REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

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POESÍA

LEONOR OLMOS La lengua salvaje de un software imperativo

Leonor Olmos (Chile, 1988). Sus textos han sido publicados en diversas páginas de poesía online como Transtierros, Jámpster, Digo Palabra TXT, La Zine, entre otras. Su primer libro llamado “;p0ema” ha sido publicado por Kokoro Libros. Tiene un blog cuya dirección es http://loscuadernosblancos.blogspot.cl

 

LEONOR OLMOS.

Hay lenguajes que necesitan más comillas que otros. Desde el poema se ejerce un control físico sobre los significados. Leonor Olmos lo cose sobre su cuerpo.

Para muestra, dos botones inéditos de esa costura:

MAITE MARTÍ VALLEJO La sacudida suave que usamos para despertar a alguien

Maite Martí Vallejo nació en Barcelona en 1979. Estuvo un mes llorando sin parar y tardó muchísimo en ponerse de pie. De niña no escribía poemas. Escribía los nombres de las cosas que le daban, en su mayoría nombres comunes. Su caligrafía era grande y respetaba poco las zonas.

Todos vienen al funeral de Rick es su primer libro.

 

Maite Martí Vallejo por Amós Söze

 

 

PELÍCULA EN LA CUAL UNA MADRE ABNEGADA ES LA HEROÍNA

 

No hay excusa para azotar bebés.

Nacemos en el centro de la noche

y en el centro de la noche morimos.

Oso de cara corta

que me enseña el cañón

y un poco el haz.

Se cierra la carne sobre sí misma.

El hombre who eats wood and raw fish.

El hombre with horns and legs whose breath kills

and is associated with jealous wives.

Maldito seas que pusiste fin a mi jornada

y multiplicaste en mí los hijos

y me llenaste de miel los cántaros.

 

 

LA SACUDIDA SUAVE QUE USAMOS PARA DESPERTAR A ALGUIEN

 

Empiezo a entender algo:

la madre y la niña en el árbol,

la madre se queda dormida.

La niña tiene hambre y trepa sola

hasta alcanzar las ramas más altas.

Cualquier persona con un mínimo de sensibilidad percibiría

que los ángeles no disponen de pies.

Con voz de trueno me dice:

¿cuándo vas a dejar de fumar?

Alimento a mi cría con sangre del corazón.

Puede que ella ni sepa que existo.

No me importa.

De hecho, me siento aliviada.

Necesito una palabra para esto:

el paso de la pared a la arista.

 

 

ES  ARTIFICIAL ACUDIR A LA NOCHE DE AYER.

TRADÚZCASE O BÓRRESE.

 

¿Ha ido alguien corriente arriba a ver qué ocurre?

Las personas sin X son implacables entre ellas.

Un margen interior que se parece a un doble.

En el cine, el doble asume los riesgos.

Cuando hace frío, el gallo se sube a las ramas de un árbol y se queda inmóvil.

El loco me busca, en su demencia, se ha olvidado de que ya cabalga sobre mi lomo.

El agua embravecida no arrastra un mundo si está en llamas.

La rueda persigue a la pezuña. Ese hombre me persigue a mí.

Aunque la escritura sea recitada, comprendo que su cuerpo es frágil.

Estoy en los límites de las hojas naranjas, escondida en un jarrón ahora

que he empezado a espigar.

Y me contó

que se había educado en una familia en la que se prohibía a los niños encogerse de hombros.

-¿No irás a decirme que estás tenso?

Defenderse no es exactamente lo contrario de abandonarse.

Con la posición de la lombriz de tierra,

con la boca acercándose al ano

Rick se quejaba de impotencia.

-¿Y qué son todas esas mujeres rígidas?

No carezco de compasión. Me gusta que venga y me gusta irme

se sobreentiende que hasta el amanecer.

Escondida en un jarrón ahora que he empezado a espigar

no ven lo difícil que resulta saber

que solo me buscaba porque tenía hambre.

 

BEN CLARK Poeta de las galaxias

Ben Clark (Ibiza, 1984) ha publicado, entre otros, los poemarios Los hijos de los hijos de la ira (XXI Premio de Poesía Hiperión. 2006; Editorial Delirio, 2017), Cabotaje (Delirio, 2008), Basura (Delirio, 2011), La Fiera (Sloper, 2014), por el que obtuvo el Premio Ciutat de Palma Joan Alcover y el Premio El Ojo Crítico de RNE de Poesía 2014 y Los últimos perros de Shackleton (Sloper, 2016). En 2017 obtuvo el XXX Premio Loewe de poesía por su libro La policía celeste (Visor, 2018).

 

Ben Clark por Fabio de la Flor

Ben es cercano. Las zonas centrales de su galaxia se aprecian a simple vista; pero no se engañen, se encuentra lejos, en la Cabellera de Berenice, a 300 millones de años-luz. A la poesía le da a veces por dividir el cielo. El poeta debe ser generoso. El que escribe los siguientes versos, lo es.

