REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

Tag archive

playlist

NUESTRA PLAYLIST (MAYO 2019) El verano empieza aquí

Por Andrea Farré
andrea.farre@gmail.com
Barcelona
25/05/2019


 

Es posible que para cuando hayas terminado de hacer “scroll down” en esta playlist el verano ya inunde la calle. Dependerá de lo rápido o lento que seas, de si eres de los que se terminan un cucurucho de helado de pistacho y fresa en cuatro lametones o lo saboreas a besos, como dicen los mexicanos que hay que tomar el mezcal. Dependerá también del clima y de tu ubicación en el mapa.

Mayo es el mes de las flores, el mes que es primavera pero ya es verano, los días son interminables y las terrazas inconquistables. Los festivales se amontonan en las agendas y tenemos ganas de escuchar música y bailar con la brisa en la cara.

Como siempre, hemos pedido a los protagonistas de este número que nos regalaran una canción. No sabemos qué impulso, qué estado de ánimo, qué recuerdo o qué n’importe quoi les ha llevado a decir esta y no otra, pero si os adelantamos que en general se han puesto bailongos.

1- La canción de Horacio Quiroz: “The Promise” de When in Rome,

Los sintetizadores pop de When in Rome nos llevan a los 80, década prodigiosa de hedonismo casi obligatorio en la que abundaron los “one-hit wonders”, grupos que alcanzaban una fama desmesurada con una sola canción que se aupaba en las listas. El álbum homónimo disfrutó un éxito más modesto, pero “The Promise” lo petó fuerte y entendemos porqué: nos vemos bailándola con falsa desgana, agitando peinados lacados y hombreras desproporcionadas.

2- La canción de Mercedes Helnwein: “We Can Get Down” de A Tribe Called Quest.

Seguimos décadas atrás, con otro grupo cuyo nombre podría ser el título de una canción. Hip hop old school, canciones que rebosan scratches, como esta frase rebosa anglicismos, y que te hacen bailar y cabecear, es casi inevitable. Raperos que reniegan de los que se acaramelan vendiendo su alma al pop.

Straight from the heart, I represent hip hop

I be three albums deep, but I don’t wanna go pop

Too many candy rappers seem to be at the top

Too much candy is no good, so now I’m closing the shop

3- La canción de Frankie Garsia: “Don’t call my name” de Skinshape.

Dormitar en una tumbona, al lado de una piscina de agua verde y una capa de hojas secas empapadas, y una ranita muerta, quizá. Hace calor pero aún nadie se ha ocupado de vaciarla y limpiarla y llenarla de agua nueva. Volver a saltar en bomba, salpicando a tu hermana pequeña, que toma el sol en el bordillo. Pero aún no. Deja que el sol te queme y recaliente esa cerveza que se balancea colgando de tu brazo.

4- La canción de Ana Bustelo: “Expectations” de Belle & Sebastian.

Una canción con trompetas no puede ser mala. Una canción del Tigermilk, el primer disco de Belle & Sebastian, tampoco. Una canción que es un galope, que parece que se acelera por momentos, que te hace chasquear los dedos y dar saltitos en la silla, que tiene tres estrofas castradoras antes de que puedas aullar hey you’ve been used, y que tras la desolación de quien se sabe condenado al aburrimiento de una vida ordinaria, ofrece una chispa de optimismo, una guitarra amiga, una puerta abierta a la grandeza.

5- La canción de Irene Cruz: “Rideaux Lunaires” de Chilly Gonzales.

Hasta tres álbumes ha sacado ya Chilly Gonzales como Solo Piano y “Rideaux Lunaires” pertenece al segundo, de 2012. Curioso tipo, este Chilly Gonzales, nombre bajo el que no se esconde Jason Charles Beck, porque si no fuera por la wikipedia dudo que nadie supiera qué pone en su documento de identidad. Identidad mutante, no solo cambia de nombre sino que abarca distintos estilos musicales, desde el techno a la composición clásica, y mudante, del Ontario natal a Berlín. “Rideaux Lunaires” invoca paz, calma. La música de un domingo de primavera a mediodía, con la brisa moviendo las cortinas, textiles estas, entre las que se cuela un sol aún clemente.

6- La canción de Natalia Litvinova – “Кончится лето” de Кино (Kino).

Nos ha dejado perplejas. ¿Habías escuchado alguna vez rock soviético? Nosotras no. Así que le agradecemos a Natalia el descubrimiento, al menos por lo que representa saber que en la URSS, ese concepto tan lejano como la Mirinda, en los ochenta, hubo quien hizo rock, así se definían, aunque a nosotras nos suene más a disco. Circulan varios vídeos con esta canción, impagables todos.

7-La canción de Rosa Berbel – “Never be mine” de Angel Olsen.

El rock folk de Angel Olsen tiene dejes country. Muchas etiquetas para una artista sólida que nos gusta mucho, que en esta canción canta con determinación y garra a la desesperanza y la resignación, una contradicción entre fondo y forma desconcertante. Funciona. Nunca serás mío pero lo canto de una forma que es una apuesta a que sí, un desafío. Y si es que no, haré como tú, darme la vuelta y largarme.

8-La canción de Lorena Blanco – “Abusey Junction” de Kokoroko.

Kokoroko es una formación paritaria de seis músicos en la que ellas encabezan la sección de vientos, ataviadas con tocados africanos, y ellos se encargan de guitarras y percusión. Kokoroko significa “sé fuerte” en la lengua nigero-congoleña de los urhobos. Fuerte nos parece el talento que desprenden sus composiciones. Afrobeat relajante, inspirador. Canciones con bucles sonoros interminables que lo mismo te elevan y te llevan eufórico entre notas agudas como te sumergen en un éxtasis introspectivo. 

9-La canción de Leticia Delgado – “Infinity Girl” de Stereolab.

Del flow del afrobeat al de este combo anglo-francés, seguimos en bucle, con la voz de Lætitia Sadier arrullándonos. Salimos a la calle, hace sol, la brisa de la mañana aún es fresca, hay que ir a trabajar, pero en la cabeza estamos bailando con languidez elegante, al borde de una piscina, con una piña colada en la mano. No, una piña colada no, mejor un Tom Collins, con su cereza al maraschino, por favor.

