REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

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SALA X

LO QUE + NOS PONE

La vida cotidiana arrasa Europa MAITE MARTÍ VALLEJO

Por David Aceituno

Edición: Sara B. Del Rey
daceitunopadilla@gmail.com
Barcelona 26/07/2019.


MATERIA ORGÁNICA

 

Hay materia orgánica en La vida cotidiana arrasa Europa. Puedes olerla en las dos preguntas que abren el poemario.

¿Un libro entero dedicado a la familia?
¿Y qué vas a contar?

No solo a la familia. Y lo que distingue a la poesía de Maite Martí Vallejo no es el qué sino el cómo.

Cuando un hogar se debe a muchos aromas,
una serie de excepciones se extraen de cualquier deriva.
Destilados hacen lo propio con nuestra idea de retomar
lo que dañó la familia, causándole graves quemaduras.

La materia orgánica se da cuando los sentidos trabajan al servicio del criterio. El de la poeta barcelonesa se mueve por zonas no asediadas todavía por el turismo literario: en estas páginas no hay intención confesional ni forcejeos metatextuales, y los desplazamientos de sentido están escogidos con elegancia. En La vida cotidiana arrasa Europa los referentes transitan por densidades muy distintas, la herencia de la tradición anglosajona está integrada con celo castizo, y lo castizo aparece también bajo sospecha, pese a estar diseminado sin complejos a lo largo de todo el poemario. Martí Vallejo no necesita huir de los lugares comunes: los conoce tan bien que planta ahí una casa y nos abre la puerta.

Teníamos una casa preciosa. Mentira. Se caía a trozos.
Mis padres eran fabulosos. Verdad. Y mentirá también.
No eran austrohúngaros, jamás habían sentido
una libertad increíble.

Otro de los rasgos que singularizan La vida cotidiana arrasa Europa es la confluencia de géneros y tonos, que la autora es capaz de distorsionar hasta la disonancia: las epifanías envuelven la miseria, el ritmo aforístico de algunos versos se quiebra, el ensayo sociológico delimita zonas de sombra y la crónica negra de España cambia de halo. Y de entre ese magma, fogonazos de sentido incontestables.

¿Quiénes son las personas sobre las que escribes?
¿Puedes decirme sus nombres? ¿Dónde están?
¿Por qué están allí?
¿Cuál es la persona con la que más te gusta estar? ¿Por qué?
¿Cuál es el más feliz? ¿Por qué?
¿Cuál es el menos feliz?
¿Por qué? ¿Y tú en esta familia a quien prefieres?

Las preguntas son también materia orgánica. A medida que se abren paso en el poemario, se arraiga otra sospecha: lo orgánico no se deja intelectualizar. La respuesta es el ruido que cada pregunta deja en el aire.

El amor a pesar de ser tan corto cumple una misión: todos queremos uno.

Hay quien juzga la poesía en función de los censores internos. Entre los censores atribuibles a Maite Martí Vallejo estarían una alumna de las Dominicas de la Anunciata, un actor de cine clásico, una hija quebrada, una madre que mira de reojo a otras madres, una poeta que odia la poesía, un niño cruel y una joven que no se cree digna de amor y quiere uno.

No es lo mismo desnudarse en la ducha de casa, en una exploración
ginecológica, en una playa, ante la pareja sexual en el dormitorio,
en plena calle ante los transeúntes o aquí.

Esos versos pertenecen en realidad a su primer poemario. La comparación en literatura es también un ejercicio vulgar, la persecución de pistas falsas con las que armar una falsa idea de orden, una manera de anunciar el final. Por eso es recurrente. Al contrastar la lectura de Todos vienen al funeral de Rick, la contundente carta de presentación de Maite, con la digestión más inquietante de La vida cotidiana arrasa Europa, empiezan los malentendidos. ¿Cuál nos ha gustado más? ¿En qué se parecen y en qué se distancian? ¿Qué papel ocupan los hombres en cada libro? ¿Y la familia? ¿De qué tipo de violencia son víctimas las mujeres? Porque «todo lo impreso es un drama», es mejor señalar lo que persevera en su poética. Por ejemplo, la inteligencia de la mirada, el atrevimiento a la hora de escoger contextos y ensamblar movimientos dramáticos. Y por debajo de todo, una convicción perceptiva: lo que se nos escapa de la poesía de Maite Martí Vallejo es lo que nos atrapa.

Collage de la propia autora Maite Martí Vallejo.

