FRANCISCO LAYNA RANZ EL CUAJO DE MALTA Y LA FIEBRE DE LA OROYA

Edición:
Maite Martí Vallejo

maitemartivallejo@thalamusmagazine.com
Barcelona/Madrid 27/03/2022.


Cuatro libros de critica y decenas de artículos. Libros de poesía: Y una sospecha, como un dedo. Madrid: Amargord 2016. Espíritu, hueso animal. Barcelona: RIL, 2017. Tierra impar. Barcelona: RIL, 2018. Historia parcial de los intentos (Poesía 2016-2019) Asunción: Arandurá, 2019. Oración en 17 años. Barcelona: RIL, 2020. El perro y la calentura (trashumancia de los poetas americanos), Barcelona: RIL, 2022. Vuelta e ida (plaquette). Barcelona: RIL, 2022. En 2022 saldrá el primer volumen de su obra reunida, Nunca, mil y gigante.

 

Diálogo de El perro y la calentura (trashumancia de los poetas americanos). 
Barcelona: RIL, 2022

 

El perro y la calentura, “novela peregrina”

Peregrino: el que anda lejos de su patria / extraño, rara vez visto o con gran primor / el que está en esta vida mortal.

PERSONAJES

ILENO AORO, trujamán. 
MILHOJAS, jueza albina y ciega. 
CALENTURA 
y PERRO.

[Parece que es pronto. Abandonan el cadalso dos hombres altos. Se oye a una anciana hablar por teléfono, medio enojada. Poco después todo queda en silencio, no todo porque un grifo gotea. Entran muy despacio los cuatro personajes. Se saludan afectuosamente y cada uno ocupa su lugar. Empieza el pleito]

PERRO
Como es sencillo, a la regidora 
le gustan con pelo y boca arriba,
caído alabastro y de cobre.

CALENTURA
El ladrón les huele el culo a otros ladrones,
lame por pan y ladra a su sombra 
o a la luna de nadie.

PERRO
¿Tendré que picarte aún más en el calor?

CALENTURA
¿Tendré que dejarte conocer mi consecuencia fría?
Si quieres que te besen en el pezón, hazte verdura.

PERRO
Como no tienes movimiento, voy 
a mearte para que otros te huelan.

CALENTURA
Ven a olerme.

[Se apaga la luz repentinamente, pero la oscuridad no es plena. La jueza Milhojas se levanta de la silla, junta sus tres manos y dice en voz alta: “No hay permiso”. Y se sienta de nuevo. Vuelve la luz con distinto color, más tenue. Durante once segundos se escucha el estruendo de un taladro. Elegante de gorro y hombreras, aparece Ileno, trujamán que explica la tradición]

ILENO
Mi nombre es Ileno Aoro, declarador e intérprete de lo que suene a misterio en este retablo. Es atavismo teatral que los combatientes se increpen con injurias. Se pretende así bajar los humos en el careo verbal. La entrada en materia se abre con el juego de pullas. Les recomiendo a ustedes que no se crean el encono. La extravagancia y el sesgo inopinado reducen veneno y púa. El poeta W. H. Auden nos aclara bastante: “El efecto cómico nace de la contradicción entre la naturaleza injuriosa de los dichos -que parecen indicar una relación apasionada de agresión y hostilidad- y la destreza calculadora de la invención verbal, la cual denuncia que los contendientes, más que pensar en otro, piensan en el lenguaje y en el placer de usarlo”. Bienvenidos a la contienda. 

PERRO
No hay más: callar, decir y hacer. 
No hay más. Yo también cumplo años
y puedo regresar a casi todos los sitios.
¿Alguien diría que es posible verbalizar 
una palabra que sea distinta según el horario?
Vivimos a expensas de que nos llamen.
Si me acerco al ángulo que forma la nieve,
veo morir con felicidad y veo los nombres, 
algunos tienen formas geométricas,
otros son impuros, tienen en sus lados
huellas, fósiles, basura espacial.
Las artes plásticas no tienen campo semántico.
La música calma a las fieras y a los imbéciles.
Es verdad que ladro a la luna de nadie 
porque la creo espejo y la dibujan fría.
Calorina ¿te da miedo su colorido?

CALENTURA
El calor no se tiene, se transfiere.
No soy el origen primordial de la materia,
sino una referencia de energía.
Perro -y no pretendo insultarte
cuando te llamo-, te equivocas 
al decir que no me desplazo.
Yo demuestro que no existe el cero absoluto.
No tengo modelo, solo un horizonte de sucesos
y la opción de transportar lo probable.
Si un perro lame la vasija
de uno de ustedes, 
que la lave siete veces, 
y la friegue con tierra 
la octava vez.
Lo único impuro
es la saliva del perro.

PERRO
Me acusan de atacar al profeta.
Personera horrenda, pena de cuerpo
y pleito, acuso el recibo del aviso.
Ayuné hasta morir en el 
sepulcro de Jasón Licio…
Lamí las heridas de san Roque. 
Y fui de hinojos a las…

CALENTURA
También lamiste la sangre de Nabot.

PERRO
¡Salta a los labios la calentura!
No eres calor, eres fiebre.
No soy perro, soy lenguaje.
Me dieron cuerpo para el milagro 
del discurso y la razón, y para 
advertir, a tragos y huyendo,
la naturaleza muerta de lo que decimos.
¿Eres algo más que una desviación 
respecto de la temperatura normal?