10-La canción de Txetxu González – “The sound of silence” de Silvia Pérez Cruz.

Hello darkness my old friend. Un escalofrío recorre tu espinazo. La voz de Silvia Pérez Cruz tiene poderes sinestésicos. Los punteos de los instrumentos que la acompañan estremecen. Qué barbaridad.

Esta canción forma parte de su proyecto “Drama”, en el que presenta canciones compuestas en colaboración con otras artes y otros artistas, aunque esta sea una versión del mayor hit de Simon and Garfunkel. Versión que figura en la película “La noche de doce años”, de Álvaro Brechner, y que es una muestra más de un talento que tiene detractores, es inherente a la fama, pero no se cuentan entre los que hacemos Thalamus. 

11-La canción de Txetxu González – “L’ocean” de Dominique A.

Sí, lo sabemos, Txetxu nos ha colado dos canciones. Le dejamos porque es un enchufado, porque nos encanta Dominique A y porque la canción elegida es una maravilla orquestal con la voz de Monsieur Anné haciendo filigranas, acariciando el alma, y una letra que es un poema, una oda al océano que no os copiamos aquí entera porque no es la idea de esta sección, pero que recomendamos encarecidamente que busquéis y leáis.

12-La canción de Déborah Guerrero – “Mantra” de Dave Grohl.

Dave Grohl se pone de nuevo tras la batería y no abre la boca en esa canción de casi ocho minutos. Redobla tambores mientras Josh Homme puntea el bajo y Trent Reznor teclea el piano. El título no es gratuito. En “Mantra” se repiten notas como un ídem, creando un estado semi-hipnótico de abstracción, que tanto te puede acelerar el pulso como calmártelo. Son ocho minutos pero podrían ser ochenta, porque es tal la sobriedad que crea adicción.

13-La canción de Sarah B. del Rey – “Violin Sonata No. 5, Op. 24 «Spring» – II: Adagio Molto Espressivo” de Beethoven.

No habíamos ido más allá de los ochenta en esta playlist hasta que esta “Sonata para violín” de 1801 ha irrumpido con delicadeza. Una parte de ella, al menos, este adagio “muy expresivo”, que es el segundo de los cuatro movimientos que la componen. Asociamos música clásica a tranquilidad y relajación, aunque no siempre es así. Hay aberturas que directamente acojonan, movimientos que ponen de los nervios y sonatas que en su día se consideraron casi pecaminosas por generar turbación erótica. Esta cumple con el tópico.

14-La canción de Maite Martí Vallejo – “Microdancing” de Babasónicos.

“Microdancing” es una canción del siglo XXI, puntualización pertinente porque el videoclip evoca estética ochentera y porque el grupo lleva en activo desde 1991. Un grupo argentino que allá es gigante, llena estadios. Nos imaginamos esta canción sonando en una fiesta en un piso, con invitados invadiendo estancias, desbordando pasillo y cocina, bailando y cantando a gritos, vasos que se vierten a un suelo cada vez más pegajoso, cerveza que se acaba hasta que alguien baja a la calle a por más. Una gran fiesta.

15-La canción de Javi Ruiz Gimeno – “An Openning” de Charlie Cunningham.

A veces solo un rasgueo de guitarra y una voz que se quiebra bastan para que se erice el corazón. Hay tanta belleza en “An Opening”, canción que abre Lines, que asusta. Delicada, sutil, hermosa, sencilla. Son claves la forma de tocar la guitarra y la forma de modular la voz de Cunningham. Aquí solo ponemos una canción, pero recomendamos el disco entero, lleno de hits instantáneos, clásicos atemporales. El disco y todos los EP anteriores.

16- Mi canción – “Hairpin Turns” de The National.

Si mi grupo favorito acaba de sacar disco (I am easy to find salió el 17 de mayo) era muy difícil que no os encasquetara una. Lo difícil ha sido escoger, pues aún no lo he escuchado lo suficiente como para tener ya una favorita. Si me pusieran en el brete de tener que elegir una canción, una sola solita de cada uno de sus discos, bueno, con dolor de mi corazón, lo haría. La lista sería diferente si las escogiera en otro momento, pero lo haría. Del Alligator es “Abel” (lo siento, “Mr. November”). De Trouble will find me, “Graceless”. De este último “Light years” me gusta mucho y “Rylan” también, pero no sé si van a convertirse en esas canciones que escuchas obsesivamente, que te cambian el estado de ánimo, que te pueden hacer llorar con tan solo escuchar una nota. Habrá que darles tiempo. “Hairpin Turns” tiene un vídeo precioso, así que os dejo esta.

Nos ha quedado una playlist bien ecléctica y resultona y, si has llegado hasta aquí, esperamos te haya inspirado, que te haya hecho googlear un nombre, buscar un dato, descubrir y recordar, asociar ideas. Que hayas disfrutado.

 

NUESTRA PLAYLIST (ENERO/2019) Sabores y sensaciones para un nuevo año

Por Eva Rodríguez
eva.rodriguez.adn@gmail.com
Madrid. 02/01/2019.


Llegan el frío y con él, las tardes bajo las mantas o sentados próximos al fuego. Luces y adornos sobre abetos y otras superficies han llenado las calles de nuestra ciudad en las fiestas navideñas. Pienso en estas fechas que cada vez comienzan antes gracias a las grandes empresas y se me viene a la cabeza el consumismo, las compras compulsivas y los compromisos familiares. La Navidad está servida. Un menú con diferentes platos sobre la mesa. Según los gustos y las apetencias habrá sabores revueltos con sensaciones para todos los comensales.