 

 

VERGÜENZA DEL ORIGEN Una cruz en la casilla

Por Maite Martí Vallejo
maite.mart.vall@gmail.com
Barcelona/Badalona/Barri de Gràcia. 24/05/2019


Vergüenza del Origen
David Aceituno
RIL Editores 2019

 

David empieza por la sangre este libro. Miento. No exactamente la sangre, sino ¿Qué sangre? 

Su madre es de un pueblo de Almería, Escúllar; la mía nació en Fiñana, a 15,6 km de Escúllar. No importa que la tuya sea de un pueblo de Escocia. Nada de eso responde al qué, únicamente al dónde. Crecí en Nou Barris. Entre mi barrio y el Santo Cristo no hay ni 5 km. Santo Cristo parece un nombre capaz de responder más allá del cemento defectuoso. Compartir esa herida del comedor ha embellecido la vergüenza propia, la de esos barrios que se construyeron a toda velocidad en la década de los 50 para acoger a miles de emigrantes de Andalucía, Extremadura, Murcia o Galicia. Así quedaron, los bloques y ellos, afectados por patologías estructurales, levantados con materiales de una calidad ínfima que se volvían porosos con la humedad y los años.
La aluminosis pertenece a los Vencejos. Es verano. Los vencejos suponen la adaptación extrema. Todo su ciclo vital se puede desarrollar en vuelo, excepto la nidificación. Y actualmente nidifican casi en exclusiva en zonas urbanas y a ser posible muy contaminadas, justo en el espacio entre balcón y balcón,/ entre las ventanas ojerosas de los bloques con aluminosis/ donde vivían nuestras abuelas. Mi abuela María vivía en el barrio del Turó de la Peira, donde primero se diagnosticó esta enfermedad. El 11 de noviembre de 1990 el derrumbe parcial de un bloque de la Calle Cadí, con víctima mortal, visibilizó un deterioro mil veces denunciado por los vecinos que veían sus viviendas deshacerse. El piso de mi abuela, dos calles más arriba, estuvo apuntalado durante años, con agujeros por todas partes. Si os explico el origen es porque en los poemas de David no se quiebra solo el vuelo de los vencejos.

Parece que todo estalla en Verano. También muere mucha más gente en verano. La luz evidencia la «fatiga». Te quedas quieto: renunciar al movimiento/ por el miedo de la luz a la quietud, de la quietud a la verdad. Dilo aquí, / en la habitación/ donde duerme un niño y las cortinas arden. Las Estrategias contra el equilibrio brillan por dentro y por fuera, a palo seco, sin guitarra, con Juan Talega, recuperan matices perdidos de gitanos viejos.
Baudelaire y Poe también eran grandes soñadores de cortinas. Pero cuando fuera hacía frío. El soñador pide un invierno difícil. La poética del espacio. Al nido se le exige que sea muy seguro. El nido, la casa, la patria, nuestro caparazón, nuestro hueco. El poder de los distintos refugios: un hombre y un edificio.

 

Leonor, la bisabuela de David.

 

He estado escuchando I´m new here, no importa lo mal que te hayas ido, siempre puedes dar vueltas, ¿me mostrarás todo?, “el deseo de entender la geografía”.
He estado escuchando How to disappear completely, that there, that´s not me, i´m not here. He visto también el videoclip oficial, he visto todos los del álbum. Lo he hecho mientras releía y pensaba en qué explicar de la vergüenza, de la traición: la traición es mi casa / entra, ponte cómodo/ avergüénzate conmigo. Así se desata la primavera, atravesando paredes, la edad de la traición. 
He estado releyendo Hogar (Olifante, 2015). En los poemas, la traición. En el epílogo, también la traición. En el prólogo, Luna Miguel escribe sobre belleza solitaria y migajas y rupturas y camas deshechas y dolor y libros negros y puerta dorada y gotitas de sangre e intemperie.
He estado escuchando Olé de Coltrane. Contiene las cuatro estaciones. David se disculpaba casi por haber estructurado así el libro. A mí me encanta: invierno, primavera, verano y otoño. El curso natural. El curso natural es una trampa.
“Bowie y Anne Carson en todas partes”, “la burguesía provinciana que pasea por la Calle del Mar”, el Pont del Petroli y El puente de Hart Crane. Qué importantes los puentes aunque sea para poder tirar algo: las “pertenencias”, el “Aire”, lo que no elegí. “Cuando pienso en el color de lo que no elegí” es uno de mis versos favoritos; hay muchos más, claro. Pertenece a Los amigos muertos. Me hace pensar en casi todo. La desvergüenza es «libertad demasiada». Entonces la vergüenza es muy poca libertad.

