REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

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David Aceituno

La vida cotidiana arrasa Europa MAITE MARTÍ VALLEJO

Por David Aceituno

Edición: Sara B. Del Rey
daceitunopadilla@gmail.com
Barcelona 26/07/2019.


MATERIA ORGÁNICA

 

Hay materia orgánica en La vida cotidiana arrasa Europa. Puedes olerla en las dos preguntas que abren el poemario.

¿Un libro entero dedicado a la familia?
¿Y qué vas a contar?

No solo a la familia. Y lo que distingue a la poesía de Maite Martí Vallejo no es el qué sino el cómo.

Cuando un hogar se debe a muchos aromas,
una serie de excepciones se extraen de cualquier deriva.
Destilados hacen lo propio con nuestra idea de retomar
lo que dañó la familia, causándole graves quemaduras.

La materia orgánica se da cuando los sentidos trabajan al servicio del criterio. El de la poeta barcelonesa se mueve por zonas no asediadas todavía por el turismo literario: en estas páginas no hay intención confesional ni forcejeos metatextuales, y los desplazamientos de sentido están escogidos con elegancia. En La vida cotidiana arrasa Europa los referentes transitan por densidades muy distintas, la herencia de la tradición anglosajona está integrada con celo castizo, y lo castizo aparece también bajo sospecha, pese a estar diseminado sin complejos a lo largo de todo el poemario. Martí Vallejo no necesita huir de los lugares comunes: los conoce tan bien que planta ahí una casa y nos abre la puerta.

Teníamos una casa preciosa. Mentira. Se caía a trozos.
Mis padres eran fabulosos. Verdad. Y mentirá también.
No eran austrohúngaros, jamás habían sentido
una libertad increíble.

Otro de los rasgos que singularizan La vida cotidiana arrasa Europa es la confluencia de géneros y tonos, que la autora es capaz de distorsionar hasta la disonancia: las epifanías envuelven la miseria, el ritmo aforístico de algunos versos se quiebra, el ensayo sociológico delimita zonas de sombra y la crónica negra de España cambia de halo. Y de entre ese magma, fogonazos de sentido incontestables.

¿Quiénes son las personas sobre las que escribes?
¿Puedes decirme sus nombres? ¿Dónde están?
¿Por qué están allí?
¿Cuál es la persona con la que más te gusta estar? ¿Por qué?
¿Cuál es el más feliz? ¿Por qué?
¿Cuál es el menos feliz?
¿Por qué? ¿Y tú en esta familia a quien prefieres?

Las preguntas son también materia orgánica. A medida que se abren paso en el poemario, se arraiga otra sospecha: lo orgánico no se deja intelectualizar. La respuesta es el ruido que cada pregunta deja en el aire.

El amor a pesar de ser tan corto cumple una misión: todos queremos uno.

Hay quien juzga la poesía en función de los censores internos. Entre los censores atribuibles a Maite Martí Vallejo estarían una alumna de las Dominicas de la Anunciata, un actor de cine clásico, una hija quebrada, una madre que mira de reojo a otras madres, una poeta que odia la poesía, un niño cruel y una joven que no se cree digna de amor y quiere uno.

No es lo mismo desnudarse en la ducha de casa, en una exploración
ginecológica, en una playa, ante la pareja sexual en el dormitorio,
en plena calle ante los transeúntes o aquí.

Esos versos pertenecen en realidad a su primer poemario. La comparación en literatura es también un ejercicio vulgar, la persecución de pistas falsas con las que armar una falsa idea de orden, una manera de anunciar el final. Por eso es recurrente. Al contrastar la lectura de Todos vienen al funeral de Rick, la contundente carta de presentación de Maite, con la digestión más inquietante de La vida cotidiana arrasa Europa, empiezan los malentendidos. ¿Cuál nos ha gustado más? ¿En qué se parecen y en qué se distancian? ¿Qué papel ocupan los hombres en cada libro? ¿Y la familia? ¿De qué tipo de violencia son víctimas las mujeres? Porque «todo lo impreso es un drama», es mejor señalar lo que persevera en su poética. Por ejemplo, la inteligencia de la mirada, el atrevimiento a la hora de escoger contextos y ensamblar movimientos dramáticos. Y por debajo de todo, una convicción perceptiva: lo que se nos escapa de la poesía de Maite Martí Vallejo es lo que nos atrapa.

Collage de la propia autora Maite Martí Vallejo.

 

 

VERGÜENZA DEL ORIGEN Una cruz en la casilla

Por Maite Martí Vallejo
maite.mart.vall@gmail.com
Barcelona/Badalona/Barri de Gràcia. 24/05/2019


Vergüenza del Origen
David Aceituno
RIL Editores 2019

 

David empieza por la sangre este libro. Miento. No exactamente la sangre, sino ¿Qué sangre? 