Una bella excusa para reunirse con los seres queridos a rememorar recuerdos, por eso propongo para esta playlist el tema de Anxo Lorenzo Confuxon. En mi plato, tradición, que sienta de una forma reparadora, cual caldito de domingo tras una gran nevada. Aunque el gallego se sirve de fusiones más modernas como la electrónica; las gaitas y la música celta siempre me transportan al hogar, a la fiesta tradicionalmente pagana, a la tierra, y con ello a la infancia. Aparece la morriña, esa palabra galega que no tiene traducción al castellano. Son momentos de costumbrismo envuelto en papel de regalo. Es Rosalía con su arte flamenco empaquetado en trap. Su desgarradora voz de cante jondo recubierta del brillo de producto perfectamente creado para el mercado.  

1. Confuxon Anxo Lorenzo

2. No face Haley Heynderickx (canción aportada por Leticia Delgado).

Esta época del año a Leticia le afecta de la misma manera. Ella sugiere a Haley Hendrerickx, y sus punteos melódicos de guitarra, que consiguen crear una atmósfera de introspección que invita a hablar con una franqueza que ya no se lleva. Esa sinceridad que se puede ejercer con la familia o con los mejores amigos. Como se suele decir donde hay confianza da asco, pero están las cosas claras. Y se podría convertir en un buen propósito de año nuevo. Momentos en los que te quedas con la duda sobre qué ha pasado, pero no preguntamos. Mejor no saber y seguir esperando. No queremos escuchar las verdades que quizá duelen más que la incertidumbre que desgasta hasta el hueso, pero que no rompe.

3. Will Soon Be A Woman de Ibrahim Maalouf (canción aportada por la ilustradora Melijne Marell).

Sumidos en la melancolía de una repetición de acordes de piano, aparece una trompeta interesante y una base jazz de mambo anunciando fiestas elegantes. Le siguen unas apasionadas violas tangueras que cubren de cierto dramatismo la melodía. Es una fusión intensa y penetrante de la que no saldrás indiferente, alimentar tus oídos con este plato agridulce enriquece cuerpo y alma. Pronto serás una mujer. Así nos lo cuenta la ilustradora Melijne Marell o así me lo imagino cuando escucho su propuesta Will Soon Be A Woman del polifacético libanés Ibrahim Maalouf. De casta le viene al galgo, tal como a Ibrahim no le podría venir de otra manera, sino con muchísimo talento; entre padre trompetista, madre pianista y tío escritor.

4. Santa María da Feira de Devendra Banhart (canción aportada por el pintor Íñigo Navarro Dávila).

Con sonidos caribeños, desde lo más hondo de Venezuela, llegan las maracas, semillas y güiros. Nos ofrece momentos gustosos, esos en los que el sol de invierno calienta hasta los huesos. ‘Pensando en ti, caminando […] La gente buena solo goza nunca hay pena’. Todo es buen rollo para Devendra, que en esta ocasión elige el castellano, idioma más propio para la relajación de deberes y obligaciones que hemos disfrutado durante las fiestas. Una ensoñación que sabe a un aperitivo de terraza soleada, un aperol splitz o un Martini, acompañando unas aceitunas o unos nachos con guacamole.

5. I lived on the moon de Kwoon (canción aportada por Lorena Blanco).

Podría ser el momento del postre o una merienda en mitad de la tarde, incluso un vaso de leche con galletas antes de ir a dormir. Es la dulzura blanca y, a la vez, dura de una peladilla. Es el momento de recogimiento de uno mismo, donde hay una parte agradable de estar en paz contigo, en diálogo con tu niño interior. A la vez esa dureza de la capa externa, la hostilidad del medio, y el centro de la realidad, de tocar tierra o almendra en este caso. Pero no dejes que esa almendra amargue tus sueños, que la sociedad no te permita soñar con la magia, las luciérnagas y la luz; vuela. Los franceses Kwoon, además, contaron con esta ilustración digna de reconocimiento en su videoclip; premiado en el festival Animayo.

6. Locomotive Breath de Jethro Tull y The Trooper de El Fary (canciones aportadas por el fotógrafo Valiente Verde).

Para Valiente Verde el plato sería algo divertido, me imagino los digestivos o las copas de la sobremesa que tanto nos gustan en estas celebraciones. Incluso temas válidos para salir de fiesta en Nochevieja o Reyes. Propone The trooper interpretada por El Fary. Un temazo de Iron Maiden que acompañado por el bailecito y las caras del fallecido cantante madrileño no tiene desperdicio. Y se termina volviendo loco con la locomorta de Jethro Tull sobre el escenario en un directo impresionante de más de 10 minutos. Locomotive Breath que no puede bajar su velocidad, arrancaron la palanca y no puede parar.

7. For new starts de Centro-Matic (canción aportada por Andrea Farré).

Es el día de año nuevo. Tras la resaca, los primeros propósitos para los 365 días siguientes. 365 nuevas oportunidades para los nuevos comienzos. La banda rockera de Texas nos anima con sus voces mecedoras y aterciopeladas en esta balada. Nos ayudan a tomarnos esas iniciativas como metas importantes y fáciles de conseguir, y no al contrario, como propuestas imposibles, que sabemos que no cumpliremos más que unos pocos días.

8. Perfect day de Lou Reed (canción aportada por la pintora Federica Poletti).

Para Federica también es el día perfecto para pasar la resaca. Día de mantita y peli, de no hacer nada o de hacer de todo, pero contigo y sin problemas. En esta versión en directo resalta más la esencia de la canción, de la perfección del día. Podría ser sabor a palomitas de esa película para pasar la tarde, tirándonos alguna intentando acertar en la boca del otro. O como un plato que cocinar juntos. Podría ser un bizcocho, y mientras lo amasamos jugamos con la harina, nos manchamos y lo disfrutamos. Ya tiene sabor antes de hornearlo. Pero la espera mirando la ventana del horno siempre ha tenido un paladar lleno de matices.

