REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

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POESÍA - page 3

ROSETTA KEDZIERSKI La espía que me amó

Rosetta Kedzierski (Gdansk, 1979). A los tres años de edad su familia emigró a una conocida barriada del centro del imperio que nos provoca, aprieta y ahoga. Su padre, un fanático puritano, trató de educar a su hija en la fe. Pero el destino tenía otros planes reservados para ella. En 1997, deseando profundizar en algunos aspectos del movimiento, inicia estudios de kinesoterapia y ortopedia en París. Pocos años después escapa a Helsinki, desde donde inicia un periplo misterioso e imparable que le lleva a vivir y sobreponerse en San Petersburgo, Viena, Trieste, Fuerteventura, Barbados y Turín. En la actualidad, vive en algún lugar de Extremadura, en una aislada casa de campo, con sus tres gatas y una podenca a la que salvó —ab ovo— de la horca.

Este es el primer poema que comparte con las multitudes. Esperamos que no sea el último. No saben lo que nos costó convencerla.

 

Rosetta Kedzierski por Vicente Madness

 

 

 

IXXDVIIC

 

Uno.
Con hilo de plata.
Lo obtuve de la venta del reloj de bolsillo de la abuela Czeslawa.
Uno pues las palabras.
Hemos llegado hasta aquí y, ¿ahora qué?
¿Dónde está la gracia?
Una se pasa la vida encerrada en casa.
Obstinada, creciendo hacia dentro, como si lo que apremia alrededor solo fuera una burda
excusa para seguir viva.
LANGUIDECER es un verbo demasiado largo, imperfecto para describir los días que sajan
las vueltas de tuerca:/klak-klak-klak-klak-klak-klak/y pasa una nube y pasan dos/y así
hasta nombrar lo sucesivo/hasta penetrar el tejido adherido al alumbre.
¿Quién necesita a los demás?
¿Por qué he de hacer caso a mi perra?
Apaga ya la luz.
Búscate nuevas amantes.
¿Has leído ya a Jean?
Intenta hacerlo vibrar.
En el pasado las cosas no fueron demasiado distintas.
El padre de mi perra mordía a otras perras cuando se acercaban a olisquear su comida.
Mi propio padre hacía más o menos lo mismo con mi madre.
Odiaba que se enceraran los suelos cuando él estaba en casa.
Creo que porque resbalar boicoteaba su pose infalible de guardián y le hacía parecer torpe.
Os preguntaréis quién demonios encera hoy el piso, ahora que la fiebre de la tarima
flotante se ha convertido en epidemia.
Aquí una servidora.
Me ha traído muchos problemas con casi todos los amantes que he tenido.
Sobre todo con los más perros, claro.
El género de mis acompañantes es una excusa para duplicar el hastío que siento por la
especie que nos solicita.
Ellas también resbalan, no crean, sobre todo las que entre los muslos tienden,
inequívocamente, a tomar el control.
No me gustan las mujeres que en la cama, en la playa, en el supermercado o en la iglesia
actúan como esa subespecie del lobo.
Los machos son impulsivos.
Los machos son previsibles.
Los machos evitan regresar al principio.
Los machos pueden ser arañas.
Los machos traccionan.
Los machos son figuras oblicuas.
Los machos son hormigón.
Los machos que no son hormigón siguen siendo machos.
Ya saben a lo que me refiero.
No saben a lo que me refiero.
En el caso de mi madre, yo pensé que cuando él ya no estuviera, ese asunto de encerar el
suelo —y tantos otros— se desvanecerían.
Confieso que me duele, ocasión tras ocasión, comprobar que no ha sido así.
Ella continúa encerando el suelo y yo me he unido a la causa.
Con mayor fervor en los días en que se ha olvidado comprar vino.
No se lo digan a nadie, pero a veces también deseo que ella resbale.
No pretendo su torpeza, pretende mi rabia condecorar así el castigo que jamás perpetré.
Sus ataques de amnesia me dan ganas de abofetear a alguien y a menudo suelo acabar
desbarrando.
Lo mejor que puede pasar entonces es que decida no recoger las bragas sudadas del suelo
del comedor.
A mis acompañantes les gusta ese lugar.
¿Qué puedo decir?
En casa siempre se castigó la falta de pudor.
Me sabe tan raro como el tracto de las lombrices.
No lo supe hasta el día en que, por omisión de mis obligaciones como hija, mis labios
acabaron probando la tierra del bancal más pequeño.
Hace unos días, tomando zumo de chirimoya con una amiga, me confundí de palabra y dije
la bancal más cerda y extraña que puedas imaginar.
Le contaba la pesadilla más recurrente del siglo anterior.
El vino se ha convertido en el principio de un pequeño problema.
Es probable que eso sea lo único que compartimos Bukowski y yo.
Creo que a la gente le gusta porque es primitivo y obsceno.
A la gente le gusta que otra gente diga lo que cree que la mayoría piensa, sin tapujos.
Es un hecho que la existencia de las mayorías evoca la concentración del (des)poder.
Yo misma, cuando me dejo crecer las uñas, siento que he de actúar como si jamás hubiera
conocido la muerte.
Habrán comprendido que las multitudes que engendro ejercen la más abyecta de las
tiranías.
El problema se asemeja más a la mucosa infectada de una manada de rinocerontes.
Mis amantes han descuidado el misterio.
Mis amantes me han acabado tratando como a un problema de humedades en un baño
compartido.
Ninguno ha tenido, ni en este siglo ni en el anterior, la más remota idea de lo que es el
amor.

