REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

Tag archive

poesía

La vida cotidiana arrasa Europa MAITE MARTÍ VALLEJO

Por David Aceituno

Edición: Sara B. Del Rey
daceitunopadilla@gmail.com
Barcelona 26/07/2019.


MATERIA ORGÁNICA

 

Hay materia orgánica en La vida cotidiana arrasa Europa. Puedes olerla en las dos preguntas que abren el poemario.

¿Un libro entero dedicado a la familia?
¿Y qué vas a contar?

No solo a la familia. Y lo que distingue a la poesía de Maite Martí Vallejo no es el qué sino el cómo.

Cuando un hogar se debe a muchos aromas,
una serie de excepciones se extraen de cualquier deriva.
Destilados hacen lo propio con nuestra idea de retomar
lo que dañó la familia, causándole graves quemaduras.

La materia orgánica se da cuando los sentidos trabajan al servicio del criterio. El de la poeta barcelonesa se mueve por zonas no asediadas todavía por el turismo literario: en estas páginas no hay intención confesional ni forcejeos metatextuales, y los desplazamientos de sentido están escogidos con elegancia. En La vida cotidiana arrasa Europa los referentes transitan por densidades muy distintas, la herencia de la tradición anglosajona está integrada con celo castizo, y lo castizo aparece también bajo sospecha, pese a estar diseminado sin complejos a lo largo de todo el poemario. Martí Vallejo no necesita huir de los lugares comunes: los conoce tan bien que planta ahí una casa y nos abre la puerta.

Teníamos una casa preciosa. Mentira. Se caía a trozos.
Mis padres eran fabulosos. Verdad. Y mentirá también.
No eran austrohúngaros, jamás habían sentido
una libertad increíble.

Otro de los rasgos que singularizan La vida cotidiana arrasa Europa es la confluencia de géneros y tonos, que la autora es capaz de distorsionar hasta la disonancia: las epifanías envuelven la miseria, el ritmo aforístico de algunos versos se quiebra, el ensayo sociológico delimita zonas de sombra y la crónica negra de España cambia de halo. Y de entre ese magma, fogonazos de sentido incontestables.

¿Quiénes son las personas sobre las que escribes?
¿Puedes decirme sus nombres? ¿Dónde están?
¿Por qué están allí?
¿Cuál es la persona con la que más te gusta estar? ¿Por qué?
¿Cuál es el más feliz? ¿Por qué?
¿Cuál es el menos feliz?
¿Por qué? ¿Y tú en esta familia a quien prefieres?

Las preguntas son también materia orgánica. A medida que se abren paso en el poemario, se arraiga otra sospecha: lo orgánico no se deja intelectualizar. La respuesta es el ruido que cada pregunta deja en el aire.

El amor a pesar de ser tan corto cumple una misión: todos queremos uno.

Hay quien juzga la poesía en función de los censores internos. Entre los censores atribuibles a Maite Martí Vallejo estarían una alumna de las Dominicas de la Anunciata, un actor de cine clásico, una hija quebrada, una madre que mira de reojo a otras madres, una poeta que odia la poesía, un niño cruel y una joven que no se cree digna de amor y quiere uno.

No es lo mismo desnudarse en la ducha de casa, en una exploración
ginecológica, en una playa, ante la pareja sexual en el dormitorio,
en plena calle ante los transeúntes o aquí.

Esos versos pertenecen en realidad a su primer poemario. La comparación en literatura es también un ejercicio vulgar, la persecución de pistas falsas con las que armar una falsa idea de orden, una manera de anunciar el final. Por eso es recurrente. Al contrastar la lectura de Todos vienen al funeral de Rick, la contundente carta de presentación de Maite, con la digestión más inquietante de La vida cotidiana arrasa Europa, empiezan los malentendidos. ¿Cuál nos ha gustado más? ¿En qué se parecen y en qué se distancian? ¿Qué papel ocupan los hombres en cada libro? ¿Y la familia? ¿De qué tipo de violencia son víctimas las mujeres? Porque «todo lo impreso es un drama», es mejor señalar lo que persevera en su poética. Por ejemplo, la inteligencia de la mirada, el atrevimiento a la hora de escoger contextos y ensamblar movimientos dramáticos. Y por debajo de todo, una convicción perceptiva: lo que se nos escapa de la poesía de Maite Martí Vallejo es lo que nos atrapa.

Collage de la propia autora Maite Martí Vallejo.

 

 

NATALIA LITVINOVA El viento que atraviesa el hueco

Edición:
Txetxu González
thalamusxmagazine@gmail.com
Madrid/Buenos Aires/Gómel. 08/03/2019.


NATALIA LITVINOVA

Nací en Gómel, Bielorrusia, a 12,935 kilómetros de done vivo actualmente. En Bielorrusia hay lagos y bosques, en Bielorrusia nació Chagall, en Bielorrusia también hay radiación desde 1986, el año en que nací, el año de la explosión de la Central Nuclear de Chernóbil. Vivo en Buenos Aires desde los 10 años, escribo poesía, soy editora, traduzco poesía rusa y a veces pienso en todos esos kilómetros que separan el ayer del ahora.

 

EL CRUCE DE LOS CAMINOS

 

I went to the crossroad, fell down on my knees
Robert Johnson

 

El cuerpo es un vehículo que nos arrastra
hacia el pasado. Hoy me condujo
al lago de mi infancia: hacía calor,
las mujeres se escondían bajo las sombrillas
y los niños en los árboles.
Mi padre se levantó y caminó hacia el agua.
Vi su espalda, como la de un soldado que marcha.
El agua lo cubrió por completo.
No pude salvarlo desde acá,
sólo contemplé el trazo de su figura.

Una mañana de septiembre
me tomó de la mano y bajamos
por una calle que no conocíamos.
Vimos una casa parecida a la de la abuela,
doblando hacia la derecha estaba el mar.
Nos quedamos quietos
en el cruce de los caminos.
Me pregunté a dónde podríamos llegar
si todas las direcciones
parten de la memoria.