 

El verso perfecto

No sueñes con el verso perfecto del pájaro.
Ese verso existía anoche, sí,
pero ya se ha perdido con el nuevo
día y todas las cosas que ese día
traerá. Son las cosas que no esperas.
Las cosas que vendrán
y que se llevan,
a cambio, sólo un verso perfecto sobre un pájaro
del que ya no te acuerdas,
pero que fue y podría ser de nuevo
si sólo te aplicaras, si durmieras
el mismo sueño, si pudieras ser
el mismo hombre de anoche;
extraño, joven
expectante por todo lo que el día
nuevo depara. El día que ya extiende
sus largas alas negras hacia el alba
y que en cualquier momento
puede echar a volar.

2018

 

 

Lorca imprime su tarjeta de embarque

Todavía eres joven
porque no es necesario que hagas scroll
al elegir el año en que naciste
al facturar en Ryanair. (El año
que viene es otro tema.) Pero mira,
gira la rueda y baja hasta el final
(Giraba, / giraba la rueda).
Verás el año mil
ochocientos noventa y ocho; el año
en que nació García Lorca alguien,
alguien en Ryanair con mucha fe
(alguien a quien yo amo desde ahora)
ha imaginado un Lorca
con ciento veinte años y ninguna
bala en el pecho frente a la pantalla,
introduciendo el código
de la reserva, el mail (¡el mail de Lorca!)
y eligiendo el asiento (ventanilla)
y dándole a imprimir (la vieja escuela)
y pensando en el viaje
y en la vida con ciento veinte años
y ni una sola bala.

2018

 

 

Roma

Al final se ha quedado buena tarde.
Hemos comido helado
y hablando del futuro
nos hemos deslizado unos cumplidos
sinceros. No se puede pedir más.
Dos cuerpos que se tienen y se hacen compañía,
el resumen de todo lo que nos hace humanos
y la suma de lo que nos importa.
Pero en esta habitación murió John Keats,
y hemos venido a Roma por los muertos.
Reclamo tu atención entre las lápidas
y tú contemplas triste la pirámide.
Debería decirte de una vez
que siempre quise estar aquí con alguien
que aguantara mis frases ensayadas.
Si, además, comentara, distraído,
que ese alguien ya no es alguien sino tú
(una nostalgia, ya, de ti, si pienso
en regresar a Roma de otro modo),
serían las palabras más hermosas
que ha dicho aquí un mortal en treinta siglos.

2017

                                                                                                               

MARTÍN LÓPEZ-VEGA El idioma cigarrés

Martín López-Vega (Poo de Llanes, Asturias, 1975) es autor de varios libros de poemas, el último de ellos Gótico cantábrico (La Bella Varsovia), así como del ensayo Obreros de la luz. Los poetas de la duración y la elegía posmoderna (Saltadera).

Martín López-Vega por Espina

 

RECITAL EN EL MANICOMIO

Uno de los internos del psiquiátrico
está escribiendo la Divina Comedia:
por la mañana lee unos versos
que rumia durante todo el día
hasta que por la noche
escribe su propia versión.
Los poemas de Luigina Palumbo
dicen que sólo sonríe si lo hace Renata
y se alegra cuando llega
el tiempo del Panetone.
Mientras leemos
otro interno toca una trompeta de juguete.
Sus poemas hablan
de Turquía y el telediario.
Y los míos
—yo soy el más loco de todos—
de encontrar la felicidad
y perderla.

 

DEMASIADA MEMORIA

Agendas viejas. Bosques en mayo. Camisas
compradas cerca de la playa. Cicatrices, una.
Tengo demasiada memoria. El ovillo de hilo
rueda y yo le sigo, de eso se trata, nadie
querría ser el que recoge hilo sucio. También escuché
a Mozart en Nueva York, pero cuando suenan
esas notas a donde vuelvo es a aquella iglesia
de la Via del Corso. Demasiada memoria.
Tenías el colchón en el suelo. Eso lo recuerdo.
Y también la cuesta que llevaba a tu casa en aquella
calle oscura, detrás de la estación. Me grababas
en una casete tus canciones favoritas y luego
traducíamos las letras. Recuerdo más cosas,
desde luego, pero esto es lo que llega ahora,
como el olor que nos sorprende en la calle
y nos devuelve un rostro, otro paisaje, más vida.
No quiero escarbar más, recuerdo demasiadas
cosas. Se me ha ocurrido decirte: recordarás tal vez
el día que nos despedimos, las frases vagas
que se dicen en esos casos y que no evitamos,
cada uno tenemos nuestro camino, seguir buscando
es lo que toca, es lo mejor, nos quedamos con lo bueno.

Arcos románicos. Semáforos en rojo bajo la lluvia.
Una mesa puesta frente al mar. El amor sin prisa.
¿Quizás tú encontraste lo que esperabas?

