REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

DÉBORAH GUERRERO La vida que tenemos no es el tiempo que nos falta

Por Txetxu González
txevinuesa@gmail.com
Madrid/Mallorca/Cuzco. 01/08/2018.


DÉBORAH GUERRERO por Roberto Pérez Toledo.

Déborah Guerrero practica el escapismo y la investigación profunda desde tiempo inmemorial. Hay adjetivos que abonan la huella de la genialidad, pero nosotras no vamos a pretender abonar nada con esta entrevista, si acaso intentaremos acercaros la figura y la personalidad de alguien a quien admiramos profundamente. Adjetivos faltarían siempre y, a pesar de que confiamos a la audacia del lenguaje un valor casi implacable a la hora de transmitir hitos, arrebatos, sentimientos elevados o carencias … a veces, como el amor, el lenguaje tampoco es suficiente.

Sabemos, más o menos admitimos en público y en silencio que, en demasiadas ocasiones, no se pone en valor la capacidad de trabajo, la clarividencia y las creaciones de quienes suelen sacarnos expresiones tipo: ‘joder, qué crudo’ / ‘me encanta su trabajo’ / ‘se nota que lo ha dirigido y escrito ella’. Con Déborah nos sucede exactamente eso: es ya casi un hábito que con cada nuevo cortometraje, monólogo, relato, interpretación o poema, consiga llevarnos a esos lugares oscuros, también comunes (pero nunca viciados o estereotipados), de la psique humana, el deseo, la dolencia y la rabia más oculta o solapada.

Es un atardecer de agosto en la sierra de la Tramuntana. Se escuchan las pisadas de un animal que avanza enérgico entre las jaras, brezos y campos de genista lucida. Todo lo demás es brisa, contención en la mirada, risas, sudor, alguna lágrima, algún buen propósito, cerveza, escamas de sal marina y sobrasada al llegar a casa. No es una escena de una peli Rohmer, no. Es una historia viva en la que Déborah expande sus roles, arrebatando a la realidad una posibilidad de ficción. De pronto, una oliva se cuela en su boca y el hilo invisible que existe entre entrevistador y entrevistada se convierte ya en secuencia, en microrrelato, en videoarte o en poema. Queda dicho. Todo lo demás son preguntas y respuestas.

Acabamos de ver tu último cortometraje, ‘La Bibliotecaria’, y la verdad es que aún no nos ha llegado el aliento de vuelta. ¿De dónde parte la idea y cómo surge el proyecto?

La idea nace en Perú, en un viaje con unas amigas. Una de ellas es actriz (Noelia Iglesias) y, tanto las facciones de su rostro como su forma de estar, me resultan muy inspiradoras desde siempre. En una de las habitaciones que alquilamos en la ciudad de Cuzco, había un armario viejo y oscuro. Empezamos a sacarnos fotos y, una de las que le saqué a Noe, me pareció un posible cartel de película. Allí, tras un largo recorrido en bus, es cuando empezaron a surgir ideas para escribir ‘La bibliotecaria’.

Cartel de ‘La Bibliotecaria’. Diseño: Abraham Blázquez.

La actriz protagonista de ‘La Bibliotecaria’ es Noelia Iglesias.

Si hay una palabra que caracterice tu trayectoria como directora, actriz y guionista es ‘versatilidad’. Como realizadora y escritora, tus cortos no se parecen mucho entre sí. ¿Es esta una circunstancia deliberada? En este momento de tu carrera, ¿hacia dónde te gustaría que se encaminara tu trabajo? ¿Qué te apetece hacer?

Como realizadora y escritora, me suelen surgir ideas un tanto oscuras. Mi primer corto, ‘Simbiosis’, tiene ese fondo de lo oculto y otras similitudes con ‘La bibliotecaria’ que, hasta después de rodarlo, no había relacionado. Por otro lado, a veces necesito salir de la intensidad que le pongo a las historias y me da por escribir cosas más sencillas, con un toque cómico. Si no me doy esos ‘respiros’, podría meterme demasiado en lugares de los que me costaría salir. Hoy por hoy, me apetece seguir haciendo ‘thriller’ y me tira más la parte psicológica y retorcida del ser humano. Estudio sobre ello a menudo. Antes de reescribir lo que será mi próximo guión, voy a filmar un corto sencillo, de pocos minutos y agradable, supongo. Es un modo de prepararme para la intensidad que vendrá después.

