REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

Category archive

POESÍA

NATALIA LITVINOVA El viento que atraviesa el hueco

Edición:
Txetxu González
thalamusxmagazine@gmail.com
Madrid/Buenos Aires/Gómel. 08/03/2019.


NATALIA LITVINOVA

Nací en Gómel, Bielorrusia, a 12,935 kilómetros de done vivo actualmente. En Bielorrusia hay lagos y bosques, en Bielorrusia nació Chagall, en Bielorrusia también hay radiación desde 1986, el año en que nací, el año de la explosión de la Central Nuclear de Chernóbil. Vivo en Buenos Aires desde los 10 años, escribo poesía, soy editora, traduzco poesía rusa y a veces pienso en todos esos kilómetros que separan el ayer del ahora.

 

EL CRUCE DE LOS CAMINOS

 

I went to the crossroad, fell down on my knees
Robert Johnson

 

El cuerpo es un vehículo que nos arrastra
hacia el pasado. Hoy me condujo
al lago de mi infancia: hacía calor,
las mujeres se escondían bajo las sombrillas
y los niños en los árboles.
Mi padre se levantó y caminó hacia el agua.
Vi su espalda, como la de un soldado que marcha.
El agua lo cubrió por completo.
No pude salvarlo desde acá,
sólo contemplé el trazo de su figura.

Una mañana de septiembre
me tomó de la mano y bajamos
por una calle que no conocíamos.
Vimos una casa parecida a la de la abuela,
doblando hacia la derecha estaba el mar.
Nos quedamos quietos
en el cruce de los caminos.
Me pregunté a dónde podríamos llegar
si todas las direcciones
parten de la memoria.

Hay un desfasaje entre la vida y los labios.
Ahora detengo este momento.
El viento se levanta y trae a la casa
el rumor de la arboleda.
Cuando el tiempo recobre su ritmo natural
el susurro de las hojas habrá muerto.

No hubo mar. Seguimos caminando de la mano,
nos detuvimos frente a un gato
que se lamía pronunciando
mi nombre en su mirada. Cuando era niña,
mi padre hablaba con la lluvia
y sus frases la cortaban por la mitad.
Una parte quedaba por encima de sus palabras
como si regresara al cielo
y la otra se concretaba en la caída.

¿Cómo desaparecieron el mar
y la casa de la abuela?
Cuando los vivos van hacia la muerte,
como un remolino,
lo arrastran todo.

Para un funeral la abuela bordó
un manto tan hermoso
que el pueblo marchó tras el ataúd
y admiró el tejido de cerca.
Al saber que era obra suya,
fue pretendida por dos hombres,
un rubio y un pelirrojo se enamoraron de ella.
Entonces les dijo: el que encuentre
la flor del helecho me tomará por esposa.
Ambos corrieron hacia el bosque.
A uno lo encontraron bajo la nieve
y el otro huyó.

Él yace en el hielo, otra nieve lo cubre.
Mueve los dedos y la mano responde de a poco.
Como un caballo que lucha por salir
de un lago que se congela.
Brilla la nieve en los ojos del animal
mientras se apaga en los del hombre.

Los animales presienten su muerte.
Cuando mi abuela se acercaba con el rifle,
el cerdo cerraba los ojos
y los abría por última vez.
Con pupilas en forma de pica
hería sus propios párpados.

Llevo mi mano hacia el pecho
para mostrar donde me duele.
En el hospital me tocan con ternura.
El médico dice:
no es grave, vas a vivir.
Le pregunto cómo.

La enfermera entra y apaga la luz,
toma mi mano y me lleva a su cuarto,
abre un cajón y me muestra los relojes
que les roba a los enfermos.
Le digo que tengo miedo porque voy a vivir.
Todos vamos a vivir en algún momento,
responde.

Robamos el auto de mi padrastro
y vamos hacia el mar.
La enfermera dice que para curar el corazón
el viento marino debe atravesar el hueco,
los hilos de sal le harán un parche.

El mar tiene furia como cada cosa
que no sabe vaciarse de recuerdos.
Entro, lo profundo es egoísta.
El viento me trabaja el músculo
y en mi boca baila la náusea.
La sal expulsa lo dulce que hay en mí.

Nos alejamos de la playa,
brilla como un jardín abandonado.
Ignoraba que mis recuerdos
podrían construir la realidad.
Navego hasta la casa de la abuela
a través del agujero de mi pecho.

Ella me pide que le enseñe mi parche,
le divierte adornarlo con flores, cintas
y la trenza de mi madre.

Pero se duerme antes de empezar.
Su nariz en mi herida
hace que la cicatriz respire.

 

Escucha a continuación un fragmento de EL CRUCE DE LOS CAMINOS, recitado por la propia Natalia Litvinova:

 

 

UN DÍA SE INICIÓ EL OLVIDO

Las partículas de tu rostro
comenzaron a desintegrarse.
Ahora todos los hombres
te retienen en sus rasgos.
Tus gorros roídos por las polillas
y los guantes deformes
por la ausencia de manos.
Un día todos los hombres
que caminaban bajo la lluvia
estuvieron hechos
a la medida de tu cuerpo.
Ya no recuerdo cuán ancha la espalda
o cuán suave la tela del abrigo,
un día el olvido comenzó,
estaba sola en el andén
y las puertas del vagón
se cerraban y se abrían
como si ingresara
una multitud de fantasmas.
La luz de la luna oscilaba
como un farol y las estrellas
parecían colmillos
de un animal al acecho.
Cesaron mi infancia y tu vejez
pero tu voz no,
campana indestructible,
trina en mi sien,
enferma de misterio.

 

 

FLORES DE CHERNÓBIL

Nuestros hombres comienzan a extinguirse,
nadie sabe por qué las mujeres resisten más.
Mi padre llora al sacrificar a un animal
mientras mi madre cambia el empapelado de las paredes.
No nos dejan exponernos al sol, empalidecemos
como flores que crecen bajo la nieve.
Huimos al bosque, lejos de este edificio,
yo con mi blusa infantil y mi hermano con su remera lisa.
Qué ganas de volver al lugar donde nacimos
y correr con los brazos extendidos,
limpiar el aire como uno de esos aviones
que arrojan espuma
sobre el sarcófago humeante.

 

 

LA SUELTA

Me retoco los labios en el tren
al lado de un hombre
que mira hacia otro lado,
animo la suelta de perfumes,
deshago la trenza,
enfurezco el color de mi boca
después de haberlo atormentado.
Una parte mía se escapa en este instante.
Como un caballo negro,
cabalgo velada por mi propia oscuridad,
montada por jinetes
que conducen a la guerra.

(de Siguiente vitalidad, edición española, La Bella Varsovia)

 

 

LA PIEL NO SE RENUEVA

Enamorada y sola
voy a arrancar mi corazón
de la lluvia
y lo voy a nutrir

*

La piel no se renueva, recuerda.
Es corteza de un árbol tatuado con una navaja
o el caparazón de un grillo que se raspó contra la amapola.
Soy un sol blanco que rueda por el desierto,
y los hombres me miran cubriéndose la cara.