9. Brand New Start de Paul Weller (canción aportada por Rosetta Kedzierski).

Totalmente día uno de enero; nuevos propósitos, aclarar pensamientos. Pretender ser mejor persona y actuar mejor, con más humanidad. John William, como se llama realmente Weller, a sus 50 años, con un punto de experiencia, es consciente de lo que es la vida y hace este balance que nos regala con una canción muy sincera. Imagino que para Rosetta significa pasar el testigo de esta reflexión, para que seamos responsables y conscientes de las repercusiones de nuestros actos. Hasta imaginar que podemos cambiar los resultados, si cada uno modificamos una pizca de nuestros errores. Codificándolo en un manjar a la mesa, sería un plato sano, elaborado y equilibrado. Unas verduras y pescado a la plancha, o arroz con pollo, pero eso sí todo ecológico, de huerto sin pesticidas y granjas con animales semilibres, sin explotar mares ni mercados.

10. John Wayne Gacy Jr. de Sufjan Stevens (canción aportada por el pintor Paco Lafarga).

Paco Lafarga se recoge en la espiritualidad de Sufjan Stevens, un norteamericano que nos sorprende con cada uno de sus trabajos. Stevens tiene álbumes electrónicos, otros de folk, incluso uno de temas navideños. Muchas veces remite a sus creencias  o al misticismo, ya que recibió una educación religiosa y estudió en escuelas cristianas. Se caracteriza por usar instrumental exótico. De hecho sus primeros pasos autodidactas en la música fueron dominando el oboe y el banjo. Y en la historia de John Wayne Gacy Jr. se marca una composición ‘parasinfónica’ que toca la sensibilidad de cualquiera. Es una navidad atípica. No por ser veinticinco de diciembre vamos a ser felices y todo va a ser dulce. Puede, y ocurre a tanta gente en el mundo, que la cifra o el mes en el calendario no varíe en nada su desdichada vida. Para John es una comida normal, serían unos huevos fritos con patatas, podría ser que hasta mojara la yema con un cuscurro de pan duro.

11, Hey de los Pixies (canción aportada por Julia Soboleva).

Este tema entre lo ácido del post punk y el frescor del surf rock desprende mucha actitud independiente, no busca ser comercial, podría ser un taboulé con menta. Un plato ligero para comenzar la dieta para rebajar esos kilitos que solemos coger entre polvorones y turrones. Los Pixies son un cuarteto complejo, lleno de contradicciones. Fueron más influyentes que exitosos a nivel comercial, y Nirvana fue una de las bandas que recogieron el testigo. O que en lugar de ser más escuchado en su país de origen, los States, tuvieran más seguidores británicos.

12. Beatrix de Cocteau Twins (canción aportada por el escritor Rubén Bleda).

Un momento de viaje, ya sean recuerdos o pensamientos; hacia dentro o hacia fuera; realidad o ficción. De crecimiento personal o de introspección. Pero eso sí, viaje mental o un sueño de los Cocteau Twins y su dream-pop. Una travesía desconcertante con un destino incierto como Alicia in Wonderland. Puede tratarse de la vuelta de la ciudad donde pasamos las vacaciones. La vuelta al trabajo y nuestra rutina, con las maletas cargadas de sucesos y conversaciones todavía por digerir. Se materializa en la comida en lata o tupper del primer día de trabajo.

13. House by the beach de The Wave Pictures (canción aportada por Txetxu González).

Los rockabillies o rockeros independientes The Wave Pictures y Txetxu esperan en la casa de la playa a que llegue la primavera y el buen tiempo. Cansados del frío del invierno, colocaría este corte del disco Look inside your heart en un día entre fiestas, haciendo balance de uno y esperando otro, entre el 25 y el 31 de diciembre, por ejemplo, o entre el 1 y el 5 de enero. En un estado que pide lo imposible, que llegue la primavera, que se encuentra entre la apatía y las ganas de pasarlo bien que refleja la voz de David Tattersall, el cantante y cofundador de la banda que al principio se llamaba Blind Summit

Con este deseo para los Reyes Magos de Oriente despedimos esta playlist. Aclarando que nos gusta el invierno para el recogimiento, las conversaciones con nosotros mismos y mimarnos junto al fuego. Las Navidades para descansar y disfrutar con quien queremos de verdad, nada de compromisos, rescatando los buenos momentos de reunión familiar, pero deseando que llegue el buen tiempo, el sol nos alimenta más que algunos de los platos que nos ofrecen estas fiestas llenas de opulencia.

 

NUESTRA PLAYLIST (SEPTIEMBRE, 2018) Un universo lleno de colores y auras

Por Eva Rodríguez
eva.rodriguez.adn@gmail.com
Madrid. 02/08/2018.


Los hay primarios, secundarios, complementarios, opuestos, aditivos y sustractivos, para impresión y para pantalla. Hay escalas, incluso sistemas de identificación o patrones. A veces se descomponen y, otras, se suman. Sí, efectivamente, hablo de los colores, los que no podríamos apreciar sin la existencia de la luz. La longitud de sus ondas hertzianas determina qué color percibirá nuestro cerebro, incluso puede ir más allá de nuestros límites de percepción, por encima y por debajo del espectro que somos capaces de reconocer (infrarrojos y ultravioletas).

En el universo artístico podemos movernos por colores. También en cuestión de sentimientos, ya que cada color puede provocar una sensación y no siempre la misma en cada uno de nosotros. La entrada del verano, de la época estival, está llena de colores. Comenzando por el orgullo gay, abanderado con el arco iris, aparecen los colores anunciando la llegada de las sensaciones,  del calor, el sol y, al mismo tiempo, el frescor de los chapuzones y los pelos de punta al son de la fresca brisa marina o los amaneceres en la playa. Por eso la playlist de hoy, la traduzco en colores.

  1. Summertime de Janis Joplin por Raquel Ramírez

Para mí es un violeta oscuro, casi negro, una nana desgarradora versionando la original de George Gershwin, que ha sido interpretada por voces tan grandes como la de Ella Fitzgerald, a la que intuyo como un elegante granate de terciopelo, por su dulce aunque fuerte timbre en versión jazz. Pero la voz de Janis roza el ultravioleta, ya que se queda en el umbral del sonido, como los silbatos que solo escuchan los perros. Porque no habría mejor color para definir a esta mujer, empoderada, como deberíamos estar todas. Raquel Ramírez de Arellano nos recomienda el tema identificada con ese purple power.

