REVISTA DE ARTE CONTRA LA CORDURA

Tag archive

poeta - page 2

JAVIER FERNÁNDEZ Cantar y estremecer en voz baja

Edición:
Txetxu González
txevinuesa@gmail.com
Madrid/Córdoba. 11/12/2018.


Javier Fernández.

Javier Fernández (Córdoba, 1971) es autor del poemario Canal (2016; XXIII premio de poesía Ciudad de Córdoba “Ricardo Molina”), el volumen de relatos La grieta (2007), la novela Cero absoluto (2005) y el libro objeto Casa abierta (2000). Está incluido en numerosas antologías de poesía y prosa, entre las que destaca Mutantes: Narrativa española de última generación (2007). Ha traducido a H. G. Wells, Robert E. Howard, J.M. Barrie y J. G. Ballard, entre otros. Es responsable del seminario de creación del certamen Ucopoética de la Universidad de Córdoba. Escribe sobre cómic en diversos medios impresos y digitales. Fundó las editoriales Plurabelle y Berenice, y en la actualidad codirige la colección Letras Populares de Cátedra.

 

47.

Mi hermana no puede evitar
estremecerse ante la imagen de su
madre frente a la tumba de Miguel.
Cuenta cómo limpia la lápida
con delicadeza, con fragilidad, con
mucho mimo. Pasa suavemente el
trapo húmedo, una y otra vez.
Coloca muy despacio las flores,
retrocede, mira, vuelve a colocarlas,
retrocede, mira otra vez. Dice que
no es una mujer limpiando una lápida,
sino una madre bañando a su hijo.

 

Podéis escuchar el poema recitado por el propio JAVIER FERNÁNDEZ aquí:

 

 

61.

Mi hermano Miguel murió el 5
de marzo de 1975, tres semanas
antes de su sexto cumpleaños.
La noche previa al accidente, le
preguntó a nuestra madre: «Si yo
no estoy el día de mi cumpleaños,
¿cómo vais a celebrarlo?».

 

Podéis escuchar el poema recitado por el propio JAVIER FERNÁNDEZ aquí:

 

 

62.

Mis padres estuvieron casados
veintinueve años, casi treinta.
Cuando mi madre supo que mi
padre le era infiel, le hizo jurar
sobre la fotografía de su hijo
muerto que los rumores eran
falsos. Convivieron un año más,
sin hablarse, hasta el día que mi
padre se fue de casa. Yo estaba
presente en el despacho, semanas
más tarde, el día que ella le arrojó
el anillo de matrimonio a la cara.
Mi padre esbozó entonces una
sonrisa, alzó lentamente las manos
y abrió los dedos para mostrar que
ya no llevaba puesto el suyo.

 

Podéis escuchar el poema recitado por el propio JAVIER FERNÁNDEZ aquí:

 

 

DEL PARAÍSO

Del paraíso en la jungla,
recuerdo, sobre todo, el olor
de los mangos podridos.

Del paraíso en el mar, la ola
que me arrastra violentamente
hasta el sucio fondo.

Del paraíso en la noche,
a mi padre mordiendo
la boca de aquella chiquilla

mientras yo canto, yo canto
en voz baja.

(Él y ella se esconden,
pero soy yo quien se esconde).

 

Podéis escuchar el poema recitado por el propio JAVIER FERNÁNDEZ aquí:

 

 

Nota del editor: el poema ‘47′ está incluido en Canal (Hiperión, 2016). El poema ‘61′ se ha publicado previamente en alguna plaquette. Los poemas ‘62′ y ‘DEL PARAÍSO’ son inéditos.

 

ÁNGELO NÉSTORE E chi sei tu?

Edición:
Txetxu González
txevinuesa@gmail.com
Madrid/Málaga/Lecce. 24/07/2018.


Ángelo Néstore (Lecce, 1986 / Málaga). Es poeta, actor y profesor. Actualmente co-dirige el Festival Internacional de Poesía de Málaga Irreconciliables y la editorial de poesía La Señora Dalloway. Ha publicado Adán o nada (Bandaàparte Editores) y Actos impuros (XXXII Premio de Poesía Hiperión). Con dieciocho años se alzó con el Premio a la Mejor Interpretación Masculina en el Concurso Nacional de Teatro Vittorio Gassman de Roma. Sus últimas obras teatrales son el monólogo en homenaje a Gloria Fuertes. Esto no es un monólogo, es una mujer (autor y director) y la pieza en solitario. Lo inhabitable, en la que dialogan poesía, teatro y performance.

Ángelo nació Adán, pero el espejo le devolvió nada. Desde entonces se destruye y se vuelve a construir cada vez que entra y sale de la ducha. Juega con su identidad y miente cuando marca la casilla del sexo en los formularios.

 

Expedición de nacionalidad española por residencia. Por favor, rellene el siguiente formulario.

Quisiera marcar la casilla de mi sexo
con la misma facilidad que tenía mi abuelo
para apilar ladrillos
y decir luego que construyó un hogar,
con la misma indiferencia que demostraba
para aguantar el cuerpo caliente de un ave
y segarle con un gesto seco la cabeza.
Y, luego, escuchar las alabanzas de mi madre:
mira, el pollo le quedó sabroso y limpio
mira, esta casa la levantó tu abuelo con sus manos
y sé que el día que se murió
ella lloró mientras fregaba los platos
te vi llorando, mamá,
mientras despegabas la carne de la cerámica
con la fuerza exacta y tan medida
de quien tuvo que marcar una casilla tantos siglos
y decir mujer
y esconder la gota de sudor
en aquel embalse de agua caliente y estancada.
Mamá, mira, este fregadero es un cementerio barato
de miseria ahogada por el bien de otros:
por eso no soporto la idea de vivir bajo un techo-casilla
que no es la tuya
como si este muro no lo sostuvieras
con los huesos duros de tus hombros.
Porque cuando te quitas los guantes, agotada,
cuando las arrugas en las yemas
se muestran con la franqueza de un epitafio
entonces imprimo una X gigante en el lugar equivocado,
y lo hago con el mismo ímpetu de un ave degollada
que con la cabeza colgando a un lado
corre y muere en busca de otra salida.