*

Lloramos para interrumpir
el desierto de los ojos
así como indagamos la vida
para descansar de la muerte.
Los recuerdos que oculto
terminarán aullando.

*

¿Madre, te acuerdas de los niños
que lanzaban piedras a nuestra casa?
¿Por qué no les dijiste que sus sueños
caerían con más violencia?

*

Soy el bolsillo expuesto de mi cuerpo.
Los días como una tijera.
Despierto y digo en voz alta la oración
de mi abuela analfabeta
y corto el miedo con mi lengua.

 

(de “Esteparia”)

 

Escucha a continuación dos fragmentos de LA PIEL NO SE RENUEVA, recitados por la propia Natalia Litvinova: 

ROSA BERBEL La ilusión fantasmal de los descubrimientos

Edición:
Txetxu González
thalamusxmagazine@gmail.com
Madrid/Granada. 10/03/2019.


ROSA BERBEL

 

Rosa Berbel nació en Estepa (Sevilla) en 1997, aunque reside en Granada desde 2015. Es estudiante del Grado en Literaturas Comparadas por la Universidad de Granada. Su primer libro, Las niñas siempre dicen la verdad (Hiperión, 2018), fue ganador de la XXI Edición del Premio de Poesía Joven Antonio Carvajal. Asimismo, fue ganadora de la IV Edición del certamen Ucopoética y ha publicado en antologías como La pirotecnia peligrosa. 11 poetas sevillanos para el siglo XXI (Ediciones en Huida, 2015), Supernova (Bandaàparte Ediciones, 2016) o Algo se ha movido (Esdrújula Ediciones, 2018). Feminista, encantadora y vulnerable ante todos los vicios millennials, se aferra a la ficción como una forma de pensar un mundo menos a la intemperie.

 

CRECER ES

Andar más, con más miedo,
por calles más vacías,
no creer en otros mundos
posibles o imposibles,
hacer daño a los otros sin palabras,
comprar cosas usadas por el placer
extraño de su tacto,
vender cosas,
romper cosas que nunca hemos tenido,
arrojarlas al fuego como quien cambia
la hora
de todos los relojes de la casa
para poder perder un poco el tiempo.

 

 

MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA SALIR DEL NIDO

 

1. Hablar más de la cuenta. La calidad
sucede en la abundancia.
Cuídate del silencio de los otros.
2. Acumular tarjetas de visita
como valiosos restos arqueológicos.
Nunca sabes qué pueden revelarte.
3. No perdonar jamás a quien olvida
tus fechas importantes.
No acumules amores sin memoria.
(No olvidar este punto).
4. No simular congoja ni tristeza
cuando olvides las fechas importantes.
No acumules amores rencorosos.
5. Al menos una vez cada dos meses,
redescubrir objetos olvidados.
¿Sigue siendo posible, todavía,
la ilusión fantasmal de los descubrimientos?
6. No olvidar tus orígenes.
Escarba, si es preciso, la tierra de los parques
con manos de urbanita.
7. Mantener intachables los prejuicios.
Las cosas suelen ser, salvo excepciones,
igual que parecían.
8. Cuidar la superficie.
Líbrate de quien teme las fachadas.
El interior real de las cosas reales
provoca claustrofobia.
9. No tener nunca ganas de marcharse.
Decir adiós es triste y es mentira.
10. Dejar que entre la luz.
Deja que entre la luz
y te despierte.

 

 

PRIMER AMOR

Era verano entonces y a nosotros
nos picaban las piernas del sudor
y la euforia.

Desde aquel día parece que los demás
tan tibios
se quieren siempre menos.

 

 

Escucha aquí ‘Sisterhood’, recitado por la propia Rosa Berbel para Thalamus Magazine:

 

CARLA CHINSKI Ese horizonte que emblanquece

Edición:
Txetxu González
thalamusxmagazine@gmail.com
Madrid/Buenos Aires. 26/04/2019.


CARLA CHINSKI

Carla Chinski (Buenos Aires, 1995) es escritora y traductora. Tiene estudios en Artes Combinadas, gestión cultural y traducción literaria (UBA). Realizó talleres de escritura con Laura Galarza y Federico Falco, y taller de poesía con Natalia Litvinova. Su primer poemario será publicado próximamente por Editorial Llantén.

 

Mi madre no está muerta pero
le están cortando
la pierna en dos.
Mientras el cuchillo
se inserta en la carne,
el llanto de un recién nacido
suena en el quirófano
como si el niño estuviera
observando la escena
de sus pesadillas tempranas.
Mi madre es
una pobre niña, nada más.
Ella, que nunca fue tranquila
hoy duerme
de manera artificial
mientras camina en sueños
y el médico, como un partero,
la saca al mundo
de los que
viven sin dolor, no ese
que separa los vivos de los muertos
sino a los heridos de su propio
horizonte blanco,
en ese horizonte que emblanquece
lentamente con el pasar
de la espera.
En la sala de parturientas
las mujeres agonizan, eso
tienen en común: el dolor
que un día llega,
levantándose como un
accidente geográfico.
Los guantes
de goma blancos, ahora rojos,
dedos como pétalos de rosas
caen sobre la tierra de la carne.

 

 

Mi madre no está muerta pero
cuando lo esté,
cuando finalmente nos deje,
yo me quedaré con sus restos.
Madre tierra, lengua madre
la he estado sirviendo
fielmente,
durante tantos años
¿quién sería sin vos,
creación de mi creación?
¿Cómo decir aquello
que quedaría expulsado
al blanco
con tu muerte?
Lo que se necesita
en toda esta desgracia
es un poco de belleza
y orden, aquel que tanto
le ha dado sentido
a su vida. Por eso,
ordenaré en filas sus pestañas,
recompondré sus labios
con alfileres,
las cavidades de la nariz
serán las mías, con las que
respiraremos siempre juntas.
Los ríos se hacen más pequeños.
Las playas se abandonan al desastre.
Pero ella se hace
cada día más grande, hasta que un día
su rostro será lo único
que cualquiera podrá recordar: solo eso
le hará justicia.

 

 

Mi madre no está muerta pero
su muerte me lleva
a un estado poético,
como si tuviera
espadas en vez de brazos
con los que luchar por ella.
Estoy maravillada
por el espectáculo de su cuerpo.
Me hace entrar en un espacio
de ensueño:
estoy atenta a todas las cosas,
cada acción parece encadenarse
a la siguiente con la paciencia
de la línea en un verso nuevo.
Tengo la tentación
de verla con otros ojos, que no son
los de una hija sino
de aquel que ama;
completamente desolados
y a la vez innecesarios
donde me asombro
por lo que puede hacer,
sabiendo que ella,
florecida de vendas, pronto acabará.
Caerán las bombas
sobre su bosque
construido de familia.
Una época, un tiempo, se dejará atrás
nunca me he figurado nada
que no sea su muerte.
Mi compasión por ella solo está
atada a la sangre, lo cual es
demasiado poco.
Pero, si me acerco,
puedo ver en las vendas una sutura
que tiende puentes en su boca como un rezo.
A través de ella murmura la muerte
en su propio estado poético:
solo entonces,
escribiremos juntas.