Hay un desfasaje entre la vida y los labios.
Ahora detengo este momento.
El viento se levanta y trae a la casa
el rumor de la arboleda.
Cuando el tiempo recobre su ritmo natural
el susurro de las hojas habrá muerto.

No hubo mar. Seguimos caminando de la mano,
nos detuvimos frente a un gato
que se lamía pronunciando
mi nombre en su mirada. Cuando era niña,
mi padre hablaba con la lluvia
y sus frases la cortaban por la mitad.
Una parte quedaba por encima de sus palabras
como si regresara al cielo
y la otra se concretaba en la caída.

¿Cómo desaparecieron el mar
y la casa de la abuela?
Cuando los vivos van hacia la muerte,
como un remolino,
lo arrastran todo.

Para un funeral la abuela bordó
un manto tan hermoso
que el pueblo marchó tras el ataúd
y admiró el tejido de cerca.
Al saber que era obra suya,
fue pretendida por dos hombres,
un rubio y un pelirrojo se enamoraron de ella.
Entonces les dijo: el que encuentre
la flor del helecho me tomará por esposa.
Ambos corrieron hacia el bosque.
A uno lo encontraron bajo la nieve
y el otro huyó.

Él yace en el hielo, otra nieve lo cubre.
Mueve los dedos y la mano responde de a poco.
Como un caballo que lucha por salir
de un lago que se congela.
Brilla la nieve en los ojos del animal
mientras se apaga en los del hombre.

Los animales presienten su muerte.
Cuando mi abuela se acercaba con el rifle,
el cerdo cerraba los ojos
y los abría por última vez.
Con pupilas en forma de pica
hería sus propios párpados.

Llevo mi mano hacia el pecho
para mostrar donde me duele.
En el hospital me tocan con ternura.
El médico dice:
no es grave, vas a vivir.
Le pregunto cómo.

La enfermera entra y apaga la luz,
toma mi mano y me lleva a su cuarto,
abre un cajón y me muestra los relojes
que les roba a los enfermos.
Le digo que tengo miedo porque voy a vivir.
Todos vamos a vivir en algún momento,
responde.

Robamos el auto de mi padrastro
y vamos hacia el mar.
La enfermera dice que para curar el corazón
el viento marino debe atravesar el hueco,
los hilos de sal le harán un parche.

El mar tiene furia como cada cosa
que no sabe vaciarse de recuerdos.
Entro, lo profundo es egoísta.
El viento me trabaja el músculo
y en mi boca baila la náusea.
La sal expulsa lo dulce que hay en mí.

Nos alejamos de la playa,
brilla como un jardín abandonado.
Ignoraba que mis recuerdos
podrían construir la realidad.
Navego hasta la casa de la abuela
a través del agujero de mi pecho.

Ella me pide que le enseñe mi parche,
le divierte adornarlo con flores, cintas
y la trenza de mi madre.

Pero se duerme antes de empezar.
Su nariz en mi herida
hace que la cicatriz respire.

 

Escucha a continuación un fragmento de EL CRUCE DE LOS CAMINOS, recitado por la propia Natalia Litvinova:

 

 

UN DÍA SE INICIÓ EL OLVIDO

Las partículas de tu rostro
comenzaron a desintegrarse.
Ahora todos los hombres
te retienen en sus rasgos.
Tus gorros roídos por las polillas
y los guantes deformes
por la ausencia de manos.
Un día todos los hombres
que caminaban bajo la lluvia
estuvieron hechos
a la medida de tu cuerpo.
Ya no recuerdo cuán ancha la espalda
o cuán suave la tela del abrigo,
un día el olvido comenzó,
estaba sola en el andén
y las puertas del vagón
se cerraban y se abrían
como si ingresara
una multitud de fantasmas.
La luz de la luna oscilaba
como un farol y las estrellas
parecían colmillos
de un animal al acecho.
Cesaron mi infancia y tu vejez
pero tu voz no,
campana indestructible,
trina en mi sien,
enferma de misterio.

 

 

FLORES DE CHERNÓBIL

Nuestros hombres comienzan a extinguirse,
nadie sabe por qué las mujeres resisten más.
Mi padre llora al sacrificar a un animal
mientras mi madre cambia el empapelado de las paredes.
No nos dejan exponernos al sol, empalidecemos
como flores que crecen bajo la nieve.
Huimos al bosque, lejos de este edificio,
yo con mi blusa infantil y mi hermano con su remera lisa.
Qué ganas de volver al lugar donde nacimos
y correr con los brazos extendidos,
limpiar el aire como uno de esos aviones
que arrojan espuma
sobre el sarcófago humeante.

 

 

LA SUELTA

Me retoco los labios en el tren
al lado de un hombre
que mira hacia otro lado,
animo la suelta de perfumes,
deshago la trenza,
enfurezco el color de mi boca
después de haberlo atormentado.
Una parte mía se escapa en este instante.
Como un caballo negro,
cabalgo velada por mi propia oscuridad,
montada por jinetes
que conducen a la guerra.

(de Siguiente vitalidad, edición española, La Bella Varsovia)

 

 

LA PIEL NO SE RENUEVA

Enamorada y sola
voy a arrancar mi corazón
de la lluvia
y lo voy a nutrir

*

La piel no se renueva, recuerda.
Es corteza de un árbol tatuado con una navaja
o el caparazón de un grillo que se raspó contra la amapola.
Soy un sol blanco que rueda por el desierto,
y los hombres me miran cubriéndose la cara.

*

Lloramos para interrumpir
el desierto de los ojos
así como indagamos la vida
para descansar de la muerte.
Los recuerdos que oculto
terminarán aullando.

*

¿Madre, te acuerdas de los niños
que lanzaban piedras a nuestra casa?
¿Por qué no les dijiste que sus sueños
caerían con más violencia?

*

Soy el bolsillo expuesto de mi cuerpo.
Los días como una tijera.
Despierto y digo en voz alta la oración
de mi abuela analfabeta
y corto el miedo con mi lengua.