 

 

E io chi sono?

Por la mañana abandono mi sexo.
Al atardecer vuelvo
cuando me desnudo para entrar en la ducha.

Mi madre siempre dice que tengo los hombros de mi padre.
Con el vaho en el espejo el contorno es más ancho, más generoso.
Dibujo una línea recta con los dedos, con la mano la deshago.

En los ojos guardo la tristeza de las muñecas
que jugaron a ser hijas
y que mis padres acabaron regalando.
El agua fría me trae a mi cuerpo,
escondo el pene entre las piernas.

Mamá, ¿a quién me parezco?

 

 

Ave y Eva

Me resisto a la idea de ser
aquel niño que vivió en mi boca: recuerdo caer al suelo,
hacerme mil pedazos.
La habitación, limpia solo para mí;
la habitación
y este trozo de carne,
estirpe nómada ante el espejo.
Me miro en el cristal
y hay un animal huyendo del fuego,
una jauría con principio de hombre
o un desastre con nombre de niño.
Por eso busqué en el incendio la excusa,
en el aire el pretexto,
por eso me arranco la barba
con la mano que antes me besabas.
No hubo salvación para este pájaro,
juro que hice lo posible para domesticar la espera.
Ahora dejo que la tierra tape los huecos de la piel.
Digo casi no soy
mientras celebro los dos bultos de mi pecho.
Escribo la palabra ave, leo la palabra Eva.
Bajo este cielo ya no hay lengua que me nombre.

 

A continuación podéis gozar del vídeo poema de Ángelo NestoreEn mi casa siempre hubo una silla vacía’, del poemario ‘Adán o nada, un drama transgénero’, publicado en 2017 por Bandaàparte.

ROSETTA KEDZIERSKI La espía que me amó

Rosetta Kedzierski (Gdansk, 1979). A los tres años de edad su familia emigró a una conocida barriada del centro del imperio que nos provoca, aprieta y ahoga. Su padre, un fanático puritano, trató de educar a su hija en la fe. Pero el destino tenía otros planes reservados para ella. En 1997, deseando profundizar en algunos aspectos del movimiento, inicia estudios de kinesoterapia y ortopedia en París. Pocos años después escapa a Helsinki, desde donde inicia un periplo misterioso e imparable que le lleva a vivir y sobreponerse en San Petersburgo, Viena, Trieste, Fuerteventura, Barbados y Turín. En la actualidad, vive en algún lugar de Extremadura, en una aislada casa de campo, con sus tres gatas y una podenca a la que salvó —ab ovo— de la horca.

Este es el primer poema que comparte con las multitudes. Esperamos que no sea el último. No saben lo que nos costó convencerla.

 

Rosetta Kedzierski por Vicente Madness

 

 

 

IXXDVIIC

 

Uno.
Con hilo de plata.
Lo obtuve de la venta del reloj de bolsillo de la abuela Czeslawa.
Uno pues las palabras.
Hemos llegado hasta aquí y, ¿ahora qué?
¿Dónde está la gracia?
Una se pasa la vida encerrada en casa.
Obstinada, creciendo hacia dentro, como si lo que apremia alrededor solo fuera una burda
excusa para seguir viva.
LANGUIDECER es un verbo demasiado largo, imperfecto para describir los días que sajan
las vueltas de tuerca:/klak-klak-klak-klak-klak-klak/y pasa una nube y pasan dos/y así
hasta nombrar lo sucesivo/hasta penetrar el tejido adherido al alumbre.
¿Quién necesita a los demás?
¿Por qué he de hacer caso a mi perra?
Apaga ya la luz.
Búscate nuevas amantes.
¿Has leído ya a Jean?
Intenta hacerlo vibrar.
En el pasado las cosas no fueron demasiado distintas.
El padre de mi perra mordía a otras perras cuando se acercaban a olisquear su comida.
Mi propio padre hacía más o menos lo mismo con mi madre.
Odiaba que se enceraran los suelos cuando él estaba en casa.
Creo que porque resbalar boicoteaba su pose infalible de guardián y le hacía parecer torpe.
Os preguntaréis quién demonios encera hoy el piso, ahora que la fiebre de la tarima
flotante se ha convertido en epidemia.
Aquí una servidora.
Me ha traído muchos problemas con casi todos los amantes que he tenido.
Sobre todo con los más perros, claro.
El género de mis acompañantes es una excusa para duplicar el hastío que siento por la
especie que nos solicita.
Ellas también resbalan, no crean, sobre todo las que entre los muslos tienden,
inequívocamente, a tomar el control.
No me gustan las mujeres que en la cama, en la playa, en el supermercado o en la iglesia
actúan como esa subespecie del lobo.
Los machos son impulsivos.
Los machos son previsibles.
Los machos evitan regresar al principio.
Los machos pueden ser arañas.
Los machos traccionan.
Los machos son figuras oblicuas.
Los machos son hormigón.
Los machos que no son hormigón siguen siendo machos.
Ya saben a lo que me refiero.
No saben a lo que me refiero.
En el caso de mi madre, yo pensé que cuando él ya no estuviera, ese asunto de encerar el
suelo —y tantos otros— se desvanecerían.
Confieso que me duele, ocasión tras ocasión, comprobar que no ha sido así.
Ella continúa encerando el suelo y yo me he unido a la causa.
Con mayor fervor en los días en que se ha olvidado comprar vino.
No se lo digan a nadie, pero a veces también deseo que ella resbale.
No pretendo su torpeza, pretende mi rabia condecorar así el castigo que jamás perpetré.
Sus ataques de amnesia me dan ganas de abofetear a alguien y a menudo suelo acabar
desbarrando.
Lo mejor que puede pasar entonces es que decida no recoger las bragas sudadas del suelo
del comedor.
A mis acompañantes les gusta ese lugar.
¿Qué puedo decir?
En casa siempre se castigó la falta de pudor.
Me sabe tan raro como el tracto de las lombrices.
No lo supe hasta el día en que, por omisión de mis obligaciones como hija, mis labios
acabaron probando la tierra del bancal más pequeño.
Hace unos días, tomando zumo de chirimoya con una amiga, me confundí de palabra y dije
la bancal más cerda y extraña que puedas imaginar.
Le contaba la pesadilla más recurrente del siglo anterior.
El vino se ha convertido en el principio de un pequeño problema.
Es probable que eso sea lo único que compartimos Bukowski y yo.
Creo que a la gente le gusta porque es primitivo y obsceno.
A la gente le gusta que otra gente diga lo que cree que la mayoría piensa, sin tapujos.
Es un hecho que la existencia de las mayorías evoca la concentración del (des)poder.
Yo misma, cuando me dejo crecer las uñas, siento que he de actúar como si jamás hubiera
conocido la muerte.
Habrán comprendido que las multitudes que engendro ejercen la más abyecta de las
tiranías.
El problema se asemeja más a la mucosa infectada de una manada de rinocerontes.
Mis amantes han descuidado el misterio.
Mis amantes me han acabado tratando como a un problema de humedades en un baño
compartido.
Ninguno ha tenido, ni en este siglo ni en el anterior, la más remota idea de lo que es el
amor.