  1. A dins de Ferran Palau recomendada por Txetxu González.

Es un amanecer, pero el sol todavía no ha roto la aurora, por eso el color es un azul oscuro, ese añil del que se habla mucho pero que no es tan fácil de identificar, que viene a ser perturbado por un naranja que despierta el resto del espectro, como quien enciende la luz al entrar en una habitación. Todo en tonos pastel. Eso es lo que nos trasmite Palau en su electrónica chill, donde los tonos y los tiempos no son fuertes y contrastados sino todo lo contrario, una pequeña dispersión que permite la fusión de los mismos.

  1. Nobody Walkin Tim Buckley de Leticia Delgado.

Podría ser un azul cian o un celeste, ya que nos lleva a volar entre las nubes. El color del cielo es producto de la dispersión Rayleigh. Cuando los rayos de sol atraviesan la atmósfera la mayor parte de la luz roja, anaranjada y amarilla (ondas de longitud larga) pasa sin ser casi afectada, mientras que las azules (de longitud corta) chocan con las moléculas y se dispersan con más amplitud y frecuencia por el aire, coloreando al resto y el cielo se ve tan azul como la canción que elige Leticia.

  1. The pirate´s gospel de Alela Diane una propuesta de Déborah Guerrero.

Folk desde las montañas de Nevada que me dan un sentimiento de paz y recogimiento entre el azul profundo y oscuro de los cielos de invierno. Tiznados con alguna bruma y niebla gris, pero con ese verde botella, verde oscuro, de las acículas de los pinos. Este clima del Pacífico, llegando por el norte de California hasta el mar nos entrega al espíritu del pirata al que Alela Diane ofrece esta plegaria.

  1. Self Help Tape Moses Sumney por la ilustradora Milou Trowborst.

Es un verde, es la estancia en un bosque con su ecosistema, mucha vida desarrollándose a una velocidad acelerada. Veo cómo crecen las hierbas, las plantas, cómo se abren las flores cuando aparecen los rayos del sol. Observo desde mi quietud cómo se gira un girasol cabizbajo, levanta la mirada hacia el cielo en busca de la luminosidad y el alimento.

  1. Far too Good John Smith por Sara B. del Rey.

Es un country tranquilo, es un amarillo mostaza, un campo de cereales secos, en el que se sienta un vaquero sobre una alpaca de paja con una espiga de trigo entre sus labios, pensando, mirando al infinito de esos campos dorados que no tienen fin.

  1. La cura de Franco Battiato por Ángelo Nestore.

Esta canción tiene unos tonos musicales que invitan a la esperanza y la superación, con un mensaje de promesa, te curaré de todos tus males dice Battiato, impregnando de claridad y energía la estancia. Por fin, salió el sol que anunciaba Palau, que llegaría en la mañana rompiendo la aurora. Aquí está para cargarnos las pilas, con su aura en los cromas entre amarillos y naranjas revitalizantes.

  1. Insane Johnny B. Zero citada por Berta García Faet.

Venimos con energía y lo vamos a dar todo con este tema tan cañero, un rock muy a lo Nirvana o Artic Monkeys de Valencia. Un rock electrónico futurista que con esa entonación casi de cyborg transmite un rollo muy industrial y le otorga unas ondas para pasar del naranja al rojo, el color del óxido. Un color de atardecer contaminado, del smog de la boina de Madrid.   

  1. Is this what you wanted de The last shadow puppets por Maite Martí Vallejo.

Esta versión del genuino Leonard Cohen se tiñe de escarlata, es un country con mucha clase y elegancia, pero la letra me da un aire de contrastes, llena de dicotomías, lo que soy y lo que eres, y lo marcaría con unos opuestos como el rojo y el verde o, tal vez, con un par más elegante: blanco y negro, todos los colores o la ausencia de color.

  1. Robar Violeta Castillo por la ilustradora María Luque.

Este tema sería otro par de colores, esta vez, un fucsia, rosa intenso y chillón, con un azul eléctrico de los ochenta, muy apropiado para esta cantautora argentina que juega con baladas poperas y la electrónica. Combina irreverencia e inocencia, también en sus letras, sin seguir estructuras fijas como estrofas y estribillos. Su compatriota María Luque la propone y no es de extrañar, por su originalidad al romper las leyes físicas y porque no puede copiar algo de mala calidad.

  1. El palmar de Caloncho por Lorena Blanco.

Es la canción más veraniega y tropical de la playlist. Por lo que tendría varios colores: verde, coral o rosa salmón. Pero todos en tonos pastel, pues tiene un flow muy especial y caribeño, con la relatividad de la velocidad del tiempo, con esa medición que se hace en las zonas del Trópico, no sé si por su situación al nivel del mar y su influencia o por la humedad, pero las prisas desaparecen. Caloncho las elimina desde sus primeros acordes, con esa suavidad de los pasteles.

  1. I walk in this garden Derek Jarman por Sara Torres.

Derek Jarman es un creador nato, cineasta, escenógrafo, escritor, artista plástico. En este caso Sara Torres nos lo recomienda interpretado por la inspiradora voz de Donna McKevitt y un fondo de cuerda muy ligero, aunque intenso, que concede el don de la translucidez al tema, como si atravesásemos el bosque muy despacio, con los ojos cerrados, vislumbrando solamente la luz que traspasa los párpados.

  1. La noche inventada Family por Federico Granell.

Family se inventa una noche de colores y, finalmente, nos pide que lo pintemos todo de plata, un color muy astral, marciano, de naves y viajes al espacio, en esta velada que se inventa Federico Granell para todos nosotros.

  1. Nocturne Chopin por Emily Gernild y Koko Che Jota.

Los nocturnos de Chopin son una opción inspiradora elegida por dos de nuestras artistas. Es cierto que tienen un aura muy poderosa. Para mí el poder se representa con el negro, pero un negro brillante. Puede ser el negro de un piano de cola o de las teclas de los bemoles, o puede ser el brillo de unos zapatos o de unas botas militares. Este tema aparece en la banda sonora de El Pianista de Roman Polanski, donde el poder va calzado con betunes muy resplandecientes.