 

INFORME SOBRE LAS CIGARRAS

Las cigarras pasan diecisiete años
enterradas bajo tierra
recopilando información
que luego envían
durante un verano entero
a su planeta Chicharra
He dedicado dos semestres
a estudiar el idioma cigarrés
y ahora estoy al tanto de cuanto ya saben
La que vivía de la savia del árbol de mi jardín
se ha pasado el verano retransmitiendo a Montaigne
y la de enfrente
un poco más vulgar
—hay de todo entre las cigarras
no adelanta ser extraterreste—
el reglamento del campeonato de béisbol
Junto al río descubrí a una
que recitaba fábulas con humanos y perros
y en el vertedero municipal
una asamblea de ellas discutía
cómo explicar a sus congéneres
los conceptos de patria raza y capuccino
Ahora tal vez os preguntéis para qué acumulan
toda esa información
Nada que haya que temer
Miraos a vosotros
como ellas nos han mirado

 

RODRIGO GARCÍA MARINA Tras creer en el amor de los amores

Rodrigo García Marina (1996, Madrid). Estudió viola en el Conservatorio Profesional de Música de Las Palmas de Gran Canaria. Actualmente cursa el Grado en Medicina en la ULPGC y el Grado en Filosofía en la UNED. Ha publicado La caricia de las amapolas, Premio Saulo Torón 2015 y Aureus (Bandaàparte Editores), Premio Irrenconciliables 2017.

 

Rodrigo García Marina

 

Rodrigo es el primer autor irreconciliable y le sienta genial el premio. Nos habíamos acostumbrado a algunas palabras (véase tradición o pincho moruno) y él nos ha irreconciliado con ellas.  El poeta se crece en su herencia y dice muy libre y dice diferente desde un piso compartido, desde una inteligencia a veces translúcida, a veces trigueña, como los polvos de Maderas de Oriente que usaban mis madres.

A continuación, el Ylang-Ylang y el Óxido de Titanio, de las suyas:

 

Provengo de una tradición de madres
donde existe un rito culinario con el que espantar la tristeza
mondamos judías verdes
sobre nuestras frentes pende un hilo,
la temperatura herida
bajo el silencio de las hebras
las palabras no necesitan ser nominadas
los fantasmas de otras vidas posibles
se muestran impávidos, casi sujetos a su ficción

 

 

para nosotras la tortilla de patatas es el mito
como las alianzas, se hereda, mano a mano
mi bisabuela enseñó a mi abuela que enseñó a mi madre
todo en ella es ceremonioso
si las categorías pueden ser cuestionadas
soy yo la mujer que hereda
el conocimiento más preciado de toda Castilla
soy la hija
de la madre
de la abuela de un cúmulo
casi diminuto
de insignificancia

no hay ninguna clase de amnistía en esto.

 

 

la patata no se fríe, se debe pochar
es el instante clave
los movimientos más precisos presiden
el inicio de todas las cosas
fue el huevo
fue la gallina
o fuiste tú el eje de toda insatisfacción
debo cocinar judías verdes con más frecuencia
cuidar del gato que llora todas las noches
simbolizar la fuerza que me falta
llamar a esta herida de siglos por su nombre
cómo algo tan bonito puede romperse
¿quizá sea eso?

 

 

rompería la cara de todas mis ancestras
con el fin de recuperar tu cuerpo
darle cobijo entre mis manos, sentir que es posible
ser fruto del deseo que te profiere la pata de una silla
el acezo de un ventilador, una canica o una radio.
No mondaría nada
hablaría más bajo casi al punto de desaparecido
podrían darme por ahogado
el universo se expandiría sobre sus posibilidades
sin pedir perdón
he comprado vino
he cambiado las sábanas
el pollo en salsa de verduras está casi en su punto
por qué ya no vienes…
si rompes una promesa cae sobre ti lo creado

 

 

pero ellas no extrañan la nostalgia
ellas me enseñan la vuelta al mundo
¡han amenazado a hombres!
siembran una hueste de sordas atávicas
nunca mudas ante tan poca elección
si rompiera la cara de mis ancestras
pondrían el pecho, arañarían el erial
regarían las petunias hasta ocho veces
no olvidarían en ninguna parte el cuidado ni la discreción
por eso romperte
todo ya hecho para nadie
sin tortilla de patatas no hay catábasis
se disuelve cualquier tipo de vuelta
prefiero la furia a esta desasistida indiferencia
y ellas, que no aman la tierra que amasan
enseñando a espantar la tristeza
cantando malamente cualquier cosa
¡si les rompiera la cara! si naciera muda
si no encendiera el mito con estos nudillos de herencia
si mil orugas procesionarias no fueran suficiente veneno
quién escribiría
para quién

 

 

MIRIAM REYES La imagen maestra

Reyes nació en Ourense, a finales de 1974; Miriam nació en Caracas, a mediados de 1983. Estudió Letras en la Universidad Central de Venezuela y Filología Hispánica en la Universitat de Barcelona. Ha publicado los libros de poesía: Espejo ne­gro (DVD, 2001), Bella durmiente (Hiperión, 2004), Desalojos (Hiperión, 2008), Yo, interior, cuerpo (Antología poética) (Argentina, 2013), Haz lo que te digo (Bartleby, 2015) y Prensado en frío (Malasangre, 2016). Ha editado y traducido la antología de poesía gallega Punto de ebullición (FCE, 2015), así como a poetas gallegos, catalanes y portugueses contemporáneos. Desde el año 2001 experimenta con la escritura audiovisual y el recital multimedia. Mantiene la página de escritura colectiva www.prensandonosenfrio.com

www.miriamreyes.com

 

Fotograma del vídeo: Cuerpo presintiendo el punto que atravesaría el anzuelo.