 

 

 

DAFNE BENJUMEA Hermana de guerra

Dafne Benjumea (Sevilla, 1993) es graduada en Filología Hispánica y trabaja como editora en la revista literaria Oculta Lit junto a unos curiosos selváticos. Ha colaborado con poemas y reseñas en las revistas Anonimato (2013), Telegráfica (2014-2017.), Heterónima (2017), Digo.Palabra.Txt (2017), Clarín (2017), Anáfora (2017), Kokoro (2018), entre otras, y en la antología de poesía joven sevillana La generación de la sangre (Editorial Ultramarina Cartonera y Digital, 2014). Actualmente escribe su primer poemario. Su página web es dafnebenjumea.com

Dafne Benjumea por Manuel Heredia

El fuego modifica las formas y se alimenta con azufre. La voz de Dafne conserva la información transportada por el fuego, que calienta y hace posible la vida pero puede resultar impredecible y difícil de dominar.  En el mapa del cuerpo, el fuego se sitúa debajo del esternón y por encima del ombligo, donde están situados los órganos más responsables de la transmutación. La poesía del hígado y del diafragma.  No olviden respirar antes de leer, sin aire es imposible arder.

CRÁTERAS ROTAS, BRAMIDO FUERTE

 

 

¿Dónde está la guerra?

¿Dónde está la paz que me la como?

¿Dónde están los hombres?

MALA RODRÍGUEZ

Una carcasa con más de cien golpes en los costados,

una nube que suena a City Boom on the Mirror,

una habitación abierta en mitad de nuestro pecho,

timbales que taladran el futuro invierno en un fraternal abrazo,

un arrebato de selva ​​ 

que frena de golpe en una contemplación,

el estallido enorme de un nido de pájaros grises en la cara sucia de una medalla,

el bosque perfecto —que ya no sirve—,

la reverberación sublime de una pagoda abatida,

un zafiro renacer entre remojos,

una estimulación sin nombre,

cinco buitres de una pata suman cinco,

los pedazos de deseo lanzados a los buitres suman mil,

un largo otoño sin frente —tatuaje de una gacela muerta—,

mi corazón impreso en 3D,

 el tuyo,

  el nuestro,

la depresión que se extiende al final de la escalera donde nace un olivo,

un olivo negro, podrido, seco,

 un olivo asqueroso;

los amantes que no consiguieron cambiar nuestros nombres,

 los hijos que no tengo,

los centenares de embarazos internos que perecieron en mitad del camino,

abortos de constelaciones ya perdidas,

complementos directos que nunca llegan;

las plantas que quieren crecer en el pérfido suelo del metro y siegan los guardas,

el vigilante que exprime el faro que no vemos,

la estrella que vomita en mitad de una autovía

 y frena coches,

la ciudad que escapa de rodillas hacia el monte y se vuelve en la primera señal que reflecta

 —y la roca ríe—,

la puerta que no abre al quejido humano,

y siempre el Sol

caerán,

 caerán sobre vosotros,

junto a la rama seca que toca el río donde el ciervo no bebe,

río del metro que hace algún tiempo

nosotras abandonamos.

 

Si supieran que gritar, nos quema,

si supieran que hablar, revienta ventrículos,

si supieran que la calle, escuece,

arquearían las cejas del revés hacia la noche y

recuperarían de lleno la costumbre de lo humano

por el cielo dos veces sonreído.

Y por los que no tienen voces,

las hermanas despiertan la ciudad a golpes de bailes,

 de martillos,

  canciones,

arrancan colonias baratas a las tullidas creencias

y se llenan la cama de valientes.

Mis hermanas son música libre,

música libre en un asfalto de persas,

música libre en un jardín de cerezos,

 de grebas,

en el aula de una universidad

donde nadie aprende nada;

son música,

música de tambores que acelera el retumbar fiero de las armas.

 

¡Hermanas de guerra!