 

(de “Esteparia”)

 

Escucha a continuación dos fragmentos de LA PIEL NO SE RENUEVA, recitados por la propia Natalia Litvinova: 

ROSA BERBEL La ilusión fantasmal de los descubrimientos

Edición:
Txetxu González
thalamusxmagazine@gmail.com
Madrid/Granada. 10/03/2019.


ROSA BERBEL

 

Rosa Berbel nació en Estepa (Sevilla) en 1997, aunque reside en Granada desde 2015. Es estudiante del Grado en Literaturas Comparadas por la Universidad de Granada. Su primer libro, Las niñas siempre dicen la verdad (Hiperión, 2018), fue ganador de la XXI Edición del Premio de Poesía Joven Antonio Carvajal. Asimismo, fue ganadora de la IV Edición del certamen Ucopoética y ha publicado en antologías como La pirotecnia peligrosa. 11 poetas sevillanos para el siglo XXI (Ediciones en Huida, 2015), Supernova (Bandaàparte Ediciones, 2016) o Algo se ha movido (Esdrújula Ediciones, 2018). Feminista, encantadora y vulnerable ante todos los vicios millennials, se aferra a la ficción como una forma de pensar un mundo menos a la intemperie.

 

CRECER ES

Andar más, con más miedo,
por calles más vacías,
no creer en otros mundos
posibles o imposibles,
hacer daño a los otros sin palabras,
comprar cosas usadas por el placer
extraño de su tacto,
vender cosas,
romper cosas que nunca hemos tenido,
arrojarlas al fuego como quien cambia
la hora
de todos los relojes de la casa
para poder perder un poco el tiempo.

 

 

MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA SALIR DEL NIDO

 

1. Hablar más de la cuenta. La calidad
sucede en la abundancia.
Cuídate del silencio de los otros.
2. Acumular tarjetas de visita
como valiosos restos arqueológicos.
Nunca sabes qué pueden revelarte.
3. No perdonar jamás a quien olvida
tus fechas importantes.
No acumules amores sin memoria.
(No olvidar este punto).
4. No simular congoja ni tristeza
cuando olvides las fechas importantes.
No acumules amores rencorosos.
5. Al menos una vez cada dos meses,
redescubrir objetos olvidados.
¿Sigue siendo posible, todavía,
la ilusión fantasmal de los descubrimientos?
6. No olvidar tus orígenes.
Escarba, si es preciso, la tierra de los parques
con manos de urbanita.
7. Mantener intachables los prejuicios.
Las cosas suelen ser, salvo excepciones,
igual que parecían.
8. Cuidar la superficie.
Líbrate de quien teme las fachadas.
El interior real de las cosas reales
provoca claustrofobia.
9. No tener nunca ganas de marcharse.
Decir adiós es triste y es mentira.
10. Dejar que entre la luz.
Deja que entre la luz
y te despierte.

 

 

PRIMER AMOR

Era verano entonces y a nosotros
nos picaban las piernas del sudor
y la euforia.

Desde aquel día parece que los demás
tan tibios
se quieren siempre menos.

 

 

Escucha aquí ‘Sisterhood’, recitado por la propia Rosa Berbel para Thalamus Magazine:

 

CARLA CHINSKI Ese horizonte que emblanquece

Edición:
Txetxu González
thalamusxmagazine@gmail.com
Madrid/Buenos Aires. 26/04/2019.


CARLA CHINSKI

Carla Chinski (Buenos Aires, 1995) es escritora y traductora. Tiene estudios en Artes Combinadas, gestión cultural y traducción literaria (UBA). Realizó talleres de escritura con Laura Galarza y Federico Falco, y taller de poesía con Natalia Litvinova. Su primer poemario será publicado próximamente por Editorial Llantén.

 

Mi madre no está muerta pero
le están cortando
la pierna en dos.
Mientras el cuchillo
se inserta en la carne,
el llanto de un recién nacido
suena en el quirófano
como si el niño estuviera
observando la escena
de sus pesadillas tempranas.
Mi madre es
una pobre niña, nada más.
Ella, que nunca fue tranquila
hoy duerme
de manera artificial
mientras camina en sueños
y el médico, como un partero,
la saca al mundo
de los que
viven sin dolor, no ese
que separa los vivos de los muertos
sino a los heridos de su propio
horizonte blanco,
en ese horizonte que emblanquece
lentamente con el pasar
de la espera.
En la sala de parturientas
las mujeres agonizan, eso
tienen en común: el dolor
que un día llega,
levantándose como un
accidente geográfico.
Los guantes
de goma blancos, ahora rojos,
dedos como pétalos de rosas
caen sobre la tierra de la carne.

 

 

Mi madre no está muerta pero
cuando lo esté,
cuando finalmente nos deje,
yo me quedaré con sus restos.
Madre tierra, lengua madre
la he estado sirviendo
fielmente,
durante tantos años
¿quién sería sin vos,
creación de mi creación?
¿Cómo decir aquello
que quedaría expulsado
al blanco
con tu muerte?
Lo que se necesita
en toda esta desgracia
es un poco de belleza
y orden, aquel que tanto
le ha dado sentido
a su vida. Por eso,
ordenaré en filas sus pestañas,
recompondré sus labios
con alfileres,
las cavidades de la nariz
serán las mías, con las que
respiraremos siempre juntas.
Los ríos se hacen más pequeños.
Las playas se abandonan al desastre.
Pero ella se hace
cada día más grande, hasta que un día
su rostro será lo único
que cualquiera podrá recordar: solo eso
le hará justicia.

 

 

Mi madre no está muerta pero
su muerte me lleva
a un estado poético,
como si tuviera
espadas en vez de brazos
con los que luchar por ella.
Estoy maravillada
por el espectáculo de su cuerpo.
Me hace entrar en un espacio
de ensueño:
estoy atenta a todas las cosas,
cada acción parece encadenarse
a la siguiente con la paciencia
de la línea en un verso nuevo.
Tengo la tentación
de verla con otros ojos, que no son
los de una hija sino
de aquel que ama;
completamente desolados
y a la vez innecesarios
donde me asombro
por lo que puede hacer,
sabiendo que ella,
florecida de vendas, pronto acabará.
Caerán las bombas
sobre su bosque
construido de familia.
Una época, un tiempo, se dejará atrás
nunca me he figurado nada
que no sea su muerte.
Mi compasión por ella solo está
atada a la sangre, lo cual es
demasiado poco.
Pero, si me acerco,
puedo ver en las vendas una sutura
que tiende puentes en su boca como un rezo.
A través de ella murmura la muerte
en su propio estado poético:
solo entonces,
escribiremos juntas.