 

 

Mi madre no está muerta pero
me despido de ella como si el día
hubiese terminado y ella fuera
una mariposa.
Semejante belleza,
el revés blanco del ala
late hoy en el carnoso torso
que intenta voltearse, manco,
ante las habilidosas enfermeras.
De ella se puede decir, igual que
la vida de un insecto,
que ha vivido. Se puede decir
que está ya muerta, capturada
en su ser perecedero
por un rayo de sol o mi mano
de coleccionista que la examina
desde todos los ángulos,
un hallazgo raro y precioso.
Se va de mí, hace volar
su corazón, el centro viejo de madre.

 

 

El cielo deja de su blanco
un resto de azul; el sol
se amontona con las nubes
con la claridad de un pensamiento,
sus formas abstractas y ridículas.
Los pájaros se desentienden
de las hojas.
Mi madre pide que abran la ventana.
Ella, que siempre promete
decir toda la verdad, hoy está sometida
a lo cruel del tiempo.
Lo permite entrar con el viento
y circular en torno a ella, empujándola
de la infancia a la vejez, los dientes
cayendo amarillos como pétalos
de una flor silvestre, mientras
un río de saliva incontrolable
se le acumula en la boca.
Un cuerpo sabe siempre
a dónde va, como lo sabe
el pájaro, la nube, el sol.
No necesita de horas ni minutos.
Yo mido el tiempo con la vida
de mi madre. Me bastarán
sus días para contar la historia
de la naturaleza entera.

 

 

Mi madre no está muerta pero
su herencia está en todo lo que toca.
Ella me toca la frente,
un gesto contra la fiebre
que resulta ser una bendición oculta
para la enfermedad que tendré,
la misma que ella tiene ahora,
no bastará el tacto para ahuyentar
la creciente del dolor.
Hago arder su mano con mi piel,
son estas las formas de acercar
el fuego al fuego.
Si me diera otra vida, cantaría
mil canciones de cuna
pero la vida que me dio es esta
y con ella, el futuro de mi carne:
guardo dentro de mí las marcas
que se abrirán como flores de invierno
creciendo tímidas y nuevas
sobre las alas de hojas carnosas
de la madurez. Creía que ser hija
era amar, pero solo compartimos
este viaje a medianoche,
el mismo dolor.
Mi madre en su quietud
es el tiempo que corre:
la luz aprende su límite
porque pronto en ella se apagará;
la repentina flor de invierno insiste
con su presencia, transformando
al campo entero en su altar.
Todo cuerpo es una premonición.

 

 

 

 

 

 

 

LUZ PICHEL "Las manos muy ocupadas en trabajos de la tierra"

Edición:
Maite Martí Vallejo
maite.mart.vall@gmail.com
Barcelona/Alén/Pontevedra/Madrid/un seto. 10/05/2019


Luz de las dos direcciones

 

Luz Pichel (Alén, Lalín, Pontevedra, 1947) alterna su residencia habitual en  Madrid, donde vive desde 1970, con pequeñas temporadas de descanso en su aldea de Alén. Es autora de los libros de poesía El pájaro mudo (Ediciones La Palma, 1990; I Premio “Ciudad de Santa Cruz de la Palma”); La marca de los potros (Diputación de Huelva, 2004; XXIV Premio hispanoamericano de poesía Juan Ramón Jiménez); Casa Pechada (Fundación Caixa Galicia, 2006, XXVI Premio Esquío de Poesía);  El pájaro mudo y otros poemas (Universidad Popular José Hierro, 2004. Reune este libro la reedición de su primer poemario junto a nuevos trabajos como Ángulo de la niebla, Cartas de la mujer insomne y Hablo con quien quiero). En 2013 publicó cativa en su lughar/casa pechada (Col. diminutos salvamentos, ed. Progresele, Madrid), en 2015  tra(n)shumancias (Col. eme, ed. La Palma, Madrid . Su último libro hasta el momento es CO CO CO U (La uÑa RoTa, 2017).

«No ir comprendiendo es ya gozar» me dijo Luz un día. Otro, me dijo que estaba detrás del seto. «Estamos por la lengua», diría al tercer día. Ha pasado casi un año y ahora me manda un paquetito de moras y esto:

 

Por la tarde recogen las espigas de una en una hasta los cientos.
Las atan en pequeñas gavillas de a cien.
Sus espaldas no ceden, sus cuerpos son de junco, por sus médulas blancas corre leche.

Si los vierais sentarse ¿para qué venden varas con nudos en la feria? ¿para qué?

Con esas cien espigas haré
un gramo de pan y les diré comed
comed este cuerpo de las cien espigas
no lloréis.

 (El pájaro mudo, 1990)

*

Santa Lucía vive en una caja de madera preciosa con puertas de cristal. Es pequeña y azul y le brillan los ojos como al perro de Emérita. Cada viernes Emérita y su perro nos la traen a casa para que sea nuestra y yo paso con ella el día entero si me dejan la mar de entretenida. No me permiten, claro, colocarle los vestidos de trapo que escondo para ella debajo de los colchones ni apagarle esa luz que gasta tanto y que a punto estuvo de quemarla una vez.

Los lunes llevo con cuidadito a Santa Lucía a la casa de Pedro para que sea de ellos y rece por los cuatro niños que les nacieron mucho antes de nacer. Ayer se me cayó la lámpara de aceite de la santa en el portal de la casa de Pedro, se derramó el aceite y se apagó la luz.

En el suelo el charco dibujó la figura de un diablo que reía con alas de murciélago y dientes espumosos. Ahora sé que un día se caerá la santa y se romperá o que, de todos modos, ya no podré dejar de ver en el portal de Pedro de mi cabeza las figuras del suelo.

(La marca de los potros, 2004)

*

O que se ve mirando

Mirei polo poxigo da porta dos monicreques
e vin as noces na nogueira
a herba no prado
a tapa do pozo negro ao ras do chan
as marabillas de cor laranxa
á beira do pozo negro
un loureiro nacendo entre as pedras do valo
unha malva pequena que escapou da gadaña
e é boa para durmir
un cabalo ao galope polo ceo adiante
camiño de Fisterra.

Adrián, todo sucio e queimado do sol,
mátase a rir mirando brincar a galiña
despois de morta.

Todo está no seu sitio.
Xa me podo marchar.

(Casa pechada, 2006)

*

Lo que se ve mirando

Miro a ver qué se ve
por el postigo de la puerta de las marionetas.
A ver qué se escucha.

Y vense las nueces e nel noghal,
la hierba e nel prado
la tapa del pozo neghro a ras del suelo
la risa que no para de Cativa[1]

una planta silvestre
Cativa toda sucia
una maravilla la raíz en las aghuas negras
las risa retornada de Cativa
Cativa requemada del sol
una maravilla de color naranja a la vera del pozo negro
la risa
un laurel pequeñito entre las piedras
Cativa
una malva escapada de la guadaña
buena para dormir
la risa de Cativa
Cativa sobre la tapa del pozo negro
un caballo al galope por el cielo adelante
camino del Findaterra.
Cativa toda sucia requemada del sol
la risa suya
Cativa                  que  mátase con la risa mirando brincar
una gallina descabezada.