¡Alcemos las lanzas nuestras!

¡Alcemos la inteligencia que nos negaron!

que asoman días duros

y a veces con sangre el fotograma es bello,

y en sus abdómenes plantamos árboles,

y en sus frentes dibujamos escarchas de sangre

y no desesperemos,

 no,

que a pesar del frío

 o la muerte,

¿Hay algo más grande que nuestro bíceps?   ¿Nuestras voces?

¿Más enorme que la esencia que se levanta cuando se gime?

         ¿Nuestras voces?

Como soldados,

 como garzas,

  como robles,

vertemos gargantas hacia la arena del cielo, grabamos coxis a las hojas, a la tierra,

quemamos la ausencia de movimiento con el trote trasatlántico de caballos gigantes,

tizones, salvajes, caballos libres,

que con sudor fueron

ágilmente amansados.

 

Y no desesperemos,

 no,

que a pesar del frío

o la muerte,

lloramos ante músculos de llamas funerarias,

y así la vida se nos agarra de costado

y así la vida es relectura,

 es revuelta,

enigma,

giro de una definición,

manchas de una luna con anemia,

malla amarilla que las manchas filtra,

el leopardo que nace,

el leopardo que nace de la malla,

y mira el poema y seguimos con el trote

 soldado,

  garcesco,

   roblado,

pisando, ritmo de asteroides emergentes,

 fuerte,

como viento que gira la historia primera.

 

Los ventrículos estallan por la noche cohetemente

 

—y a veces con sangre el fotograma es bello,

a veces con sangre el fotograma es bello—.

 

 

 

 

Madrid, 2016

Dafne nos regala la lectura de este poema. Dadle al play:

 

 

 

 

EVA GALLUD El nido en el saliente del edificio

Eva Gallud (Madrid, 1973). Licenciada en Filología inglesa se dedica profesionalmente a la traducción. Entre sus traducciones literarias se encuentran autores como Edith Wharton, Rupert Brooke, Siegfried Sassoon, Amy Lowell, Guy de Maupassant, Henri Barbusse o D.H. Lawrence. Además, es coeditora de la revista literaria multilingüe Triadæ Magazine, donde realiza labores de selección, traducción, maquetación y difusión.

Ha publicado los poemarios Raíz de ave (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2018), El taxidermista (Bancarrota, 2016),  la plaquette Ave (edición personal, 2015),  Ningún mapa es seguro (Palimpsesto, 2014), Moléstenme solo para darme de comer (LVR [ediciones, 2011). Ha aparecido en las antologías Poetrastos (LVR [ediciones, 2011) y 20 con 20 – Diálogos con poetas españolas actuales (Huerga & Fierro, 2016).

Sus poemas también han sido publicados en diversas revistas, tanto electrónicas como en papel, como la revista Nayagua del Centro de Poesía José Hierro, Oculta Lit, Revista Kokoro, Digo.palabra.txt, Fanzine SinNombre, Transtierros, Feliz el cerdo, Probeta, Animalario, Erosionados, Pro-Vocación o Cuadernos de creación.

 

Eva Gallud por Eva Gallud

                                                                                                           

Eva o ave, pero está claro que vuela y canta y cómo canta. Tiene su voz el arrullo de la paloma bravía: un druuuuuuuuu prolongado, agudo y triste. La distinguiréis del resto de palomas porque sus alas son blancas y su vuelo, rápido y potente.

 

DESCIENDO AL BLANCO desde un lugar más blanco aún
más intenso en su capacidad de desviarse
como luz que equivoca al ojo en su camino
hay otro destello en la arboladura de este cuerpo
decreciente y consumible
que estira las puntas de los dedos hacia el calor
dulce de los brotes del manzano

desciendo al blanco desde un lugar preciso y ajeno
lo moldeo a golpe de pan semilla madera
envuelvo la cintura con ese lugar desorbitado
de inmensa palidez y terror ambarino
vaciado de sangre y pulso
que deja caer sobre el pecho todo el peso
extraño de los agujeros negros

desciendo al blanco
para esparcir sobre él
las manos bordadas de alambre
la piel cansada sobre el pómulo
la bestia que cabalga en el pulmón
la luz del vertical despeñadero
el insólito fulgor del polvo ardiendo
desciendo al blanco y no asciende ya
más que el humo
de la entraña derramada

 

 

POR LA SUTURA se filtra lo feroz
afila el salto desde lo más oscuro
me susurra dolores ajenos con los dientes
noto cómo hurga en mi espalda el olor
de la vértebra torcida de sus uñas
Hay un nudo subiendo hasta la náusea
donde se detiene la espiral de aliento
y en lo hondo se escorza el grito detenido
que debe liberar las grietas de los ojos
Si al fin se rasga el letargo como sábana podrida
emerjo descosida en los costados
arrastro mis trasquilados restos
hasta el borde de la madrugada
y allí entierro mi última zozobra.

