí y a todos lo que estamos en este barco que es Thalamus, nos alimenta para seguir intentando que algún día las noticias de las siete de la mañana no sean las mismas de siempre.

 

NUESTRA PLAYLIST Marzo

Para comenzar nuestra andadura en esta sección de Thalamus no se me ocurre mejor tema que el ‘we can be heroes’ de Bowie. Toda una declaración de intenciones en los tiempos que corren. Tiempos difíciles, de crisis económica y de valores; se quiebra el sistema y nos deshumanizamos. Días oscuros para la profesión también: los medios bajo la sombra alargada de la manipulación, el arte poco apoyado por el estado, escasamente impulsado por la educación. Pero venimos a dar lo mejor de nosotros mismos y comenzamos este proyecto con mucha ilusión, subiendo el volumen de este himno a tope.

Tras la muerte hace dos años de David, se ha producido un revulsivo, si cabe, de su éxito. Hablamos de un  genio extravagante, de un ídolo eterno que hasta se atrevió con el cine, además de publicar veinticinco discos en más de cincuenta años de carrera. Por otro lado, tenía un don para la moda, sus estilismos nunca pasaron desapercibidos y se han copiado multitud de veces. Este tema de 1977 incluido en su décimo álbum ha inspirado a muchos artistas, entre ellos los que le han tomado su composición para ponerle otra voz, para unir voces en un grito a la valentía. Existen muchísimos covers de este tema: Blondie, Oasis, hasta David Guetta osaron intentar repetir la epopeya de este éxito. Incluso hay una versión en alemán: Rammstein tomó las musas de David y lo llevó a su lengua materna. Hay otros que han adoptado su tono, su estilo y su espíritu. Es el caso del último disco que acaba de publicar el cofundador de Talking Heads, David Byrne que, como si se tratara de una reencarnación de la esencia Bowie, parece recoger el testigo. Si no, prueben a escuchar el mágico trabajo que presenta bajo el nombre de ‘Utopía’.

Por todo esto y mucho más, afirmar su muerte no es lo más correcto. Podemos ver, o más bien escuchar, lo vivo que está en todos nosotros, en la sociedad que quiere aventurarse a rescatar héroes que persigan sin miedo sus sueños. Nosotros tenemos encargado nuestro destino, ya tenemos la criatura en nuestras manos, ya se materializó el proyecto.

Para acompañarnos en este inesperado e impredecible viaje, cada mes, algunos de los artistas y creadores que publiquemos nos regalarán algunas de las canciones fundamentales de sus vidas. Aquí tienen, recién sacadas del horno, las perlas de nuestro primer mes-número:

 

  1. UINVERSO aportan ‘Heroes’ de DAVID BOWIE.

 

2. TAXIPICTURES aporta ‘The Crawl’ de PLACEBO.

‘The crawl’ es el ascenso a rastras de los Placebo. Es uno de los temazos del segundo disco ‘Without you I’m nothing’ que cumple ahora veinte años. Muchos críticos dijeron que es su mejor álbum, ya que el primero quería haber sido el segundo y el tercero intentaba ser como el anterior. Estos londinenses, como muchos artistas (quizá sea el caso de nuestra admirada Taxipictures, que aporta este corte), hasta que no tocan fondo no pueden subir a la superficie, resurgir de sus cenizas o encontrar la inspiración. Se ha comentado y teorizado mucho sobre ese tópico de que en tiempos de crisis surgen más corrientes creativas. El sufrimiento nos inspira y nos visitan las musas para sacarnos de paseo por los caminos de la autoexploración y de la expresión más intimista. Todo para alcanzar el tan idealizado éxito, la obra de nuestra vida.

3. Txetxu González aporta ‘Bird on a wire’ de LEONARD COHEN, versionada por FATHER JOHN MISTY. 

Yo diría que a Leonard Cohen le pasaba algo similar cuando escribió el tema que añade a la lista Txetxu González. Tal vez andaba sumido en esa excelsa desesperación y desidia que solamente invita a refugiarse en uno mismo, incluso en la botella. Cuando uno se compara con gusanos o bebés nacidos muertos, es momento de levantarse y crear. De la mano y voz del estadounidense Joshua Tillman aka Father John Misty, que emprendió carrera en solitario en 2004 tras abandonar un par de grupos, ‘Bird on a wire’ suena mucho más folk. Si ellos eligieron este cover es que seguramente se buscan en sus infiernos para encontrarse, luchar contra sus demonios y liberar su hambrienta necesidad de expresión.