15. Arc en ciel Polo & Pan por Eva Rodríguez.

El arco iris es el corte de los franceses Polo y Pan que se me ha antojado ideal para representar todos los colores y todas las auras en menos de 4 minutos. Como ya dice el título y como se puede ir escuchando, se suman instrumentos y melodías pasando de un tranquilo movimiento a una alegre energía y sintonía que nos sube el ánimo. Incluso esa suma y resta, esa variación, lleva a un equilibrio que armoniza para prepararnos para el final de la temporada estival. Después de esperarlo todo el año, el verano pasa tan rápido como la playlist que hemos presentado entre todos los artistas que colaboramos en este número de Thalamus.

 

NUESTRA PLAYLIST (JUNIO, 2018) Viajando a través de agujeros de gusano

Hoy me desperté pensando en colores. Aunque cambió la estación en los calendarios, la primavera real tarda en llegar. La deseamos, tenemos necesidad. Anhelamos los rayos de sol atravesando nuestras ventanas y calentando nuestros cuerpos. Tal vez, por eso, soñé con colores fluorescentes, con fucsias y aguamarinas, con neones y sonidos metálicos. Y con los 80’s a flor piel salí del letargo, escuché Mum de Belako, una apología de Regreso al futuro, y entré en un agujero de gusano. La vida es cíclica, todo tiene su retorno, más o menos parecido, como los 80’s, eso es innegable. Así que me pongo el tema de estos jóvenes vascos y pienso en todo lo rescatado de ese poso: la moda con los vaqueros boyfriend y las camisetas ‘ombligueras’, los chándales de táctel fosforito y los bodies… En series, tenemos Stranger Things y otras que, como mínimo, rescatan la estética. Y en cine, remakes como el de Blade Runner, el nuevo film de Spielberg, Ready Player One, y otras tantas pelis con looks del rollo.

Con estos visionarios de los sonidos sintéticos, la percusión con gated-rev (reverberación del dispositivo llamado noise gate creado por Hugh Padgham en una grabación con Phil Collins) y unos cambios de ritmo con cortes en seco, me introduzco en el viaje a través del tiempo en busca del sol. Suena a un clásico lunes azul de New Order, a un indie noventero nacional en Cualquier otra parte de Dorian o a un nuevo Loving you de Jonathan Wilson. Incluso, se vaticina el próximo álbum de los Arctic MonkeysTranquility Base Hotel & Casino.

Ya con luz a final del túnel, llegan a mis oídos las notas de uno de los últimos aciertos de Calexico (recomendado por la ilustradora Helena Pérez). Estos tipos del desierto hacen bailar hasta a los cactus con su estilo tan propio y en constante evolución. Comenzaron allá por el 98, con un sonido de western a lo Tarantino, y han tocado muchos palos fusionando a la perfección música americana con folk y tex-mex. Y no se han cortado a la hora de introducir matices del rock indie, latino e, incluso, post-rock. En este último álbum, de hecho, dan un giro hacia la electrónica ochentera. Estas aguas están anegando todos los campos, aún en el desierto.

Recordé aquellos años felices enamorada de la vida, del mundo, de Los Planetas. Y, a pesar de que Los Planetas son de Granada, cuando si estaban locos por mí, cantaron verdiales malagueños en mi honor. Pero como dice el título, estaban, en pasado. De hecho, aunque es precioso y lo disfruto en cualquier momento, como Rosetta Kedzierski, ya es un tema que ha quedado atrás, pues tienen una nueva entrega después de un silencio de siete años: Zona temporalmente autónoma.

Esos días lluviosos que precedieron a la salida del sol, esos días grises que nos encerraban en casa, estuve viajando a 1944 y llenándolos con Stravinsky. Él era el que mejor comprendía mi corazón roto y también todas esas palabras queriendo brotar de mis dedos como retoños. Desde su imperio ruso me llegaba la voz agridulce de la viola lamentándose. Las elegías son quejas y no tienen métrica. Será porque esa desesperación no tiene medida.

Otros días eran frustrantes, porque las musas me habían abandonado y estaba tan deprimida y desganada que no quería ni viajar. Me quedaba en el presente y apretaba el botón de mi reproductor para que Coldplay me dijera que quería curarme, como lo hacía con Angela Dalinger.

Los días en que el tiempo se tornaba tormentoso, escuchaba Estudio en do menor Op 10 Nº12 de Chopin, el llamado Revolucionario. Así, viajaba a 1831 para salir de la desidia con la rabia del artista, aunque me inquietaban los truenos y relámpagos como a Coco Serrano.

La máquina del tiempo se volvió loca por un momento y, de la mano de The Pogues y Txetxu González, me trasladé a un verano en Siam. No hacía un tiempo muy caluroso, más bien había un cielo de calima y un ambiente algo húmedo. Sería por el incienso de los templos, las sishas, el tabaco de banana y el sonido del sitar en las costas paradisíacas de la nueva Tailandia. Eso sí, antes de que se prohibiera fumar en, al menos, una veintena de sus playas.

En una fiesta con el ilustrador Nader Sharaf, frente a las olas cristalinas, llegó a mí una melodía de bossa nova. Una guitarra pellizcada y un piano loco daban paso a una voz que cantaba en brasileiro a una garota, al parecer de Río, del barrio de Ipanema. Una chica pasa camino del mar. Joao Gilberto era el que se sentía solo y quedaba deslumbrado al ver esa muchacha tan linda y llena de gracia. Otros muchos se fijaron en ella: Antonio Carlos Jobim, Frank Sinatra, Ella Fitzgerald, Nat King Cole … Incluso, nacieron versiones revisadas como las de las Supremes, Amy Winehouse o Pau Donés en su Jarabe de Palo.

Me metí en el mar buscando ese golpe de vida que da el agua fría y la relajación que produce dejarse llevar por el vaivén de las corrientes. A mis oídos, sumergidos bajo la superficie acuosa, llegaban esos cantos de ballena de los que me había hablado Lola Nieto, en concreto los que armonizaba en su música Fátima Miranda.