 

 

Mi madre no está muerta pero
me despido de ella como si el día
hubiese terminado y ella fuera
una mariposa.
Semejante belleza,
el revés blanco del ala
late hoy en el carnoso torso
que intenta voltearse, manco,
ante las habilidosas enfermeras.
De ella se puede decir, igual que
la vida de un insecto,
que ha vivido. Se puede decir
que está ya muerta, capturada
en su ser perecedero
por un rayo de sol o mi mano
de coleccionista que la examina
desde todos los ángulos,
un hallazgo raro y precioso.
Se va de mí, hace volar
su corazón, el centro viejo de madre.

 

 

El cielo deja de su blanco
un resto de azul; el sol
se amontona con las nubes
con la claridad de un pensamiento,
sus formas abstractas y ridículas.
Los pájaros se desentienden
de las hojas.
Mi madre pide que abran la ventana.
Ella, que siempre promete
decir toda la verdad, hoy está sometida
a lo cruel del tiempo.
Lo permite entrar con el viento
y circular en torno a ella, empujándola
de la infancia a la vejez, los dientes
cayendo amarillos como pétalos
de una flor silvestre, mientras
un río de saliva incontrolable
se le acumula en la boca.
Un cuerpo sabe siempre
a dónde va, como lo sabe
el pájaro, la nube, el sol.
No necesita de horas ni minutos.
Yo mido el tiempo con la vida
de mi madre. Me bastarán
sus días para contar la historia
de la naturaleza entera.

 

 

Mi madre no está muerta pero
su herencia está en todo lo que toca.
Ella me toca la frente,
un gesto contra la fiebre
que resulta ser una bendición oculta
para la enfermedad que tendré,
la misma que ella tiene ahora,
no bastará el tacto para ahuyentar
la creciente del dolor.
Hago arder su mano con mi piel,
son estas las formas de acercar
el fuego al fuego.
Si me diera otra vida, cantaría
mil canciones de cuna
pero la vida que me dio es esta
y con ella, el futuro de mi carne:
guardo dentro de mí las marcas
que se abrirán como flores de invierno
creciendo tímidas y nuevas
sobre las alas de hojas carnosas
de la madurez. Creía que ser hija
era amar, pero solo compartimos
este viaje a medianoche,
el mismo dolor.
Mi madre en su quietud
es el tiempo que corre:
la luz aprende su límite
porque pronto en ella se apagará;
la repentina flor de invierno insiste
con su presencia, transformando
al campo entero en su altar.
Todo cuerpo es una premonición.

 

 

 

 

 

 

 

ÁNGELA SEGOVIA La profeta de lo que salta por los aires

Edición:
Maite Martí Vallejo
maite.mart.vall@gmail.com
Barcelona/Ávila/Madrid. 11/05/2019


Ángela y la dirección contraria.

 

Ángela Segovia (Ávila, 1987) es poeta. Ha publicado los libros ¿Te duele? (V Premio de Poesía Joven Félix Grande, 2009); de paso a la ya tan(ártese quien pueda ed., 2013); La curva se volvió barricada (La uña rota, 2016) que recibió el Premio Nacional de Literatura, modalidad Poesía Joven, en 2017; y Amor divino (La uña rota, 2018). Tradujo el libro CO CO CO U, de Luz Pichel (La uña rota, 2017).Desde septiembre de 2014 a septiembre de 2016 fue becaria de creación del Ayuntamiento de Madrid en la Residencia de Estudiantes.  Hizo las piezas: Ganas dan decirte muchas de (Teatro Juan de la Encina, Salamanca, 2015); Archiva vía metalada junto a Irene Galindo Quero (CA2M, Móstoles, 2015); Lo normal normal: un proyecto que encuentre el pensamiento en los desvíos del cuerpo que siente junto a Óscar Villegas y Luciana Pereyra (BNE, 2017). En 2019 obtuvo la beca de la Fundación Villalar con el proyecto Apariciones de una cabaña en el bosque. Forma parte del Seminario Euraca.

Ángela nos regala un poema nuevo y un mundo que se acaba.

 

FINE del mundo

El patio:

 

Dos niñas están sentadas
Una dice que el mundo se acaba
¿Por qué?, dice la otra
Mira, llueven águilas, dice la primera
Omg, dice la segunda
¿Cómo lo dice?
No sé, tal vez sólo lo piensa
Se tapa la cabeza mientras es verdad que caen águilas del cielo
No es que estén muertas, pero han caído todas a la vez, como cansadas
¿Cómo distinguen eso?
Están las águilas de pie medio tambaleándose con los picos abiertos

Les falta el aire
Ya no salen volando
Caminan entre los pájaros ellas
Las niñas
Son muy pequeñas
Miden lo que una mesilla de noche

Llega el profesor de filosofía, un escocés
Es gigante, Nial
Hace mucho que no me pasaba esto, dice
El cielo está naranja
Aunque no atardece, tampoco amanece
Es un problema con el trocanter, dice (va cojo)
¿Ves?, dice la primera niña
La otra gira la cabeza despacio
Y se desmaya
Shh
(¿Está jugando?)

*

Las habitaciones:

Llega el novio: ¿Te importa que me afeite?

No me gusta esta barba, parezco un idiota
La novia está sentada en la cama con un cigarrette
Llega el profesor de filosofía, un escocés
Es gigante
Dice: fuera pasa algo
Dice: he leído una carta en la que alguien se despedía
de un modo misterioso
Este es el final, está hecho para ti
A tu medida
Adiós
querido
La novia ha abierto la boca y se tambalea
Respira con dificultad
El novio sostiene en la mano la cuchilla
en la mano el espejo
da un color naranja
sobre su cuello
Suena la misma canción
que antes
Pero más lenta
Como si se muriera
¿Quién?
El mundo, dice la primera niña
El mundo el mundo
Su carita en la ventana
Asomada
Contra goterones
De barro
Y ya
está sola

Final:

 

Vas a volver a colapsar
Ha dicho la niña
A un águila
Y el pájaro
Se ha desmayado
Shh

Ángela bicéfala o las águilas hacen aguas.