 

 

 

Test para escritores y jardineros (Lola Nieto responde en color verde aceituna)

INTRODUCCIÓN

Un test es una herramienta útil para la evaluación de los conocimientos adquiridos.

Para conseguir plaza en Thalamus no es necesario opositar, pero nuestros autores son muy
valientes y han aceptado diluirse con el agua de riego, vivir sobre una planta hospedera,
quemar las malas hierbas e incluso regular la producción de plagas.

Véanse los resultados, a continuación:

 

¿Quién puede sondear esta agua?
¿Cabe en un cubo o colma el océano entero?

 

1. No es trabajo del escritor:

a) El barrido de praderas: la pradera está mejor sin la mano
barrendera de personas
b) Desbrozar
c) Elegir las palabras y ubicarlas ornamentalmente
d) La penetración del aire
e) La venta de almas para el municipio
f) Otras actividades

 

2. Aportar tierra alrededor del cuello del poema, para que no se
produzca podredumbre, se denomina:

a) Asfixia
b) Protección de las raíces
c) Razones de espacio
d) Conquista del medio terrestre
e) Pedir más tiempo
f) Esa tarea no existe
g) Salvar una planta, el poema

 

3. ¿Por qué se suelen preferir en literatura ejemplares masculinos de
álamo blanco?

a) Los femeninos huelen mal
b) Son más baratos
c) Son más fríos
d) Solo durante la etapa preescolar
e) Es culpa de Odiseo: apareció desnudo y cubierto de barro
f) Atraen a los insectos
g) Todas las respuestas son ciertas, excepto la a

 

4. ¿Cuál de los siguientes elementos está presente, generalmente, en
el poema, y no es necesario aplicarlo en exceso?

a) Hierro
b) Veinte palabras de frecuencia de uso alta, veinte de frecuencia
media y veinte de frecuencia baja
c) Variables como la edad
d) Ojos verdes como la albahaca
e) Los puntos suspensivos
f) Los espectadores saliendo, pero hay que aplicarlo en
exceso, por favor
g) Clientes de un bar
h) Esta habitación
i) La fuente luminosa
j) Cementerios para perros o gatos
k) Todas las respuestas son falsas

 

5. El rascado del poema con cortes perpendiculares a la superficie
del poeta se llama:

a) Facilitar el riego
b) Acto del habla
c) Inversión en espejo
d) Bote de pintura vacío
e) Perfume para rociar la flor
f) Yemas dormidas
g) Frío
h) Comunicación de necesidades básicas
i) Las respuestas d y e son falsas conjuntamente
j) Cortar mucho al poeto hasta dejar en paz a las poetas

 

6. ¿Qué debemos tener en cuenta para que la literatura que germina
lo haga sin problemas?

a) Los ascensores
b) Abonar con gran cantidad de triángulos equiláteros
c) Echar una capa de metáfora gruesa para evitar perder humor
d) La frecuencia de exposición al riesgo: SIEMPRE
e) No frotar ni tratar de retirar las historias de amor incrustadas en
el ojo
f) Airear la gruta de la montaña varias veces
g) Las instrucciones del fabricante
h) La actividad de las lombrices
i) Que se adapte a la mayoría de la población
j) Utilizar las tijeras
k) Es indiferente

 

7. La acción de dar una segunda vuelta al poema para aflojarlo se
llama:

a) Cavar
b) Agramatismo
c) Madre
d) Padre
e) Sensibilidad sociolingüística
f) Religión
g) Te cargaste al animal; al menos, en mi caso, las segundas
vueltas siempre fueron nefastas

 

8. En general, la escritura debe realizarse:

a) Al final del verano, cuando las temperaturas empiezan a bajar
b) Con minúscula
c) Con todas las letras
d) Creo que eso que planteas no tiene sentido
e) Esforzando la vista o buscando una cosa
f) No dando una sed de agua
g) En olor de santidad
h) De Madrid a Londres, vía París
i) De esta manera