Nadé con la libertad que siente el cuerpo cuando se conecta con la madre naturaleza. Y todos mis sentidos podían percibir millones de estímulos de este mar que se me hacía Océano mientras escuchaba a Anna Van Hausswolff, la sugerencia de Michaela Knizova.

Con un ex Smith Westerns y un ex Unknow Mortal, se formó Whitney, un grupo de indie que me hizo volar con el corte 9 de su único, pero muy estudiado, álbum de estudio: Light Upon the Lake (2016). Sus dulces voces y melodías, que recuerdan en ocasiones al indie pop británico o a algo cercano a los Beatles, me transportaron en globo aerostático, sobrevolando ciudades, tierras y mares, con Jaume Mora como piloto.

Sin un por qué, viajé a Italia con el billete que me compró Déborah Guerrero. Aunque es de hace unos 14 años, suena a los cantautores de los 70 y 80’s, con un toque electrónico. Nada Malanima, con música y retoques de Massimo Zamboni, ofrece un giro de 180 grados de lo que parece un clásico del spaguetti romántico. ‘Nada’ es una constante evolución, una maga del tiempo que se ha ido reinventando durante toda su prolífica carrera, sin descanso desde su debut en el festival de San Remo del 69, que posteriormente ganaría varias veces.

En ese lugar, una noche, me encontré con Sanel Kurbegovic que estaba acompañado de Paolo Conte, quien me cantó donde se escondía un Diavolo Rosso. Tras una carrera frenética con su batería de puro jazz, conseguí dar con él y nos perdimos juntos por bares y vasos de sangría.

Yosigo puso música al momento de despedida. Me alejaba de Paolo y su diavolo con Magnesia, una canción de la primera etapa de La buena vida. Los de San Sebastián describían perfectamente ese desenlace al que no se quiere llegar, pero irremediablemente acontece, y regalaban unas palabras en su lengua materna.

Leticia Delgado me presentó a Bon Iver y me dio el pasaporte para Canadá. El reloj, ya en nuestra década. Calgary es una de las canciones de estos estadounidenses que pinta algo de esperanza, comparado con el resto de repertorio, bastante más oscuro. Con ellos podemos experimentar como el folk se funde con otros estilos hasta que se pierden los límites.

Reprogramé mi máquina del tiempo y eso sonó algo turbio. No sabía si iba a estar de vuelta en mi habitación o me quedaría vagando entre tiempos y lugares toda la vida. Se empezó a repetir un mensaje. Parecía que se había quedado bloqueada y sonaba en bucle Yo mama. Se escucharon unos sonidos extraños: notas, aparentemente sin sentido, que se convirtieron en uno de los mejores solos de guitarra de la historia de Frank Zappa, según me contó Santiago Torres.

Cuando me invadía la violencia del mar rojo de Earthless, ya solo deseaba volver, aunque el viaje había sido espectacular y lleno de experiencias enriquecedoras. El último susto, al pensar que la máquina estaba bloqueada y que la travesía parecía irreversible, me había agobiado. Mi cabeza solo podía dar vueltas al ritmo de la intensa percusión y de la distorsión oscura y psicodélica de las guitarras de estos californianos desterrados que me recomendó Mercedes Bellido.

Por fin, me desperté con las noticias de las siete de la mañana. En lugar del presentador de los desayunos, era el cantautor mallorquín Paul Zinnard quien, a ritmo de su folk indie, me ponía al día y me devolvía a la dura realidad con un irónico positivismo. Esa esperanza que, a Lorena Blanco, a mí y a todos lo que estamos en este barco que es Thalamus, nos alimenta para seguir intentando que algún día las noticias de las siete de la mañana no sean las mismas de siempre.

 

NUESTRA PLAYLIST Marzo

Para comenzar nuestra andadura en esta sección de Thalamus no se me ocurre mejor tema que el ‘we can be heroes’ de Bowie. Toda una declaración de intenciones en los tiempos que corren. Tiempos difíciles, de crisis económica y de valores; se quiebra el sistema y nos deshumanizamos. Días oscuros para la profesión también: los medios bajo la sombra alargada de la manipulación, el arte poco apoyado por el estado, escasamente impulsado por la educación. Pero venimos a dar lo mejor de nosotros mismos y comenzamos este proyecto con mucha ilusión, subiendo el volumen de este himno a tope.

Tras la muerte hace dos años de David, se ha producido un revulsivo, si cabe, de su éxito. Hablamos de un  genio extravagante, de un ídolo eterno que hasta se atrevió con el cine, además de publicar veinticinco discos en más de cincuenta años de carrera. Por otro lado, tenía un don para la moda, sus estilismos nunca pasaron desapercibidos y se han copiado multitud de veces. Este tema de 1977 incluido en su décimo álbum ha inspirado a muchos artistas, entre ellos los que le han tomado su composición para ponerle otra voz, para unir voces en un grito a la valentía. Existen muchísimos covers de este tema: Blondie, Oasis, hasta David Guetta osaron intentar repetir la epopeya de este éxito. Incluso hay una versión en alemán: Rammstein tomó las musas de David y lo llevó a su lengua materna. Hay otros que han adoptado su tono, su estilo y su espíritu. Es el caso del último disco que acaba de publicar el cofundador de Talking Heads, David Byrne que, como si se tratara de una reencarnación de la esencia Bowie, parece recoger el testigo. Si no, prueben a escuchar el mágico trabajo que presenta bajo el nombre de ‘Utopía’.

Por todo esto y mucho más, afirmar su muerte no es lo más correcto. Podemos ver, o más bien escuchar, lo vivo que está en todos nosotros, en la sociedad que quiere aventurarse a rescatar héroes que persigan sin miedo sus sueños. Nosotros tenemos encargado nuestro destino, ya tenemos la criatura en nuestras manos, ya se materializó el proyecto.