Paréceme que todo queda puesto en su sitio,
ya me puedo marchar.

(Cativa en su lughar, 2012)

[1]Cativa es pequeña, bonita, una figurita del mencer que rompe, queridiña. Cativa no tiene edade de trabajar, Cativa es mala, desghraciada, ruin, no sirve. Cativasometida, cativapresa. La mujer arrulaba en su dentro una niña cautiva desde lo inmemorial, presa la tenía y bien se ve que sí.

*

descansa a cabeza      harriet tubman    na vía do tren

e dorme      ela vai por diante     porque sabe linguas

entende os letreiros        aguanta os paus / los palos

coñece os camiños de ferro sub da terra       e ve o que non

se ve       e soña o que non se soña      a caronciño / a la

verita de harriet     as outras dormen todas       sobre da vía

as viaxes sen retorno fanse  largas    as fragas / bosques

meten moito medo    meten medo os bichos e os

estraperlistas        algúns países están lonxe de máis /

quedan tan tan lejos     algunhas mañás / mañanas non

chegan nunca á estación dun tren / no llegan nunca nunca

pasan na escuridade as cousas semellan vultos        os que

se moven cargando con sacos de liño / lino ou cunha

velliña ao lombo / una viejecita sobre los hombros

semellan lobos      néboa / niebla      na man aberta ten

escrito a muller un verso con tinta de cor laranxa    a vía

do tren non é unha almofada xeitosa / una almohada

agradable no es la vía de un tren        o frío non permite

acomodar as ideas sen perigo / peligro      durme e soña

dicía a mensaxe        o soño canto máis fondo máis lonxe

te leva / más lejos te transporta                extranxeiriña

(Tra(n)shumancias, 2015)

Luz de la Huerta.

 

preséntase a fighura dunha árbora rara cun nove

raíces ó aire sete fracuchchiñasñas    e dúas ghrosas       troncu

xighante       nin sete abrazus encadeadus darían

pra abrazalu #     as pólas eran  a) dúas nu mediu tiraaaaaaandu

cara a riba

e b) sete

vulteadiiiñas cara abaixo       cousa de indiciar  tristura

a folla aínda verde toooda pulu chan  estrada

alghu que parece un nenu sucísimo come

cireixas debaixu     unhas boas outras a medio

cumer dus paxxxarus      e nin era un nenu era

un home pequeniñu      nun sabía

recoñecel a cireixa podre

as dúas raíces máis cativas       semellan

engharameñadas unha noutra       a de máis á squerda remata en dous

gharabullus recubertus cun escarpíns de la e botas de cor vermella

sendu néghralas antepostas botas da raíz  cocupa a posición da dreita

o rapas vai en canelas

ponse a medral a árbora nese intre e espáaaaallase cuma

a  masa na artesa meeedra      e meeedra pros ladus e pro ceu ata

desaparcer detral as paisaxes e nun se ve máis ca esa rareza unírica

us us us      us za

us zapatiñus estrulladus pulu volume da masa

*****************************************************************************************

apaece la figura duna árbola rara con nueve

raíces al aire siete     escuchchchimizás y dos muy gordas            tronco

gigante       ni siete abrazos encadenaos darían

pa abrazarlo     las ramas eran a) dos en el medio tiraaaaando

parriba y b) siete

volteadiiiiitas pabajo       cosa de indiciar tristeza

la hoja toavía verde tooooda por el plano  esparcía

algo que paece un crío sucísimo come

cerezas debajo       unas buenas otras a medio comer

de los pájjjjaros y ni era un crío era

un hombre chiquito    no sabía

reconocer la cereza podría

las dos raíces más canijas     semejan

enredadas luna en la otra         la de más a la izquierda remata en dos palitroques

recubiertos con unos calcetines de lana y botas de color rojo siendo negras las antepuestas botas de la

raíz cocupa  la posición de la derecha

el crío va en pernetas

pónse a agrandar la árbola en ese instante y desparráaaamase como

la   masa en la artesa suuuube        y suuuube pa los laos y pal cielo hasta

saparecer atrás los paisajes y no se ve más que esa rareza

onírica lo lo lo los za

los zapatitos estrujados por el volumen de la masa

 

(CO CO CO U, 2018.  Con la versión al navero de Ángela Segovia.)

ÁNGELA SEGOVIA La profeta de lo que salta por los aires

Edición:
Maite Martí Vallejo
maite.mart.vall@gmail.com
Barcelona/Ávila/Madrid. 11/05/2019


Ángela y la dirección contraria.

 

Ángela Segovia (Ávila, 1987) es poeta. Ha publicado los libros ¿Te duele? (V Premio de Poesía Joven Félix Grande, 2009); de paso a la ya tan(ártese quien pueda ed., 2013); La curva se volvió barricada (La uña rota, 2016) que recibió el Premio Nacional de Literatura, modalidad Poesía Joven, en 2017; y Amor divino (La uña rota, 2018). Tradujo el libro CO CO CO U, de Luz Pichel (La uña rota, 2017).Desde septiembre de 2014 a septiembre de 2016 fue becaria de creación del Ayuntamiento de Madrid en la Residencia de Estudiantes.  Hizo las piezas: Ganas dan decirte muchas de (Teatro Juan de la Encina, Salamanca, 2015); Archiva vía metalada junto a Irene Galindo Quero (CA2M, Móstoles, 2015); Lo normal normal: un proyecto que encuentre el pensamiento en los desvíos del cuerpo que siente junto a Óscar Villegas y Luciana Pereyra (BNE, 2017). En 2019 obtuvo la beca de la Fundación Villalar con el proyecto Apariciones de una cabaña en el bosque. Forma parte del Seminario Euraca.

Ángela nos regala un poema nuevo y un mundo que se acaba.

 

FINE del mundo

El patio:

 

Dos niñas están sentadas
Una dice que el mundo se acaba
¿Por qué?, dice la otra
Mira, llueven águilas, dice la primera
Omg, dice la segunda
¿Cómo lo dice?
No sé, tal vez sólo lo piensa
Se tapa la cabeza mientras es verdad que caen águilas del cielo
No es que estén muertas, pero han caído todas a la vez, como cansadas
¿Cómo distinguen eso?
Están las águilas de pie medio tambaleándose con los picos abiertos

Les falta el aire
Ya no salen volando
Caminan entre los pájaros ellas
Las niñas
Son muy pequeñas
Miden lo que una mesilla de noche

Llega el profesor de filosofía, un escocés
Es gigante, Nial
Hace mucho que no me pasaba esto, dice
El cielo está naranja
Aunque no atardece, tampoco amanece
Es un problema con el trocanter, dice (va cojo)
¿Ves?, dice la primera niña
La otra gira la cabeza despacio
Y se desmaya
Shh
(¿Está jugando?)

*

Las habitaciones:

Llega el novio: ¿Te importa que me afeite?