A nosotras nos encantan Miriam y Reyes.

Espejo negro fue, sin duda, un descubrimiento. El primer libro de una poeta que escribía desde el margen, violenta, cruel y grave. Repito de memoria:  Me he escondido debajo de las piedras / junto a los escorpiones / para que no me encuentres o encuentres la muerte. Resuena su voz más necesaria que nunca: desde el vientre, genital, que aborta.

Una teoría del deseo, o mejor, del deseo oscuro, que se afianza en Bella durmiente, finalista del XIX Premio de Poesía Hiperión y uno de nuestros favoritos.

Rescatamos aquí algunos de sus poemas:

 

Para algunas cosas fui una niña precoz.
Apretada contra las paredes del portal de los abuelos
pasaba las tardes.
El sabor a cal se me metía en las encías. El sabor a cal
de los buenos y los malos.
Una pared no necesita manos:
lo tiene todo
y puede ser lo que quieras.
Yo misma, a menudo, soy una pared.

-Nunca he tenido ideas, sólo imaginaciones.-

Dentro de casa
me escondía con Boby
bajo la oscuridad roja de la mesa camilla
para besuquear la goma de sus labios y apretar
su cuerpo mullido de muñeco.
Tenía una anilla colgando de la espalda
cuando halaba de ella, se retorcía.
Boby el rubio todavía tibio en mi cabeza
frente a los cuerpos borrosos
de los hombres que vinieron después
sin anillas
los hombres de carne contra la pared.

Ya me lo decía mamá:
– Así como eres no va a haber quien te lleve.
No hizo falta que nadie me llevase para irme
pero tenía razón:
soy imposible.

 

– Antes de que te lo enseñen por ahí
te lo voy a explicar yo
-me dijo-
mientras abría mi cama.
Ya no recuerdo cuantos años tenía entonces,
si era joven o vieja.
Sólo recuerdo el asco
arrastrándose dedo tras dedo
por las manos de todos los hombres
-por mis propias manos-
Por favor, pasen sin tocar, pasen pasen.

Hasta que un día encerré el dolor en un frasco
le puse al asco tu cara
y cerré la tapa.
Cuando abrí los ojos habías desaparecido
y por fin pude besar
los ansiolíticos dedos de mi amante.

 

Mi vientre es mi mundo interior:
el espacio vacío
de todo lo que fui dejando por el camino.

El mejor lugar donde buscarme.

 

Hay una distancia que me separa de todo.
El momento presente es algo
que no logro aprehender hasta que caduca.

Más que a mi cuerpo
un sexo excita mi memoria.
Empiezo a olvidar dónde y con quién he vivido cada recuerdo.

Desde lejos observo mis manos hacer
como quien observa las manos de un actor.
Y dentro de mí
nada que permanezca.

 

Nos apegamos demasiado a los hombres
esas criaturas bidimensionales e inocentes
a su piel
adherente como una tela de araña

Me quedaría allí hasta que no dejase nada de mí
Nada.

hasta que empezamos a pesarles
como si de pronto engordásemos.
Entonces nos preguntamos
qué pasó y
cuándo.
Inevitablemente nos ponemos
éticas patéticas pelenpenpéticas
pesadas peludas pelenpenpudas
nos salen canas arrugas
caries estrías verrugas
la sangre no circula.
Nos explotan por dentro.
Se llevan nuestra piel pegada a tiras
y en sus manos algún órgano fácil de vender.

En realidad no saben lo que hacen
sólo quieren liberarse de la carga.

 

Los reflectores encienden las caras de los muertos flotando por
el río.
Estrellas flotando en la noche.
Las excavadoras los recogen con sus brazos acunados
y los mecen hasta el asfalto abierto
de esta ciudad que los quiere a todos para ella
como una madre egoísta.

Debajo del asfalto hay charcos de sangre
percolación profunda de sangre
penetrando la tierra.

Sleepy Beauty no sueña
escapa.
Se le volvió abandono la fuga.
Sobre puentes de hilillos de sangre cruza el Atlántico.
Adiós, lo dejo todo
no me llevo nada.
Ceniza en las maletas
gravilla y arena
junto al cemento húmedo corazón.

 

En macizas sillas de madera de roble
se sientan los piadosos hombres
que quieren despertarme.
Sus abultadas pelucas blancas
de jueces ingleses
tapan la línea del horizonte.

Un viejo escritor gordo de unmetrochenta
quiere despertarme
para que le apriete el dedo corazón
mientras mueve su lengua.