 

9. ¿Qué elemento es el más representativo para citarlo como
ejemplo en la producción de literatura?

a) Azufre
b) Columpios y toboganes y podríamos añadir una montaña
rusa de las que te hacen estar gritando de felicidad durante
los dos minutos más intensos del verano en que la melena
vuela mucho y acaba tan enredada que estás tres días para
conseguir deshacer los nuditos, pero mereció la pena
c) La mezcla de compost con futuro imperfecto
d) La puta verdad
e) La imputa verdad
f) La ausencia de balbuceo
g) El hondo pesar
h) La d y la e son ciertas conjuntamente

 

10. Aunque a veces puedan animar el texto, deben evitarse:

a) Las doce del mediodía
b) Nudos y dobleces
c) Beber y fumar
d) Las hojas cortantes
e) Zapatillas de caucho
f) Espantar la caza
g) Olvidar las llaves en el coche
h) Ninguna de las respuestas es correcta

 

Las estrellas no sirven para nada.
Ofrecen una imagen de luz petrificada y, al mismo tiempo, a punto de
desmoronarse.

¿Qué podré decir respecto del derecho a la salud del poema?
Que es una creencia que deberá ejercerse, siempre, por escrito.

 

 

©Maite Martí Vallejo para THALAMUS MAGAZINE.

Centro de serenidad Entrevista a MARÍA ALCANTARILLA

Con María Alcantarilla nos ha sucedido la agitación. Una suerte de persistente agitación de respuestas que nada tienen que ver con la falsa certeza de los arrogantes. Lo que ella escribe, lo que muestra, lo que expresa y lo que dice tiene mucho más que ver con la autenticidad de quien emerge humilde y libre, a pesar de cierta cotidianidad de inercias que ya nos es demasiado familiar. Y qué bien sienta el hallazgo. Y cómo nos invita a sacudirnos la caspa y la purpurina y la lozana farfolla (que también la hay, y bastante chunga, por cierto). Porque, a veces, cierta ‘familiaridad’ mata, pero no por cercana, sino por repetitiva, laxa, hueca, artificiosa. El arte de María nos devuelve siempre el cambio, es honesto, ‘stendhaliano’ (porque provoca vértigo, sudoración y lágrimas); el tiempo invertido leyéndola, mirando a través de sus fotos, sus imaginadas fobias y estancias, nos compensa como solo lo ha hecho la belleza concreta de las más grandes. Me atrevo a desmentir a su editor, Chus Visor. Me atrevo a contradecirle, sabiendo que me faltan tablas y sabiduría, pero me sobran antenas: María es ya una de las poetas más grandes en lengua española y además supera, con diferencia, a muchos de los hombres poetas de su generación y anteriores.  Y sabemos que no está sola: Elena Medel, Miriam Reyes, Chantal Maillard, Rosalía, Gloria, pero también Ángela Figuera Aymerich, Alfonsa de la Torre, María Teresa Cervantes, Trina Mercader, Margarita Ferreras y tantas otras que escribieron y lograron publicar o no, pero que jamás encontramos en las páginas de nuestros libros de texto. María nos reconcilia con la voz silenciada de aquellas heroínas y, en su particular ámbito de maestría, sabe lo que dice y lo que se hace. Con cada poema, su huella resiste al tiempo que es y que vendrá; con cada fotografía, la retina se guarda un as para cuando vuelva la tormenta. Su inocencia respira a prueba de provocación y de cortes, su edad es lo de menos, la niña que fue supura más allá de pertinentes comas, puntos finales y títulos. Y eso es precisamente lo que la diferencia del resto: María no pretende, pero María nos hace encontrar y cuestionar hasta la suela del piso que nos gobierna por debajo, sin apenas notarlo. En su voz existe profundidad y eco. ¿Quién sabe de dónde le nace? Tal vez de la oscuridad y de la pérdida, tal vez de la nicotina o del desafío de la neurastenia, del exceso de análisis, de la grieta del tiempo. No importa demasiado, pero una cosa es segura: leer a María equivale a entender un poco mejor las claves de la vida. Prueben.

MARÍA ALCANTARILLA.

Como mujer, como poeta, como artista ya consagrada ¿te sientes más cerca de la mirada que observa, del paisaje que se deja observar o del don o látigo que se le presupone a toda persona creativa?

Me siento más cerca de los sentidos que reciben y, sin embargo, me gustaría ir caminando hacia el paisaje que se deja observar. No por el hecho de ser foco de atención sino, más bien, por la tranquilidad subsiguiente que otorga el estar o el existir sin mayores pretensiones.

Un árbol, una roca, el mar. Inmóviles, en parte, pero centros de serenidad, muy lejos de intenciones añadidas, a diferencia de todo lo que nos es propio como humanos.  

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

Desde ese ‘estar o existir sin mayores pretensiones’, arraigado en la matriz de la naturaleza, parecen nacer muchos de tus poemas. También se percibe una especie de íntimo ‘deambular cotidiano’ en tus fotografías: existir, estar y al mismo tiempo deambular, como si tu proceso vital y creativo radicase en una búsqueda sin descanso o en un encuentro parcial contigo misma. 

Es muy cierto eso que dices y es curioso cómo, normalmente, somos capaces de vernos con mayor claridad a través de los demás. Como si ellos, los de afuera, te devolvieran ciertas realidades sanas y salvas, aquellas que uno mismo no es capaz de entender o de verbalizar. Incluso, el propio concepto de yo.

Mi proceso vital y, por tanto, también el creativo, radica en una búsqueda constante, en una pregunta diariamente abierta que, me temo, no tiene respuesta alguna más allá del mero proceso de indagación.