David Aceituno y los «pájaros de los que no supiste nada».

 

Aunque el poemario empieza en Invierno, el tercer poema se sitúa en Olmué, al noroeste de Santiago. A 10 de enero en Valparaíso es verano. En el pico del cerro La Campana, las palmeras chilenas, la fauna silvestre, el “vuelo imbécil” de los queltehues, los zancudos, los grillos.
Conocí a David en enero. Íbamos a compartir editor. Aquella tarde también estaba Eleonora Finkelstein, la jefa, huyendo del verano chileno. Pedí croquetas que él no podía comer y bebimos vino. Yo creo recordar que bastante. Salíamos a fumar. Vinieron también Mario y Unai. Y Paco, claro. Ellos bebían cerveza. El vino era para dos charnegos y una argentina de Chile con alma vampira.
He estado releyendo Sylvia & Ted (Olifante, 2010). Gonzalo Torné firma el prólogo que tituló «Desvergüenza». David Aceituno parte en dos la desvergüenza (no sé si la misma de Torné) y la precede de adversidad. El invierno es AUNQUE DES VERGÜENZA. ¿Qué ocurrirá a pesar de que des verguënza?

En la otra cara del fuego, Milosz y su profesión de fe en la poesía, «la aliada de la filosofía al servicio del bien», las márgenes del río, el río que lo arrastra todo, algunos libros bíblicos, el idioma, la lengua, de forma literal y metafórica, a veces susceptible, a veces despiadada, lo que tomamos para subir y bajar o esta definición del amor: aquel oscuro satélite de palabras/ que giraba alrededor de la vergüenza.

(Escribí «Una cruz en la casilla» porque Vergüenza del origen es además un formulario trampa. Es la segunda vez que digo trampa. Lo diré una tercera. Esto es también una reseña trampa. En la trampa también se anida. Se anida la vergüenza y se revienta la casilla).

 

 

‘LOS DÍAS DE LA NIEVE’, de Alberto Conejero Descubriendo a Miguel Hernández desde la mirada de su inseparable Josefina Manresa

Por Sara Barragán del Rey
sarabarragan@gmail.com
Madrid 22/03/2019


EDICIONES ANTÍGONA

Cuando un escritor como Miguel Hernández nos ha dejado tanta poesía que al final su persona se diluye entre sus versos terminando por ser casi un mito imaginario es sorprendente y, aún más, excitante, poder hacer tangible y palpable su sombra real a través de la mirada de alguien que le acompañó: su mujer Josefina Manresa. Pero esto es solo una introducción. Lo realmente exquisito de este libro y obra de teatro es que esta mujer cobre vida en un texto escrito a partir de sus memorias y algunas cartas. La ficción basada en la realidad investigada en otros manuscritos. Alberto Conejero, dramaturgo y poeta, es quien ha logrado esta hazaña en Los días de la nieve (publicado por Ediciones Antígona en 2018). No es la primera vez que Conejero nos traslada a este mundo de realidad y ficción en el que logra reconstruir partes de la historia de grandes personajes a través de otros «secundarios». Ya lo hizo con la galardonada obra La piedra oscura, en la que tomando de fondo la relación de Federico García Lorca con su último amante, Rafael Rodríguez Rapún, nos cuenta otros aspectos del poeta granadino a través de la mirada de este otro personaje «secundario».

Decir «secundario» no es más que una forma de entendernos. Porque, en realidad, los secundarios son, en este caso, los verdaderos protagonistas. Josefina Manresa no es solo una excusa para hablar de Miguel Hernández, es en sí misma un personaje vivo, complejo, rico y tan real que casi es posible escuchar su voz entre las letras impresas. A lo largo del libro es posible masticar y saborear las emociones de este personaje que a través de un cadencioso e interminable monólogo, envuelto en la oscuridad y en la nostalgia, nos va descubriendo, casi sin darnos cuenta, una clave detrás de otra para, al final, entender, que la poesía de Hernández no hubiera sido la misma sin la existencia de esta mujer. Y que, de alguna manera, ella también forma parte del poeta y el poeta de ella. Que la poesía fue un hijo de los dos. Al fin y al cabo, no somos individuos aislados, sino redes en movimiento, alimentándonos unos a otros con palabras, miradas y evoluciones.