 

 

CABALLO Y YO salimos de noche
bebemos en acequias negras
Caballo y yo estamos vivos
no hay más muerto que Ledo
Ivo sobre el hielo blanco
Caballo frota su espalda contra mi pecho
mientras Johnny reza y yo
pregunto por los alfileres
Caballo dice: «¡Calla,
que tus ojos!»
Caballo y yo salimos de noche
escupimos en la acera hierba amarga
que recalienta nuestros oídos
No sé quién es tu caballo
pero el mío me sonríe casi nunca
solo antes de morderme la mano
No sé quién soy ni si mi caballo sabe
que es mío porque come en otro establo
pero duerme con su cabeza
reposando sobre el heno de mis muslos
hasta cuando no duerme

 

 

 

 

 

 

MARÍA ALCANTARILLA El don de distinguir

María Alcantarilla (Sevilla, 1983) ha publicado el poemario La edad de la ignorancia (Visor); Ella: invierno (Valparaíso); el volumen de poesía visual El agua de tu sombra (Musa a las 9); La verdad y su doble (Sonámbulos), una antología visual de la poesía española contemporánea y, más recientemente, su primera novela, Un acto solitario (La Isla de Siltolá).

Con todo, su horizonte artístico es más amplio y ha trabajado arte audiovisual, pintura y fotografía. Su obra ha sido expuesta en galerías de arte contemporáneo de Madrid o Lisboa y ha llevado a acabo colaboraciones gráficas con editoriales y medios de comunicación como Le Monde Diplomatique.

 

María Alcantarilla por María Alcantarilla.

 

IN MEMÓRIAM

Acudo hasta tu nombre y soy de nuevo
la niña que pasea dando saltos
por una acera limpia de guijarros
y encuentra el corazón
donde otros no ven más que cemento.
El camino nos lleva siempre a casa
y estás, como la luz, en cualquier parte
mirando cómo crezco y sigo andando
con toda la impericia que la edad
no restaña ni deja que olvidemos.
Sé que tengo la voz y las ideas
volcadas hacia el mundo,
que cuidas de que el mundo no me hiera
y ríes con mi risa como entonces
y agradeces la suerte y la alegría.
Sé que todos repiten que soy grande
pero tengo en la memoria cierta edad
donde la vida se para y permanece
en un vaso de leche con galletas,
un umbral donde el sol es tan pequeño
que cabe entre las dos y nos ocupa.
Porque, al final, apenas queda eso:
la imagen desbordando a la retina,
el velo de tu luz, como una calle,
llamándome a saltar, de línea en línea,
y ya no soy la niña ni soy grande
y el tiempo es un ardid donde el recuerdo
nos guarda para siempre.

Escucha y goza aquí ‘IN MEMÓRIAM’ recitado por la propia MARÍA ALCANTARILLA para Thalamus Magazine:

 

UNA ORACIÓN PAGANA

Madre nuestra que estás en cada cosa,
santificado sea el mundo y su tristeza muda,
venga a nosotros el don de distinguir que el reino es este
y en él nos encontremos,
hágase la voluntad de quien contempla la luz y la acaricia.
Danos hoy nuestra voz y nuestra hambre,
alaba la torpeza de quien ama y se confunde de figura
como también acierta al distinguir que amar lo nutre,
y déjanos caer y levantarnos tantas veces como el día,
y danos potestad para elegir,
sin la pesada carga del recuerdo.

Escucha y goza aquí ‘UNA ORACIÓN PAGANA’ recitado por la propia MARÍA ALCANTARILLA para Thalamus Magazine:

 

IMPÚDICO TAMIZ

El milagro y su discreta persistencia
también es invisible.
Hay un hombre observando cómo un mirlo
defiende su terreno
mientras él se pregunta por la vida;
un anciana limpiándole la flema
a un marido lejano
que olvida cada día hablar con su memoria
pero sabe a quién ama
y acaricia la sombra compartida
como un niño regala la torpeza.
Hay un perro que lame
la herida de su dueño entre basuras,
y alguien mira con celo
la pericia animal y los afectos
como si alguien pudiera consolarlos
mientras calla su voz y vuelve a casa.
Porque el milagro y su impúdico tamiz
de gallinita ciega
mostrándonos los pasos acertados,
inunda cada día cualquier calle.
No es ciego aquel milagro que sucede:
es ciego el corazón que lo desoye.