No me gusta esta barba, parezco un idiota
La novia está sentada en la cama con un cigarrette
Llega el profesor de filosofía, un escocés
Es gigante
Dice: fuera pasa algo
Dice: he leído una carta en la que alguien se despedía
de un modo misterioso
Este es el final, está hecho para ti
A tu medida
Adiós
querido
La novia ha abierto la boca y se tambalea
Respira con dificultad
El novio sostiene en la mano la cuchilla
en la mano el espejo
da un color naranja
sobre su cuello
Suena la misma canción
que antes
Pero más lenta
Como si se muriera
¿Quién?
El mundo, dice la primera niña
El mundo el mundo
Su carita en la ventana
Asomada
Contra goterones
De barro
Y ya
está sola

Final:

 

Vas a volver a colapsar
Ha dicho la niña
A un águila
Y el pájaro
Se ha desmayado
Shh

Ángela bicéfala o las águilas hacen aguas.

 

MAURIZIO MEDO "Para dejar un rastro en las pampas" o al auxilio del lenguaje

Edición:
Maite Martí Vallejo
maite.mart.vall@gmail.com
Barcelona/Arequipa. 11/05/2019.


Maurizio Medo

Maurizio Medo (1965). Vive en Arequipa, Perú. Es autor, entre otros libros de poesía, de Manicomio, Dime novel, Cuando el destino dejó de ser víspera [Antología] e Y un tren apareció en la curva con varias ediciones en Hispanoamérica. Su obra poética ha sido traducida al inglés, francés, checo, croata, portugués e italiano. Obtuvo reconocimientos tales como el Premio Internacional de Poesía “José María Eguren, 2005″, organizado por el Instituto de Cultura Peruana y el Latin American Write Institute en la ciudad de New York. Dirigió durante 10 años el espacio de escritura Transtierros. Desde el año 2011 está al frente del proyecto País imaginario: escrituras y transtextos.

Maurizio comparte tres poemas de Las interferencias. Libro que celebramos mucho. Lo tenéis en Ay del seisnou de trinca, con epílogo iluminador de Berta García Faet y prólogo con no menos luz de Julio César Galán.

 

14.

                                                         A Rafael Espinosa

 

La radio cantó la balada de una mujer
(tres veces muerta) hasta que secó
como uno de esos almiares dejados
atrás en la carretera. Yo seguía en
el auto, resignado cuando de pronto
cruzó un gato. Era negro, ¿la cábula
pactada se cumple cuando no hay
movimiento y en los hospitales las
diferencias entre sábana y mortaja
redujeron por una huelga en la oficina
de Recursos y Mantenimiento?

El gato cruzó otra vez sobre
todas las otras cosas.

La suerte es así.

Nunca está en frente.

Entonces la realidad hizo chasquear su tálero
y como sólo puedo conocerla a través de mí
(por el retrovisor de algo tan condicional
como la vida) a medio camino
de ningún sitio. Me sentí un huésped.

Después de tanto pisar los pedales el auto
ya no responde. Se abandonó por entero
(como la vida) sin ninguna esperanza de auxilio
hasta oír algo que los árboles
no pudieron contarme:

el gato estaba sobre el parabrisas, listo
para atentar contra mis pensamientos.
Tanto que me atreví a vaticinar:

los árboles hoy no me contarán nada.

Les hace falta cierto nivel de oscuridad para
que su fotosíntesis incluya también
la producción de símbolos.

El gato es un signo.

No es como la araña, o la idea
de la araña que existe al desaparecer
de la tela.

—Es un signo—me dije, en medio de
la crisis de los signos. La soledad
ha sido ocupada por cierta manía
de la historia: perpetuarse
aun cuando nada acontezca.

Y como no es superficie… para dejar
un rastro debe cruzar las pampas
de ciertas frases hechas (y los ribazos
de esas mismas frases) sin palabras
definitivas, de un lugar a otro
hasta desaparecer (como la araña
en medio de la tela).

No consigo descifrar qué callaron
los árboles en esos rojos de hibisco.

Esto no hará aparecer al Servicio de Grúa.
Ni conseguirá que el Hombre Manco aprenda
a preguntar qué flor expresa la fatalidad de
los días. Y como nadie le responderá azucena.
El oficio de florista existe solo en una canción
de una forma tan emotiva que consigue
conmover hasta a los perros.

*

21.

EL AVIÓN PLATÓNICO no existe
José Miguel Ullán

Mis contemporáneos se preocupan por escribir bien
sus nombres en los troncos de una red de palmeras
antes de descifrar la ideología que produce el
boosterism de un sistema adjetival.

Hablan desde un lenguaje adonde la poesía ladra
buscando cerrar la elipsis en vez de morder.
O caso contrario interpretan la hermenéutica de
lo que pudo decirse antes de que el símbolo
se eleve por el aire como un globo inflado
con helio caliente vaciando el valor
de los contenidos que tuvo alguna vez.

Yo no creo en un arte del lenguaje reciclado
con el tono causal de cualquier conversación.
Tampoco en la doctrina que lo confisca dentro
del material que lo forja antes de encontrar
el canal con qué transmitir sus naturales
sentimientos de dudas. Y menos en un plan
que no incluya lo indecible a través
de la mediación del error. En la Biblia existen
sesenta y tres referencias al cielo.
Pero no mencionan nunca un color.
Yo no creo en el cielo.
Prefiero leer a Lao Tzu.

*

22.

Hasta los 30 hablé con mis contemporáneos.

Hoy con la historia.

Pero no me responde.

La vecina dijo:

tampoco perdona.

 

 

 

 

 

LAIA LÓPEZ MANRIQUE Había una mujer que repararaba el equilibrio de las palabras arcillosas

Edición:
Maite Martí Vallejo
maite.mart.vall@gmail.com
Barcelona/Barcelona. 19/12/2018


Laia López Manrique por Virginia Monteforte

LAIA LÓPEZ MANRIQUE (Barcelona, ​​1982) estudió Filosofía y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de Barcelona. Escribe poesía, prosa y artículos sobre temas literarios. Ha publicado los libros Transfusas (Ediciones del 4 de Agosto, 2018), Desbordamientos (Ediciones Tigres de Papel, 2015), La mujer cíclica (La Garúa, 2014) y Deriva (Prensas Universitarias de Zaragoza / La Gruta de las palabras, 2012) . Es coeditora de la revista digital Kokoro y de la colección de libros Kokoro Libros de Kriller71 Ediciones. Poemas suyos han sido traducidos al inglés, al francés, al italiano, al esloveno, al griego y al maltés.

 

Tres poemas de Transfusas:

 

PÓRTICO

 

“Flores para los muertos. Coronas. Flores.”