Noelia Iglesias, saliendo del armario de Cuzco. Trabajo previo al cartel definitivo de ‘La Blibliotecaria’.

¿Qué elementos alimentan tu faceta creativa? ¿En qué te apoyas para comenzar a desarrollar una idea o proyecto?

Las personas son mi principal ‘fuente de alimentación’. Soy muy observadora y hasta el gesto más sencillo me puede inspirar. El silencio también me ayuda. Creo que la vida y lo que me rodea actúan como detonantes para liberar la creatividad.

DÉBORAH GUERRERO durante el rodaje de ‘La Bibliotecaria’.

¿Cómo describirías tu último trabajo? ¿Ha sido ‘La Bibliotecaria’ una oportunidad para expiar ciertos fantasmas que deambulan por tu subconsciente?

No sé muy bien si ‘La Bibliotecaria’ forma parte de mis fantasmas. Quiero pensar que no, porque mi historia no se basa en nada parecido, aunque la gente que me conoce entiende por qué he escrito algunas de las cosas que aparecen en el corto. Lo que sí es cierto es que llevo a mi terreno muchas de las emociones que percibo en la gente y tengo cierta predilección por dar voz al universo que hay dentro de una mujer. Es una de las razones por las que ser actriz me hace sentir más viva, se colocan muchas cosas dentro. En mi imaginación suelen ser personajes femeninos los que recrean escenas, aunque también trabajo con actores, claro. Siento que es más fácil que una mujer me dé su lado macabro e inocente a la vez, mientras que en un hombre cuesta más. Supongo que de ahí nacen mis sombras a la hora de escribir. ‘La bibliotecaria’ ha sido un vómito en toda regla.

¿Cuáles fueron los principales problemas con los que te encontraste a la hora de levantar el proyecto?

El dinero fue el gran problema. Hice una campaña de crowdfunding y además me prestaron algo. El rodaje iba rápido. Era mucho lo que quería contar en muy poco tiempo y nos faltaron días. Por el espacio pagué una suma importante, pero no podía ser en otra biblioteca. Tenía lo justo para dar el alta al equipo, que éramos unos veinte, alquiler de material, localización, catering e imprevistos. La postproducción también tuvo lo suyo, especialmente la edición de color. Al no tener dinero, sabes que la gente, obviamente, tiene otros trabajos y prioridades. Hemos empleado todo un año para poder acariciar el resultado final. En cualquier caso, he de decir que, por suerte, solo ha habido dificultades económicas, ya que tanto el equipo entero como los responsables de la localización principal, que fue en la biblioteca del Instituto Geominero, no han podido ser más generosos, trabajadores y buena gente. Llevar un proyecto a cabo contando con esta clase de personas es muy emocionante.

Momento del rodaje de ‘La Bibliotecaria’.

Como mujer directora y creadora que no dispone de ‘madrinas’ ni ‘padrinos, que decide embarcarse en proyectos tan complejos y que no recibe apoyo institucional de ningún tipo … ¿crees que existe lugar para la esperanza para aquellas que, como tú, intentan abrirse camino en la industria del cine en este país?

Es evidente que hay un problema con el apoyo institucional a la industria del cine y a las artes en general. Como mujer, soy de las personas que no ve barreras ni impedimentos, me siento con las mismas capacidades, pero no con las mismas oportunidades que un hombre. Hacen falta más mujeres que cuenten historias. Tampoco me siento con las mismas facilidades al no tener un nombre conocido. Veo esperanza, aunque aún estemos muy verdes, porque cada vez hay más festivales o redes de apoyo que, de alguna manera, están orientadas a la creación de obras realizadas por mujeres. Ojalá no tuvieran que existir, porque que siento que nos ponen en un lugar distinto al del resto de creadores. Espero que haya muchos más avances para así sentirnos más valoradas e integradas.