Escucha y goza aquí ‘IMPÚDICO TAMIZ’ recitado por la propia MARÍA ALCANTARILLA para Thalamus Magazine:

 

LOLA NIETO Acentos de realidad básica

Edición: 
Maite Martí Vallejo
maite.mart.vall@gmail.com
Barcelona/Barcelona. 11/03/2018.


Lola Nieto nace en Barcelona en 1985. Es Doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Trabaja como profesora de lengua y literatura en un instituto de secundaria. Coordina, con Antonio F. Rodríguez y Laia López Manrique, la revista de creación artística KOKORO (www.revistakokoro.com) y la colección autónoma Kokoro Libros de la editorial Kriller71, en la que codirige además, con Aníbal Cristobo, la colección Púlsar. Ha publicado los libros de poemas Alambres (Kriller71, 2014) y Tuscumbia (Harpo libros, 2016).

Su voz está llena de excepciones, por no hablar de los acentos: de boca en boca, una sílaba final que se corta, una sílaba inicial que se añade.

Lola se vierte, lleva a otro sitio y el resultado no es cuestión de horóscopo.

LOLA NIETO por LOLA NIETO.

 

En el siguiente vídeo by Lola Nieto, la autora nos recita/regala ‘CAJITAS DESPRESURIZADAS’ y … mucho mucho más:

DÉBORAH GUERRERO Magulladura

Nació en el 83 con el frío de Noviembre, según su madre, ‘disparada como la bala de un cañón’. Sus orígenes son confusos, fue probando involuntariamente ciudades del mediterráneo, aunque hace más de una década que Madrid le ha vuelto a parir. Actriz desde que descubrió que la gente aplaude en los espectáculos, se dedica a escribir cuando nadie la observa. Amante de la comida con mucho aceite de oliva, dialoga con los insectos que habitan entre las plantas. Se considera un alma perdida pero con el carácter suficiente como para apartar a patadas cualquier obstáculo que le impida llegar al punto blanco del final del túnel.

 

Déborah Guerrero según ©David Sagasta

 

Magulladura

 

Un sofá magullado, mis pies envueltos en calcetines gruesos sobre el reposabrazos. Suena Wolf Larsen. Mi lengua quiere café. Él hace sonar sus pasos desde su refugio de acrílicos hasta la cocina, con el peso de las zapatillas de leopardo. Y mientras Larsen pronuncia ‘quiet at the kitchen door’, se enciende la lumbre con el chasquido de un mechero.

 

A veces

hay un hilo muy agudo

en mis oídos

que se queja

como el poso 

que deja el ruido

de un concierto.

Aparece

cuando no ocurre

nada más

que la calma

para recordarme

que ésta

no es para mí

es para los que les gustan

las películas

fáciles de entender.

 

Estamos los dos sentados en el sofá rozándonos con alguna parte del cuerpo. Nos miramos fijamente sin decir ‘te quiero’, porque eso vendrá después de una palabra molesta y de un tono de voz que recuerda a épocas de asfixia. Vendrá un ‘TE AMO’ mucho más grande que la última vez. Lloraré al mirarle a los ojos porque la soledad que nunca tuve ni tengo, la temo ahora cuando por error me imagino que se ha marchado. Esta noche cenaremos las sobras de ayer o un vaso de leche con cacao.

 

No sé qué pasará 

cuando me despierte

y sienta que no he descansado bien.

No sé qué pasará 

cuando me levante

y vea que no hay nada hecho.

Hoy estás inquieto

y debemos cuidarnos

y acariciarnos el pelo

he debido decir algo

que has olvidado

y has debido decir algo

que no he sabido interpretar.

Casi sale la voz

que dispara

guerra

junto al apellido de mi padre.

Casi sale la aguja

que pincha

heridas

junto al apellido del tuyo.

 

Es un alivio tener la certeza de que es nuestra obra, que no está en venta porque nunca estará terminada; se irá expandiendo en secreto mientras él me pinta la piel de colores y yo le doy vida a su personaje.

Escucha y goza aquí ‘MAGULLADURAS’ recitado por la propia DÉBORAH GUERRERO para Thalamus Magazine:

 

©Maite Martí Vallejo para THALAMUS MAGAZINE.

ALBA CERES polen, polen

Alba Ceres nace en Nápoles en 1986. Treinta y un años más tarde y en Barcelona, Kriller 71 publica su libro Luciérnaga en la colección Kokoro. La poeta altera la sintaxis, la morfología; llena su voz de tachaduras, de error-acierto, de grito sordo. El lenguaje funciona como cataplasma caliente. Podéis acercaros a su extraña forma de vida en devidaextrana.blogspot.com.es

 

Alba Ceres por Alba Ceres.