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

A veces, parece como si nos fuese toda la vida en ese proceso de indagación del que hablas. Cuando escribimos, cuando pintamos, fotografiamos o damos de comer al perro o al gato intervienen remanentes de lo cotidiano que son muy controvertidos o que sencillamente nos es imposible abarcar. ¿Tú cómo te llevas con esa parte de ti o del lenguaje que aún no has podido desvelar o comprender por completo? ¿Tienes algún antídoto contra la frustración de lo no escrito/expresado/sobrevivido?

Ya me gustaría conocer ese antídoto que, por otro lado, me parece el gran Talón de Aquiles con el que la mayoría bregamos. Aunque, por otro lado, a veces me pregunto qué sería de mí sin esa inquietud perpetua. Todo lo que no he vivido, todo lo que no he amado, todo lo que abandoné o todo aquello en lo que me equivoqué de pleno; aquello que echo de menos aunque no lo conozca —y aun conociéndolo—, todo el deseo frustrado o todas esas ganas de ser algo o alguien diferente. Me pregunto si habría podido llegar al punto en que me encuentro sin todo esto. Me temo que no.

La necesidad es tramposa y nos engaña. La frustración nace de ella o de cierta insatisfacción aprendida, familiar o socialmente, cuando lo cierto es que, sin dar demasiadas vueltas, podemos reparar en lo tremendamente afortunados que la mayoría somos. Es curioso, cuando le doy de comer a mis animales —o cuando cuido de mis plantas—, la vida es más sencilla. Como si, de verdad, todo fuese más fácil que este empeño, en la mayoría de casos un tanto inútil, de seguir buscando.

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

En la búsqueda, en la pérdida, en la imagen que resta y se instala, en el aprendizaje y sus contrarios, en la belleza que nos transforma desde las entrañas … en todos esos elementos (entre tantos otros), podemos dar con los ingredientes para la construcción de un libro o una obra-símbolo. ¿Cómo te enfrentas tú a ese primer instante en el que se cree intuir la posibilidad de un comienzo? ¿Escribes primero las coordenadas o los fogonazos? ¿Es la disciplina un animal al que también hay que alimentar y dedicar ‘cuidados especiales’? 

En general soy bastante caótica y suelo moverme por intuiciones. Prefiero abocetarlo todo y, una vez que la forma se hace relativamente visible, comenzar a perfilarla. Tanto en la fotografía como en las letras. Lo de ser disciplinada en una asignatura pendiente. Aunque, en realidad, tampoco sé si la disciplina es necesaria. Creo, en todo caso, que cada cual debe buscar su manera de estar en el mundo y de enriquecerlo. Sea día a día o a través de movimientos alternos.

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

Hablando de ‘maneras de estar en el mundo’… ¿cómo te llevas con el actual? La ansiedad, la abulia, la incertidumbre, la competitividad o el hartazgo parecen tomar el control sobre muchos de nuestros conocidos. Por otra parte, la rebeldía -dicen- se desvirtúa interesadamente cada día. ¿Percibes la presencia de esas ‘corrientes epidémicas’ a tu alrededor? ¿Crees que la poesía, la fotografía, el arte en general deben ejercer un rol determinante a la hora de desperezar y proponer alternativas al desorden establecido?

Sinceramente, estoy en un intento continuo de reconciliación con el mundo —al menos con el que me rodea—. Más que la ansiedad, la competitividad o la incertidumbre a la que has hecho referencia, lo que me parece más gravoso es la abulia y el desinterés general por todo —aunque, paradójicamente, muchos y muchas vendan su compromiso como una suerte de estar salvífico, sin precedentes—. No creo en el compromiso con la humanidad cuando ni siquiera existe el compromiso con uno mismo, con las personas con las que convivimos a diario. Somos especialistas en mentirnos, en seguir buscando afuera lo que nos negamos a ver dentro. Es decir, ¿a qué ese empeño en la defensa de “grandes causas” cuando ni siquiera somos capaces de ponerle nombre a un sentimiento propio, cuando ni siquiera somos capaces de decir lo que realmente pensamos? Es como querer construir una casa desde el tejado.

La función social (en sentido puramente teatral) me parece la misma desde hace siglos: una fiesta de máscaras en la que todo el mundo parece sentirse cómodo, interaccionar, bailar muy juntos pero la realidad es que nadie se conoce y, lo que es peor, muy pocos abandonan el salón y dicen: ¡basta!

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

Entonces, en esta fiesta de presentables máscaras, donde nadie en realidad conoce a nadie … ¿’abandonamos el salón’ para escribir, para vivir el espejismo de la lucidez, para dar de comer a los animales y condimentar el guiso, para des(a)nudarnos o … escribimos porque es nuestra manera de decir ‘basta’?

Creo que la escritura —y cualquier manifestación artística— tiene dos objetivos que pueden parecer muy difusos: dejar constancia de una época y rebelarse contra la mascarada, sí. El silencio que requiere el acto creativo cada día me parece más subversivo. Estar a solas con uno mismo y escucharse —no oírse, escucharse— debería ser el principio y terminamos por colocarlo a la cola de todo. Es necesario ese “¡basta!” en soledad para poder formularlo con coherencia en sociedad, donde todo suele volverse más difuso.

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

‘La edad de la ignorancia’ es el título de tu libro, galardonado en 2017 con uno de los premios de poesía más prestigiosos de este país, el ‘Hermanos Argensola’. ¿Es la infancia ese ‘nudo gordiano’ que a la sobrevalorada ‘madurez’ le cuesta toda una vida desenredar? ¿Cómo hacer para salir indemnes de nuestra propia insignificancia, de nuestra limitada capacidad para comprender y abarcar las claves que se nos presentan a lo largo del camino? 