Su madre es de un pueblo de Almería, Escúllar; la mía nació en Fiñana, a 15,6 km de Escúllar. No importa que la tuya sea de un pueblo de Escocia. Nada de eso responde al qué, únicamente al dónde. Crecí en Nou Barris. Entre mi barrio y el Santo Cristo no hay ni 5 km. Santo Cristo parece un nombre capaz de responder más allá del cemento defectuoso. Compartir esa herida del comedor ha embellecido la vergüenza propia, la de esos barrios que se construyeron a toda velocidad en la década de los 50 para acoger a miles de emigrantes de Andalucía, Extremadura, Murcia o Galicia. Así quedaron, los bloques y ellos, afectados por patologías estructurales, levantados con materiales de una calidad ínfima que se volvían porosos con la humedad y los años.
La aluminosis pertenece a los Vencejos. Es verano. Los vencejos suponen la adaptación extrema. Todo su ciclo vital se puede desarrollar en vuelo, excepto la nidificación. Y actualmente nidifican casi en exclusiva en zonas urbanas y a ser posible muy contaminadas, justo en el espacio entre balcón y balcón,/ entre las ventanas ojerosas de los bloques con aluminosis/ donde vivían nuestras abuelas. Mi abuela María vivía en el barrio del Turó de la Peira, donde primero se diagnosticó esta enfermedad. El 11 de noviembre de 1990 el derrumbe parcial de un bloque de la Calle Cadí, con víctima mortal, visibilizó un deterioro mil veces denunciado por los vecinos que veían sus viviendas deshacerse. El piso de mi abuela, dos calles más arriba, estuvo apuntalado durante años, con agujeros por todas partes. Si os explico el origen es porque en los poemas de David no se quiebra solo el vuelo de los vencejos.

Parece que todo estalla en Verano. También muere mucha más gente en verano. La luz evidencia la «fatiga». Te quedas quieto: renunciar al movimiento/ por el miedo de la luz a la quietud, de la quietud a la verdad. Dilo aquí, / en la habitación/ donde duerme un niño y las cortinas arden. Las Estrategias contra el equilibrio brillan por dentro y por fuera, a palo seco, sin guitarra, con Juan Talega, recuperan matices perdidos de gitanos viejos.
Baudelaire y Poe también eran grandes soñadores de cortinas. Pero cuando fuera hacía frío. El soñador pide un invierno difícil. La poética del espacio. Al nido se le exige que sea muy seguro. El nido, la casa, la patria, nuestro caparazón, nuestro hueco. El poder de los distintos refugios: un hombre y un edificio.

 

Leonor, la bisabuela de David.

 

He estado escuchando I´m new here, no importa lo mal que te hayas ido, siempre puedes dar vueltas, ¿me mostrarás todo?, “el deseo de entender la geografía”.
He estado escuchando How to disappear completely, that there, that´s not me, i´m not here. He visto también el videoclip oficial, he visto todos los del álbum. Lo he hecho mientras releía y pensaba en qué explicar de la vergüenza, de la traición: la traición es mi casa / entra, ponte cómodo/ avergüénzate conmigo. Así se desata la primavera, atravesando paredes, la edad de la traición. 
He estado releyendo Hogar (Olifante, 2015). En los poemas, la traición. En el epílogo, también la traición. En el prólogo, Luna Miguel escribe sobre belleza solitaria y migajas y rupturas y camas deshechas y dolor y libros negros y puerta dorada y gotitas de sangre e intemperie.
He estado escuchando Olé de Coltrane. Contiene las cuatro estaciones. David se disculpaba casi por haber estructurado así el libro. A mí me encanta: invierno, primavera, verano y otoño. El curso natural. El curso natural es una trampa.
“Bowie y Anne Carson en todas partes”, “la burguesía provinciana que pasea por la Calle del Mar”, el Pont del Petroli y El puente de Hart Crane. Qué importantes los puentes aunque sea para poder tirar algo: las “pertenencias”, el “Aire”, lo que no elegí. “Cuando pienso en el color de lo que no elegí” es uno de mis versos favoritos; hay muchos más, claro. Pertenece a Los amigos muertos. Me hace pensar en casi todo. La desvergüenza es «libertad demasiada». Entonces la vergüenza es muy poca libertad.

David Aceituno y los «pájaros de los que no supiste nada».

 

Aunque el poemario empieza en Invierno, el tercer poema se sitúa en Olmué, al noroeste de Santiago. A 10 de enero en Valparaíso es verano. En el pico del cerro La Campana, las palmeras chilenas, la fauna silvestre, el “vuelo imbécil” de los queltehues, los zancudos, los grillos.
Conocí a David en enero. Íbamos a compartir editor. Aquella tarde también estaba Eleonora Finkelstein, la jefa, huyendo del verano chileno. Pedí croquetas que él no podía comer y bebimos vino. Yo creo recordar que bastante. Salíamos a fumar. Vinieron también Mario y Unai. Y Paco, claro. Ellos bebían cerveza. El vino era para dos charnegos y una argentina de Chile con alma vampira.
He estado releyendo Sylvia & Ted (Olifante, 2010). Gonzalo Torné firma el prólogo que tituló «Desvergüenza». David Aceituno parte en dos la desvergüenza (no sé si la misma de Torné) y la precede de adversidad. El invierno es AUNQUE DES VERGÜENZA. ¿Qué ocurrirá a pesar de que des verguënza?

En la otra cara del fuego, Milosz y su profesión de fe en la poesía, «la aliada de la filosofía al servicio del bien», las márgenes del río, el río que lo arrastra todo, algunos libros bíblicos, el idioma, la lengua, de forma literal y metafórica, a veces susceptible, a veces despiadada, lo que tomamos para subir y bajar o esta definición del amor: aquel oscuro satélite de palabras/ que giraba alrededor de la vergüenza.

(Escribí «Una cruz en la casilla» porque Vergüenza del origen es además un formulario trampa. Es la segunda vez que digo trampa. Lo diré una tercera. Esto es también una reseña trampa. En la trampa también se anida. Se anida la vergüenza y se revienta la casilla).

 

 

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