 

polen, polen

 

Alces la piedra que alces – / tú despojas / a los que necesitan

la protección de las piedras: / desnudos, / renuevan

de inmediato la trama. // Tales el árbol que tales – / armas /

el lecho sobre el que / las almas de nuevo se acumulan

Paul Celan

 

 

se acaracolan, las geografías – es el baile imperceptible de milenios

que transcurren por debajo pero muy muy por debajo y sin embargo

a descobijo a la intemperie tenebrosa y corazona

de ir amando y desamando y oh – qué antiguas serpentinas

 

uhué lo ha comprendido al acercar su naricilla a los abismos casi

ciertos de los mil y un agujeros de su panza – se recurva se retuerce

se espirala en sí y en otros que la habitan como un pueblo que olfatea

con su púrpura ansiedad si se temblara y/o

 

alertara que los cuerpos tienen sueños y un cariño y una furia y/o

poseen como mentiras los corales que arrancaron del estar y/o-izados

y/o-anegados en las anchas primaveras del querer

 

había un suelo y era duro y las tortugas del silencio se agolpaban

contra el frío masticando palabrijas que encontraban deshuesadas

por los otros animales más veloces

 

mientras tanto casi es nada – remolinos de la brisa u-u-uuuh giraban

mucho en la cabeza helicoidal del universo – por la boca u-u-lular se

destrezaban reajustaban resquiciaban al venir llanto y azul de lo

primario

 

uhué huele los mundos su placenta sus edades en la piel bien

entramadas – hace hocico – se aproxima con su instinto roza y frota

los hallazgos son diríamos pequeños

 

en los dedos de pasadas criaturas que anhelaron y dañaron el estar

por poco tiempo sobre el tiempo los seísmos se rehacen los

principios se rehacen los afectos se rehacen sobre el lecho de sus

yemas todo es trrrr y es no es como el reposo de un lenguaje prenatal

del balbuceo

 

capa a capa polvo huella – polen, polen – uhué lo aspira todo y

estornuda – el asombro qué tenaz con sus milenios geoamados,

geoabiertos al encanto y al dolor

 

©Maite Martí Vallejo para THALAMUS MAGAZINE.

TXETXU GONZÁLEZ Orígenes de la hiperestesia

Edición: 
Maite Martí Vallejo
maite.mart.vall@gmail.com
Barcelona/Madrid. 20/02/2017.


Txetxu González nace en 1980. En Vallecas aprendió a encajar y a resistir mientras admiraba las dotes de sus progenitores para el afecto, el cuento, la cocina, la hipocondría, el dibujo y el ajedrez. Hoy es maestrillo en cremas y legumbres. Aprendiz de cactus. Adicto a los ansiolíticos del campo y la sombra desde la innombrable edad del caos. Ha cargado con la misma mochila y se ha colgado del cuello de sus lienzos en insuficientes geografías deformes. Tiene un hermano presente y otro que ha fundido sus sarcasmos a negro. Hace no demasiado tiempo, la familia Windsor le regateó cincuenta euros por uno de sus cuadros.

 

Txetxu González por Txetxu González.

 

ORÍGENES DE LA HIPERESTESIA

 

Me detengo frente a un cuadro.

El cuadro es una navaja entreabierta.

Si la pintora hubiera decidido abrir más la navaja

ese cuadro también seguiría siendo mi vida.

Antes, no existían servicios especializados de limpieza.

La peor manera de suicidarse

es tirarse al vacío desde, digamos, un séptimo piso.

Las madres limpiaban los restos de sangre

cuando sus hijos o sus yernos decidían volarse la cabeza

en la casa de campo familiar.

Estamos en 1909

en el caserío de algún lugar del País Vasco.

Es verano.

Las moscas están de celebración.

INTERIOR/DIA.

Las madres se dejaban las uñas

para que de aquellos muros

salieran los restos de plasma y de cochambre.

Lo hacían mientras el gramófono

emitía melodías antiguas e ininteligibles.

Su madre tuvo que aprender

sobre la marcha

a hacerse cargo de la sombra.

Y cuando la aguja de diamante se partió por la mitad

construyó una de cristal

con la que, sin querer,

se acabó cortando.

Escucha y goza aquí ‘Orígenes de la hiperestesia’ recitado por el propio Txetxu González para THALAMUS MAGAZINE:

 

CACOFONÍAS

Mayo.

1968.

París.

Una pareja joven.

Ejemplo de la enajenación social de un limbo a la deriva.

Efecto de la botánica demudada.

Cacofonía rohingya

cacofonía siria

sudanesa

marfileña.

Anticipo cinematográfico de la inconsciencia.

Como la pesca de arrastre.

Entes que ni siquiera mandan sobre su propio hambre.

Les persigue un coche con las lunas tintadas.

Clinique du Château de Garches.

Conviven con la locura de la gente rica.