Para acompañarnos en este inesperado e impredecible viaje, cada mes, algunos de los artistas y creadores que publiquemos nos regalarán algunas de las canciones fundamentales de sus vidas. Aquí tienen, recién sacadas del horno, las perlas de nuestro primer mes-número:

 

  1. UINVERSO aportan ‘Heroes’ de DAVID BOWIE.

 

2. TAXIPICTURES aporta ‘The Crawl’ de PLACEBO.

‘The crawl’ es el ascenso a rastras de los Placebo. Es uno de los temazos del segundo disco ‘Without you I’m nothing’ que cumple ahora veinte años. Muchos críticos dijeron que es su mejor álbum, ya que el primero quería haber sido el segundo y el tercero intentaba ser como el anterior. Estos londinenses, como muchos artistas (quizá sea el caso de nuestra admirada Taxipictures, que aporta este corte), hasta que no tocan fondo no pueden subir a la superficie, resurgir de sus cenizas o encontrar la inspiración. Se ha comentado y teorizado mucho sobre ese tópico de que en tiempos de crisis surgen más corrientes creativas. El sufrimiento nos inspira y nos visitan las musas para sacarnos de paseo por los caminos de la autoexploración y de la expresión más intimista. Todo para alcanzar el tan idealizado éxito, la obra de nuestra vida.

3. Txetxu González aporta ‘Bird on a wire’ de LEONARD COHEN, versionada por FATHER JOHN MISTY. 

Yo diría que a Leonard Cohen le pasaba algo similar cuando escribió el tema que añade a la lista Txetxu González. Tal vez andaba sumido en esa excelsa desesperación y desidia que solamente invita a refugiarse en uno mismo, incluso en la botella. Cuando uno se compara con gusanos o bebés nacidos muertos, es momento de levantarse y crear. De la mano y voz del estadounidense Joshua Tillman aka Father John Misty, que emprendió carrera en solitario en 2004 tras abandonar un par de grupos, ‘Bird on a wire’ suena mucho más folk. Si ellos eligieron este cover es que seguramente se buscan en sus infiernos para encontrarse, luchar contra sus demonios y liberar su hambrienta necesidad de expresión.

 

4. Maite Martí Vallejo aporta ‘Que me van aniquilando’ de SILVIA PÉREZ CRUZ & RAÚL FERNÁNDEZ MIRÓ. 

Maite Martí Vallejo se inclina por sacar de las entrañas con rabia flamenca esas contrariedades que nos golpean. Folclore adaptado a los tiempos, con guitarra de Refree (Raúl Fernández Miró). La desgarradora voz de Silvia Pérez Cruz, que podemos recordar desgarrándonos el controvertido músculo en la gala de los Goya 2017, cuando recibió el segundo cabezón de su carrera por la canción original de ‘Cerca de tu casa’.

 

5. Raúl del Valle aporta ‘La flor del azafrán’ de LA DÉBIL. 

Hay otros como Raúl del Valle que se lanzan a los mantras, a la llamada de la naturaleza, a los tambores rituales como los de La Débil. Este grupo punk de Torrijos, colorea y potencia con ‘La flor del azafrán’, el sabor de esta playlist tan variopinta.

 

6. Déborah Guerrero aporta ‘Kitchen Door’ de WOLF LARSEN. 

Déborah Guerrero comparte la bonita historia de No y Fe que narra Wolf Larsen (o Sarah Ramey). ‘Kitchen Door’ nos relaja a la par que estimula con esos instrumentos de cuerda sonando en secuencia sucesiva y con ritmo ‘in crescendo’. De esta manera casi oímos como llama a nuestra puerta de la cocina la imaginación.

 

7. ALBA CERES aporta ‘My favorite things’ de YOUN SUN NAH.

Algo parecido ocurre con el tema que propone la gran Alba Ceres, que mediante la repetición de mis cosas favoritas (‘My favourite things’ de Youn Sun Nah) crea un ambiente de belleza sobre lo cotidiano. Solo con la voz de la coreana y su kalimba, se origina una melodía mágica que nos envuelve en un trance ideal para ese proceso de abstracción.

 

8. Leticia Delgado aporta ‘Vitamin C’ de CAN. 

Una posibilidad muy cañera de música para invocar a las fuerzas del universo es la que propone nuestra compañera Leticia Delgado. Se trata de Vitamin C’, de los alemanes Can, que ya en los setenta tenían, como queda demostrado, un sonido electrónico y psicodélico muy enérgico. Además suenan descaradamente actuales, ¿no les parece?

 

9. MARÍA ALCANTARILLA aporta ‘Brown eyed girl’ de VAN MORRISON.

Otra forma de inspiración es la morriña o ese sentimiento de recuerdo alegre, ese agridulce que queda en el poso de ‘Brown eyed girl’ de Van Morrison, por ejemplo. Esta alegría que nos regalaba a finales de los sesenta el irlandés más influyente de la música actual sabe a verano, a buenos momentos, vacaciones, sol, playa, en definitiva a buen rollito. Pero no hay nada más triste que añorar un tiempo pasado, aunque desde esos fosos surjan también a veces muchas posibilidades de renovación.

 

10. SONIA CARBALLO aporta ‘I won’t complain’ de BENJAMIN CLEMENTINE.

Para cerrar nuestra primera playlist de THALAMUS, Sonia Carballo remata con su particular granito de arena. La vida es maravillosa, pero sin rechazar que existe el dolor, la pena, la lluvia y las lágrimas. La vida es bella con todo lo bueno y lo malo. Sin resignación, hay que entenderla para jugarla, comprenderla, asirla y quererla tal y como es. Todo un poema ‘I won’t complain’, acompañado de una partitura del cantautor Benjamin Clementine, que con menos de 25 años ya escribió una visión tan realista como positiva, una expresión sumamente cuidada. Se trata, como decimos, de un canto a la vida, que nos ha dado tanto: entre otras cosas, nuestra sensibilidad para materializarla con infinidad de formas, nuestra capacidad para engendrar corredores de resistencia y de ARTE.

 

©Eva Rodríguez para THALAMUS MAGAZINE.

Ir a ... Top