 

MAURIZIO MEDO "Para dejar un rastro en las pampas" o al auxilio del lenguaje

Edición:
Maite Martí Vallejo
maite.mart.vall@gmail.com
Barcelona/Arequipa. 11/05/2019.


Maurizio Medo

Maurizio Medo (1965). Vive en Arequipa, Perú. Es autor, entre otros libros de poesía, de Manicomio, Dime novel, Cuando el destino dejó de ser víspera [Antología] e Y un tren apareció en la curva con varias ediciones en Hispanoamérica. Su obra poética ha sido traducida al inglés, francés, checo, croata, portugués e italiano. Obtuvo reconocimientos tales como el Premio Internacional de Poesía “José María Eguren, 2005″, organizado por el Instituto de Cultura Peruana y el Latin American Write Institute en la ciudad de New York. Dirigió durante 10 años el espacio de escritura Transtierros. Desde el año 2011 está al frente del proyecto País imaginario: escrituras y transtextos.

Maurizio comparte tres poemas de Las interferencias. Libro que celebramos mucho. Lo tenéis en Ay del seisnou de trinca, con epílogo iluminador de Berta García Faet y prólogo con no menos luz de Julio César Galán.

 

14.

                                                         A Rafael Espinosa

 

La radio cantó la balada de una mujer
(tres veces muerta) hasta que secó
como uno de esos almiares dejados
atrás en la carretera. Yo seguía en
el auto, resignado cuando de pronto
cruzó un gato. Era negro, ¿la cábula
pactada se cumple cuando no hay
movimiento y en los hospitales las
diferencias entre sábana y mortaja
redujeron por una huelga en la oficina
de Recursos y Mantenimiento?

El gato cruzó otra vez sobre
todas las otras cosas.

La suerte es así.

Nunca está en frente.

Entonces la realidad hizo chasquear su tálero
y como sólo puedo conocerla a través de mí
(por el retrovisor de algo tan condicional
como la vida) a medio camino
de ningún sitio. Me sentí un huésped.

Después de tanto pisar los pedales el auto
ya no responde. Se abandonó por entero
(como la vida) sin ninguna esperanza de auxilio
hasta oír algo que los árboles
no pudieron contarme:

el gato estaba sobre el parabrisas, listo
para atentar contra mis pensamientos.
Tanto que me atreví a vaticinar:

los árboles hoy no me contarán nada.

Les hace falta cierto nivel de oscuridad para
que su fotosíntesis incluya también
la producción de símbolos.

El gato es un signo.

No es como la araña, o la idea
de la araña que existe al desaparecer
de la tela.

—Es un signo—me dije, en medio de
la crisis de los signos. La soledad
ha sido ocupada por cierta manía
de la historia: perpetuarse
aun cuando nada acontezca.

Y como no es superficie… para dejar
un rastro debe cruzar las pampas
de ciertas frases hechas (y los ribazos
de esas mismas frases) sin palabras
definitivas, de un lugar a otro
hasta desaparecer (como la araña
en medio de la tela).

No consigo descifrar qué callaron
los árboles en esos rojos de hibisco.

Esto no hará aparecer al Servicio de Grúa.
Ni conseguirá que el Hombre Manco aprenda
a preguntar qué flor expresa la fatalidad de
los días. Y como nadie le responderá azucena.
El oficio de florista existe solo en una canción
de una forma tan emotiva que consigue
conmover hasta a los perros.

*

21.

EL AVIÓN PLATÓNICO no existe
José Miguel Ullán

Mis contemporáneos se preocupan por escribir bien
sus nombres en los troncos de una red de palmeras
antes de descifrar la ideología que produce el
boosterism de un sistema adjetival.

Hablan desde un lenguaje adonde la poesía ladra
buscando cerrar la elipsis en vez de morder.
O caso contrario interpretan la hermenéutica de
lo que pudo decirse antes de que el símbolo
se eleve por el aire como un globo inflado
con helio caliente vaciando el valor
de los contenidos que tuvo alguna vez.

Yo no creo en un arte del lenguaje reciclado
con el tono causal de cualquier conversación.
Tampoco en la doctrina que lo confisca dentro
del material que lo forja antes de encontrar
el canal con qué transmitir sus naturales
sentimientos de dudas. Y menos en un plan
que no incluya lo indecible a través
de la mediación del error. En la Biblia existen
sesenta y tres referencias al cielo.
Pero no mencionan nunca un color.
Yo no creo en el cielo.
Prefiero leer a Lao Tzu.

*

22.

Hasta los 30 hablé con mis contemporáneos.

Hoy con la historia.

Pero no me responde.

La vecina dijo:

tampoco perdona.

 

 

 

 

 

VERGÜENZA DEL ORIGEN Una cruz en la casilla

Por Maite Martí Vallejo
maite.mart.vall@gmail.com
Barcelona/Badalona/Barri de Gràcia. 24/05/2019


Vergüenza del Origen
David Aceituno
RIL Editores 2019

 

David empieza por la sangre este libro. Miento. No exactamente la sangre, sino ¿Qué sangre? 