Asisten al advenimiento del monstruo

que engulle adoquines huecos.

El anís del mono es el ansiolítico de las novicias

y la adicción confesable de las madres superioras.

Les persigue una lancha con la luna teñida.

Se salvan de ser torturados como Junko Furuta.

No saben que el futuro es una trampa.

Ignoran que la familia es el primer escalafón de la explotación.

Ella tiene un aborto años después.

Él desarrolla un trastorno obsesivo

silenciado por el éxito de ventas

de la multinacional finlandesa

para la que se luce y trabaja.

Por entonces, nadie se atreve a ponerle nombre a las curas de reposo

a los corderos degollados

o a sus víctimas.

Dan a luz cuatro veces más.

La luz a veces también se amorata.

Atardeceres de tonos violeta

que nada tienen que ver con la belleza oculta de los hipódromos

o las habitaciones del personal de servicio.

Así llegué yo:

siempre supe que en las estrías del muro

entre los restos de estropajo

tras el armario que arrastró la crin de la bestia

se escondía la estela que muda con la muerte.

Escucha aquí ‘Cacofonías’ recitado por el propio Txetxu González para THALAMUS MAGAZINE:

 

.

GSÚS BONILLA Destruid el termostato de los microondas

Gsús Bonilla tiene tardes de agua estancada, y sólo ojos para la serenidad de los peces. Le hace bien, mientras los patos reinen en el aire. No sería justo con él mismo, si se calla,  que los nenúfares son como coños que nos parieron desnudos seres humanos. En esas tardes de silencio las libélulas, en su baile tartamudo, asienten. Hay indicios de que, en breve, aplaudirán. 

Gsús Bonilla en Bukowski Club según ©Federico Romero.

 

Ι

Mientras los oficios de ayer los trabajos memorables se acomodan, el sol sale para
buenos y malos. Que nada difumine tu mirada. Debe ser terrible experimentar que la
respiración se interrumpe. Imaginar cómo los ojos se agrandan y extienden hacia el
cielo en busca de unas pocas moléculas más de oxígeno, como si su azul fuese el centro
de la muerte
Tendrán que trabajar muy duro esas señoras que se dedican a llorar en los entierros, ese
aire tan necesario, que nos insufla, que nos llena por dentro y nos expande y ensancha,
ese anciano que hila cuerda de pita, de donde pende anudado el globo hinchado que
sostiene la endeble muñeca del niño, o aquel otro, que cincela el latón con un escoplo de
plata y bebe agua de nieve
Recordad lo que habéis aprendido, las cosas inútiles. Si la ley fuera también justicia las
manos serían aves y nubes… aviones, o qué sé yo, helicópteros extraños que vuelan por
encima de nuestras cabezas, tratando de capturar un poco más de tiempo, el minuto de
antes, el delicioso viento que surge de una flauta de caña, ese sonido al fin, cuando ya
no hay nada
Y con suerte, las escuelas despedazadas por la diplomacia y los servicios secretos, los
retorcidos colmillos del miedo, volverían de nuevo a lo que habían dejado de ser. Me
gustaría, que compartieseis esa felicidad, un hueso de azúcar, la voz de las personas que
amas, el sonido de la lluvia lenta que tropieza en esta ventana y el canto de los pájaros,
cliché de los amaneceres
Ya lo veréis. Al llegar la hora acordada destruid los relojes de arena, el termostato de los
microondas, la prisa que nos acelera y todo aquello que te marque un mínimo plazo de
vida. Romped la primera orden de quienes se alimentan de carne humana, de los
maestros de la sabiduría en el arte de hacer daño, de quienes administren el pan.

 

ΙΙ

Seguramente no hemos nacido para esta época, pero siempre hay, y encuentras, un
poema que vive dentro de ti, como una salvajada a la que volver de vez en cuando. Si
acaso, mirad esta hermosura
es como una estampa de otro siglo, representa a una leona de cuatro cabezas y cuatro
nombres posibles. Hay luz, pero no es de día nunca, mientras se siga empadronado en la
enfermedad de cada verso
en las baladas y romances, y en todo aquello, adonde la mirada se vuelve como agua y
se diluye, como acontece en los vientres de las multinacionales de la palabra y en todo
conjunto de normas que determinen el uso correcto del silencio y la literatura
más allá de los índices exactos de los calcetines de lana desparejados, los adoquines se
llenan de esputos como resultado de la purificación del aire y del Ser, y de todo aquello
que le oprime. Y, sin embargo, Louise Michel
enarbola una falda negra anudada a un palo de escoba, símbolo de clase, bandera negra,
que se opone a todas las demás banderas y disipa los límites de género, como una
hermana que busca a su hermana, como la perturbación emocional de la poesía
anticiparse, de esta suerte, a las coronas de inocencia para nuestros retornos de siempre,
a las pequeñas porciones de ternura que coger entre los dedos, al extremo agudo de la
pupila puñal, a las acículas
que recorren los surcos de la base de un tronco y reproducen el sonido inscrito en sus
anillos de madera vieja, exacta a una música repleta de canciones inolvidables. Dichosa
Louise Michel. El nosotros se mueve demasiado para ser un cadáver.