Miguel escribió mucho sobre nuestro primer hijo.
Tiene muchos poemas para Manolillo.
Manuel Ramón.
A veces los leo y me consuelan.
Y otras me hacen llorar.
De todos modos
algunos se me han metido adentro.
No tengo que abrir ningún libro para leerlos.

La historia de Los días de la nieve es directa, sin artificios, de esas que emocionan desde la primera frase hasta la última. Tan coloquial que se devora y llega íntegra a la punta de los dedos y lo más recóndito de la médula espinal. Josefina es una costurera que trabaja en un vestido del color azul del mar y que será su último encargo. En ese intervalo de tiempo en el que da las últimas puntadas, la clienta espera y se convierte en la interlocutora silenciosa que representa al lector. Josefina Manresa teje el vestido azul para nosotros, mientras rememora su vida y revive su historia en la que aparece, de forma paralela, la historia de Miguel Hernández y su propio final. Lo fascinante es cómo la poesía hila la vida, el amor y el sufrimiento de una mujer fuerte, que se enfrentó a la muerte y fue capaz de nombrarla a través de los nombres de sus hijos y que en su propio relato poético, nos va desgranando y mostrando fragmentos de cartas, de poemas y de palabras que el poeta dedicó a su familia.

Aquí están las coplillas de la cebolla,
que tanto han gustado.
Eso fue porque le conté a Miguel
que solo comíamos guisos de cebolla y patata.
No, no, cebolla cruda no.
Al menos para hervir teníamos.

La cadencia de la poesía, casi lorquiana, con la que Conejero va hilando (cosiendo) y construyendo a esta mujer, hace que esa reconstrucción de la memoria y del pasado se transformen en una especie de renacimiento. ¿Hay mejor homenaje para hacer a aquellos legados que volverlos a hacer vivos? Eso es lo que hace Conejero con su escritura, tan válida para ser representada en un teatro como para leerla en un rincón acalorado de la noche: homenajes de palabras.

Y di a luz.
Es bonito eso, ¿verdad?
Dar a luz. Dar a alguien a luz.
Aquí paso muchas horas sola.
Y pienso en las palabras.
Como si las cosiera y descosiera.

 

 

‘VOZÁNICA’ de LOLA NIETO La serpiente llega a través del desprendimiento de su piel. La voz, también.

Por Maite Martí Vallejo
maite.mart.vall@gmail.com
Madrid 04/01/2019


Lola Nieto.

 

Conserve esta información para poder consultarla en el futuro:

Las voces deberían insertarse con la polaridad correcta. Las voces no recargables no deben cargarse. Las voces recargables únicamente deberán cargarse bajo la supervisión de un adulto. ¿A partir de qué edad dejas de ser idiota?

En la escuela me dijeron que era idiota para siempre.

¿Y qué más?
Las voces gastadas deben extraerse del juguete.
¿Te parezco un juguete?
No. No llevas una etiqueta con una papelera tachada. Residuo doméstico.
Voz-residuo.
Encender, apagar, cambiar el tempo, parar, reproducir los ritmos, añadir efectos, grabar música, reproducir grabación, añadir fondo, subir volumen y bajarlo.
RECORD
PLAY/CHORD/LESSON
No utilices jabón entre las teclas.
Las voces electrónicas contienen elementos que pueden ser beneficiosos para las personas y el medio ambiente. Como usuario final (¿usuario final?) deposita estas voces en los lugares adecuados de tu población.

  1. Esto no es una ópera. Son nueve. A Lola Nieto, autora de Vozánica (Harpo Libros, 2018), no le encanta la ópera. A mí tampoco. Es bochornoso. A Lola le gusta el manga y verle las ligaduras a las naves espaciales.
  2. «Esto que digo es reversible». Lo que dicen doscientas once voces en total.
  3. La obsesión por respirar provoca ansiedad, pero seguimos respirando más o menos. Lola lo hace por la ternura. El amor da igual. La ternura es antes.
  4. Las naves espaciales tienen forma de boomerang.
  5. Los cuerpos también son feos.
  6. SII. La voz-intestino se irrita.
  7. Entre los 7 y los 14 años la voz es blanca. Mentira.
  8. Entre los 7 y los 14 años hay peligro de atragantamiento. Mentira.
  9. ¿Vas a decir alguna verdad?