Su madre es de un pueblo de Almería, Escúllar; la mía nació en Fiñana, a 15,6 km de Escúllar. No importa que la tuya sea de un pueblo de Escocia. Nada de eso responde al qué, únicamente al dónde. Crecí en Nou Barris. Entre mi barrio y el Santo Cristo no hay ni 5 km. Santo Cristo parece un nombre capaz de responder más allá del cemento defectuoso. Compartir esa herida del comedor ha embellecido la vergüenza propia, la de esos barrios que se construyeron a toda velocidad en la década de los 50 para acoger a miles de emigrantes de Andalucía, Extremadura, Murcia o Galicia. Así quedaron, los bloques y ellos, afectados por patologías estructurales, levantados con materiales de una calidad ínfima que se volvían porosos con la humedad y los años.
La aluminosis pertenece a los Vencejos. Es verano. Los vencejos suponen la adaptación extrema. Todo su ciclo vital se puede desarrollar en vuelo, excepto la nidificación. Y actualmente nidifican casi en exclusiva en zonas urbanas y a ser posible muy contaminadas, justo en el espacio entre balcón y balcón,/ entre las ventanas ojerosas de los bloques con aluminosis/ donde vivían nuestras abuelas. Mi abuela María vivía en el barrio del Turó de la Peira, donde primero se diagnosticó esta enfermedad. El 11 de noviembre de 1990 el derrumbe parcial de un bloque de la Calle Cadí, con víctima mortal, visibilizó un deterioro mil veces denunciado por los vecinos que veían sus viviendas deshacerse. El piso de mi abuela, dos calles más arriba, estuvo apuntalado durante años, con agujeros por todas partes. Si os explico el origen es porque en los poemas de David no se quiebra solo el vuelo de los vencejos.

Parece que todo estalla en Verano. También muere mucha más gente en verano. La luz evidencia la «fatiga». Te quedas quieto: renunciar al movimiento/ por el miedo de la luz a la quietud, de la quietud a la verdad. Dilo aquí, / en la habitación/ donde duerme un niño y las cortinas arden. Las Estrategias contra el equilibrio brillan por dentro y por fuera, a palo seco, sin guitarra, con Juan Talega, recuperan matices perdidos de gitanos viejos.
Baudelaire y Poe también eran grandes soñadores de cortinas. Pero cuando fuera hacía frío. El soñador pide un invierno difícil. La poética del espacio. Al nido se le exige que sea muy seguro. El nido, la casa, la patria, nuestro caparazón, nuestro hueco. El poder de los distintos refugios: un hombre y un edificio.

 

Leonor, la bisabuela de David.

 

He estado escuchando I´m new here, no importa lo mal que te hayas ido, siempre puedes dar vueltas, ¿me mostrarás todo?, “el deseo de entender la geografía”.
He estado escuchando How to disappear completely, that there, that´s not me, i´m not here. He visto también el videoclip oficial, he visto todos los del álbum. Lo he hecho mientras releía y pensaba en qué explicar de la vergüenza, de la traición: la traición es mi casa / entra, ponte cómodo/ avergüénzate conmigo. Así se desata la primavera, atravesando paredes, la edad de la traición. 
He estado releyendo Hogar (Olifante, 2015). En los poemas, la traición. En el epílogo, también la traición. En el prólogo, Luna Miguel escribe sobre belleza solitaria y migajas y rupturas y camas deshechas y dolor y libros negros y puerta dorada y gotitas de sangre e intemperie.
He estado escuchando Olé de Coltrane. Contiene las cuatro estaciones. David se disculpaba casi por haber estructurado así el libro. A mí me encanta: invierno, primavera, verano y otoño. El curso natural. El curso natural es una trampa.
“Bowie y Anne Carson en todas partes”, “la burguesía provinciana que pasea por la Calle del Mar”, el Pont del Petroli y El puente de Hart Crane. Qué importantes los puentes aunque sea para poder tirar algo: las “pertenencias”, el “Aire”, lo que no elegí. “Cuando pienso en el color de lo que no elegí” es uno de mis versos favoritos; hay muchos más, claro. Pertenece a Los amigos muertos. Me hace pensar en casi todo. La desvergüenza es «libertad demasiada». Entonces la vergüenza es muy poca libertad.

David Aceituno y los «pájaros de los que no supiste nada».

 

Aunque el poemario empieza en Invierno, el tercer poema se sitúa en Olmué, al noroeste de Santiago. A 10 de enero en Valparaíso es verano. En el pico del cerro La Campana, las palmeras chilenas, la fauna silvestre, el “vuelo imbécil” de los queltehues, los zancudos, los grillos.
Conocí a David en enero. Íbamos a compartir editor. Aquella tarde también estaba Eleonora Finkelstein, la jefa, huyendo del verano chileno. Pedí croquetas que él no podía comer y bebimos vino. Yo creo recordar que bastante. Salíamos a fumar. Vinieron también Mario y Unai. Y Paco, claro. Ellos bebían cerveza. El vino era para dos charnegos y una argentina de Chile con alma vampira.
He estado releyendo Sylvia & Ted (Olifante, 2010). Gonzalo Torné firma el prólogo que tituló «Desvergüenza». David Aceituno parte en dos la desvergüenza (no sé si la misma de Torné) y la precede de adversidad. El invierno es AUNQUE DES VERGÜENZA. ¿Qué ocurrirá a pesar de que des verguënza?

En la otra cara del fuego, Milosz y su profesión de fe en la poesía, «la aliada de la filosofía al servicio del bien», las márgenes del río, el río que lo arrastra todo, algunos libros bíblicos, el idioma, la lengua, de forma literal y metafórica, a veces susceptible, a veces despiadada, lo que tomamos para subir y bajar o esta definición del amor: aquel oscuro satélite de palabras/ que giraba alrededor de la vergüenza.

(Escribí «Una cruz en la casilla» porque Vergüenza del origen es además un formulario trampa. Es la segunda vez que digo trampa. Lo diré una tercera. Esto es también una reseña trampa. En la trampa también se anida. Se anida la vergüenza y se revienta la casilla).

 

 

‘VOZÁNICA’ de LOLA NIETO La serpiente llega a través del desprendimiento de su piel. La voz, también.

Por Maite Martí Vallejo
maite.mart.vall@gmail.com
Madrid 04/01/2019


Lola Nieto.

 

Conserve esta información para poder consultarla en el futuro:

Las voces deberían insertarse con la polaridad correcta. Las voces no recargables no deben cargarse. Las voces recargables únicamente deberán cargarse bajo la supervisión de un adulto. ¿A partir de qué edad dejas de ser idiota?