(TENNESSEE WILLIAMS, Un tranvía llamado deseo)

 

con los nudillos he cortado la úvula  la raíz de un diente solo y movedizo como los brazos de las algas

tras el pescante  caído en el reflejo  he extraído todos los residuos:
melaza
astillas
un pólipo seco
una flor maciza y turbia

entonces
ha brotado crudo
mal nacido                                                  AQUELLO:

lo que más se parecía al deseo

 

*****

 

DÍAS DE 2018

 

en vez de llamar con sigilo a sombras
                                                                                                                    (HILDA  DOOLITTLE)

 

dijeron: “amor” no fue, sí “mordedura”, sarta de piel olivácea que las manos fingieron acariciar con “deseo”  con “turbación” con “sorna”

ahora
voy a hacer lo único que sé hacer con las palabras: voy a pedirte que vengas y tú vas a acudir

va a sacudir
al cloqueo  hosquedad el goce de las papilas chasqueando contra el paladar viscoso
la herradura interior

el poema es saliva
el timbrar de la puerta
una babosa que fluye y se desliza aquí en la superficie del verso
y dentro

la
re
querida

 

*****

 

RETALES, HABLADURAS

 

-la micela atrapa lo sucio atrayéndolo hacia el centro

-he olvidado tantas veces a las vivas, las he enterrado en la imaginación como un sarcófago

-se llamaba como no querían que se llamase, posiblemente bailaba desnuda en las paredes apoyando la palma de las manos, dando vueltas y vueltas como una autómata

-mimosa   la flor neutra balbuciente    estigma empapado sépalo de axioma

-tengo en la piel del muslo un corte de ámbar   una secreción resbaladiza

-lo que en algún momento se pudo considerar una merma también puede interpretarse como una gran donación

-hacía calor junto a las cañas de bambú que cercaban la ventana para que las animantes no pudieran saltar al vacío

-el calor hizo que recordase una promesa en falta

-la noche es el día en cuclillas; el día, sin embargo, es la noche escrutadora

-los labios tocan la cuerda lasciva del tendedero como si volvieran a (…)

-embebida y centrífuga   el coro de una tragedia de Eurípides

-quién hablaba de aquel amor que quedó truncado de un tajo en la calavera

-con lo que emana del pliegue  con lo que emana de ese lugar envolvente y sudoroso

-prensando la palabra viva bajo el vientre

– hacia ti
embriaguez
si me buscas

 

 

 Del libro Transfusas (2010-2018)
(Ediciones del 4 de Agosto, 2018.)

JUAN DOMINGO AGUILAR Escribir en defensa propia

Edición:
Txetxu González
txevinuesa@gmail.com
Madrid/Jaén. 17/11/2018.


JUAN DOMINGO AGUILAR

Juan Domingo Aguilar (Jaén, 1993). Poeta, columnista y gestor cultural. Muy vinculado al mundo del teatro, ha sido director del grupo Viridiana Teatro, con el que consiguió el Premio a Mejor Obra en el Festival de Teatro Universitario de Granada, por la obra Un Dios Salvaje de Yasmina Reza, así como varias nominaciones en el Festival Nacional de Teatro Independiente de Barcelona, con una adaptación contemporánea que atendía a la diversidad de género, de la obra Tócala otra vez, Sam de Woody Allen. Colaborador habitual de Oculta Lit con artículos centrados en el papel de la mujer en la historia de la literatura y poesía joven contemporánea. Sus poemas han aparecido en revistas y programas como Tres en la carretera, Radio3.

Finalista de la V edición de Ucopoética, forma parte de la antología La Grieta, publicada por Bandaàparte Editores. Ha publicado La chica de amarillo (Esdrújula Ediciones) y Nosotros, tierra de nadie (XXXIII Premio de Poesía Villa de Peligros). Ha antologado, junto con Jorge Villalobos, Algo se ha movido, 25 jóvenes poetas andaluces un libro que late al mismo ritmo que los temas tratados por los autores de su generación.

Adicto al Prozac (o no), de tanto interpretar a Woody Allen, el personaje terminó comiéndose a la persona. Perdido en mitad de la carretera busca inspiración en cualquier motel al que hubiera ido Carver. Intenta recuperar la memoria en tierra de nadie.

 

MEMORIA HISTÓRICA

En Polonia se ha prohibido
hablar de los campos de concentración
de los polacos en los campos
de los polacos vigilando los campos
de los polacos las palizas
todos los días a españoles
marcados con un triángulo rojo
del mismo color que la sangre
por el suelo cada mañana

se ha prohibido hablar de los campos
como si nunca hubieran existido
como si Auschwitz y Mauthausen
fueran una invención

como si Europa nunca hubiera sido
toda entera un cementerio

 

De Nosotros, tierra de nadie (XXXIII Premio de Poesía Villa de Peligros, Diputación de
Granada)

 

 

 

LAS MADRES CANSADAS

 

Una patria Señor, una patria pequeña, como un patio o una grieta en un muro muy sólido.
Una patria para reemplazar a la que me arrancaron del alma de un sólo tirón.
MARÍA TERESA LEÓN

 

Quiero ser todas las madres
todas las mujeres que parieron
sobre este lugar a sus hijos
los que trabajaron el campo

quiero ser todas las madres
todas las mujeres que parieron a las trabajadoras
todas las mujeres que cantaron un himno
con la voz clara

ya no seremos pobres

quiero ser todas las madres
todas las mujeres que alumbraron soldados
que volvieron de la guerra que cantaron un himno
con la voz alta

no queremos más pistolas

quiero ser todas las madres
todas las mujeres que empuñaron un fusil
fotógrafas maestras reporteras
actrices músicas poetas

todas las madres
que ahora sirven de cultivo
para la tierra que sus hijos trabajan

quiero ser todas y cada una de las madres olvidadas
que yacen bajo las lápidas de este país

 

De Nosotros, tierra de nadie (XXXIII Premio de Poesía Villa de Peligros, Diputación de
Granada)

 

 

POÉTICA II

 

A Ramón Repiso

A pesar de sus ojos he salido a la calle,
a pesar de sus ojos me ha tocado vivir.
JAVIER EGEA

 

A pesar de tus ojos escribir
salir a la calle
decir algo que valga la pena

verte a lo lejos
sonriendo en un bar
escuchar tu voz
volver a casa sentarme
delante de un papel en blanco
escribir sentir el dolor
poco a poco las palabras
se colocan una detrás de otra
acaban pareciendo un poema
una herida abierta que sangra

esto debe ser la poesía me digo
esto es la poesía:

escribir en defensa propia

 

Escucha a continuación ‘POÉTICA II’ recitado por el propio JUAN DOMINGO AGUILAR.

 

De Nosotros, tierra de nadie (XXXIII Premio de Poesía Villa de Peligros, Diputación de
Granada)

 

 

LAS BIBLIOTECAS SON COMO LOS TANATORIOS

Las bibliotecas son como los tanatorios
te encuentras con viejos conocidos preguntas
lo justo para que parezca que la conversación
te importa y que todo va como siempre bien
las cosas siempre tienen que ir bien si dices
que las cosas no van bien la conversación
se puede alargar más de lo recomendable

las bibliotecas son como los tanatorios
acaban apareciendo todos los que una vez
formaron parte de tu vida para dar el pésame
las bibliotecas son como los tanatorios
todo el mundo mira al suelo sin saber qué decir
esperando que llegue otro que ocupe el sitio vacío a su lado
todos caminan hacia la salida y vuelven
como si fueran a marcharse pero no quisieran

las bibliotecas son como los tanatorios
todos fuman en la puerta todos esperan en silencio
todavía estoy terminando un cigarro
pensando en las últimas palabras que me dijiste
antes de pedir que te dejara en paz que me dejes
es lo único que ha quedado de meses enteros sin dormir,
días llenos de planes al principio luego por la noche dudas
las bibliotecas son como los tanatorios
siempre escucho tu voz por los pasillos
como si fuera la primera vez que nos encontramos
después alguien se acerca me pregunta por ti
las bibliotecas son como los tanatorios
nadie quiere ir pero siempre están llenos

 

De La chica de amarillo (Esdrújula, 2018)

 

FRANCISCO CHAMORRO En las grandes máquinas de nada, el de la sensibilitá

Edición:
Txetxu González
txevinuesa@gmail.com
Madrid/Badajoz. 08/11/2018.


