MARÍA ROSA ARÁNEGA SALVANDO LA ENORME DISTANCIA

Entrevista y edición:
Maite Martí Vallejo

maitemartivallejo@thalamusmagazine.com
Barcelona/Cúllar 21/03/2022.


María Rosa Aránega.

Hablamos con María Rosa Aránega (1995). almeriense de nacimiento y granadina de crianza, hija y nieta de pastores, jornaleros y amas de casa. Desde un presente de violencia estructural y marginalidad reforzado en los últimos años por el auge de la ultraderecha, su obra conecta con nuestro pasado dictatorial a través de numerosos aspectos y episodios. Partiendo del universo de su propia familia, a través de una red posmemorial y a medio camino con la etnografía, rescata, actualiza y pone en circulación diversos matices de la historia reciente, memorias individuales y colectivas. María Rosa emplea el dibujo como medio principal para mapear la violencia política del pasado español.

P. “45 cerebros y 1 corazón” es una canción de Maria Arnal y Marcel Bagés, compuesta tras leer la noticia del levantamiento de una fosa de la Guerra Civil en La Pedraja de Burgos. Una fosa común en la que los restos de las víctimas se conservaron en condiciones similares a las de un proceso de momificación, “como si fueran faraones”. Hay una frase muy hermosa del forense que recuperó los cuerpos: “Los asesinos quisieron eliminar a las víctimas, aplastar a su enemigo. Pero no pudieron acabar con sus ideas. Ni siquiera con sus cerebros”.

La posmemoria, los desmemoriados, la custodia de los muertos, el pariente que falta, el uso miserable de la población civil, los efectos de los bombardeos, reliquias, cuerpos, aporofobia, Lorca. Dices que “toda memoria es una reconstrucción más allá del recuerdo”. Nos gustaría ver esa canción reconstruida por ti. La memoria como espacio y bien común. El recuerdo como reivindicación, pero también aliento para los excluidos de hoy. “El mito de lo individual nos ha dejado desconectados, perdidos y lastimados”, entonaba Kate Tempest en ‘Tunnel Vision’. ¿Crees que el ensalzamiento de lo comunal nos salvará del egoísmo estéril?

R. Hace justo unas semanas una amiga, Sonsoles Ginestal, dilucidó desde la justa distancia que yo no soy capaz de tener con mi obra y creo que esta pregunta en gran parte la va a responder ella. Me habló de sobre cómo la recuperación del pasado, en todas sus dimensiones, no sólo las económicas, políticas y sociales sino también en el sustrato convivencial que da sentido a todas las citadas: los lazos familiares, amistosos, laborales e incluso vecinales.

Quizá sea tarde para salvarnos de ese egoísmo, pero reivindicar y activar ese sustrato que nos vincula biográficamente a un pasado histórico puede contrarrestar la coexistencia transitoria y sin raíces actual de individuos, y volver a restaurar nuestra memoria y los vestigios de una verdadera convivencia que haga posible el desarrollo sano de los pueblos.

De la exposición C.A.F.E (Espacio Lavadero, 2018) / María Rosa Aránega.
Tríptico sin título (2021) / María Rosa Aránega.

P. Cuchara doblada, niños esponja, fusil Mosil Nagant, Coca-Cola, El Corte Inglés, Gas Natural Fenosa, Allianz, Iberdrola, Nestlé, la agencia E.F.E, el buque carbonero Stanbrook, un escapulario, botones, llaves, ajuares, pimientos secos, zarcillos de oro, el Cristo de los Faroles, un puñado de sal o unas tenazas. ¿Así se reconstruyen las habitaciones vacías? 

R. Un poquito de allí, un poquito de allá y poco a poco se va haciendo un mapeado de pequeños elementos que sintetizan a la vez que representan la esencia del hogar, su historia, sus momentos álgidos, sus miembros… Así se van rellenando los espacios vacíos de una casa y así es como he ido extrapolando hasta hacer lo mismo con nuestro pasado reciente, la violencia política o eventos históricos que han calado en nuestras familias.

P. ¿El pasado nos pertenece a todos y el presente solo a unos pocos?

R. Quizá más bien al revés, y además depende. Somos nosotros los que pertenecemos al pasado, somos su consecuencia, pero tenemos que ser conscientes de ello. No todas las personas sienten vinculación al pasado, y hay que entenderlo. Algunas veces sobrevivir al presente nos invade demasiado la cabeza como para analizar el pasado. A mí me ha ocurrido muy a menudo. También hay personas que son lo suficientemente privilegiadas y no se sienten apeladas en absoluto por ninguna problemática, y menos del pasado. Lo que está claro es que el presente y el futuro ya no pertenece a los que perdimos en el pasado, y el futuro depende de nosotras y de los puentes que hagamos. 

Del proyecto ‘Prelude III. Impulsos de libertad’ / María Rosa Aránega.

P. En “Aquello que no(s) fue dado” te enfrentas al vacío por la falta de imágenes que den veracidad a determinados acontecimientos o problemáticas. ¿Cómo rellenas los huecos? ¿Es el arte el lugar donde lo individual y lo colectivo pueden encontrarse? 

R. Pueden y deben. El lenguaje artístico nos permite mostrar resultados de una forma a la que un historiador o cualquier investigador científico no puede llegar. El arte puede hacer dialogar elementos de distintas fuentes, fotografías, testimonios directos e indirectos, oralidades para construir nuevas narrativas alejadas de los relatos predominantes o incluso construir ficciones verídicas allá donde no hay siquiera un relato…

El arte tiene sus propios códigos de rigor para narrar una realidad y propiciar una experiencia material a relatos orales directos e indirectos en diálogo con fotografías anónimas, familiares o institucionales. Por supuesto la creación artística en todas sus formas es uno de los lugares, sino el único, donde se activan y colectivizan voces y relatos que no entran en los parámetros de los discursos hegemónicos.