CALENTURA
El perro vuelve a su propio vómito.
¿Quieres luchar contra mis accidentes?
Uno de mis mayores estudiosos, Carl R. Wunderlich,
concluyó que los trazados termométricos se modifican
por influencias accidentales y se determinan
por la naturaleza de la afección. 
Me has oído.
Afección. Busca en un diccionario.
Primera entrada: afecto.
Segunda: inclinación y apego.
Tercera: enfermedad.
¿Debemos incluir las tres 
en el dominio de la virtud?
Pasión del alma, en fuerza de la cual
se excita un interior movimiento:
amar, aborrecer, 
tener compasión 
y misericordia,
ira, venganza
o tristeza.
Perdona que vaya tan deprisa,
me caliento.

PERRO
¿Quién me habla y por qué?
¿La fiebre en meseta, en V? 
¿La fiebre ondulante, continua, recurrente? 
¿La fiebre efímera o la fiebre del 5º día?
Eres defensa, Calentura.

CALENTURA
No soy un mero indicio de que algo está sucediendo.
Incluso puedo ser lo que intentó un pincel.
Eres un mamífero atado, Perro.

[La jueza Milhojas tiene sobre sus piernas un cubremesa hecho a ganchillo en Suecia alrededor de 1930. Lo acaricia. Su gesto se va entristeciendo. Se levanta de la silla, 
junta sus tres manos y dice en voz alta: “No hay permiso”]

PERRO
Como dijo el teórico,
“no te hablo para que me entiendas,
sino porque me entiendes”.
Los caballos, fiebres en el valle del Nilo. 
La maculosa del Oeste, ingle infantil.
El cuajo de Malta y la fiebre de la Oroya 
o como se nombra también verruga peruana. 
¿Me dejo entender?
Vuelvo a mi tema.
Se me vienen a la boca mil secretos:
moler agua en mortero,
danza de los calabacinos.
Llega luego el predicador loco
y clama para sí brevedad
y se pierde en brevas,
en vísperas y en completas,
porque sé que me entiendes
porque lo sé te digo Gracia y Gloria.

CALENTURA 
¡Suspiras por un reino de perseguidos!
Jajaja jaja jaja… ¡Ensalada y olla de zanahorias!
¿Quieres buscarme las vueltas? 
Nosotros dos, perro mío, no somos análogos,
pero respondemos, somos situación.
Yo he andado tanto y visto tanto
que puedo ayudarte con un grito.
¿Quieres que repare en los conceptos?
Al que jura en mi conciencia
de inmediato le miro las manos.
Por eso y por otras cosas, perro vuelto,
te digo: pared y remedio.

[Ileno arroja al suelo un puñado de bellotas. Calentura y Perro giran la cabeza y buscan al que interrumpió la gresca. Desaparece Ileno por unos segundos y regresa con un caballete en H. De la barra horizontal cuelga un papel donde aparece escrito lo siguiente: “retrato del monstruo imaginado”, “formas del ingenio”, “disociación y equívoco”, “desfile incoherente e inventario heteróclito”, “genealogías de la necedad”, “disparates”, “la paradoja del pecador”]

ILENO
¿Creen ustedes que es una cadena sin eslabón? A ambos contendientes, desde que Perro dijo que se le venían a la boca mil secretos, les apetece decir con lo dicho. El alboroto verbal se impone como la dimensión más importante del discurso. Pero a partir de la reliquia lexicalizada, de la frase hecha y del concepto cifrado, estalla la sorpresa de una significación ajena al viejo acuerdo. Ya no hay unión en lo adecuado o correcto, y al no haberla se disuelve la satisfacción de lo unánime. En 1625 Pedro Espinosa escribió El perro y la calentura con el propósito de hacer evidente, y admirar al público, el sinsentido de uno de los más habituales modos de expresión. Tendríamos que hablar de la fijación léxica y de los recientes diccionarios de colocaciones, pero aún bastante más de que el alma regrese al cuerpo, la sangre a las venas y el aliento por fin a los huesos.

CALENTURA
Lo siento, pero no hay otra leña en el infierno.
Hombre, árbol o piedra, es la primera.
La segunda es casa o nave.
La tercera es república, hermandad.
Y no sé, no sé.

PERRO
Quiero decir lo mismo 
ahora que perdemos fuerzas.

CALENTURA
Sonó ruido, y porque no 
me viesen pasé adelante.

PERRO 
¿Cómo te nombro
si eres referencia?

CALENTURA
¿Cómo te mido si
eres ruido o copia?

[La jueza Milhojas se levanta de la silla, se acerca al foso de orquesta y arroja con fuerza y a la vez tres tomates. Dice en voz alta: “No hay permiso”]

PERRO
No tengo espacio bastante 
para tantísimos cuerpos.

CALENTURA
No quiero.

ILENO
“El huevo negro hiede” significa según el volumen de fe ambiental.

[Ileno toma del brazo a la jueza y abandonan juntos el escenario. Perro y Calentura se quedan solos. Evitan mirarse. Vuelve a sonar el taladro, y es verano]

1 El perro y la calentura de Pedro Espinosa apareció en Cádiz, 1625. Es conocida la traducción de William Carlos Williams, The Dog and the Fever, publicada por The Shoe String Press en 1954, con una ilustración de Fernando Zóbel. La traducción la firman Williams y su madre, Raquel Hélène Williams, de origen puertorriqueño. No es tan conocido que El perro y la calentura es también el título de una película “experimental” de Raúl Kamffer (1973). El guión fue improvisado por los actores.

 

 

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