Debí llenar el hueco entre mí y mí

Vozánica no sé si trata de llenar huecos. No. Sé que no va de eso. La fiesta del ruido se inicia en el agujero. Bombo-Charles-Platillo. Todas las voces tienen patio interior, si una sabe cómo encontrarlo. Y me puse a reír a carcajadas. A la voz caliente le cuesta salir por el grifo, a veces lo hace teñida de marrón. Es difícil explicar las cosas terribles más allá de las fábricas y de los vertederos y más allá.

LO SIENTO
vuelve a la casilla
que hace GáRGaRas

Algunos fragmentos bordean un terraplén y otros forman una diminuta bola. Voz-aullido cuando todo duerme, voz-papel se eleva por el aire y consigue levitar.

LA BOCA TODAS
Las voces no se terminan en la boca.

Todas las cursivas pertenecen a Vozánica; cubren las aceras y atascan las alcantarillas. Hay instrucciones extrañas que cobran sentido más adelante o se convierten en un secreto privado.
Doscientas once voces generan doscientos once lectores. Voz-computacional.
La ternura también es eso. Un modo multiplicado de preguntarse y vocear con unos botines “witch» que ya quisiera la bruja del oeste.

 

Explorando un clásico desconocido Ciclo de Julio Diamante en la Filmoteca Española

Por Pedro Fuertes
pefuva3@gmail.com
Madrid 4/01/2019


Foto: Filmoteca española

Hace poco en la Filmoteca Española se rindió homenaje a un director español poco conocido para el gran público. La corta extensión de su obra o el momento que “eligió” para desarrollarse como director, pueden ser algunas de las razones por las que no alcanzó la fama.

Julio Diamante (Cádiz, 1930) es historia del cine español. El cineasta consiguió retratar a través de su obra la idiosincrasia de su época, finamente y siempre desde el humor. Nació el año anterior de la proclamación del régimen republicano, del cual fue siempre un gran defensor, y un comprometido opositor, razón por la que viviría no pocos problemas. Diamante, entre otras cosas, fue el primer líder estudiantil, organizando el Congreso de Escritores Jóvenes en 1955, algo que comentó en la Filmoteca en una de las charlas previas a la proyección de sus películas, recordando cómo en algún momento llegó a verse envuelto en alguna conversación poco amistosa con la policía en la que salió a relucir su gusto por el cine soviético, los considerados enemigos, y por el cine sueco y su director más sobresaliente en ese momento, Victor Strotjeim.

Las anécdotas de su historia de vida son casi inacabables y desde hoy, es fácil imaginar la reacción del régimen de la época ante un joven que manifiesta su oposición a través de la burla y con cierta repercusión. Tuvo problemas que finalmente derivaron en su expulsión de la escuela de cine tras once años dando clases por «rojo». En sus propias palabras: “En todas las actividades en que he intervenido me he encontrado con la censura en situaciones muy jodidas”.

Una de las proyecciones durante la retrospectiva en la filmoteca fue la película El arte de vivir, en la cual un joven desarraigado busca su lugar en el mundo. Su crítica y su cínica visión del mundo hace que viva el rechazo social a lo largo de toda la película. Sus aspiraciones son altas pero su desdén por las personas que le rodean es aún mayor. La película es un retrato de miles de jóvenes de la época, una generación en su mayor parte perdida, con una ambición cuyas posibilidades, espíritu y pensamiento no estaban disponibles en aquel momento en España. Luis, el protagonista representa al joven que no puede desarrollarse y que termina anclado a la miseria de sus iguales, con una desgracia distinta a la del resto sí, pero que implica el mismo castigo.

Puede que esa sea la película más representativa de Julio Diamante, ya que engloba los conceptos clave de su cine y su pensamiento. Con tono intimista y personal se refleja seguramente a sí mismo en el protagonista, un joven de edad similar a la que el director tenía en esa época con una actitud similar a la que intuimos, tendría el director en ese momento.

Sex o no sex, fue otra de las elegidas para el ciclo. Se trata de una representación del choque que recibió toda una generación cuando se entero que los parámetros de una relación podían no ser los incluidos en la Biblia y las revistas femeninas de la falange. En una entrevista recogida por El País, Diamante decía lo siguiente sobre la cinta: “se escandalizaron porque era del destape, aunque de hecho se trataba de una crítica benévola sobre las inquietudes sexuales de un pequeño burgués que se disfraza a la hora del sexo, como en realidad hacían ciertos personajes del franquismo”. La película no es un logro excepcional pero, al igual que todo el trabajo de Julio Diamante, nos habla de su tiempo, de su pensamiento y de su gente, analfabeta en la mayoría de cuestiones que hoy nos resultan cotidianas.