FRANCISCO CHAMORRO por ROSA FERNÁNDEZ LEAL (www.rosafernandezleal.com)

Francisco José Chamorro Camisón (Fregenal de la Sierra, Badajoz, 1993). Desde 2014, mantiene el proyecto Gran Chamorro en Facebook. Ha estudiado Grado en Filosofía en la Universidad de Sevilla, con estancias también en la Universitat de València y la Faculdade de Letras da Universidade de Lisboa. En 2017, publicó Liberalismo político en Ediciones Hiperión (XX Premio Poesía Joven Antonio Carvajal).

 

2. Las cargas del juicio

En la medida en que apropiarse de las cosas
es el primer síntoma que provoca su pérdida
llegué a la conclusión de que soy un animal
de fábrica.

Número de taquilla: 88C.
Departamento: Exportación.
Clase social: ensayo en construcción.

Frente al deshuese ensayan la audición
cinco personas sin localizar el vientre.

Se escribe el poema en un parte de trabajo:

-POR LA TARDE: 1 PERSONA+FRAN CHAMORRO: VACIO DE EMBUTIDOS
-POR LA TARDE: 4 PERSONAS VACIO DE CARNE
-POR LA TARDE: 2 PERSONAS A GLP: VER CON ENCARGADO

Escribe alguien este poema.

Frente al deshuese ensayan la audición
cinco personas sin localizar la entraña.

No es por las horas extra,
ni por los años que pasan
tampoco por la temperatura
ni por las cajas de cartón.

Soy un animal de fábrica,
escribe alguien en este poema
sobre la factura de una paleta cocida.

Soy el precario, el necesitado, el de la sensibilidad
en las grandes máquinas de acero, el de la sensibilitá
en las grandes máquinas de nada.

Soy un animal de fábrica.

 

 

4. La condición del reconocimiento público: sus tres niveles

III

Por qué te sientes solo
si hay grandes aplicaciones para Android y Apple
donde puedes crear un perfil
para quedar con personas geniales,
espléndidas y de gran corazón.

Yo tengo un perfil en Tinder,
háztelo tú también y búscame,
cenaremos en algún restaurante del mundo y te contaré quién soy.
Te escucharé como te escucha el funcionario, el psicólogo,
el policía, el presidente del gobierno y su majestad majestuosa.

En las palabras descubrí lo inútil que resulta la estructura,
su intencionalidad, la escena que deja a la imagen sin luz.

En las palabras tracé con palabras mis aficiones,
antiguos trabajos, sitios habituales y sueños
para mostrar un perfil atractivo y con expectativas.

La soledad es el perfil donde todo se reconoce.

Escribí mensajes románticos, ya se sabe, ridículos,
quise recibir a todos con la habitación recogida y sin resaca,
pero en esos pisos que alquilábamos en el centro de la ciudad
con sus camas de noventa y sus sartenes en remojo
era imposible no reconocerse en el montón de la ropa sucia.

Los botellones que compré son un punto de encuentro,
Mercadona, Lidl, Día, Carrefour, tiendas pequeñas de ultramarinos,
supermercados 24 h y gasolineras, regresé a todos esos templos.

Los botellones que me bebí son ahora la única forma habitable:
quién sabe si fue Almirante con zumo de piña
quién sabe si fue Barceló con Coca-Cola Zero
quién sabe si fueron chupitos de Jägermeister
quién sabe si fueron gintonics sin limón ni tónica
quién sabe del porqué bebemos, así, con esa furia,
en masa, en bares, plazas, polígonos, habitaciones de hotel, salas de espera, pisos de
estudiantes, piscinas, polideportivos, desiertos, zonas de tránsito, barcos, aviones,
autobuses, gasolineras, estaciones de servicio, cuartos de baño, estudios de pintura, de
grabación, parques y playas.

Quién sabe del porqué estamos solos, abandonados,
si hay aplicaciones geniales, espléndidas y de gran alcance.

 

 

Sobre la temporalidad de un microondas

 

Su cuerpo desmembrado: maldita metralla.
Los periódicos: muertos de papel.
Lágrima de carbono: cielo azul.
Ciegos: los ojos del mundo.
Las paredes: obras de arte.
Un tupper: restos de una guerra.

IGNACIO MONTOTO, Espacios insostenibles/Mi memoria es un tobogán

 

04:15
04:14
04:13
04:12
04:11 digital no ya analógico
04:10
04:09
04:08 espacio sin nostalgia ni esperanza
04:07
04:06
04:05
04:04 espacio que moldea la temporalidad
04:03 para que así podamos seguir trabajando, amando,
04:02 más horas, más días, más tiempo
04:01
04:00 LA DESAPARICIÓN. Abro Instagram.
03:59 Caliento lentejas en el microondas durante cuatro minutos quince
03:58 segundos. Nadie habla de la dificultad que presenta calentar un tupper.
03:57 Esa pringue sobre el plástico sin intención de desaparecer.
03:56 Las paredes infinitas de plástico.
03:55 La escarcha del congelador.
03:54 Esa pringue sobre la carne sin intención de desaparecer.
03:53 Antes de comer me paso por la piscina. Me gusta
03:52 saludar a los nadadores que tienen más o menos
03:51 mi peso, los siento como iguales,
03:50 el peso es el dato que vertebra occidente.
03:49 Llega mi compañera de piso,
03:48 escucho sus problemas
03:47
03:46
03:45
03:44
03:43 Mi única intención es analizar los objetos, resaltar que jamás
03:42 se declararon neutrales, que son la cosificación del pasado.
03:41
03:39
03:38
03:37 Todo aquello que pretenda aspirar a la inmortalidad
03:36 carecerá de formato,
03:35 reducirá su presencia.
03:34 Un objeto sin características. Un mundo sin adjetivos.
03:33 .txt

Nota del editor: Los dos primeros poemas que se publican en esta selección pertenecen al libro ‘Liberalismo político’ (Hiperión, 2017). ‘Sobre la temporalidad de un microondas’ es un poema inédito.

 

JÈSSICA PUJOL La palabra dulce y descompuesta

Edición:
Txetxu González
txevinuesa@gmail.com
Madrid/Santiago de Chile. 07/12/2018.


JÈSSICA PUJOL.