 

NATIONAL GEOGRAPHIC

El Estado me gratifica con 426 euros al mes
por ser parado de larga duración, por haber
consumido todos los recursos previos, por
tener una hija a cargo, porque el computo
de la unidad familiar no supera el 75%
del Salario Mínimo Interprofesional
por cabeza. De manera que, hemos de ser consecuentes
con el Estado y comer barato, beber agua
no fumar, nada de drogas, olvidar la Play Station
y conducir, como mucho, un utilitario de baja gama
y segunda mano. A veces, en la casa
de nuestra entidad financiera danzamos
y bailamos bajo la lluvia y le dedicamos
oraciones y cánticos en las noches de luna,
porque queremos un Estado feliz y le agradecemos
tanta generosidad, tanto desprendimiento,
mostramos así nuestro agradecimiento
por lo que recibimos. Aunque el Estado no sepa
que llevo una calabaza en el pene a modo de funda
y mi compañera se decore los pechos desnudos
con ceniza y resina de árboles. El Estado no entiende
por qué la pequeña sonríe a la cámara
y hurga en el bolsillo de los contribuyentes

como buscando su premio de azúcar.

 

©Maite Martí Vallejo para THALAMUS MAGAZINE.

MAITE MARTÍ VALLEJO El Superviviente

Maite Martí Vallejo (1979). Vive, se dispersa, sufre y conmueve desde Barcelona. Imposible no pensar en las hienas mientras la leemos. Tuvo un gato negro y una gata parda. Vivieron catorce años. Le dan miedo los caracoles y los ascensores. La próxima primavera publicará su primer poemario en Ril Editores (Sello Aérea) y desde ya les adelantamos que será uno de esos libros que dejan marca profunda.

 

Maite Martí Vallejo.

 

EL SUPERVIVIENTE

Había una vez un niño dispar.
Un gusano le hacía agujeros en el tronco.
Unos aviones lo bombardeaban.
Creció plagado de heridas y cicatrices.
Y era feo. Tenía la cara deformada y quería tenerla normal.
El alma ni viene ni se va.
Sorprende escribir mejor con los ojos cerrados.
De su futuro yo lo ignoraba todo.
Sus padres lo abandonaron en la calle y le atribuyo la edad que se plasma en los huesos.
El niño es su propio centinela; está flotando y es muy pequeño, pero está lleno de detalles.
Hace todo lo posible para no oír y no escuchar. El otorrino llegó a extraer de su oído más
de 20 bolitas de porexpan.
Se puede vivir en el misterio. Muchas personas serias han dado testimonio más allá de su
cuerpo.
Es posible experimentar el agua en el desierto y la paz durante un ataque cardíaco.
Aquel niño era un animal que buscaba un árbol para quedarse a vivir.
¿ Se se se pue e e de vi vi vir aquí?
Tartamudeó.
Cada día hay más tendencia a la tartamudez.
Es frecuente el empuje. El que repite sílabas respira con dificultad, comprime los labios,
expira con los pulmones vacíos, hace mímica, frunce las cejas, se coge la cabeza con las
manos.
¿Por qué has tardado tanto en contestar?
Repite la pregunta a media voz, levantando los ojos al cielo.
He buscado una cuerda pero como no la he encontrado voy a ver si tú puedes dejarme una.
Las frases hechas no sirven para tapar huecos.
La mejor manera de expresar el grado de tartamudez es contar las veces que tartamudea.
¿Se se se pue e e de vi vi vir aquí?
No quiero estar más
ostensiblemente
cruzando los brazos.
El niño pequeño molesta al grande porque le tira ramas viejas y le dice el viento que lo
despeine y le llama tonto.
Se suele preferir una respuesta positiva.
Presencia o ausencia aparecen en un lugar y un tiempo.
Recorremos el mundo fotografiando la piel del mundo.
Habitamos la corteza de una labor de hilo.
Un mal cierre puede echar a perder todo el trabajo. Se debe poner sumo cuidado en las
últimas vueltas para que nunca se suelten.
Eres un niño, un animal, un árbol, un soldado que sufrió heridas mortales durante la
Guerra.

Los recuerdos se ponen en tela de juicio.
¿Creéis que el niño se muere o solo se transforma?

 

©Txetxu González para THALAMUS MAGAZINE.

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