En la película el personaje atraviesa una especie de adolescencia tardía donde, además, descubre que no está solo en su perversión, que hay sujetos aun más enfermos, por lo que ante el fracaso continuo de sus técnicas y el resultado que estas dan, tan solo le queda dedicarse al fútbol y convertirse en uno más en la sociedad, yendo a misa cuando toca y obedeciendo lo que le dicen, tal y como debe ser un buen español. La película mantiene un tono cómico, que tan solo decae en las secuencias donde el personaje pone en práctica sus técnicas sexuales, donde se repiten una y otra vez momentos similares en los que la idea es la misma: un personaje que ya es incapaz de tener una vida sexual normal.

sólidO_Celado Un refugio precario en los últimos núcleos de vida roja o ¿la ciudad no es para mí?

Por Maite Martí Vallejo
maite.mart.vall@gmail.com
Barcelona/Barcelona. 26/08/18.


sólidO_Celado
Francisco Jota-Pérez
Ediciones El Transbordador, 2018

 

Sin embargo, ahora, después de haber tomado conciencia de que la Historia no es ni tiene por qué ser la historia verdadera y que las metafísicas no pasan de ser ejercicios de lenguaje; ahora, después del desencanto y la hibridación de los géneros, puede que la poesía, algún tipo de poesía, vuelva a sernos necesaria. Pero ¿qué poesía? Y ¿para qué?

(Chantal Maillard se hizo estas preguntas en 2013. ¿Se las hizo en Málaga? Yo no conocía entonces a Francisco Jota-Pérez. I
gnoraba todo de él).

La biografía fácil, aunque no lo sea: Barcelona, 1979. Es mi ciudad y es mi año. ¿Es esto lo sólido?

En sólidO_Celado
se escribe la “cadencia» muchas veces: “del traslúcido objeto humano al adjetivo opaco / que lo mismo podría ser una sala para el sacrificio / como una urna donde conservar nada / ante la nada inminente”. Cada una y ninguna en su rincón, barajando las cartas, El Loco, La Templanza, Los Amantes, “la miniatura de mí”, “lo justo y lo malvado bajo el radar de la Angustia”. Hablaría con sus frases. Os transcribiría el libro entero. Supongo que este no es modo de reseñar. 

No sé cómo os enfrentáis a lo desconocido. A mí me gusta basar el amor por un libro en cosas como las veces que me ha faltado la sintaxis (“de aquél al que no dimos sintaxis”).

Le llamé Jota enseguida, nunca le pregunté si podía hacerlo. ¿Es esto lo celado? Se comparte el amor por los símbolos. Juan Eduardo Cirlot también nació en Barcelona. En Barcelona busco el oráculo de las 44 cartas. El lenguaje de Jota me arrastra a cuestiones de anatomía oculta, de astrología médica. Identifico las zonas de sombra a manos llenas de los Arcanos Mayores del Tarot. Hay un vapor sutilísimo y un trabajo profundo. Las capacidades de expresión de su poética alcanzan la tiroides. “para con lo cerrado / -urdimbre del laberinto humano / hacia la idea fija. Esto. Es. Se trataba de. / Deberá tratarse siempre. “.

La imagen en este libro se sale de la palabra y se sostiene en las calles: “Santa María del Pi, calle Cecs, la Boquería: alas de hule me guarecieron cuando sostuve a mi hijo en brazos por primera vez / aquél al que no dimos sintaxis / queja castrada de amor hermoso / perdido en los renglones del / desmigajamiento.”

Seguiría con las citas. Ya lo he dicho. Empecé también diciendo ignoraba. Y enseguida amor. Amé enseguida su escritura. Entrad en su blog, comprad sus libros, leed a Jota.

Deseo reconocerme en
su revolución ciudadana: desde la palabra que se flexiona y se hace fuego y bautismo de fuego y bautismo a secas… Quiero decir que sé que es un error tremendo lo de los puntos suspensivos y una cursilería, pero me falta la sintaxis. Puede haber lugar común en mí, pero no lo hay en Jota. Los márgenes desde los que escribe no son hostiles, aunque hostil sea el entorno.