Jèssica Pujol Duran (Barcelona, 1982). Escribe y traduce poesía en catalán, inglés y español y ha publicado varias colecciones: Now Worry (2012); Every Bit of Light (2012); El país pintat (2015); Entrar es tan difícil salir (2016), Mare (2018) y, próximamente, ninó, (2019). Su obra, como ella, existe en la intersección de varios idiomas y lenguajes. Actualmente vive en Santiago de Chile. En Inglaterra dirige la revista de poesía latinoamericana Alba Londres (www.albalondres.com). 

 

El campo envolvente

 

 

The poem is a hormone.

Lisa Robertson, “The Seam”

 

 

 

I

 

no fue la primera escena

con árboles ladrillos avenidas

sino la trama que acontecía

lo que propició

la falta del símbolo

para nombrar objetos

asimilar acciones

el continuo

 

estar en desacuerdo

con el presente era una parte

silenciada de otro personaje

en calles parques cines

cafeterías fiestas

¿y qué hacer con la impresión

de lo no nombrado?

–preguntaba Lucía

 

¡no hay problema!

¡el cuerpo se encarga!

normalmente de noche

cuando el almacén de ángulos muertos

te deja la ropa empapada

en un estado de hipnagogia

paralizante las hormonas

han elaborado una vez más

la Ficción

 

sin detectar los easter eggs

del inconsciente la escritura

una traducción cuasi honesta

caía en absorbentes pañuelos de cocina

que nada que ver

(mejor envolver galletas de chocolate

chip que un solo rayo derretía

hasta la palabra dulce y descompuesta)

 

¿y quién se traga eso?

 

de hecho, prohibieron

llevarse comida del local

fuera del local

aunque por dentro

las lenguas tensas

en el paladar

buscaran morderlo todo

 

no era seguir órdenes

ni mejorar el sistema

ni ser la primera

ni clic en todos los enlaces

era toda la energía

de un cuerpo

dirigida a encontrar

un rincón donde respirar

 

desde un peluche unicornio blanco

hasta una bufanda

del mismo color que la tuya

desde un cementerio encerrados

hasta un autobús de dos plantas

vacío que te llevaba a casa

las correspondencias

recuerdos de una antigua

–quizás inexistente–

conexión entre cuerpos

salvavidas reafirmantes

de la futilidad de un presente

sádico y nada saludable

para las venas de las piernas

y la mente y los sentidos

 

que intercambiaban

sensaciones nuevas por sellos

en cartas

que todavía llegaban

a los buzones

una pequeña señal

como hilos anudados

como cuerda imaginaria

 

que atraviesa la textura

del campo envolvente

y cómo la tensaban mis manos

desde la primera escena

por árboles ladrillos avenidas

y calles parques cines

cafeterías fiestas

 

 

 

 

II.

 

 

qué palabra había hecho mía

y dañaba y había que cambiar

y cuál no todavía, pero debía

y cuál había que decir

o ya había dicho sin saber

qué consecuencias tendría

y si eran malas cómo

temblaba imaginándome

 

la experiencia de cambiar

de idioma

la experiencia de excavar

en el lenguaje

la experiencia de reconocer

lo impostado

 

que aquello que había hecho

mío –como mi sueño,

porque salía del interior–

quizás era de otro u otra u otros u otras

 

y así todo:

qué plástico

de mis labios

viajaba por canales

invisibles hasta el mar

para amontonarse con otros

en el gran océano plástico

de mis labios

micropartículas de colores

fluían con la corriente

creando remolinos

donde se posan las gaviotas

 

reconocer

que me bañaba en el contraste

de deshechos

por la noche

en la playa de Mataró

¿y qué plástico volvía para acariciarme la pierna?

¿acaso podía ser el mismo que había besado?

 

la cuerda que tensaba

me lo traía de nuevo

las correspondencias mágicas

también operaban allí

descompuestas

residuales

ese campo negro aumentaba

envolvente como la impresión

que almacenaba en los ángulos muertos

y juega a otro tiempo del verbo

con los recuerdos

que reviven para no verlo

 

como el pasto verde de Caldes

el agua de sus fuentes

cuando andaba más cerca

de los insectos

el diminutivo del cariño

estaba muy aquí

en este abrazo

 

rompimos algunas cadenas químicas

las hormonas se alzaron

contra el orden de producción

el amor la libertad

agarradas de la mano en la plaza

las sardanas

y desde ese otro lado

latíamos

frente a lo inesperado

Y ¡gracias a la vida!

 

cómo trotábamos

por el campo montados

en el caballo del óleo del comedor

que me ha dado tanto

la orquídea salvaje

los caracoles hirviendo

los zapateros y las ranas en el estanque

patinando por la belleza

en que confiábamos

demasiado

poco tiempo

 

porque caímos en la maleza

que señalaba la broma

más bien pesada

aunque más bien liviana

la carcajada

de que yo ya no estaba

en mi sujeto

ni en ningún idioma

temblaba imaginándome

cerca de los insectos

y ¿quién eras tú?

 

 

 

 

III.

 

 

cuando llamaste

estaba en blanco en el banco

calculando las fechas para viajar

otra vez, sí

con todas las criaturas del Hades

a otro país, sí

en otra lengua

y así acelerar, sí

la rotación de la tierra

la emisión de gases

y el tánatos

 

sin desesperación

la indignación diaria

propiciada por el diario

la renovación

de la suscripción

al pasado

 

vamos camaradas

a pintar de negro

las lágrimas de los ángeles

de la Inmaculada Concepción

lloro de solo imaginarlo

 

vamos a intoxicarnos

con el alquitrán como las aves marinas

en las playas de Galicia

y luego nos pegamos plumas rojas

para luchar contra el gallo negro traicionero

 

entre el cacareo del congreso

las personas tratan de resolver sus papeles

 

cuando llamaste

no distinguí tu voz

ni en qué idioma

debía responder

no nos conocemos

­–pensé–

los límites

aunque tanto

los hayamos cruzado

 

en el ring sagrado

esperé mi turno en fila

mientras el precio del oro subía

subían las participaciones

y las apuestas

y las opiniones en Twitter

el importe de mi visado

 

y tu voz

reinventada

no la entiende nadie

en el campo envolvente

las pantallas solo negocian

cómo expandir sus hipervínculos

unificando los idiomas

de la torre babélica

 

justo cuando reconocías

esa riqueza

de lenguas tensas

e ibas a morderlo todo

te sugieren no llevarte

fuera del local

envueltos en pañuelos de cocina

los caramelos del banco

 

justo cuando ibas a repetir

tu ritual dulce y descompuesto

las correspondencias

sus caminos enrevesados

su existencia paranoide

la mínima conexión

con los de casa

mi afecto en un pozo

 

o en alguna serie de policías

Collateral, Marcella, The Fall

You name it!

Allí, sí

o en cortos de gatos y perros

lamiéndose los hocicos, los bigotes

las patas entornadas soñando

sin parálisis corriendo

por el cielo, sí

 

o en otras gracias del presente

secuenciadas

para recuperarte

de la tragedia en gran formato

gigantografías del interior

que empapan

y así todo. ¡El cuerpo se encarga!

 

 

 

Ir a ... Top