¿Cuál es el hilo conductor que une, en mayor medida, los matices y anclajes de tu trabajo? ¿De dónde nace la necesidad que te invita a ir de la interpretación a la escritura, de la poesía a la dirección? ¿El orden de las manifestaciones altera el producto?

La verdad es que no tiene por qué alterarlo, no. (Risas). Quizás sea un círculo en constante movimiento. La necesidad que tengo de escribir, es casi la misma que tengo de actuar. También va por épocas, pero digamos que puedo ser una actriz que escribe. Escribo y hago teatro (y teatrillos) desde que era pequeña. La dirección es otra cosa. Yo lo veo más como una creación en conjunto. Me cuesta la vida escribir algo para que otra persona lo dirija. Porque escribo ya creando un ambiente, visualizando el tono y, a veces, incluso, hasta a los propios actores. Suelo hacerme dueña de todo y eso a veces me deja KO. Nunca pensé en dirigir hasta que lo hice. Después de la primera vez, dije que nunca más. Y ahora no paro de pensar en volver a hacerlo. No tenía ni idea de nada, en los rodajes me limitaba a actuar y a observar a los técnicos, pero no sabía qué hacía un director aparte de dirigir actores. Por suerte, soy muy preguntona y siempre pido opiniones y consejos. Cuando escribo, no suelo imaginarme haciendo un papel, imagino otros perfiles, pero acabo otorgándome un personaje porque no olvido mi verdadera vocación y, ya que no abundan las oportunidades, no me voy a quedar sentada esperando.

Fotograma de ‘La Bibliotecaria’ en el que aparece DÉBORAH GUERRERO.

¿Qué puedes contarnos con respecto al futuro? ¿Tienes ya nuevos proyectos en el horno?

No tengo nada definido ni sólido. Sé lo que quiero hacer ahora y en el futuro, pero no le pongo una forma exacta. Ideas, muchas. Ganas, todas. He conocido recientemente a dos mujeres con mucho talento y hemos hablado de hacer algo entre las tres. Es algo aún que está muy verde y que no se ha hablado con claridad pero, cuando deseo e intuyo algo, suele llevarme a algo importante. Así que estoy como inquieta, en el buen sentido. También pienso retomar las clases de entrenamiento actoral este año. Lo más sólido que tengo entre manos es un corto que me gustaría grabar el año que viene en mi tierra, Mallorca. Algo sencillo y de pocos minutos.

¿Qué obra de arte, artista, pieza, película, director sigue conmoviéndote a día de hoy, a pesar del paso de los años y las tendencias de cada momento?

Soy muy mala para decir un nombre entre tantos. Me pasa como con los bares. Diría casi todas las películas del gran Haneke, pero la que vería en bucle es ‘Funny Games’. ‘El Exorcista’ siempre estoy dispuesta a verla y siempre me da miedo. Como obra, me gustan muchísimas de todas las épocas, pero me quedo con las pinturas del romanticismo, especialmente ‘Lady Macbeth con los puñales’, de Henry Fuseli. La catedral de Palma tampoco me canso de mirarla.

Momento del rodaje de ‘La Bibliotecaria’.

Según tenemos entendido, vives en el campo, trabajas ocho horas al día, coeditas una revista digital sobre arte y cultura, escribes poemas aún más crudos que cualquier coágulo, escribes cuentos, relatos, preparas un monólogo (aunque lo lleves medio en secreto), promocionas tu corto y estás pensando en embarcarte en otro proyecto. ¿Es el tiempo un aliado o una condena? ¿De dónde sacas la energía para tanto revuelo?

La energía no sé de dónde la saco. Será algo innato. También acabo muy cansada. Cuando me paro a pensarlo, no sé cómo he hecho tantas cosas. El tiempo para mí es siempre escaso, porque si quiero hacer muchas cosas, me falta y, si estoy de vacaciones, cosa que he conocido pocas veces, también me falta. Necesitaría muchas vidas para hacer todo lo que quiero y otras tantas para descansar. De pequeña, despertaba a mi madre por las mañanas −diría que hasta con ansiedad− porque me daba miedo que se hiciese de noche rápido y no haber aprovechado el día.

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