La exigencia como lectores debería tratar también de construir nuevos laberintos y no empeñarse tanto en salir de los viejos.

https://fjotap.wordpress.com/

La poesía cósmica de David Eloy Rodríguez "Crónicas de la galaxia": un libro de poesía de ciencia ficción.

Por Sara Barragán del Rey
sarabarragan@gmail.com
Madrid 1/08/2018


¿Un libro de poesía que engancha? ¿Un libro de poesía pero de ciencia ficción? ¿Un libro de poesía pero de filosofía e historia de la ciencia? Pues sí, todo eso es Crónicas de la galaxia, de David Eloy Rodríguez, publicado por Ediciones El Transbordador dentro de la colección Pequeño Laboratorio Alternativo.

 

Entre la ficción documental, la fantasía poética y la «poesía cósmica», Crónicas de la galaxia, de David Eloy Rodríguez, es un libro que levanta sonrisas por el sentido del humor que desprende en el juego formal que plantea el autor y, al mismo tiempo, despierta preguntas universales sobre el sentido de la vida, el miedo a la muerte, el deseo y la búsqueda de la verdad. En síntesis, podría definirse como una ventana al universo y una propuesta de viaje épico. La inspiración y las fuentes de las que bebe el autor, son cercanas y forman parte de nuestro inconsciente colectivo: 2001 Odisea en el espacio, de Stanley Kubrik y las grandes novelas de autores como Olaf Stapledon o Philip K. Dick, son solo algunas de ellas. La diferencia, en este caso, es que David Eloy Rodríguez se arriesga a explorar el universo desde la poesía.

Claro que poesía y ciencia ficción suelen ir de la mano. Aunque, efectivamente, la ciencia ficción se ha desarrollado en el terreno literario sobre todo en novelas, no deja de ser un género que no está exento de carga poética. Ya nos hablen de naves espaciales, viajes interestelares, civilizaciones perdidas o futuros posibles, las imágenes suelen ser tan poderosas y, a veces, tan abstractas, que rezuman poesía en muchas de sus páginas. Por otro lado, más allá de las batallas interestelares o los “efectos especiales”, la profundidad filosófica a la hora de plantear futuros para repensar nuestro momento actual es algo que ubica a Crónicas de galaxia, directamente en este género «cósmico-científico».

En el caso del libro del que hoy hablamos, hermosamente editado, por cierto, poesía y narrativa comparten espacio en partes diferenciadas y complementarias. El recurso literario utilizado en la estructura, eso sí, no es nada nuevo. De hecho, uno de los mayores ejemplos conocido por todos es nuestro Famoso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Se trata del recurso del manuscrito encontrado, una técnica en la que se plantea un narrador que cuenta el hallazgo de un manuscrito en circunstancias excepcionales. El narrador da a conocer dicho manuscrito y, entonces, es cuando «comienza» la historia. Eso es exactamente lo que ocurre en el libro de este poeta extremeño, que ya ha publicado numerosas obras poéticas y algunos libros ilustrados.

Todo empieza en un prólogo, que no es prólogo, sino parte de la propia ficción. En él, en forma de crónica, el autor cuenta en primera persona las circunstancias que lo llevaron a encontrar el manuscrito. Se trata de un texto con toques incluso periodísticos, pues está cargado de referencias a documentos y eventos reales. De forma sintética, asistimos a un pequeño repaso de historia de la ciencia y la astronomía, con datos sobre las investigaciones en torno a la recepción de señales del espacio, teorías astronómicas y referencias a científicos que realizaron aportaciones a la historia, como el famoso astrónomo Percival Lowell, quien elaboró teorías sobre los canales de Marte, después descubiertos, y la existencia de un Planeta X más allá de Neptuno. “El ‘loco’ una vez más, tenía razón. La fuerza clarividente de la fantasía”, escribe David Eloy Rodríguez en el prólogo.

Pero la crónica, aparentemente en el plano de la realidad, se convierte en ficción cuando el narrador explica su descubrimiento de una sociedad secreta, llamada La Cooperativa, en la que han creado una máquina para recibir comunicaciones procedentes del espacio. Es en la sede de esta sociedad secreta donde el narrador se encuentra con el manuscrito: un texto escrito en Esperanto que es una traducción de unas comunicaciones recibidas desde el exterior. La labor del narrador protagonista de este prólogo será, entonces, traducir del esperanto al castellano esas comunicaciones anónimas. Ese es el libro que nos presenta, el libro de poesía. Y como todo buen traductor nos explica los procesos, las dificultades y las libertades que se ha tomado a la hora de darle forma. Así, siguiendo la técnica del manuscrito encontrado, el narrador aparece como simple traductor de la obra ajena. Él mismo se denomina a sí mismo “médium”, simple intermediario, sin conocimiento del contexto, de la voz autoral, de los objetivos. Su labor se reduce a dar a conocer al resto de la humanidad el hallazgo, como él mismo manifiesta.