Creo que la infancia está en todo lo que somos como adultos y que, por tanto, a la infancia hay que volver o, en la medida de lo posible, no relegarla a ese segundo puesto donde la solemos ubicar.

En realidad, lo adulto no existe. Es otra de esas ficciones mediante la cual se nos reconduce desde niños: en un primer momento, observada con admiración y, más tarde, con cierto tedio. No creo que el niño se haga adulto, creo que el niño crece y, si está sano, aprende que hay muchas maneras de estar en el mundo, no necesariamente más serias, no necesariamente más calladas y no necesariamente más aburridas. El niño que ha crecido y está sano es sólo un hombre más alto que mira hacia el cielo con la misma lejanía con la que lo observa el niño más bajo. Y también, con la misma admiración.

En cuanto a las claves para salir indemnes de esa insignificancia a la que te refieres, creo que la risa es importante. No la que se queda en el gesto, sino la que viene de la barriga y nos arruga los ojos y las camisas tan bien planchadas.

Todos conocemos a algún amigo o amiga poeta, actriz, directora de cine o de teatro, pintora, artista visual que en estos últimos años ha estado sobreviviendo ‘gracias’ a un trabajo paralelo precario o subsidio de apenas cuatrocientos euros al mes. Los hay que ni eso, pero incluso en esas circunstancias adversas han seguido creando y de alguna forma generando reflejos de la realidad que les ha tocado vivir. Esos reflejos no suelen ser complacientes. ¿Es la complacencia el enemigo principal de cualquier artista, María? 

Es curioso cómo la falta de recursos agudiza el ingenio. Cuando todo se vuelve relativamente cómodo, las ideas, las buenas ideas, también se acomodan, se vuelven laxas y lo que antes era una búsqueda constante o un hallazgo, ahora ya no tiene el mismo sentido o la misma hondura. La tensión es necesaria, mantiene nuestro esqueleto mental en forma.

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

Cuando hablábamos de ‘crisis’, yo también pensaba en las crisis personales, en las más íntimas, las que atañen a uno mismo y a su rol dentro del mundo que hemos creado o destruido. Tal vez me equivoco, pero encuentro que los ‘mejores’ libros de poesía, las mejores películas, interpretaciones o fotografías casi siempre surgen de un proceso doloroso o al menos difícil de desentrañar. ¿Estás de acuerdo?

Este tema lo he tratado mucho con mis alumnos, por ejemplo. ¿Se crea más y mejor desde el dolor o desde la alegría? En mi caso particular, la alegría me llama a vivir. Sin más. El proceso sucede de fuera hacia dentro, sin grandes digestiones. Por eso los momentos en los que surgen ciertas ideas dignas no suelen ser fáciles, a nivel vital. Es un asunto muy personal, creo. ¿Eros o Tánatos?

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

Más allá del contexto geográfico, España nunca ha brillado por haber sido país que cuide a sus creadores. ¿No crees que los ciclos económicos, sociales, políticos más controvertidos son también ‘generadores colaterales’ de cultura?

Claro que sí.

Íntimamente creo que actuamos, crecemos, tomamos decisiones o creamos mediante dos mecanismos: por afirmación o por negación. Si atendemos a las dinámicas sociales, suelen llevarnos, más bien, a la segunda opción: planteamos maneras distintas de ver el mundo, de concebirlo y, por esta lógica, de interpretarlo negando sus mecanismos o sus engranajes. El arte como propuesta que mira hacia el futuro desde el interior de cada individuo. El arte como motor para crecer y para cambiar ciertas sinergias. Empezando por cada uno de nosotros. Por el individuo que está de lleno en la obra.

Fotografía cortesía de ©María Alcantarilla, perteneciente a la antología visual “La verdad y su doble”. Editada por Sonámbulos Ed.

María, para terminar, ¿puedes contarnos un poco en qué andas ahora? ¿Tienes algún proyecto, libro, aventura ya en el fuego o de cara al futuro, sobre el que te gustaría darnos alguna pista? 

Pues acabo de terminar nuevo poemario y nueva novela y me gustaría encontrar un poco de tiempo para perfilar un proyecto fotográfico que me hace especial ilusión. Todo llegará, no me cabe duda. Lo que sí es importante, creo, es mantenerme alerta. Como observadora y como ser humano que aporta, no solo contenido, sino emocionalidad.

©Txetxu González para THALAMUS MAGAZINE.

LOLA NIETO Acentos de realidad básica

Edición: 
Maite Martí Vallejo
maite.mart.vall@gmail.com
Barcelona/Barcelona. 11/03/2018.


Lola Nieto nace en Barcelona en 1985. Es Doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Trabaja como profesora de lengua y literatura en un instituto de secundaria. Coordina, con Antonio F. Rodríguez y Laia López Manrique, la revista de creación artística KOKORO (www.revistakokoro.com) y la colección autónoma Kokoro Libros de la editorial Kriller71, en la que codirige además, con Aníbal Cristobo, la colección Púlsar. Ha publicado los libros de poemas Alambres (Kriller71, 2014) y Tuscumbia (Harpo libros, 2016).

Su voz está llena de excepciones, por no hablar de los acentos: de boca en boca, una sílaba final que se corta, una sílaba inicial que se añade.

Lola se vierte, lleva a otro sitio y el resultado no es cuestión de horóscopo.

LOLA NIETO por LOLA NIETO.

 

En el siguiente vídeo by Lola Nieto, la autora nos recita/regala ‘CAJITAS DESPRESURIZADAS’ y … mucho mucho más:

ALBA CERES polen, polen

Alba Ceres nace en Nápoles en 1986. Treinta y un años más tarde y en Barcelona, Kriller 71 publica su libro Luciérnaga en la colección Kokoro. La poeta altera la sintaxis, la morfología; llena su voz de tachaduras, de error-acierto, de grito sordo. El lenguaje funciona como cataplasma caliente. Podéis acercaros a su extraña forma de vida en devidaextrana.blogspot.com.es

 

Alba Ceres por Alba Ceres.

