REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

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Begoña Ugalde

BEGOÑA UGALDE Como esas escenas del mundo flotante: nos acompaña, prospera y desaparece.

Edición: Maite Martí Vallejo
maite.mart.vall@gmail.com
Barcelona/Pisa. 12/08/18


Begoña Ugalde

Begoña Ugalde Pascual (Santiago, 1984). Es Licenciada en Literatura Hispánica en la Universidad de Chile y Máster en Creación Literaria en la Universitat Pompeu Fabra. Ha publicado los poemarios El cielo de los animales (Calle Passy), Thriller (PLUP),  La virgen de las Antenas (Cuneta), Lunares (Pez Espiral), Poemas sobre mi normalidad (Ril ediciones) y el relato Clases de Lenguaje (TEGE). Además es autora de numerosas obras teatrales.

 

EL AMOR NECESITA TIEMPO PARA FLORECER      

 

En principio no los ayudé por mi tendinitis. Y porque tenía la intuición de que la cosa no iba a durar mucho. Imagínate que en esa época mi hija se cambiaba cada seis meses de casa. Con prestarle la camioneta ya era más que suficiente ¡Si ni siquiera tenía licencia de conducir! Su pareja tampoco, por supuesto. Se la habían quitado por manejar borracho. Pero eso yo lo supe después. Cuando ella me contó todo. Porque siempre hace lo mismo: pasa meses sin apenas contestarme el teléfono, toma decisiones absurdas y después recurre a mí, cuando ya tiene el agua hasta el cuello.

Pero una nunca se acostumbra a esa manera de hacer las cosas. Cuando recibí su llamada pensé que era una broma ¡Se había mudado hace tan poco! Incluso arreglaron una pieza para los niños. Yo le advertí que uno no se convierte en una familia de la noche a la mañana. Ella se quedó callada.  Después cambió el tema. Habló de las últimas gracias de mi nieto, del tiempo, de sus ganas de viajar.

La casa que encontraron estaba casi en ruinas. Pero eso tampoco les importó. Pintaron juntos cada habitación de un color damasco, horroroso. Lo compraron porque estaba en oferta. Pero yo siempre digo que lo barato sale caro ¡La casa parecía una guardería infantil! Era obvio que a mi hija tampoco le gustaba, pero lo dejó pasar. Aunque le he dicho mil veces que esas pequeñas señales son las más importantes. Es una de las pocas cosas que tengo claras en la vida. También sé que no hay que decidir las cosas en caliente. Porque a quién queremos engañar. Ella nunca estuvo realmente enamorada de él. Tal vez estaba encantada, ilusionada, o, perdonado la expresión, enculada. Pero todo eso no es suficiente para tomar una decisión así.

¿Cuánta profundidad debe tener un sentimiento para que sea real? ¿Es esta una pregunta muy cursi? Tengo la respuesta a través de otra metáfora cursi. El amor necesita tiempo para florecer. Como las semillas. No germinan de la noche a la mañana.

Él nunca le regaló flores. Decía que era ecologista. Que la industria agrícola era perversa en todos los sentidos. Incluso estaba haciendo una investigación sobre ese tema. Hablaba mucho de las flores pero no en un sentido lindo, sino que lleno de reparos, de oscuridad y amargura. El día que inauguraron la casa, puso después de almuerzo un documental sobre las trabajadoras agrícolas que se enferman por los pesticidas. Aparecían los hijos de las temporeras con malformaciones. ¿Hay algo menos digestivo que ver niños sin brazos ni piernas después de almuerzo? Me pareció una enorme desubicación. Entonces traté de concentrarme en las imágenes del campo. Esos cultivos eran un verdadero ejército de colores. Entonces pensé que a pesar de todo ese horror las flores eran lindas. Y que veces las cosas lindas vienen de mundos monstruosos. Pero eso no hace que dejen de ser lindas.

Sí, soy romántica. Me gusta leer poesía ¿Hay algo más romántico que eso? Pero ser romántica no es lo mismo que ser estúpida. Y con esto no digo que mi hija lo sea. Sólo que a veces siento que tiene la cabeza llena de pajaritos. Pajaritos que le cuentan cuentos. O tal vez es ella misma la que se los cuenta. Porque para que andamos cosas, ella siempre ha sido buena para inventar historias. Y no tengo problema si son sobre sí misma, o sobre personajes imaginarios. El problema es cuando nos involucra a todos, sus supuestos seres queridos.

Cuando me dijo que quería juntarse a tomar un café, que tenía que hablar conmigo, pensé que iba desahogarse, hablar de su ex. Y bueno, empezó por ahí. Habló  de que ella necesitaba un hombre que a través de detalles cotidianos la hiciera sentir como una reina. No pedía grandes lujos, sólo de vez en cuando un ramo de claveles, una cajita de chocolates o al menos desayuno a la cama.

Pero luego empezó a tartamudear diciendo que en realidad  las flores y los niños son incompatibles, porque su mejor amiga le había regalado rosas blancas por el día de la mujer y apenas las puso en su escritorio el niño botó de un pelotazo el florero sobre sus apuntes e incluso mojó su computador. Ahí entendí lo confundida que estaba porque su historia era inconexa. Lo único que me dejó en claro, es que no quería más de esas relaciones con hombres que lo cuestionan todo. Prefería para el futuro un tipo “adaptado”. Usó esa palabra con énfasis, como tratando de convencerse a sí misma.  Y yo le encontré toda la razón. Le dije que era hora ya de que la invitaran a comer. Ella asintió, hasta nos reímos.

Pero de repente se puso seria y empezó a decirme, de la nada, que en terapia le vinieron imágenes de su papá tocándola. Me habló de que siempre se había sentido desprotegida y que la culpable era yo porque nunca le hice conocer sus límites. Ahí reconozco que perdí la paciencia. Es que toda la vida me ha acusado de sus problemas. Imagínate que era muy chica y una vez me citaron del jardín infantil, porque ella había dicho que yo la maltrataba ¡Y yo jamás le pegué! A lo más los típicos zamarreos para que se terminara el plato. Es que era tan mañosa. Solo le gustaba la comida chatarra, y a veces ni siquiera eso.

Ahora, volviendo al tema de sus historias, yo puedo decir mil cosas de mi ex marido, pero pongo las manos al fuego de que no es un degenerado. Al contrario te diría, es un hombre muy poco sexual. Yo siempre fui la apasionada de la relación, la que andaba con ganas. Eso nos jugó un poco en contra, claro que sí, pero que quede claro que no fue la razón por la que terminamos. Nada que ver.

Nos jugaron muchas cosas en contra. El tema de la plata siempre fue problema. Acuérdate de la recesión terrible que hubo después de la Unidad Popular. Todos estamos de acuerdo en que el país estaba patas para arriba. Él tuvo que buscar trabajo afuera. Llegaba los fines de semana, super cansado, sin ganas de nada. Yo me quedaba con los niños y también andaba siempre cansada. Igual me daba el tiempo de ver sus tareas escolares, y todas las noches los acostaba, les leía un cuento, rezábamos. No eran de esos niños que se quedaban viendo televisión hasta las tantas. A mí siempre me importó que tuvieran horarios. Creo que he sido una buena madre. Por más que ella me acuse de haber hecho mal las cosas.

De lo único que me arrepiento es de haberle leído todos esos cuentos de princesas. Demasiados velos, demasiados encantamientos. Por eso la ayudé cuando me llamó llorando después de pelearse con el ecologista. Que quede claro que le presté de nuevo la camioneta para la mudanza. Incluso la ayudé a llevar un par de cajas. A pesar de mi tendinitis.

 

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