Si mis amigos en su delirante laboratorio (¿pero no delira, de algún modo, la ciencia?) tienen razón estos textos nos permiten saber mucho sobre nosotros mismos. Uno qué sabe… Vayan aquí estas palabras desmandadas, diría el gran Agustín García Calvo, «valga para lo que valga».

La segunda parte del libro comienza así, con esta propuesta de encontrarnos a nosotros mismos en la poesía. A partir de ahí, se hace presente otra voz, ajena, desconocida, de la que poco a poco vamos descubriendo sus miedos y pasiones. Es un viajero espacial, perdido, encontrándose, que, a modo de bitácora nos habla de sus viajes, su soledad y su miedo a la muerte. Y, a medida que se avanza en la lectura, la historia del viaje interespacial y la intriga de su resolución dejan de importar. Lo interesante es, precisamente, lo personal, lo existencial, el sentido de la vida. Conocernos a nosotros mismos a través de un relato en el que el autor (el real, el escritor), saca de las entrañas emociones personales que atraviesan todo el entramado de la estructura, la forma y los recursos literarios.

Aquí estamos,

siendo
parte
del
tesoro,

extraviados,

en el camino.

El rumor de lo real se confunde con la ficción y cada poema se convierte en una unidad autosuficiente en el que dejarse llevar por las imágenes personales y los temas universales con los que es imposible no sentir identificación y empatía. Con un estilo sencillo, de lenguaje claro y directo, la sucesión de imágenes dejan también espacio para un sentido del humor que tiene que ver con lo absurdo de la existencia.

Los sintetizadores saben sintetizar,
pero nosotros no sabemos vivir.

Saber buscar refugio salva vidas.

Mientras quede una canción, queda algo.

Las operaciones de mantenimiento

son fundamentales

Estar vivo no es poco.

La destrucción y la reconstrucción, el paso del tiempo, los duelos y los golpes del camino, enfrentarse a la verdad y buscarla sabiendo que no existe como un absoluto, convierten a este personaje en un Quijote, un Odiseo, un filósofo en busca de la verdad y de la libertad que no encuentra, pues está atrapado en una nave y, a la vez, en un recuerdo que no consigue olvidar. Incluso, está atrapado en el propio lenguaje. Al mismo tiempo, la caída de la mente hacia la nada, entendida como muerte y deseo, va haciendo que la poesía vaya ganando en profundidad según se avanza, hasta llegar a reflexiones mucho más filosóficas y abstractas, incluso, post-humanas, escritas desde una voz del futuro en el que el ser humano ya está extinto, pero en el que aún, parece sobrevivir el amor.

Usted es datos.

Usted cree que es otra cosa,

pero usted es el dato que resulta
de la estructura, gestión y análisis de datos.

Observe bien.

Es ineludible. Es inolvidable.

Son los datos.

Y después del libro de poesía, aún hay una divertida sorpresa final (que no quiero desvelar). Solo diré que el postfacio, a modo de ensayo, eleva la obra con ironía, proyectando el artificio narrativo hasta el infinito. Todo queda ficcionalizado dentro del libro: el autor, el narrador, los lectores presentes y futuros e, incluso, la propia editorial.

Desde estas líneas, entrando en esa ficción, escribo desde el año 2096: “Querido David Eloy del pasado-presente: Gracias por el viaje”.

 

Perdido el control de.

Aprender a perder. Destino Cero.

Nos lleva la nada / somos llevados / nada nos lleva.

Aprender a traspasar
y a ser traspasados.

La totalidad no es más que una partícula.
En cada partícula, la totalidad.

La sustancia está compuesta de indeterminación y mezcla.

Hay tantas dimensiones
que el propio concepto de dimensión
es inútil.

Cada tripulante lo sabe: todo es precipicio
y caemos
y eso es
ser.

 

FOTO: Angelina Delgado Librero
David Eloy Rodríguez – FOTO: Angelina Delgado Librero

 

 

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