 

polen, polen

 

Alces la piedra que alces – / tú despojas / a los que necesitan

la protección de las piedras: / desnudos, / renuevan

de inmediato la trama. // Tales el árbol que tales – / armas /

el lecho sobre el que / las almas de nuevo se acumulan

Paul Celan

 

 

se acaracolan, las geografías – es el baile imperceptible de milenios

que transcurren por debajo pero muy muy por debajo y sin embargo

a descobijo a la intemperie tenebrosa y corazona

de ir amando y desamando y oh – qué antiguas serpentinas

 

uhué lo ha comprendido al acercar su naricilla a los abismos casi

ciertos de los mil y un agujeros de su panza – se recurva se retuerce

se espirala en sí y en otros que la habitan como un pueblo que olfatea

con su púrpura ansiedad si se temblara y/o

 

alertara que los cuerpos tienen sueños y un cariño y una furia y/o

poseen como mentiras los corales que arrancaron del estar y/o-izados

y/o-anegados en las anchas primaveras del querer

 

había un suelo y era duro y las tortugas del silencio se agolpaban

contra el frío masticando palabrijas que encontraban deshuesadas

por los otros animales más veloces

 

mientras tanto casi es nada – remolinos de la brisa u-u-uuuh giraban

mucho en la cabeza helicoidal del universo – por la boca u-u-lular se

destrezaban reajustaban resquiciaban al venir llanto y azul de lo

primario

 

uhué huele los mundos su placenta sus edades en la piel bien

entramadas – hace hocico – se aproxima con su instinto roza y frota

los hallazgos son diríamos pequeños

 

en los dedos de pasadas criaturas que anhelaron y dañaron el estar

por poco tiempo sobre el tiempo los seísmos se rehacen los

principios se rehacen los afectos se rehacen sobre el lecho de sus

yemas todo es trrrr y es no es como el reposo de un lenguaje prenatal

del balbuceo

 

capa a capa polvo huella – polen, polen – uhué lo aspira todo y

estornuda – el asombro qué tenaz con sus milenios geoamados,

geoabiertos al encanto y al dolor

 

©Maite Martí Vallejo para THALAMUS MAGAZINE.

TXETXU GONZÁLEZ Orígenes de la hiperestesia

Edición: 
Maite Martí Vallejo
maite.mart.vall@gmail.com
Barcelona/Madrid. 20/02/2017.


Txetxu González nace en 1980. En Vallecas aprendió a encajar y a resistir mientras admiraba las dotes de sus progenitores para el afecto, el cuento, la cocina, la hipocondría, el dibujo y el ajedrez. Hoy es maestrillo en cremas y legumbres. Aprendiz de cactus. Adicto a los ansiolíticos del campo y la sombra desde la innombrable edad del caos. Ha cargado con la misma mochila y se ha colgado del cuello de sus lienzos en insuficientes geografías deformes. Tiene un hermano presente y otro que ha fundido sus sarcasmos a negro. Hace no demasiado tiempo, la familia Windsor le regateó cincuenta euros por uno de sus cuadros.

 

Txetxu González por Txetxu González.

 

ORÍGENES DE LA HIPERESTESIA

 

Me detengo frente a un cuadro.

El cuadro es una navaja entreabierta.

Si la pintora hubiera decidido abrir más la navaja

ese cuadro también seguiría siendo mi vida.

Antes, no existían servicios especializados de limpieza.

La peor manera de suicidarse

es tirarse al vacío desde, digamos, un séptimo piso.

Las madres limpiaban los restos de sangre

cuando sus hijos o sus yernos decidían volarse la cabeza

en la casa de campo familiar.

Estamos en 1909

en el caserío de algún lugar del País Vasco.

Es verano.

Las moscas están de celebración.

INTERIOR/DIA.

Las madres se dejaban las uñas

para que de aquellos muros

salieran los restos de plasma y de cochambre.

Lo hacían mientras el gramófono

emitía melodías antiguas e ininteligibles.

Su madre tuvo que aprender

sobre la marcha

a hacerse cargo de la sombra.

Y cuando la aguja de diamante se partió por la mitad

construyó una de cristal

con la que, sin querer,

se acabó cortando.

Escucha y goza aquí ‘Orígenes de la hiperestesia’ recitado por el propio Txetxu González para THALAMUS MAGAZINE:

 

CACOFONÍAS

Mayo.

1968.

París.

Una pareja joven.

Ejemplo de la enajenación social de un limbo a la deriva.

Efecto de la botánica demudada.

Cacofonía rohingya

cacofonía siria

sudanesa

marfileña.

Anticipo cinematográfico de la inconsciencia.

Como la pesca de arrastre.

Entes que ni siquiera mandan sobre su propio hambre.

Les persigue un coche con las lunas tintadas.

Clinique du Château de Garches.

Conviven con la locura de la gente rica.

Asisten al advenimiento del monstruo

que engulle adoquines huecos.

El anís del mono es el ansiolítico de las novicias

y la adicción confesable de las madres superioras.

Les persigue una lancha con la luna teñida.

Se salvan de ser torturados como Junko Furuta.

No saben que el futuro es una trampa.

Ignoran que la familia es el primer escalafón de la explotación.

Ella tiene un aborto años después.

Él desarrolla un trastorno obsesivo

silenciado por el éxito de ventas

de la multinacional finlandesa

para la que se luce y trabaja.

Por entonces, nadie se atreve a ponerle nombre a las curas de reposo

a los corderos degollados

o a sus víctimas.