Un viejo padre de una vieja amiga quiere
despertarme
para abalanzarse sobre mí
en un aula vacía.

Un viejo y afamado catedrático quiere despertarme
para que pruebe mis méritos
sobre su mesa.

Yo no le pedí nunca nada a ninguno

Pero todos tienden sus manos
para ensuciar la blancura que les deslumbra.

 

Si me lo pide me pongo en cuatro patas
en dos, en una
meneo la cola
doy vueltas
me hago la muerta
salto por una galleta
le lamo los pies.
Y es que me muero de gusto cuando me rasca panza arriba.
Soy la perra más perra
que jamás nadie haya abandonado.

Para ver, oír y callar:

-Poemas de Bella durmiente (Hiperión, 2004)

Hay una distancia que me separa de todohttps://vimeo.com/61304928

Antes de que te lo enseñen por ahí: https://vimeo.com/61304929

-Poemas de Haz lo que te digo (Bartleby, 2015)

Donde yo tengo el control:https://vimeo.com/211142309

Impenetrables:https://vimeo.com/265242839

ROSETTA KEDZIERSKI La espía que me amó

Rosetta Kedzierski (Gdansk, 1979). A los tres años de edad su familia emigró a una conocida barriada del centro del imperio que nos provoca, aprieta y ahoga. Su padre, un fanático puritano, trató de educar a su hija en la fe. Pero el destino tenía otros planes reservados para ella. En 1997, deseando profundizar en algunos aspectos del movimiento, inicia estudios de kinesoterapia y ortopedia en París. Pocos años después escapa a Helsinki, desde donde inicia un periplo misterioso e imparable que le lleva a vivir y sobreponerse en San Petersburgo, Viena, Trieste, Fuerteventura, Barbados y Turín. En la actualidad, vive en algún lugar de Extremadura, en una aislada casa de campo, con sus tres gatas y una podenca a la que salvó —ab ovo— de la horca.

Este es el primer poema que comparte con las multitudes. Esperamos que no sea el último. No saben lo que nos costó convencerla.

 

Rosetta Kedzierski por Vicente Madness

 

 

 

IXXDVIIC

 

Uno.
Con hilo de plata.
Lo obtuve de la venta del reloj de bolsillo de la abuela Czeslawa.
Uno pues las palabras.
Hemos llegado hasta aquí y, ¿ahora qué?
¿Dónde está la gracia?
Una se pasa la vida encerrada en casa.
Obstinada, creciendo hacia dentro, como si lo que apremia alrededor solo fuera una burda
excusa para seguir viva.
LANGUIDECER es un verbo demasiado largo, imperfecto para describir los días que sajan
las vueltas de tuerca:/klak-klak-klak-klak-klak-klak/y pasa una nube y pasan dos/y así
hasta nombrar lo sucesivo/hasta penetrar el tejido adherido al alumbre.
¿Quién necesita a los demás?
¿Por qué he de hacer caso a mi perra?
Apaga ya la luz.
Búscate nuevas amantes.
¿Has leído ya a Jean?
Intenta hacerlo vibrar.
En el pasado las cosas no fueron demasiado distintas.
El padre de mi perra mordía a otras perras cuando se acercaban a olisquear su comida.
Mi propio padre hacía más o menos lo mismo con mi madre.
Odiaba que se enceraran los suelos cuando él estaba en casa.
Creo que porque resbalar boicoteaba su pose infalible de guardián y le hacía parecer torpe.
Os preguntaréis quién demonios encera hoy el piso, ahora que la fiebre de la tarima
flotante se ha convertido en epidemia.
Aquí una servidora.
Me ha traído muchos problemas con casi todos los amantes que he tenido.
Sobre todo con los más perros, claro.
El género de mis acompañantes es una excusa para duplicar el hastío que siento por la
especie que nos solicita.
Ellas también resbalan, no crean, sobre todo las que entre los muslos tienden,
inequívocamente, a tomar el control.
No me gustan las mujeres que en la cama, en la playa, en el supermercado o en la iglesia
actúan como esa subespecie del lobo.
Los machos son impulsivos.
Los machos son previsibles.
Los machos evitan regresar al principio.
Los machos pueden ser arañas.
Los machos traccionan.
Los machos son figuras oblicuas.
Los machos son hormigón.
Los machos que no son hormigón siguen siendo machos.
Ya saben a lo que me refiero.
No saben a lo que me refiero.
En el caso de mi madre, yo pensé que cuando él ya no estuviera, ese asunto de encerar el
suelo —y tantos otros— se desvanecerían.
Confieso que me duele, ocasión tras ocasión, comprobar que no ha sido así.
Ella continúa encerando el suelo y yo me he unido a la causa.
Con mayor fervor en los días en que se ha olvidado comprar vino.
No se lo digan a nadie, pero a veces también deseo que ella resbale.
No pretendo su torpeza, pretende mi rabia condecorar así el castigo que jamás perpetré.
Sus ataques de amnesia me dan ganas de abofetear a alguien y a menudo suelo acabar
desbarrando.
Lo mejor que puede pasar entonces es que decida no recoger las bragas sudadas del suelo
del comedor.
A mis acompañantes les gusta ese lugar.
¿Qué puedo decir?
En casa siempre se castigó la falta de pudor.
Me sabe tan raro como el tracto de las lombrices.
No lo supe hasta el día en que, por omisión de mis obligaciones como hija, mis labios
acabaron probando la tierra del bancal más pequeño.
Hace unos días, tomando zumo de chirimoya con una amiga, me confundí de palabra y dije
la bancal más cerda y extraña que puedas imaginar.
Le contaba la pesadilla más recurrente del siglo anterior.
El vino se ha convertido en el principio de un pequeño problema.
Es probable que eso sea lo único que compartimos Bukowski y yo.
Creo que a la gente le gusta porque es primitivo y obsceno.
A la gente le gusta que otra gente diga lo que cree que la mayoría piensa, sin tapujos.
Es un hecho que la existencia de las mayorías evoca la concentración del (des)poder.
Yo misma, cuando me dejo crecer las uñas, siento que he de actúar como si jamás hubiera
conocido la muerte.
Habrán comprendido que las multitudes que engendro ejercen la más abyecta de las
tiranías.
El problema se asemeja más a la mucosa infectada de una manada de rinocerontes.
Mis amantes han descuidado el misterio.
Mis amantes me han acabado tratando como a un problema de humedades en un baño
compartido.
Ninguno ha tenido, ni en este siglo ni en el anterior, la más remota idea de lo que es el
amor.