En la escuela me dijeron que era idiota para siempre.

¿Y qué más?
Las voces gastadas deben extraerse del juguete.
¿Te parezco un juguete?
No. No llevas una etiqueta con una papelera tachada. Residuo doméstico.
Voz-residuo.
Encender, apagar, cambiar el tempo, parar, reproducir los ritmos, añadir efectos, grabar música, reproducir grabación, añadir fondo, subir volumen y bajarlo.
RECORD
PLAY/CHORD/LESSON
No utilices jabón entre las teclas.
Las voces electrónicas contienen elementos que pueden ser beneficiosos para las personas y el medio ambiente. Como usuario final (¿usuario final?) deposita estas voces en los lugares adecuados de tu población.

  1. Esto no es una ópera. Son nueve. A Lola Nieto, autora de Vozánica (Harpo Libros, 2018), no le encanta la ópera. A mí tampoco. Es bochornoso. A Lola le gusta el manga y verle las ligaduras a las naves espaciales.
  2. «Esto que digo es reversible». Lo que dicen doscientas once voces en total.
  3. La obsesión por respirar provoca ansiedad, pero seguimos respirando más o menos. Lola lo hace por la ternura. El amor da igual. La ternura es antes.
  4. Las naves espaciales tienen forma de boomerang.
  5. Los cuerpos también son feos.
  6. SII. La voz-intestino se irrita.
  7. Entre los 7 y los 14 años la voz es blanca. Mentira.
  8. Entre los 7 y los 14 años hay peligro de atragantamiento. Mentira.
  9. ¿Vas a decir alguna verdad?

Debí llenar el hueco entre mí y mí

Vozánica no sé si trata de llenar huecos. No. Sé que no va de eso. La fiesta del ruido se inicia en el agujero. Bombo-Charles-Platillo. Todas las voces tienen patio interior, si una sabe cómo encontrarlo. Y me puse a reír a carcajadas. A la voz caliente le cuesta salir por el grifo, a veces lo hace teñida de marrón. Es difícil explicar las cosas terribles más allá de las fábricas y de los vertederos y más allá.

LO SIENTO
vuelve a la casilla
que hace GáRGaRas

Algunos fragmentos bordean un terraplén y otros forman una diminuta bola. Voz-aullido cuando todo duerme, voz-papel se eleva por el aire y consigue levitar.

LA BOCA TODAS
Las voces no se terminan en la boca.

Todas las cursivas pertenecen a Vozánica; cubren las aceras y atascan las alcantarillas. Hay instrucciones extrañas que cobran sentido más adelante o se convierten en un secreto privado.
Doscientas once voces generan doscientos once lectores. Voz-computacional.
La ternura también es eso. Un modo multiplicado de preguntarse y vocear con unos botines “witch» que ya quisiera la bruja del oeste.

 

LAIA LÓPEZ MANRIQUE Había una mujer que repararaba el equilibrio de las palabras arcillosas

Edición:
Maite Martí Vallejo
maite.mart.vall@gmail.com
Barcelona/Barcelona. 19/12/2018


Laia López Manrique por Virginia Monteforte

LAIA LÓPEZ MANRIQUE (Barcelona, ​​1982) estudió Filosofía y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de Barcelona. Escribe poesía, prosa y artículos sobre temas literarios. Ha publicado los libros Transfusas (Ediciones del 4 de Agosto, 2018), Desbordamientos (Ediciones Tigres de Papel, 2015), La mujer cíclica (La Garúa, 2014) y Deriva (Prensas Universitarias de Zaragoza / La Gruta de las palabras, 2012) . Es coeditora de la revista digital Kokoro y de la colección de libros Kokoro Libros de Kriller71 Ediciones. Poemas suyos han sido traducidos al inglés, al francés, al italiano, al esloveno, al griego y al maltés.

 

Tres poemas de Transfusas:

 

PÓRTICO

 

“Flores para los muertos. Coronas. Flores.”

(TENNESSEE WILLIAMS, Un tranvía llamado deseo)

 

con los nudillos he cortado la úvula  la raíz de un diente solo y movedizo como los brazos de las algas

tras el pescante  caído en el reflejo  he extraído todos los residuos:
melaza
astillas
un pólipo seco
una flor maciza y turbia

entonces
ha brotado crudo
mal nacido                                                  AQUELLO:

lo que más se parecía al deseo

 

*****

 

DÍAS DE 2018

 

en vez de llamar con sigilo a sombras
                                                                                                                    (HILDA  DOOLITTLE)

 

dijeron: “amor” no fue, sí “mordedura”, sarta de piel olivácea que las manos fingieron acariciar con “deseo”  con “turbación” con “sorna”

ahora
voy a hacer lo único que sé hacer con las palabras: voy a pedirte que vengas y tú vas a acudir

va a sacudir
al cloqueo  hosquedad el goce de las papilas chasqueando contra el paladar viscoso
la herradura interior

el poema es saliva
el timbrar de la puerta
una babosa que fluye y se desliza aquí en la superficie del verso
y dentro

la
re
querida

 

*****

 

RETALES, HABLADURAS

 

-la micela atrapa lo sucio atrayéndolo hacia el centro

-he olvidado tantas veces a las vivas, las he enterrado en la imaginación como un sarcófago

-se llamaba como no querían que se llamase, posiblemente bailaba desnuda en las paredes apoyando la palma de las manos, dando vueltas y vueltas como una autómata

-mimosa   la flor neutra balbuciente    estigma empapado sépalo de axioma

-tengo en la piel del muslo un corte de ámbar   una secreción resbaladiza

-lo que en algún momento se pudo considerar una merma también puede interpretarse como una gran donación

-hacía calor junto a las cañas de bambú que cercaban la ventana para que las animantes no pudieran saltar al vacío

-el calor hizo que recordase una promesa en falta

-la noche es el día en cuclillas; el día, sin embargo, es la noche escrutadora

-los labios tocan la cuerda lasciva del tendedero como si volvieran a (…)

-embebida y centrífuga   el coro de una tragedia de Eurípides

-quién hablaba de aquel amor que quedó truncado de un tajo en la calavera

-con lo que emana del pliegue  con lo que emana de ese lugar envolvente y sudoroso

-prensando la palabra viva bajo el vientre

– hacia ti
embriaguez
si me buscas

 

 

 Del libro Transfusas (2010-2018)
(Ediciones del 4 de Agosto, 2018.)