Dan a luz cuatro veces más.

La luz a veces también se amorata.

Atardeceres de tonos violeta

que nada tienen que ver con la belleza oculta de los hipódromos

o las habitaciones del personal de servicio.

Así llegué yo:

siempre supe que en las estrías del muro

entre los restos de estropajo

tras el armario que arrastró la crin de la bestia

se escondía la estela que muda con la muerte.

Escucha aquí ‘Cacofonías’ recitado por el propio Txetxu González para THALAMUS MAGAZINE:

 

.

GSÚS BONILLA Destruid el termostato de los microondas

Gsús Bonilla tiene tardes de agua estancada, y sólo ojos para la serenidad de los peces. Le hace bien, mientras los patos reinen en el aire. No sería justo con él mismo, si se calla,  que los nenúfares son como coños que nos parieron desnudos seres humanos. En esas tardes de silencio las libélulas, en su baile tartamudo, asienten. Hay indicios de que, en breve, aplaudirán. 

Gsús Bonilla en Bukowski Club según ©Federico Romero.

 

Ι

Mientras los oficios de ayer los trabajos memorables se acomodan, el sol sale para
buenos y malos. Que nada difumine tu mirada. Debe ser terrible experimentar que la
respiración se interrumpe. Imaginar cómo los ojos se agrandan y extienden hacia el
cielo en busca de unas pocas moléculas más de oxígeno, como si su azul fuese el centro
de la muerte
Tendrán que trabajar muy duro esas señoras que se dedican a llorar en los entierros, ese
aire tan necesario, que nos insufla, que nos llena por dentro y nos expande y ensancha,
ese anciano que hila cuerda de pita, de donde pende anudado el globo hinchado que
sostiene la endeble muñeca del niño, o aquel otro, que cincela el latón con un escoplo de
plata y bebe agua de nieve
Recordad lo que habéis aprendido, las cosas inútiles. Si la ley fuera también justicia las
manos serían aves y nubes… aviones, o qué sé yo, helicópteros extraños que vuelan por
encima de nuestras cabezas, tratando de capturar un poco más de tiempo, el minuto de
antes, el delicioso viento que surge de una flauta de caña, ese sonido al fin, cuando ya
no hay nada
Y con suerte, las escuelas despedazadas por la diplomacia y los servicios secretos, los
retorcidos colmillos del miedo, volverían de nuevo a lo que habían dejado de ser. Me
gustaría, que compartieseis esa felicidad, un hueso de azúcar, la voz de las personas que
amas, el sonido de la lluvia lenta que tropieza en esta ventana y el canto de los pájaros,
cliché de los amaneceres
Ya lo veréis. Al llegar la hora acordada destruid los relojes de arena, el termostato de los
microondas, la prisa que nos acelera y todo aquello que te marque un mínimo plazo de
vida. Romped la primera orden de quienes se alimentan de carne humana, de los
maestros de la sabiduría en el arte de hacer daño, de quienes administren el pan.

 

ΙΙ

Seguramente no hemos nacido para esta época, pero siempre hay, y encuentras, un
poema que vive dentro de ti, como una salvajada a la que volver de vez en cuando. Si
acaso, mirad esta hermosura
es como una estampa de otro siglo, representa a una leona de cuatro cabezas y cuatro
nombres posibles. Hay luz, pero no es de día nunca, mientras se siga empadronado en la
enfermedad de cada verso
en las baladas y romances, y en todo aquello, adonde la mirada se vuelve como agua y
se diluye, como acontece en los vientres de las multinacionales de la palabra y en todo
conjunto de normas que determinen el uso correcto del silencio y la literatura
más allá de los índices exactos de los calcetines de lana desparejados, los adoquines se
llenan de esputos como resultado de la purificación del aire y del Ser, y de todo aquello
que le oprime. Y, sin embargo, Louise Michel
enarbola una falda negra anudada a un palo de escoba, símbolo de clase, bandera negra,
que se opone a todas las demás banderas y disipa los límites de género, como una
hermana que busca a su hermana, como la perturbación emocional de la poesía
anticiparse, de esta suerte, a las coronas de inocencia para nuestros retornos de siempre,
a las pequeñas porciones de ternura que coger entre los dedos, al extremo agudo de la
pupila puñal, a las acículas
que recorren los surcos de la base de un tronco y reproducen el sonido inscrito en sus
anillos de madera vieja, exacta a una música repleta de canciones inolvidables. Dichosa
Louise Michel. El nosotros se mueve demasiado para ser un cadáver.

 

NATIONAL GEOGRAPHIC

El Estado me gratifica con 426 euros al mes
por ser parado de larga duración, por haber
consumido todos los recursos previos, por
tener una hija a cargo, porque el computo
de la unidad familiar no supera el 75%
del Salario Mínimo Interprofesional
por cabeza. De manera que, hemos de ser consecuentes
con el Estado y comer barato, beber agua
no fumar, nada de drogas, olvidar la Play Station
y conducir, como mucho, un utilitario de baja gama
y segunda mano. A veces, en la casa
de nuestra entidad financiera danzamos
y bailamos bajo la lluvia y le dedicamos
oraciones y cánticos en las noches de luna,
porque queremos un Estado feliz y le agradecemos
tanta generosidad, tanto desprendimiento,
mostramos así nuestro agradecimiento
por lo que recibimos. Aunque el Estado no sepa
que llevo una calabaza en el pene a modo de funda
y mi compañera se decore los pechos desnudos
con ceniza y resina de árboles. El Estado no entiende
por qué la pequeña sonríe a la cámara
y hurga en el bolsillo de los contribuyentes

como buscando su premio de azúcar.

 

©Maite Martí Vallejo para THALAMUS MAGAZINE.

Ir a ... Top