REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

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hermana de guerra

DAFNE BENJUMEA Hermana de guerra

Dafne Benjumea (Sevilla, 1993) es graduada en Filología Hispánica y trabaja como editora en la revista literaria Oculta Lit junto a unos curiosos selváticos. Ha colaborado con poemas y reseñas en las revistas Anonimato (2013), Telegráfica (2014-2017.), Heterónima (2017), Digo.Palabra.Txt (2017), Clarín (2017), Anáfora (2017), Kokoro (2018), entre otras, y en la antología de poesía joven sevillana La generación de la sangre (Editorial Ultramarina Cartonera y Digital, 2014). Actualmente escribe su primer poemario. Su página web es dafnebenjumea.com

Dafne Benjumea por Manuel Heredia

El fuego modifica las formas y se alimenta con azufre. La voz de Dafne conserva la información transportada por el fuego, que calienta y hace posible la vida pero puede resultar impredecible y difícil de dominar.  En el mapa del cuerpo, el fuego se sitúa debajo del esternón y por encima del ombligo, donde están situados los órganos más responsables de la transmutación. La poesía del hígado y del diafragma.  No olviden respirar antes de leer, sin aire es imposible arder.

CRÁTERAS ROTAS, BRAMIDO FUERTE

 

 

¿Dónde está la guerra?

¿Dónde está la paz que me la como?

¿Dónde están los hombres?

MALA RODRÍGUEZ

Una carcasa con más de cien golpes en los costados,

una nube que suena a City Boom on the Mirror,

una habitación abierta en mitad de nuestro pecho,

timbales que taladran el futuro invierno en un fraternal abrazo,

un arrebato de selva ​​ 

que frena de golpe en una contemplación,

el estallido enorme de un nido de pájaros grises en la cara sucia de una medalla,

el bosque perfecto —que ya no sirve—,

la reverberación sublime de una pagoda abatida,

un zafiro renacer entre remojos,

una estimulación sin nombre,

cinco buitres de una pata suman cinco,

los pedazos de deseo lanzados a los buitres suman mil,

un largo otoño sin frente —tatuaje de una gacela muerta—,

mi corazón impreso en 3D,

 el tuyo,

  el nuestro,

la depresión que se extiende al final de la escalera donde nace un olivo,

un olivo negro, podrido, seco,

 un olivo asqueroso;

los amantes que no consiguieron cambiar nuestros nombres,

 los hijos que no tengo,

los centenares de embarazos internos que perecieron en mitad del camino,

abortos de constelaciones ya perdidas,

complementos directos que nunca llegan;

las plantas que quieren crecer en el pérfido suelo del metro y siegan los guardas,

el vigilante que exprime el faro que no vemos,

la estrella que vomita en mitad de una autovía

 y frena coches,

la ciudad que escapa de rodillas hacia el monte y se vuelve en la primera señal que reflecta

 —y la roca ríe—,

la puerta que no abre al quejido humano,

y siempre el Sol

caerán,

 caerán sobre vosotros,

junto a la rama seca que toca el río donde el ciervo no bebe,

río del metro que hace algún tiempo

nosotras abandonamos.

 

Si supieran que gritar, nos quema,

si supieran que hablar, revienta ventrículos,

si supieran que la calle, escuece,

arquearían las cejas del revés hacia la noche y

recuperarían de lleno la costumbre de lo humano

por el cielo dos veces sonreído.

Y por los que no tienen voces,

las hermanas despiertan la ciudad a golpes de bailes,

 de martillos,

  canciones,

arrancan colonias baratas a las tullidas creencias

y se llenan la cama de valientes.

Mis hermanas son música libre,

música libre en un asfalto de persas,

música libre en un jardín de cerezos,

 de grebas,

en el aula de una universidad

donde nadie aprende nada;

son música,

música de tambores que acelera el retumbar fiero de las armas.

 

¡Hermanas de guerra!

¡Alcemos las lanzas nuestras!

¡Alcemos la inteligencia que nos negaron!

que asoman días duros

y a veces con sangre el fotograma es bello,

y en sus abdómenes plantamos árboles,

y en sus frentes dibujamos escarchas de sangre

y no desesperemos,

 no,

que a pesar del frío

 o la muerte,

¿Hay algo más grande que nuestro bíceps?   ¿Nuestras voces?

¿Más enorme que la esencia que se levanta cuando se gime?

         ¿Nuestras voces?

Como soldados,

 como garzas,

  como robles,

vertemos gargantas hacia la arena del cielo, grabamos coxis a las hojas, a la tierra,

quemamos la ausencia de movimiento con el trote trasatlántico de caballos gigantes,

tizones, salvajes, caballos libres,

que con sudor fueron

ágilmente amansados.

 

Y no desesperemos,

 no,

que a pesar del frío

o la muerte,

lloramos ante músculos de llamas funerarias,

y así la vida se nos agarra de costado

y así la vida es relectura,

 es revuelta,

enigma,

giro de una definición,

manchas de una luna con anemia,

malla amarilla que las manchas filtra,

el leopardo que nace,

el leopardo que nace de la malla,

y mira el poema y seguimos con el trote

 soldado,

  garcesco,

   roblado,

pisando, ritmo de asteroides emergentes,

 fuerte,

como viento que gira la historia primera.

 

Los ventrículos estallan por la noche cohetemente

 

—y a veces con sangre el fotograma es bello,

a veces con sangre el fotograma es bello—.

 

 

 

 

Madrid, 2016

Dafne nos regala la lectura de este poema. Dadle al play:

 

 

 

 

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