JUAN DOMINGO AGUILAR Escribir en defensa propia

Edición:
Txetxu González
txevinuesa@gmail.com
Madrid/Jaén. 17/11/2018.


JUAN DOMINGO AGUILAR

Juan Domingo Aguilar (Jaén, 1993). Poeta, columnista y gestor cultural. Muy vinculado al mundo del teatro, ha sido director del grupo Viridiana Teatro, con el que consiguió el Premio a Mejor Obra en el Festival de Teatro Universitario de Granada, por la obra Un Dios Salvaje de Yasmina Reza, así como varias nominaciones en el Festival Nacional de Teatro Independiente de Barcelona, con una adaptación contemporánea que atendía a la diversidad de género, de la obra Tócala otra vez, Sam de Woody Allen. Colaborador habitual de Oculta Lit con artículos centrados en el papel de la mujer en la historia de la literatura y poesía joven contemporánea. Sus poemas han aparecido en revistas y programas como Tres en la carretera, Radio3.

Finalista de la V edición de Ucopoética, forma parte de la antología La Grieta, publicada por Bandaàparte Editores. Ha publicado La chica de amarillo (Esdrújula Ediciones) y Nosotros, tierra de nadie (XXXIII Premio de Poesía Villa de Peligros). Ha antologado, junto con Jorge Villalobos, Algo se ha movido, 25 jóvenes poetas andaluces un libro que late al mismo ritmo que los temas tratados por los autores de su generación.

Adicto al Prozac (o no), de tanto interpretar a Woody Allen, el personaje terminó comiéndose a la persona. Perdido en mitad de la carretera busca inspiración en cualquier motel al que hubiera ido Carver. Intenta recuperar la memoria en tierra de nadie.

 

MEMORIA HISTÓRICA

En Polonia se ha prohibido
hablar de los campos de concentración
de los polacos en los campos
de los polacos vigilando los campos
de los polacos las palizas
todos los días a españoles
marcados con un triángulo rojo
del mismo color que la sangre
por el suelo cada mañana

se ha prohibido hablar de los campos
como si nunca hubieran existido
como si Auschwitz y Mauthausen
fueran una invención

como si Europa nunca hubiera sido
toda entera un cementerio

 

De Nosotros, tierra de nadie (XXXIII Premio de Poesía Villa de Peligros, Diputación de
Granada)

 

 

 

LAS MADRES CANSADAS

 

Una patria Señor, una patria pequeña, como un patio o una grieta en un muro muy sólido.
Una patria para reemplazar a la que me arrancaron del alma de un sólo tirón.
MARÍA TERESA LEÓN

 

Quiero ser todas las madres
todas las mujeres que parieron
sobre este lugar a sus hijos
los que trabajaron el campo

quiero ser todas las madres
todas las mujeres que parieron a las trabajadoras
todas las mujeres que cantaron un himno
con la voz clara

ya no seremos pobres

quiero ser todas las madres
todas las mujeres que alumbraron soldados
que volvieron de la guerra que cantaron un himno
con la voz alta

no queremos más pistolas

quiero ser todas las madres
todas las mujeres que empuñaron un fusil
fotógrafas maestras reporteras
actrices músicas poetas

todas las madres
que ahora sirven de cultivo
para la tierra que sus hijos trabajan

quiero ser todas y cada una de las madres olvidadas
que yacen bajo las lápidas de este país

 

De Nosotros, tierra de nadie (XXXIII Premio de Poesía Villa de Peligros, Diputación de
Granada)

 

 

POÉTICA II

 

A Ramón Repiso

A pesar de sus ojos he salido a la calle,
a pesar de sus ojos me ha tocado vivir.
JAVIER EGEA

 

A pesar de tus ojos escribir
salir a la calle
decir algo que valga la pena

verte a lo lejos
sonriendo en un bar
escuchar tu voz
volver a casa sentarme
delante de un papel en blanco
escribir sentir el dolor
poco a poco las palabras
se colocan una detrás de otra
acaban pareciendo un poema
una herida abierta que sangra

esto debe ser la poesía me digo
esto es la poesía:

escribir en defensa propia

 

Escucha a continuación ‘POÉTICA II’ recitado por el propio JUAN DOMINGO AGUILAR.

 

De Nosotros, tierra de nadie (XXXIII Premio de Poesía Villa de Peligros, Diputación de
Granada)

 

 

LAS BIBLIOTECAS SON COMO LOS TANATORIOS

Las bibliotecas son como los tanatorios
te encuentras con viejos conocidos preguntas
lo justo para que parezca que la conversación
te importa y que todo va como siempre bien
las cosas siempre tienen que ir bien si dices
que las cosas no van bien la conversación
se puede alargar más de lo recomendable

las bibliotecas son como los tanatorios
acaban apareciendo todos los que una vez
formaron parte de tu vida para dar el pésame
las bibliotecas son como los tanatorios
todo el mundo mira al suelo sin saber qué decir
esperando que llegue otro que ocupe el sitio vacío a su lado
todos caminan hacia la salida y vuelven
como si fueran a marcharse pero no quisieran

las bibliotecas son como los tanatorios
todos fuman en la puerta todos esperan en silencio
todavía estoy terminando un cigarro
pensando en las últimas palabras que me dijiste
antes de pedir que te dejara en paz que me dejes
es lo único que ha quedado de meses enteros sin dormir,
días llenos de planes al principio luego por la noche dudas
las bibliotecas son como los tanatorios
siempre escucho tu voz por los pasillos
como si fuera la primera vez que nos encontramos
después alguien se acerca me pregunta por ti
las bibliotecas son como los tanatorios
nadie quiere ir pero siempre están llenos

 

De La chica de amarillo (Esdrújula, 2018)

 

Ir a ... Top