Proyecto ‘Medi Terraneum. Un mar entre tierras’ (2019) / María Rosa Aránega.

P. Tu obra está conformada por piezas fotográficas, instalativas y audiovisuales, pero gira principalmente en torno al dibujo de pequeño y mediano formato. El dibujo es la forma de arte más antigua y directa, capaz de registrar los impulsos emocionales del artista en tiempo real. Durante la infancia el dibujo se convierte en una forma de comunicación fundamental, aunque con el paso del tiempo la escritura y la palabra le van ganando terreno, hasta que de adultos casi lo olvidamos completamente. ¿El dibujo como medio para documentar y sanar heridas?

R. Por supuesto, su valor testimonial y narrativo es inmenso, y cuando un suceso traumático se narra se suele cerrar un círculo, es uno de los primeros pasos para superarlo, asumirlo y vivir de una forma más sana. Usé el dibujo hasta los dieciocho años para sobrellevar diez años de bullying, lo hice más adelante como forma de acercamiento a nuestro pasado traumático, para entender la actual violencia estructural. Con el tiempo me di cuenta de que también lo utilizaron numerosos niños y niñas en las colonias de refugiados republicanos para narrar y superar su experiencia traumática en la Guerra Civil y se continúa haciendo en la actualidad en Palestina.

En los juicios de Nuremberg se admitieron como prueba documental 4.500 dibujos escondidos en los campos de concentración que, a falta de pruebas fotográficas, retrataban las vejaciones y las torturas diarias. Algunos de esos dibujos eran los de Helga Hoskova-Weissová (Praga, 1929), su padre, antes de ser asesinado, fue el que le dijo: “Dibuja todo lo que ves”.

Testimonio de Marcelina en la exposición ‘Aquello que no(s) fue dado’ (Facultad de Bellas Artes de Granada, 2022) / María Rosa Aránega.

P. ¿Siempre grafito?

R. No siempre, pero es la técnica que más he desarrollado desde pequeña, también la más inmediata y donde puedo llevar mi gestualidad al máximo. Es la técnica que me permite dar mayor materialidad, rescatar y volver a poner en circulación las imágenes con las que trabajo, que suelen estar en archivos digitalizados.

También es un ejercicio de coherencia expresarme a través de materiales sobrios y fácilmente asequibles. Además, me interesa muchísimo la conservación y el simbolismo del grafito. Me reafirmé en ello hace unos años, viendo una noticia sobre la exhumación de una fosa común de la Guerra Civil, en ella se encontraron varias cartas. Una estaba escrita a tinta y a duras penas podía distinguirse una letra, sin embargo, otra carta se conservaba perfecta, había sido escrita a lápiz.

Del proyecto ‘Aquí yacen los restos de cinco compañeros’ / María Rosa Aránega.

P. ¿Qué tal te vas llevando con el difumino?

R. Cada vez mejor. Hasta hace unos años estuve muy obsesionada en mi discurso y en intentar embellecer lo menos posible mis piezas. Quizá es algo en lo que pecamos muchos artistas, y es en olvidarnos de la estética en beneficio de un discurso y más si éste incide en aspectos políticos. Hace unos años, varios amigos artistas me empujaron a utilizar el difumino, una herramienta básica en el dibujo, y me encantó, a nivel técnico y también por lo que significó a la hora de entenderme.

Comprendí que se puede hacer un arte crítico sin sacrificar diversos recursos estéticos. Mis dibujos técnicamente perdieron frialdad y comenzaron a tener una atmósfera y una calidez diferente y, creo, sin dejar de ser fiel a la dureza de la temática.

Evacuación (hacia el exilio). 2020 / María Rosa Aránega.
De las manos los golpes (2020) / María Rosa Aránega.

P. Se puede responder con denuncia o con evasión. La artista Qiu Anxiong llena su obra de criaturas míticas y tierras extrañas. Sigue la misma corriente escapista, la obra de Hondartza Fraga. Retrata un pasado que nos llevaría a un futuro diferente. El desplazamiento, el exilio y la nostalgia son temas latentes también en tu obra. ¿Es el dibujo el arma política más inesperada?

Ad perpetuam memoriam (2018) / María Rosa Aránega.
De la exposición ‘Aquello que no(s) fue dado’ (Facultad de Bellas Artes de Granada, 2022) / María Rosa Aránega.

R. Más que inesperada, diría infravalorada. Desde la academia, al menos a mí, se me ha enseñado que el dibujo es la base de la mayoría de procesos artísticos, para hacer una pintura, una escultura, una animación, un storyboard… pero no me han enseñado el dibujo como una técnica que se vale por sí sola, como arte final y definitivo. En este academicismo rancio he percibido como muchas veces el dibujo, el cómic y la ilustración han sido relegados a una especie de arte menor.

No sé si esto tiene que ver con cierto clasismo rancio que rebaja y no se toma en serio a una técnica de materiales fácilmente accesibles y baratos, pero creo que está más que demostrado que el dibujo es una técnica completamente autónoma, rápida y contundente para denunciar violencias y reivindicar nuestra propia supervivencia.

 

Cabra, 1938 (Navel Art, 2021) / María Rosa Aránega.

 

 

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