 

 

 

DAFNE BENJUMEA Hermana de guerra

Dafne Benjumea (Sevilla, 1993) es graduada en Filología Hispánica y trabaja como editora en la revista literaria Oculta Lit junto a unos curiosos selváticos. Ha colaborado con poemas y reseñas en las revistas Anonimato (2013), Telegráfica (2014-2017.), Heterónima (2017), Digo.Palabra.Txt (2017), Clarín (2017), Anáfora (2017), Kokoro (2018), entre otras, y en la antología de poesía joven sevillana La generación de la sangre (Editorial Ultramarina Cartonera y Digital, 2014). Actualmente escribe su primer poemario. Su página web es dafnebenjumea.com

Dafne Benjumea por Manuel Heredia

El fuego modifica las formas y se alimenta con azufre. La voz de Dafne conserva la información transportada por el fuego, que calienta y hace posible la vida pero puede resultar impredecible y difícil de dominar.  En el mapa del cuerpo, el fuego se sitúa debajo del esternón y por encima del ombligo, donde están situados los órganos más responsables de la transmutación. La poesía del hígado y del diafragma.  No olviden respirar antes de leer, sin aire es imposible arder.

CRÁTERAS ROTAS, BRAMIDO FUERTE

 

 

¿Dónde está la guerra?

¿Dónde está la paz que me la como?

¿Dónde están los hombres?

MALA RODRÍGUEZ

Una carcasa con más de cien golpes en los costados,

una nube que suena a City Boom on the Mirror,

una habitación abierta en mitad de nuestro pecho,

timbales que taladran el futuro invierno en un fraternal abrazo,

un arrebato de selva ​​ 

que frena de golpe en una contemplación,

el estallido enorme de un nido de pájaros grises en la cara sucia de una medalla,

el bosque perfecto —que ya no sirve—,

la reverberación sublime de una pagoda abatida,

un zafiro renacer entre remojos,

una estimulación sin nombre,

cinco buitres de una pata suman cinco,

los pedazos de deseo lanzados a los buitres suman mil,

un largo otoño sin frente —tatuaje de una gacela muerta—,

mi corazón impreso en 3D,

 el tuyo,

  el nuestro,

la depresión que se extiende al final de la escalera donde nace un olivo,

un olivo negro, podrido, seco,

 un olivo asqueroso;

los amantes que no consiguieron cambiar nuestros nombres,

 los hijos que no tengo,

los centenares de embarazos internos que perecieron en mitad del camino,

abortos de constelaciones ya perdidas,

complementos directos que nunca llegan;

las plantas que quieren crecer en el pérfido suelo del metro y siegan los guardas,

el vigilante que exprime el faro que no vemos,

la estrella que vomita en mitad de una autovía

 y frena coches,

la ciudad que escapa de rodillas hacia el monte y se vuelve en la primera señal que reflecta

 —y la roca ríe—,

la puerta que no abre al quejido humano,

y siempre el Sol

caerán,

 caerán sobre vosotros,

junto a la rama seca que toca el río donde el ciervo no bebe,

río del metro que hace algún tiempo

nosotras abandonamos.

 

Si supieran que gritar, nos quema,

si supieran que hablar, revienta ventrículos,

si supieran que la calle, escuece,

arquearían las cejas del revés hacia la noche y

recuperarían de lleno la costumbre de lo humano

por el cielo dos veces sonreído.