 

4. Maite Martí Vallejo aporta ‘Que me van aniquilando’ de SILVIA PÉREZ CRUZ & RAÚL FERNÁNDEZ MIRÓ. 

Maite Martí Vallejo se inclina por sacar de las entrañas con rabia flamenca esas contrariedades que nos golpean. Folclore adaptado a los tiempos, con guitarra de Refree (Raúl Fernández Miró). La desgarradora voz de Silvia Pérez Cruz, que podemos recordar desgarrándonos el controvertido músculo en la gala de los Goya 2017, cuando recibió el segundo cabezón de su carrera por la canción original de ‘Cerca de tu casa’.

 

5. Raúl del Valle aporta ‘La flor del azafrán’ de LA DÉBIL. 

Hay otros como Raúl del Valle que se lanzan a los mantras, a la llamada de la naturaleza, a los tambores rituales como los de La Débil. Este grupo punk de Torrijos, colorea y potencia con ‘La flor del azafrán’, el sabor de esta playlist tan variopinta.

 

6. Déborah Guerrero aporta ‘Kitchen Door’ de WOLF LARSEN. 

Déborah Guerrero comparte la bonita historia de No y Fe que narra Wolf Larsen (o Sarah Ramey). ‘Kitchen Door’ nos relaja a la par que estimula con esos instrumentos de cuerda sonando en secuencia sucesiva y con ritmo ‘in crescendo’. De esta manera casi oímos como llama a nuestra puerta de la cocina la imaginación.

 

7. ALBA CERES aporta ‘My favorite things’ de YOUN SUN NAH.

Algo parecido ocurre con el tema que propone la gran Alba Ceres, que mediante la repetición de mis cosas favoritas (‘My favourite things’ de Youn Sun Nah) crea un ambiente de belleza sobre lo cotidiano. Solo con la voz de la coreana y su kalimba, se origina una melodía mágica que nos envuelve en un trance ideal para ese proceso de abstracción.

 

8. Leticia Delgado aporta ‘Vitamin C’ de CAN. 

Una posibilidad muy cañera de música para invocar a las fuerzas del universo es la que propone nuestra compañera Leticia Delgado. Se trata de Vitamin C’, de los alemanes Can, que ya en los setenta tenían, como queda demostrado, un sonido electrónico y psicodélico muy enérgico. Además suenan descaradamente actuales, ¿no les parece?

 

9. MARÍA ALCANTARILLA aporta ‘Brown eyed girl’ de VAN MORRISON.

Otra forma de inspiración es la morriña o ese sentimiento de recuerdo alegre, ese agridulce que queda en el poso de ‘Brown eyed girl’ de Van Morrison, por ejemplo. Esta alegría que nos regalaba a finales de los sesenta el irlandés más influyente de la música actual sabe a verano, a buenos momentos, vacaciones, sol, playa, en definitiva a buen rollito. Pero no hay nada más triste que añorar un tiempo pasado, aunque desde esos fosos surjan también a veces muchas posibilidades de renovación.

 

10. SONIA CARBALLO aporta ‘I won’t complain’ de BENJAMIN CLEMENTINE.

Para cerrar nuestra primera playlist de THALAMUS, Sonia Carballo remata con su particular granito de arena. La vida es maravillosa, pero sin rechazar que existe el dolor, la pena, la lluvia y las lágrimas. La vida es bella con todo lo bueno y lo malo. Sin resignación, hay que entenderla para jugarla, comprenderla, asirla y quererla tal y como es. Todo un poema ‘I won’t complain’, acompañado de una partitura del cantautor Benjamin Clementine, que con menos de 25 años ya escribió una visión tan realista como positiva, una expresión sumamente cuidada. Se trata, como decimos, de un canto a la vida, que nos ha dado tanto: entre otras cosas, nuestra sensibilidad para materializarla con infinidad de formas, nuestra capacidad para engendrar corredores de resistencia y de ARTE.

 

©Eva Rodríguez para THALAMUS MAGAZINE.

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