Y por los que no tienen voces,

las hermanas despiertan la ciudad a golpes de bailes,

 de martillos,

  canciones,

arrancan colonias baratas a las tullidas creencias

y se llenan la cama de valientes.

Mis hermanas son música libre,

música libre en un asfalto de persas,

música libre en un jardín de cerezos,

 de grebas,

en el aula de una universidad

donde nadie aprende nada;

son música,

música de tambores que acelera el retumbar fiero de las armas.

 

¡Hermanas de guerra!

¡Alcemos las lanzas nuestras!

¡Alcemos la inteligencia que nos negaron!

que asoman días duros

y a veces con sangre el fotograma es bello,

y en sus abdómenes plantamos árboles,

y en sus frentes dibujamos escarchas de sangre

y no desesperemos,

 no,

que a pesar del frío

 o la muerte,

¿Hay algo más grande que nuestro bíceps?   ¿Nuestras voces?

¿Más enorme que la esencia que se levanta cuando se gime?

         ¿Nuestras voces?

Como soldados,

 como garzas,

  como robles,

vertemos gargantas hacia la arena del cielo, grabamos coxis a las hojas, a la tierra,

quemamos la ausencia de movimiento con el trote trasatlántico de caballos gigantes,

tizones, salvajes, caballos libres,

que con sudor fueron

ágilmente amansados.

 

Y no desesperemos,

 no,

que a pesar del frío

o la muerte,

lloramos ante músculos de llamas funerarias,

y así la vida se nos agarra de costado

y así la vida es relectura,

 es revuelta,

enigma,

giro de una definición,

manchas de una luna con anemia,

malla amarilla que las manchas filtra,

el leopardo que nace,

el leopardo que nace de la malla,

y mira el poema y seguimos con el trote

 soldado,

  garcesco,

   roblado,

pisando, ritmo de asteroides emergentes,

 fuerte,

como viento que gira la historia primera.

 

Los ventrículos estallan por la noche cohetemente

 

—y a veces con sangre el fotograma es bello,

a veces con sangre el fotograma es bello—.

 

 

 

 

Madrid, 2016

Dafne nos regala la lectura de este poema. Dadle al play:

 

 

 

 

EVA GALLUD El nido en el saliente del edificio

Eva Gallud (Madrid, 1973). Licenciada en Filología inglesa se dedica profesionalmente a la traducción. Entre sus traducciones literarias se encuentran autores como Edith Wharton, Rupert Brooke, Siegfried Sassoon, Amy Lowell, Guy de Maupassant, Henri Barbusse o D.H. Lawrence. Además, es coeditora de la revista literaria multilingüe Triadæ Magazine, donde realiza labores de selección, traducción, maquetación y difusión.

Ha publicado los poemarios Raíz de ave (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2018), El taxidermista (Bancarrota, 2016),  la plaquette Ave (edición personal, 2015),  Ningún mapa es seguro (Palimpsesto, 2014), Moléstenme solo para darme de comer (LVR [ediciones, 2011). Ha aparecido en las antologías Poetrastos (LVR [ediciones, 2011) y 20 con 20 – Diálogos con poetas españolas actuales (Huerga & Fierro, 2016).

Sus poemas también han sido publicados en diversas revistas, tanto electrónicas como en papel, como la revista Nayagua del Centro de Poesía José Hierro, Oculta Lit, Revista Kokoro, Digo.palabra.txt, Fanzine SinNombre, Transtierros, Feliz el cerdo, Probeta, Animalario, Erosionados, Pro-Vocación o Cuadernos de creación.

 

Eva Gallud por Eva Gallud

                                                                                                           

Eva o ave, pero está claro que vuela y canta y cómo canta. Tiene su voz el arrullo de la paloma bravía: un druuuuuuuuu prolongado, agudo y triste. La distinguiréis del resto de palomas porque sus alas son blancas y su vuelo, rápido y potente.

 

DESCIENDO AL BLANCO desde un lugar más blanco aún
más intenso en su capacidad de desviarse
como luz que equivoca al ojo en su camino
hay otro destello en la arboladura de este cuerpo
decreciente y consumible
que estira las puntas de los dedos hacia el calor
dulce de los brotes del manzano

desciendo al blanco desde un lugar preciso y ajeno
lo moldeo a golpe de pan semilla madera
envuelvo la cintura con ese lugar desorbitado
de inmensa palidez y terror ambarino
vaciado de sangre y pulso
que deja caer sobre el pecho todo el peso
extraño de los agujeros negros

desciendo al blanco
para esparcir sobre él
las manos bordadas de alambre
la piel cansada sobre el pómulo
la bestia que cabalga en el pulmón
la luz del vertical despeñadero
el insólito fulgor del polvo ardiendo
desciendo al blanco y no asciende ya
más que el humo
de la entraña derramada

 

 

POR LA SUTURA se filtra lo feroz
afila el salto desde lo más oscuro
me susurra dolores ajenos con los dientes
noto cómo hurga en mi espalda el olor
de la vértebra torcida de sus uñas
Hay un nudo subiendo hasta la náusea
donde se detiene la espiral de aliento
y en lo hondo se escorza el grito detenido
que debe liberar las grietas de los ojos
Si al fin se rasga el letargo como sábana podrida
emerjo descosida en los costados
arrastro mis trasquilados restos
hasta el borde de la madrugada
y allí entierro mi última zozobra.

 

 

CABALLO Y YO salimos de noche
bebemos en acequias negras
Caballo y yo estamos vivos
no hay más muerto que Ledo
Ivo sobre el hielo blanco
Caballo frota su espalda contra mi pecho
mientras Johnny reza y yo
pregunto por los alfileres
Caballo dice: «¡Calla,
que tus ojos!»
Caballo y yo salimos de noche
escupimos en la acera hierba amarga
que recalienta nuestros oídos
No sé quién es tu caballo
pero el mío me sonríe casi nunca
solo antes de morderme la mano
No sé quién soy ni si mi caballo sabe
que es mío porque come en otro establo
pero duerme con su cabeza
reposando sobre el heno de mis muslos
hasta cuando no duerme

 

 

 

 

 

 

MARÍA ALCANTARILLA El don de distinguir

María Alcantarilla (Sevilla, 1983) ha publicado el poemario La edad de la ignorancia (Visor); Ella: invierno (Valparaíso); el volumen de poesía visual El agua de tu sombra (Musa a las 9); La verdad y su doble (Sonámbulos), una antología visual de la poesía española contemporánea y, más recientemente, su primera novela, Un acto solitario (La Isla de Siltolá).

Con todo, su horizonte artístico es más amplio y ha trabajado arte audiovisual, pintura y fotografía. Su obra ha sido expuesta en galerías de arte contemporáneo de Madrid o Lisboa y ha llevado a acabo colaboraciones gráficas con editoriales y medios de comunicación como Le Monde Diplomatique.

 

María Alcantarilla por María Alcantarilla.

 

IN MEMÓRIAM

Acudo hasta tu nombre y soy de nuevo
la niña que pasea dando saltos
por una acera limpia de guijarros
y encuentra el corazón
donde otros no ven más que cemento.
El camino nos lleva siempre a casa
y estás, como la luz, en cualquier parte
mirando cómo crezco y sigo andando
con toda la impericia que la edad
no restaña ni deja que olvidemos.
Sé que tengo la voz y las ideas
volcadas hacia el mundo,
que cuidas de que el mundo no me hiera
y ríes con mi risa como entonces
y agradeces la suerte y la alegría.
Sé que todos repiten que soy grande
pero tengo en la memoria cierta edad
donde la vida se para y permanece
en un vaso de leche con galletas,
un umbral donde el sol es tan pequeño
que cabe entre las dos y nos ocupa.
Porque, al final, apenas queda eso:
la imagen desbordando a la retina,
el velo de tu luz, como una calle,
llamándome a saltar, de línea en línea,
y ya no soy la niña ni soy grande
y el tiempo es un ardid donde el recuerdo
nos guarda para siempre.

Escucha y goza aquí ‘IN MEMÓRIAM’ recitado por la propia MARÍA ALCANTARILLA para Thalamus Magazine:

 

UNA ORACIÓN PAGANA

Madre nuestra que estás en cada cosa,
santificado sea el mundo y su tristeza muda,
venga a nosotros el don de distinguir que el reino es este
y en él nos encontremos,
hágase la voluntad de quien contempla la luz y la acaricia.
Danos hoy nuestra voz y nuestra hambre,
alaba la torpeza de quien ama y se confunde de figura
como también acierta al distinguir que amar lo nutre,
y déjanos caer y levantarnos tantas veces como el día,
y danos potestad para elegir,
sin la pesada carga del recuerdo.

Escucha y goza aquí ‘UNA ORACIÓN PAGANA’ recitado por la propia MARÍA ALCANTARILLA para Thalamus Magazine:

 

IMPÚDICO TAMIZ

El milagro y su discreta persistencia
también es invisible.
Hay un hombre observando cómo un mirlo
defiende su terreno
mientras él se pregunta por la vida;
un anciana limpiándole la flema
a un marido lejano
que olvida cada día hablar con su memoria
pero sabe a quién ama
y acaricia la sombra compartida
como un niño regala la torpeza.
Hay un perro que lame
la herida de su dueño entre basuras,
y alguien mira con celo
la pericia animal y los afectos
como si alguien pudiera consolarlos
mientras calla su voz y vuelve a casa.
Porque el milagro y su impúdico tamiz
de gallinita ciega
mostrándonos los pasos acertados,
inunda cada día cualquier calle.
No es ciego aquel milagro que sucede:
es ciego el corazón que lo desoye.

Escucha y goza aquí ‘IMPÚDICO TAMIZ’ recitado por la propia MARÍA ALCANTARILLA para Thalamus Magazine:

 

©Txetxu González para THALAMUS MAGAZINE.

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